Durante la última
década innumerables declaraciones de dirigentes y funcionarios rusos proclaman
que el futuro de Rusia está en el desarrollo de Extremo Oriente y el Ártico.
Esto es así, porque a pesar de la desmembración del Estado soviético en
quince repúblicas independientes, la Federación Rusa conservó el núcleo
territorial de aquel Estado, más de 17,2 millones de kilómetros cuadrados,
que significa no solo que es el país más grande del mundo por extensión, sino
que además atesora la mayoría de los recursos naturales en cantidades
gigantescas. Un ejemplo son los enormes yacimientos petrolíferos en tierra
(Siberia central) y en la plataforma continental (Shtokman y Prirazlomnoye),
los campos de gas de la península de Yamal y en Sajalín o la cuenca minera de
Norilsk, por poner solo los ejemplos más conocidos. Es una realidad con consecuencias estratégicas inapelables. La posesión de estos
recursos es una fuente inagotable de ingresos para el Estado ruso y de
rebote también sirve para el enriquecimiento sin límite de los oligarcas rusos
que aceptan y se someten al poder central -véase la entrada “EL
NACIMIENTO DE UNA NUEVA GENERACIÓN DE OLIGARCAS RUSOS AL CALOR DE LA GUERRA EN
UCRANIA”, de abril de 2024-. Toda esta riqueza permite financiar en tiempo
de paz no solo los gastos generales del Estado sino acometer gigantescos
proyectos de infraestructuras como el puente de Crimea, el cosmódromo de
Vostochny o los programas espaciales de Roscosmos. En tiempo de guerra, como
ahora, les permite mantener su agresión contra Ucrania y son capaces de
superar con pocas dificultades las sanciones occidentales -véase el
documento de trabajo conjunto con Daniel Saurín: “TECNOLOGÍA
Y ECONOMÍA DE GUERRA EN EL CONFLICTO DE UCRANIA”, de enero de 2025-, que a
la postre no funcionan, salvo quizás para lavar conciencias en Bruselas y en
algunas capitales europeas, pero que no significan nada en términos de poder
en la actual competición estratégica. A pesar de las tensiones políticas, financieras
y presupuestarias provocadas por la prolongación de la guerra en Ucrania los
dirigentes rusos perseveran en la aplicación de sus planes de desarrollo del
Ártico impulsado el desarrollo de la Ruta Marítima del Norte como
alternativa a otras conexiones de transporte globales que se muestran más
vulnerables debido al deterioro del orden internacional -véase la entrada REFLEXIONES
SOBRE UNA GUERRA IRRELEVANTE: LA IMPLICACIÓN DE ESTADOS UNIDOS EN EL CONFLICTO
CONTRA IRÁN, de mayo de 2026-. Para ello, tienen una estrategia y un plan federal
de desarrollo hasta 2035 que incluye medidas económicas, fiscales, normativas,
de construcción naval, creación de flotas, comunicaciones y satélites
espaciales, así como militares, con el despliegue de todo un paraguas defensivo
bajo el esquema de zonas de antiacceso y denegación de área (A2/AD) frente a
potenciales adversarios. Su objetivo es convertir el Ártico en un espacio de
dominación, ejerciendo competencias exclusivas y excluyentes sobre la mayor
parte del territorio marítimo-terrestre para terminar concediendo autorización
para transitar por sus aguas y su espacio aéreo (eso es en lo que consiste la
soberanía). Y actúan así porque se consideran fuertes y que están dispuestos a
aplicar dicho programa bajo la concepción de que están en un océano ruso
-véase en el capítulo colectivo con Abel Romero Junquera y Federico Aznar Fernández-Montesinos: “EL
ÁRTICO COMO ESPACIO DE CONFLICTO”, de diciembre de 2025-. Como parte de esos
planes de desarrollo integral aparece el proyecto de centrales nucleares
flotantes que operarán en Chukotka para posibilitar la explotación del
gigantesco yacimiento minero Baimskaya, descubierto en la época soviética
pero inexplotado hasta ahora debido a la dificultad de establecer los equipos
necesarios en esa zona extrema. En septiembre de 2019 se instaló en el puerto
de Pevek la primera central nuclear flotante, la Académico Lomonosov,
que comenzó a entregar energía eléctrica a la red civil el 24 de mayo de 2020.
Desde entonces ha operado de forma ininterrumpida, ha producido 1.300 millones
de kWh de electricidad y en los cinco primeros meses de 2026 estableció un récord
de 141,77 millones de kWh. La característica básica de esta infraestructura
energética es que los dos reactores nucleares RITM-200 (del mismo tipo que
equipan a los modernísimos rompehielos atómicos de la clase Arktika) se montan
en una enorme embarcación, que permanece amarrada en el puerto en los períodos
de operaciones, incluida la recarga del combustible nuclear. Pero el
programa contempla la instalación de al menos cinco centrales nucleares de este
tipo. Así, debido a la falta de capacidad de los astilleros del Báltico,
las autoridades rusas se vieron obligadas a subcontratar la construcción de
dos embarcaciones (probablemente sean cuatro) en astilleros chinos.
En febrero de 2021 se formalizó el contrato y el 20 de agosto de 2022 se
celebró la ceremonia de inicio de construcción en los astilleros Wison de
Nantong. Es preciso señalar que las cuentas financieras donde se realizan
los pagos de las importaciones de petróleo ruso en la China comunista acumulan
decenas de miles de millones de dólares, por lo que su financiación no está
entre los principales problemas. Además, existe una extensísima colaboración
ruso-china en materia de energía nuclear, puesto que Rosatom construye los
reactores de las dos centrales nucleares más grandes de China: Xudapu y Tianwan
(esta última con ocho reactores instalados será la más grande del mundo), así
como la más grande de India: Kudankulam. De este modo, a pesar de ese régimen
de sanciones occidentales pretendidamente masivo, en marzo de 2026 llegó a
San Petersburgo la primera embarcación construida en China, con la que se
completará la segunda central nuclear flotante, primera del grupo denominadas PEB-106
o Proyecto 20781, según la nomenclatura rusa. La propia embarcación tiene unas
medidas importantes: 21.500 toneladas de desplazamiento, 143 metros de eslora,
30 metros de manga y 5,5 metros de calado y son trasladadas a otro a remolque,
careciendo de capacidad de maniobra autónoma. A la par de este evento, el 27 de
mayo de 2026 la Fábrica ZiO-Podolsk de Moscú completó la producción del
primer reactor RITM-200S de 55 MW, que se instalará en la embarcación junto
con sus equipos asociados para la producción de energía. Sobre las capacidades
de su industria nuclear hay que señalar que Rusia cuenta en la actualidad
con 11 centrales nucleares que suman 33 reactores en servicio con una
capacidad conjunta de 26,5 GW. En 2025 generaron un total de 218.349 millones
de kWh, que representa el 19% del mix energético ruso, superando el objetivo
planeado de 215.339 millones de kWh, y su objetivo para 2026 es de 214.000
millones (datos de Rosenergoatom publicados el 12 de enero de 2026). Por
consiguiente, cuenta con capacidad, presencia y voluntad para seguir
adelante con su programa de centrales nucleares flotantes, como declaró el 27
de mayo el director de Rosatom, Alexéi Lijáchev: “Rosatom continúa ampliando la
gama de unidades de potencia flotantes y la finalización de la fabricación del
primer reactor para la primera PEB-106 es un hito importante en este camino.
Hoy en día, solo Rusia dispone de una central nuclear flotante en
funcionamiento y tenemos la intención de mantener nuestro liderazgo en el
desarrollo de tecnologías de bajo consumo, ofreciendo a nuestros socios en
nuestro país y en el extranjero soluciones energéticas innovadoras y bajas en
carbono.” Y ese producto lo han abierto a terceros países, especialmente del
Sur Global, porque también les sirve para ejercer influencia a muy largo
plazo. Mientras tanto, en lo que va de año Rusia ha firmado acuerdos para
construir las primeras centrales nucleares de Uzbekistán, Vietnam y Kazajistán.
PLANES DE DESARROLLO DEL ÁRTICO, CENTRALES NUCLEARES FLOTANTES Y SANCIONES OCCIDENTALES
EL PROGRAMA DE SUBMARINOS NUCLEARES DE COREA DEL SUR NO SERÁ EL ÚLTIMO
La posesión y uso operacional
de submarinos nucleares es una potestad de las grandes potencias, en concreto de
los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Es una demostración
efectiva de su poder y de la capacidad que tienen para imponer limitaciones
fundamentales al resto, que de una u otra manera quedan subordinados a las
normas que ellos deciden. Esto es así desde 1945 cuando al final de la Segunda
Guerra Mundial decidieron establecer un nuevo orden mundial con la ONU como estandarte
y el Consejo de Seguridad como su superestructura jurídico-política, conformando
el verdadero directorio mundial. Y se mantiene hasta ahora sin modificaciones sustanciales,
salvo cambios en las partes que lo componen. En el tema que nos toca ahora, desde
los años cincuenta los Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaron a
operar sus primeros submarinos nucleares, primero en su versión de ataque (SSN,
según nomenclatura occidental) armados con torpedos clásicos y también minas; después
en los años sesenta los portadores de misiles estratégicos (SSBN) que consolidaron
el funcionamiento de la fuerza de contragolpe (second strike) en las
doctrinas de la disuasión asociadas a la destrucción mutua asegurada (MAD); desde
finales de los años setenta los lanzadores de misiles de crucero (SSGN) con su poderosísima
capacidad antibuque hasta los actuales SSN estadounidenses y rusos armados con
misiles de crucero de largo alcance de ataque a tierra, que les permiten
ejercen cometidos subestratégicos con sus misiles Tomahawk y Kalibr
respectivamente. En todo ese período Gran Bretaña, Francia y también la China
comunista se fueron dotando de SSN y SSBN, incluso con capacidades similares
a las de estadounidenses y rusos como en el caso de los dos primeros. Esta regla
se mantuvo hasta la década de 2010 cuando la India, hoy la cuarta
potencia mundial, consiguió con asistencia rusa diseñar, construir y operar el
primer SSBN de la clase Arihant -véase la entrada “LAS
ASPIRACIONES DE LA INDIA COMO POTENCIA NUCLEAR NAVAL Y SU FUERZA DE SSBN”,
de agosto de 2019 -. Esto ocurrió porque el resto de las grandes potencias
aceptaron a la India como un igual en este ámbito: contó con el apoyo de
Rusia y el resto no mostraron oposición. Su programa de submarinos
nucleares ha seguido avanzando con la entrega de más SSBN -véase la entrada titulada
ENTRADA
EN SERVICIO DEL SEGUNDO SSBN INDIO, de agosto de 2024- y tienen en marcha
un programa para obtener un SSN de producción nacional. Mientras tanto, desde
los años ochenta la Marina india ha podido operar SSN arrendados por Rusia, que
le han permitido aprender, adiestrarse y desarrollar su propia doctrina naval
de empleo de submarinos nucleares. La posesión de SSBN asegura la capacidad
de contragolpe contra China armados también con propios misiles balísticos de
largo alcance (SLBM). Es interesante tener en cuenta este aspecto, porque India
invirtió los términos del ciclo de desarrollo de submarinos nucleares del resto
de las grandes potencias y es el único caso hasta ahora. La otra potencia
que ha estado trabajando desde hace décadas en la obtención de un SSN es Brasil
a través del programa PROSUB, proyecto que ha avanzado muy lentamente y que
desde hace una década cuenta con el apoyo de Francia que diseña la plataforma,
que se construirá en Brasil y contará con un reactor nuclear de producción propia
-véase la entrada “BRASIL,
EL PRESTIGIO Y EL DILEMA DEL PODER NUCLEAR”, de enero de 2014-. Las razones
que lo justifican son el control de su inmensa fachada marítima en el océano
Atlántico y la presencia de hidrocarburos, que son y continuarán siendo uno
de los pilares fundamentales de su desarrollo en las próximas décadas. El
primer corte de acero destinado a la construcción del submarino nuclear Álvaro
Alberto se efectuó el 4 de octubre de 2023 en los astilleros Itaguai
Construçoes Navais de Río de Janeiro, pero los plazos de entrega y puesta en
servicio se sitúan en la próxima década -véase la entrada INICIO
DE CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER SUBMARINO NUCLEAR DE BRASIL, de octubre de 2023-.
Un caso similar es Australia, que opera submarinos convencionales, pero
dada la vastedad del mar que controla y de su zona económica exclusiva optó por
desechar el costosísimo programa de submarinos convencionales clase Barracuda contratados
a Francia y sumarse a un acuerdo estratégico con los Estados Unidos y Gran
Bretaña formalizado el 15 de septiembre de 2021 bajo el nombre de AUKUS -véase
la entrada EL
FORTALECIMIENTO DE LA ALIANZA ANGLOSAJONA DEL PACÍFICO, de septiembre de
2021-, que le permitirá contar con submarinos nucleares ¿estadounidenses o
británicos? -véase la entrada AUSTRALIA
SE DOTARÁ DE SUBMARINOS NUCLEARES DE ATAQUE DE LA CLASE VIRGINIA, de marzo
de 2023-. Hay todavía muchas incógnitas sobre este programa, que tiene como
objetivo sumar capacidades occidentales para disuadir a China. De nuevo,
como en los casos anteriores, el programa de los SSN australianos se
desarrollará bajo los auspicios de dos grandes potencias miembros permanentes del
Consejo de Seguridad, aunque en este caso con la oposición de China, que no ha
tomado medidas explícitas para bloquearlo al menos por ahora. El caso más reciente,
y muy probablemente no será el último, es el de Corea del Sur. El 26 de
mayo de 2026 el presidente Lee Jae-myung y el ministro de Defensa Ahn Kyu-baek
presentaron durante la primera reunión del Comité de Estrategia de Defensa
Avanzada celebrada en Jinhae-gu (Changwon) el denominado “Plan Básico para
el Desarrollo de Submarinos Nucleares de la República de Corea”. Según las
autoridades surcoreanas el programa se desarrollará sobre cinco pilares
fundamentales. El primero es el empleo de uranio poco enriquecido (por debajo
del 20%) como combustible nuclear para los reactores del buque, que estarán
diseñados para garantizar un ciclo de funcionamiento prolongado minimizando la
necesidad de reemplazar dicho combustible. El segundo establece que la construcción
se llevará a cabo íntegramente en Corea del Sur con la finalidad de garantizar
la autonomía y el desarrollo efectivo de todo el ciclo del programa desde
la adquisición, el apoyo y el mantenimiento (al contrario de lo que ocurre con
el programa australiano, al menos hasta donde se conoce hasta ahora). El
tercero es que la plataforma y el reactor se desarrollarán utilizando las
tecnologías más avanzadas desarrolladas en los ámbitos civil, nuclear y naval
surcoreanos, que crearán más de 40.000 empleados altamente cualificados. El
cuarto establece que se desarrollará teniendo en cuenta el ciclo de vida de los
futuros buques desde su diseño y construcción, operación, mantenimiento,
gestión de los residuos nucleares y desmantelamiento definitivo. Y el quinto
considera que su construcción debe comenzar a principios de la década de 2030 y
estar en servicio a partir de 2040. A la par formularon una declaración oficial
por la que se comprometen a no desarrollar y no poseer armas nucleares:
«La República de Corea se adhiere firmemente a la posición de que no posee
armas nucleares en ninguna forma y no desarrollará armas nucleares.» -sobre la
efectividad de los actos unilaterales en Derecho Internacional en el ámbito nuclear, véase nuestro artículo seminal con el profesor Dr. Eladio Arroyo Lara en "Hacia un sistema europeo de disuasión nuclear", en Política y Estrategia en 2005-. Para
reforzar ese compromiso anunciaron la creación de un mecanismo con el Organismo
Internacional de la Energía Atómica (OIEA) destinado a garantizar la ausencia
de proliferación de material nuclear. Como se puede colegir este programa se ha
puesto en marcha bajo la égida de la Administración Trump, que suma un
aliado más en su estrategia de contención contra China. Pero, puede también
que el empuje del programa surcoreano tenga que ver con los desarrollos encubiertos
de su vecina Corea del Norte, donde día sí y día también su líder Kim Jong-un
nos presenta y prueba nuevos desarrollos armamentistas cada vez más capaces y
avanzados y que gracias a su solidaridad con Rusia en la guerra en Ucrania ha obtenido
una legitimidad y acceso internacional impensables antes de febrero de 2022. Pero
no será ni mucho menos el último concursante. En un sistema internacional
cada vez más complejo e inestable las grandes potencias se preparan, suman
aliados capaces de cara al próximo enfrentamiento, que cada vez más parece
que se acerca al Pacífico y que implicará el empleo de armas nucleares.
II JORNADAS GEOPOLÍTICAS DEL IEEE EN LA GRANJA
El Instituto
Español de Estudios Estratégicos (IEEE)
del CESEDEN organiza las II Jornadas Geopolíticas del IEEE en La Granja de
San Ildefonso, en Segovia, del 26 al 28 de mayo de 2026. Se trata de la segunda
edición de un evento que reúne a un conjunto de expertos españoles procedentes
de distintas disciplinas del conocimiento con la finalidad de pensar, discutir
y reflexionar sobre la seguridad y defensa de España en un momento donde el
mundo que conocemos se encuentra en proceso de transición y los cambios se producen
cada vez más aceleradamente. En consecuencia, el éxito de estas jornadas reside
no solo en su capacidad de convocatoria (concurren cerca de cien especialistas)
sino en abrir el espacio necesario para poder trabajar y debatir de forma
abierta sobre los principales asuntos internacionales desde distintos enfoques,
escuelas y teorías que van desde la ciencia política, el Derecho Internacional
hasta la economía, los estudios internacionales y la geopolítica. Siempre teniendo
a España y su posición en el mundo como centro del debate, cuáles son sus
estrategias, sus opciones y su capacidad de maniobra en los ámbitos europeo y
mundial en una etapa de competición estratégica entre grandes potencias, en
un nuevo período caracterizado por la lucha por el poder y la paz. Desde
1945 han cambiado las tecnologías, las finanzas, las energías, incluso las sociedades,
pero lo que no ha cambiado es la lucha por el poder internacional, así como el afán
de dominación del hombre sobre el hombre, como definió el gran Morgenthau.
Estamos a las puertas de un cambio de régimen, donde una o varias
potencias se impondrán sobre otras y establecerán un nuevo orden mundial con
pretensiones de mantenerse durante un largo período de tiempo como hemos
tratado extensamente. Entonces, hay que estar preparados para el cambio,
no solo en la parte material (los recursos), sino también intelectualmente
sumando capacidades y formando a las generaciones de investigadores más jóvenes
para ser capaces de comprender no solo el mundo que estamos viviendo sino sobre
todo ese nuevo orden mundial que está por llegar. En ello nos jugamos el
futuro de España como país, como sociedad y como cosmovisión que fue, porque no
se puede perder de vista que España construyó el primer imperio global (donde nunca
se ponía el sol). Precisamente en 2026 se conmemoran 500 años de la Escuela
de Salamanca que sistematizó las normas que rigieron ese primer orden
internacional globalizado (el Derecho Internacional moderno), como es propio de
las grandes potencias, y que rigió durante un largo período de tiempo.
Comparativamente, los Estados Unidos cumplen ahora 250 años de existencia y su hegemonía
ha durado escasamente veinticinco años, siendo generosos. Es la realidad del
mundo que vivimos y que nos toca analizar y explicar. Para lograrlo, las
Jornadas se organizan en seis mesas de trabajo y otras actividades complementarias
coordinadas por el director del IEEE y sus analistas bajo la regla Chatham
House con la finalidad de fomentar el debate franco y sincero entre los
participantes.
- Conferencia inaugural sobre “El orden internacional en transición: fragmentación, competencia y conflicto”.
- Mesa 1 “Geopolítica de los bienes estratégicos: energía, recursos críticos y cadenas de suministro”.
- Mesa 2 “Iberoamérica en la nueva competición global: ¿retorno de las esferas de influencia?”
- Mesa 3 “El vínculo euroatlántico y el papel de la OTAN”.
- Mesa 4 “Los océanos como espacio de competición geopolítica”.
- Mesa 5 “Rearmament & readiness: industria de defensa en Europa”.
- Mesa 6 “Conflictos interconectados: Ucrania, Oriente Medio y la competencia sistémica y su impacto nacional”.
- Cena coloquio sobre “Europa ante la competencia global: industria, seguridad y autonomía estratégica”.
Una vez finalizado el evento las principales ideas expuestas se recogerán y se publicarán como actas bajo el formato de un cuaderno de estrategia del IEEE que estará disponible digitalmente de forma gratuita.
Referencia del volumen de las Jornadas de 2025: Actas de las I Jornadas Geopolíticas del IEEE. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Madrid, noviembre de 2025 (ISBN: 978-84-1083-076-9). En: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3090998/JG2025.pdf/
EJERCICIOS DE LAS FUERZAS DE DISUASIÓN NUCLEAR DE RUSIA: ADVERTENCIAS, RIESGO DE ESCALADA Y DOCTRINA KARAGANOV
XVIII JORNADAS DE ESTUDIOS DE SEGURIDAD DEL IUGM SOBRE LAS VÍCTIMAS DE LOS CONFLICTOS ACTUALES
Del 12 al 13 de
marzo de 2026 se celebraron en el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM)
en Madrid las XVIII Jornadas de Estudios de Seguridad coordinadas en esta edición por Helena Cardona dedicadas a las víctimas de los conflictos armados contemporáneos,
con especial referencia a las mujeres, la infancia, los prisioneros y otros
colectivos vulnerables. La presentación corrió a cargo del director del IUGM,
Dr. Gustavo Palomares Lerma, y la lección inaugural correspondió a su subdirector,
general Dr. Fernando García Blázquez, que propuso el marco general para el desarrollo
de las jornadas, centrado en la noción de resiliencia de las víctimas y su
capacidad para superar las consecuencias del conflicto. El programa se
estructuró en tres paneles temáticos. El primero dedicado a resiliencia
local y cooperación internacional frente a la violencia, que contó con tres
comunicaciones sobre los conflictos en Siria, Ucrania y Afganistán. El segundo se ocupó de las otras caras del conflicto con cuatro comunicaciones
que examinaron yihadismo, Cisjordania, área del Indopacífico y aplicaciones
para la búsqueda y seguimiento de conflictos locales. La segunda jornada contó
con otra lección magistral a cargo del coronel Óscar Tarrero Alonso. A
continuación, el tercer panel examinó los avances y retos del marco jurídico
internacional, donde se presentaron cinco comunicaciones sobre el Tribunal
Penal Internacional, violencia sexual en los conflictos, Darfur, Sahel y sobre la guerra en Ucrania. Así, me tocó cerrar el último panel con una ponencia
titulada “Análisis de las bajas en la guerra en Ucrania desde la perspectiva
del Derecho Internacional Humanitario, la comunicación estratégica y la
propaganda de guerra” en las que planteé algunas cuestiones fundamentales. La
guerra en Ucrania es el mayor conflicto convencional que se ha producido en Europa
desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que acabó con más de cincuenta
millones de muertos, entre civiles y militares. En 2026 entró en su quinto año
de hostilidades a gran escala, donde se hace un uso masivo de fuegos de
artillería, misiles y vehículos aéreos no tripulados de todos los tipos. Estas
municiones se emplean de forma intensiva a lo largo de toda la línea del frente
y la retaguardia próxima, creando extensas áreas a ambos lados denominadas
zonas de muerte. Como además ambos contendientes aplican su poder en el nivel
estratégico con la finalidad de destruir la moral y la capacidad de vencer del
contrario se ha convertido en un conflicto mortífero con un número elevadísimo de bajas como
no se recuerda desde la guerra de Vietnam, en el siglo pasado. Pero en Ucrania, frente a otros conflictos
anteriores, la inmensa mayoría de las bajas es personal combatiente, y
en mucha menor medida civiles, al contrario de lo que sucede por ejemplo en
Oriente Medio o en África. En un escenario de guerra prolongada ambos
bandos se cuidan de facilitar datos precisos sobre pérdidas propias y a la par sobredimensionan
las ajenas como parte de su comunicación estratégica y propaganda de guerra.
Por consiguiente, se presentó un estudio del conflicto ruso-ucraniano a partir
de las informaciones públicas para tratar de extraer
conclusiones adecuadas, pero necesariamente abiertas por la debilidad de
los datos disponibles. Corresponde a los historiadores una vez finalice el
conflicto y comiencen a aparecer informaciones oficiales reales desenmarañar el
velo de secretismo, propaganda y desinformaciones tejido durante tantos años de
guerra.
El programa completo de las jornadas está disponible aquí.
Las comunicaciones se publicarán más adelante tanto en formato digital (actas de las jornadas) como en papel (libro con una selección de las mismas tras un proceso de evaluación).
REFLEXIONES SOBRE UNA GUERRA IRRELEVANTE: LA IMPLICACIÓN DE ESTADOS UNIDOS EN EL CONFLICTO CONTRA IRÁN
El 28 de febrero
de 2026 el presidente estadounidense Donald Trump saltándose una de las promesas
electorales que le llevo a un segundo mandato presidencial empujo a los Estados
Unidos a una guerra en la que no se jugaba nada, siempre entendido en términos
de intereses nacionales. De este modo, frente a su crítica a la etapa de guerras
permanentes de sus antecesores se aprestó para un conflicto que solo duraría “de
dos a cuatro días”, pasado ese lapso de tiempo solo “unas pocas semanas”, pero que
ya va por tres meses con una pseudo tregua mediada por Pakistán donde los
propios Estados Unidos e Israel (dos potencias nucleares) e Irán (un Estado sin
armas nucleares) continúan atizándose entre ellos y también contra todos los
vecinos de la región en una de las guerras más inútiles que se recuerdan.
Porque ninguno de ellos va a lograr sus objetivos (incluso Estados Unidos ni
los tiene), está dañando a sus países subordinados en la región y fuera de ella
(Corea del Sur y Japón son dos grandes damnificados por su dependencia del petróleo
del golfo Pérsico) y cada día que pasa afectan más y más a la economía mundial por
mor de que el 20% del petróleo mundial transita por el estrecho de Ormuz, que
ahora el gobierno iraní reclama de su propiedad, compartida con Omán, que poco
o nada importa en esta disputa. Existe una máxima que dice que se sabe cómo
empiezan las guerras, pero no cómo terminan, y la guerra en Oriente Medio
(o guerra de Irán como la llaman otros) es un ejemplo perfecto porque la primera
potencia mundial, que no se jugaba intereses vitales, se enroló en una suerte
de “juego de tronos” que solo está sirviendo para desgastarla y mostrar
sus carencias. De hecho, la negociación de la tregua actual es la manifestación
más patente de la incapacidad estadounidense y también israelí para sostener un
conflicto de larga duración contra Irán. En este período he comparecido en
varias entrevistas y conferencias de las que a continuación extracto contenido para tratar
de explicar una guerra que califico de irrelevante, porque en
ella no se juega el futuro de la hegemonía mundial, aunque su desenlace puede
determinar el comportamiento de una de las grandes potencias de la competición
estratégica mundial. Como decimos, Irán no solo no es una potencia nuclear,
sino que después de décadas de sanciones carecía de las capacidades para contar
con unas fuerzas modernas dotadas de equipos y sistemas de armas avanzados.
Tenía cerrados los mercados de armamento gracias a acuerdos a veces expresos y
muchas otras tácitos entre las grandes potencias, incluidas Rusia y China,
porque hay que recordar que el régimen general de sanciones contra Irán y
también contra Corea del Norte se acordó en el seno del Consejo de Seguridad
de la ONU, que es el directorio mundial. En consecuencia, el régimen teocrático
de Irán se adaptó a esta realidad y construyó capacidades asimétricas
para enfrentarse a un potencial agresor. En 2024 y 2025 hubo sendos adelantos
de esas capacidades con ataques de respuesta con misiles balísticos y municiones
de un solo uso (OWA en inglés) contra Israel y bases estadounidenses en el golfo
Pérsico, un preludio de lo que vino después, a partir de febrero de 2026. Irán
no puede ganar una guerra contra Estados Unidos e Israel, pero tampoco está
dispuesto a perderla, probablemente tenga más capacidad de resistencia que
sus adversarios y esté dispuesto a realizar mayores sacrificios, pues la relativamente
reciente guerra de Irán e Irak (1980-1988) está ahí para demostrarlo. Además,
la guerra no solo no ha desbancado del poder al régimen de los ayatolás, sino
que ha unido a una nación milenaria contra la agresión exterior, de nuevo el
ejemplo de la Rusia soviética en la Segunda Guerra Mundial avala esta tesis. De
este modo, Irán ha respondido con las capacidades que pudo desarrollar: misiles
balísticos, OWA, fuerzas navales sutiles y minado, mientras trata de
defender su propio territorio con débiles defensas antiaéreas logrando derribar
y destruir en tierra más de cincuenta aeronaves estadounidenses, aparte las pérdidas
israelíes. Además, logró establecer el control de uno de los puntos de
estrangulamiento (choke point en inglés) más importante del planeta (el estrecho
de Ormuz), que ahora se encuentra en disputa, cuando antes de la guerra era un
paso libre de la navegación mundial. Los principales instrumentos militares que
posee para mantener su bloqueo son navales y aéreos. En el componente naval
cuenta con capacidades ofensivas compuestas por fuerzas sutiles, esencialmente
enjambres de lanchas rápidas de varios tipos y modelos que les permiten
vigilar, interceptar, inspeccionar y tomar el control de los grandes buques
civiles de carga y petroleros que transitan en el golfo Pérsico, así como
vehículos no tripulados navales (USV en inglés) que ha empleado en operaciones
bélicas. La segunda capacidad naval en importancia es defensiva, consistente en
el minado de los accesos al golfo Pérsico. No obstante, esta medida se
emplearía de forma masiva solo en caso de un intento de romper el bloqueo naval
por la fuerza o frente a presencia de una fuerza de desembarco enemiga que
tratara de forzar dicho bloqueo. Existe un tercer componente naval, el
submarino, que no se puede desdeñar, pero del que se desconoce su estado actual
después de la campaña de bombardeos estadounidenses contra sus bases navales.
En caso de haber sobrevivido a esos ataques, los pequeños submarinos de la
clase Ghadir tendrían capacidad de hostigar el tráfico naval con mayor
discreción. Por su parte, el componente aéreo consiste en misiles balísticos y
de crucero con capacidad antibuque cuya efectividad para atacar el tráfico
naval ya se ha puesto en evidencia de forma dramática en el mar Rojo a manos de
los hutíes, uno de los grupos cercanos a Irán. El otro son las OWA, muy baratas
y fáciles de producir en masa (las más conocidas son Shahed-136), que pueden
lanzar en oleadas contra en tránsito naval civil o contra buques de guerra de
superficie enemigos. La experiencia de los conflictos de Nagorno-Karabaj
(2020), Ucrania (desde 2022), sur del Líbano y Oriente Medio (2026) pone de
manifiesto que siempre hay un puñado de aparatos que consigue superar las
defensas antiaéreas y causar daños. Las capacidades de minado de la Marina
iraní han quedado significativamente degradadas debido a la pérdida de casi
todos sus buques de superficie en las primeras semanas de la guerra, aunque se
podrían tender con embarcaciones militares o buques civiles dotados con medios
de circunstancias. A estos podrían sumarse los pequeños submarinos clase Ghadir
que hubieran sobrevivido a los ataques estadounidenses. Además, pueden recurrir
a operaciones de minado aéreo y desde tierra. Las fuerzas armadas iraníes
cuentan con una importante flota de helicópteros medios Mil Mi-17 y Mi-171 de
origen ruso que pueden lanzar hasta cuatro minas tipo Maham en cada salida. Desde
tierra, disponen de una variante de mina naval lanzable mediante cohetes de 333
milímetros desde el sistema lanzacohetes múltiple (MLRS) de largo alcance
Fajr-5. La principal ventaja de este sistema es que, gracias a la angostura del
estrecho de Ormuz, que oscila entre 39 y 97 kilómetros de ancho, puede operar
desde posiciones alejadas de la costa mediante la técnica de disparo y
reubicación inmediata para aumentar su supervivencia. Esta capacidad se mostró en
los ejercicios «Gran Profeta-19» en enero de 2025. Hasta ahora se ha observado
la presencia de un número reducido de minas, una decena o poco más. Pero en
cualquier caso representan un peligro para el tráfico naval. Es preciso señalar
que Irán contaba antes del inicio de conflicto con unas 5.000 minas navales según
estimaciones de la Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense (DIA). Por
ello, no se puede excluir que formen parte de la propaganda de guerra iraní,
que con tal medida esté tratando de mostrar su capacidad para controlar el
estrecho de Ormuz, así como zonas marítimas aledañas, pero sin llevar a cabo
medidas más expeditivas. Un empeoramiento de la situación militar, con una
amenaza de escalada grave, podría llevar a las autoridades iraníes a ordenar
operaciones de minado selectivo de determinados accesos o incluso, en el peor
de los casos, el minado intensivo del estrecho, que supondría el bloqueo
completo del tránsito marítimo civil y militar. Por su parte, la doctrina de empleo
de las fuerzas sutiles iraníes se desarrolló a partir del reconocimiento de
la imposibilidad de entablar una guerra en la mar contra Estados Unidos o sus
aliados. Ante esa evidencia, potenciaron el desarrollo de una fuerza naval
compuesta por un número ingente de embarcaciones muy ligeras y desplegables,
que basan su capacidad ofensiva en la velocidad y la saturación sobre el
objetivo. Como se ha observado en sus operaciones navales antes y después de la
guerra, una vez que se ha identificado un determinado objetivo, un grupo variable
de pequeñas embarcaciones, muy rápidas y dotadas de armamento ligero, se
aproxima desde diferentes direcciones. Estas maniobras están dirigidas a la
intimidación de los buques civiles, mercantes y petroleros, que optan por
detenerse y aceptar la inspección antes de que se produzcan acciones de
hostigamiento y fuego por parte de las fuerzas incursoras. Pero por su
propia naturaleza carecen de capacidad para enfrentarse a una fuerza naval
superior. Hay que tener en cuenta que todos los buques de combate de
superficie importantes de la Marina iraní fueron gravemente dañados o hundidos
por los ataques estadounidenses en las primeras semanas de la guerra (existen
múltiples fotografías, vídeos e imágenes satelitales que confirman su
destrucción). Precisamente la pérdida de las corbetas de distintos tipos
armadas con misiles antibuque eliminó esa amenaza y las fuerzas sutiles no
sirven por si solas para disuadir a las fuerzas navales enemigas desplegadas en
la zona. Ese papel corresponde a los misiles antibuque, que realmente cuentan
con la capacidad para atacar y potencialmente destruir a grandes buques de
combate que se acerquen a las aguas iraníes. ¿Entonces cómo los Estados
Unidos piensa dominar a Irán? Porque una invasión terrestre parece que
no solo no está en los planes, sino que no se pasa por la cabeza de los
responsables de la política exterior estadounidense en estos momentos,
sobre todo si se observa el horizonte de las elecciones legislativas estadounidenses
en el próximo mes de noviembre (conocidas como mid-term o “elecciones de
medio término”). Esto es así porque los Estados Unidos carecen de fuerzas
terrestres suficientes en Oriente Medio para intentar una invasión por tierra, a
lo que es preciso sumar el daño que han recibido todas sus bases militares en
la región por los misiles y OWA iraníes desde el inicio del conflicto.
Entonces, parece que todo apunta a que la decisión estadounidense de atacar
Irán se basó en la confianza en la aplicación de su poder aéreo y naval,
combinado con sanciones económicas masivas. Pero la historia de los
conflictos contemporáneos enseña que ni uno ni otra son suficiente para
rendir un país, salvo en un solo caso: el bombardeo atómico de
Japón en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de algunas declaraciones del
presidente Trump parece que ese escenario (de guerra nuclear) está excluido del
conflicto contra Irán. Por tanto, a corto plazo Estados Unidos no intentará
ocupar Irán simplemente porque no puede. A medio plazo, deja en
evidencia debilidades estructurales tanto en el plano político como en el
militar que pueden terminar afectando a largo plazo a su propia posición en
la pugna por la hegemonía mundial. Paulo Londra: “No Puedo”.
