DE VUELTAS CON EL ARSENAL NUCLEAR DE CHINA: CUANDO LAS INVENCIONES RAYAN EL DISPARATE
Es cierto, que el sector militar chino no se rige por los estándares de transparencia e información de los países occidentales, ni tampoco es comparable al conocimiento que se tiene del poderío militar de Rusia, que es debido, principalmente, a la implementación de los acuerdos de desarme –nuclear y no nuclear– que pusieron fin a la Guerra Fría, pero también a la voluntad del Kremlin de divulgar sus capacidades militares como aviso a potenciales adversarios. Sin embargo, en materia nuclear las autoridades chinas tratan de acercarse a los estándares occidentales porque, de esta manera, su arsenal nuclear cumple la función para la que fue creado, que es la de disuadir. Las armas nucleares existen para no ser empleadas, su existencia y la posibilidad de su empleo son suficientes para que no se desencadene un conflicto, ya que un eventual adversario tiene la certeza de que recibirá un daño de proporciones incalculables. Pero, además, Pekín es consciente de la gigantesca brecha que en materia nuclear le separa de las dos grandes potencias nucleares. Por ello, la política nuclear china es sumamente cauta y persigue objetivos no amenazadores, por lo que recibe la denominación de “Estrategia nuclear de autodefensa”, está basada en la posesión de un arsenal “suficiente y efectivo” y solo contempla su uso en caso de que el país sufra un ataque directo con armas nucleares. La doctrina de empleo de estas armas establece una compleja cadena de toma de decisiones que va desde la Comisión Militar Central (CMC), pasando por la Fuerza de Misiles (PLARF) hasta los comandantes de las unidades encargadas del lanzamiento –de los misiles con base en tierra de distintos tipos, de los bombarderos estratégicos y de la aviación de combate–, pero con la particularidad de que las ojivas nucleares no están instaladas o a disposición inmediata de los vectores de lanzamiento, sino que se hallan guardadas en almacenes centralizados y su desplazamiento requiere la autorización expresa de la CMC. Aunque desde la llegada al poder de Xi Jinping en marzo de 2013 se ha producido una centralización en la cúspide en el proceso de adopción de decisiones –la CMC habría dejado de ser un órgano colectivo para convertirse en un mero organismo asesor del jefe del Estado sin poder real–, no cabe duda de que la tradicional desconfianza de los dirigentes del Partico Comunista chino en los mandos militares hace que exista esta disfunción en un arsenal que ha sido creado, precisamente, para la disuasión. De este modo, la fuerza de misiles con capacidad nuclear es extremadamente vulnerable a un primer ataque nuclear tanto de los Estados Unidos como de Rusia y es el origen de las aspiraciones chinas de dotarse de una fuerza nuclear embarcada en submarinos nucleares portamisiles (SSBN) que le den una auténtica y efectiva capacidad de contragolpe –asunto que hemos analizamos en “Los SSBN de la Marina del Ejército Popular de China”, publicado en la Revista General de Marina en diciembre de 2014–.
Con estas mimbres, este mes se han publicado estudios en los que se afirma que China puede igualar a las dos grandes potencias en armas nucleares en 2025 con un arsenal que estaría entre cerca de 1.400 y 2.000 ojivas y una década después entre 3.300 y 5.000. Aunque estos analisiparecen referirse exclusivamente a las ojivas nucleares estratégicas, que se encuentran limitadas legalmente para los Estados Unidos y Rusia por el Tratado de Armas Estratégicas (nuevo START) de abril de 2010 –los datos más recientes se pueden consultar en la entrada ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE SEPTIEMBRE DE 2019–, no pasan de ser una invención. Se enfatiza que los documentos desclasificados revelan que es muy difícil recopilar información sobre China, cuestión para lo que no se necesita recurrir a documentos desclasificados porque es evidente y manifiesta; se afirma que hasta hace poco, la recopilación y el análisis de esta información no estaban entre las prioridades, cuando se llevan años investigando y analizando estos temas tanto por organismos de inteligencia de las grandes potencias como por analistas especializados; y se asevera que las principales incógnitas son cuántos vectores de armas nucleares desplegará China y cuánto será suficiente.
Pues bien, aunque existen diversas fuentes que analizan el número y capacidades del arsenal nuclear chino, vamos a recurrir a Hans Kristensen y Matt Korda por su solvencia y la persistencia en el tiempo de sus análisis. En el ensayo “Chinese nuclear forces, 2019”, publicado en el Bulletin of the Atomic Scientists de junio de 2019, detallan que el arsenal nuclear chino estaría compuesto por 187 misiles con base en tierra con capacidad para cargar 218 ojivas, 4 SSBN 904 Jin equipados con 16 misiles embarcados (SLBM) JL-2 cada uno con capacidad para 48 ojivas nucleares en conjunto –aunque no se ha podido constatar que hasta ahora hayan llevado a cabo ninguna patrulla de disuasión fuera de aérea– y 20 bombarderos Xian H-6K con capacidad para cargar unas 20 ojivas nucleares en conjunto. La suma de estos componentes da un total de 255 lanzadores y un máximo de 290 ojivas nucleares. Pero, además, esta ratio se incrementado en la última década a un ritmo muy lento y la perspectiva parece mantenerse al observarse una desaceleración en el gasto militar global de China.
El 24 de julio de 2019 se publicó un nuevo Libro Blanco de la Defensa, “Defensa Nacional de China en una nueva era”, que es el documento estratégico más importante divulgado por las autoridades chinas hasta la fecha –lo analizamos en la entrada NUEVO LIBRO BLANCO DE LA DEFENSA DE CHINA de julio de 2019–. La declaración más conocida, o en la que se ha puesto más énfasis en Occidente, es que la reorganización y modernización de las Fuerzas Armadas tiene como objetivo alcanzar las capacidades necesarias para “combatir y ganar guerras”, en el horizonte de 2035. Sin embargo, en materia nuclear se mantienen los principios fundamentales: la política nuclear se basa en la disuasión y la suficiencia, esto es, disponer de un arsenal nuclear mínimo imprescindible para “garantizar la seguridad estratégica nacional”, y la vigencia de la política de no primer uso, incluida una declaración de que no uso de armas nucleares “en ningún momento y bajo ninguna circunstancia” contra Estados no nucleares o zonas declaradas libres de armas nucleares por acuerdos o tratados internacionales. Esto significa que las Fuerzas Armadas chinas deben estar preparadas para enfrentar una guerra con los Estados Unidos o una coalición de países liderados por Washington en el área del Asia-Pacífico en la próxima década. Una guerra que en principio sería convencional, pero que entre potencias nucleares siempre encierra el riesgo de escalada hacia el intercambio nuclear, lo que podría implicar en algún momento el abandono de la política de no primer uso por parte de China –que hemos tratado en la entrada ¿EL PROGRAMA DE SSBN DE CHINA SIGNIFICA EL FIN DE LA POLÍTICA DE NO PRIMER USO? de enero de 2016–.
En consecuencia, como hemos afirmado en otras ocasiones, mientras se mantenga el escenario estratégico actual, Pekín no modificará los principios básicos de su política nuclear, que son la doctrina de no uso de armas nucleares contra Estados no nucleares, la política de no primer uso de armas nucleares en caso de conflicto y el mantenimiento de un número de ojivas nucleares parecido al que tienen Francia y Gran Bretaña, las otras potencias miembros permanentes del Consejo de Seguridad que se dotaron de una fuerza de disuasión nuclear de contragolpe. Por tanto, nada de miles de ojivas nucleares en manos chinas por ahora y tampoco en un futuro próximo... a menos que se quiera agitar el miedo de que viene el lobo.
¡Qué bonito!
«LA RUPTURA DEL RÉGIMEN DE ESTABILIDAD ESTRATÉGICA Y LOS POSIBLES ESCENARIOS PARA EL FUTURO»
Este es el título del ensayo del que soy autor publicado recientemente en el número 14 de la Revista del Instituto de
Estudios Estratégicos, correspondiente al mes de diciembre de 2019. El artículo comenzó a fraguarse en los últimos meses de 2018 cuando los responsables en
política exterior y seguridad nacional de la Administración Trump iniciaron una
campaña sistemática contra el Kremlin, acusándolo de incumplimientos reiterados
del Tratado de Misiles de Corto y Medio Alcance (Tratado INF) de diciembre de
1987. Podemos estar o no de acuerdo con las acusaciones vertidas contra Rusia
respecto al desarrollo de determinados misiles de crucero que incumplían los
acuerdos establecidos, pero está claro que los argumentos esgrimidos por
Washington tenía como objetivo, desde el principio, acabar con la vigencia del
Tratado. De este modo, aunque las autoridades rusas prepararon una conferencia de prensa de auto exculpación muy mediática el 23 de enero
de 2019, la
decisión de la Administración Trump estaba tomada de antemano, como nos tienen
acostumbrados, de modo que el 2 de febrero de 2019 la Casa Blanca publicó una declaración anunciando
la retirada del Tratado INF, decisión que se haría firme pasados los seis meses
estipulados en dicho acuerdo internacional. La coletilla de que si Rusia
cumplía con el Tratada en este período entonces se podría reconsiderar dicha declaración, era solo para auto
justificarse, porque, aunque todo el Ministerio de Asuntos Exteriores rusos
hubiera ido en procesión hasta el Capitolio con ramas de olivo en la mano, la
decisión estaba tomada. El objetivo declarado abiertamente -esta es otra
característica de esta Administración americana- era tener las manos libres
para poder desarrollar nuevos misiles de crucero de alcance intermedio o,
mejor, dicho, sacarlos de donde los tenían guardados, porque, como se pudo
conocer después del 2 de agosto de 2019 una vez finalizado el Tratado INF,
estos sistemas de armas hasta entonces prohibidos, existían también en
el lado americano: solo hizo falta un plazo de quince días para realizar la
primera prueba desde la base aérea de Vandenberg, en California. Esta última
parte fue objeto de un segundo artículo de urgencia, que salió publicado en el sitio
web del Instituto de Estudios Estratégicos el
24 de septiembre de 2019 con el mismo título, en el que se tomaron en
consideración las argumentaciones finales cuando el Tratado fue abandonado definitivamente
por ambas partes. La cuestión que se abre ahora es ¿qué ocurrirá con el Tratado
de Armas Estratégicas (Nuevo START) de abril de 2010, el último de los acuerdos de control de armas nucleares heredados de la Guerra Fría? A pesar de las reiteradas
peticiones de Moscú de entablar negociaciones de cara a la ampliación de su
vigencia, que el propio Tratado contempla en forma de acuerdo ejecutivo por un
plazo adicional de cinco años, las autoridades americanas hacen mutis por el
foro y no se pronuncian... y cuando lo hacen argumentan que China debe formar parte de un Tratado de Control de Armas Nucleares global. Pero, no nos engañemos, Pekín
no acepta, ni aceptará, entrar en un acuerdo de esta naturaleza, porque el
“pecado original” de las armas nucleares es de las dos Grandes
Potencias de la Guerra Fría, y el arsenal nuclear chino ejerce una función
meramente defensiva, no hay nada más que analizar sus números, tipos de vectores y capacidades y su doctrina de
empleo de armas nucleares para darse cuenta -véase el “Chinese
nuclear forces, 2019” de Kristensen y Korda en el Bulletin of the Atomic
Scientists, de junio de 2019-. Y es que debemos tener claro que, en materia
de armas nucleares, se puede demonizar a terceros y la lista puede ser todo lo
larga que se quiera, pero los únicos que pueden orientar el camino por la senda
del control y el desarme o hacer todo lo contrario son solo los Estados Unidos
y Rusia. Para eso fueron bendecidas con la posesión de las armas nucleares,
como sentenció el senador americano Edwin Johnson en una sesión del Senado el 28
de noviembre de 1945.
Referencia bibliográfica completa: Pérez Gil, L.: “La ruptura del régimen
de estabilidad estratégica y los posibles escenarios para el futuro”, Revista
del Instituto Español de Estudios Estratégicos núm. 14, 2019, pp. 187-202, texto
completo disponible aquí.
Versión en inglés con el título "The breakdown of the system of strategic stability and possible scenarios for the future", disponible aquí.
“Verde que te quiero verde…”
VISIONARIOS, GRANDES DESCUBRIMIENTOS Y SEGUNDA CARRERA ESPACIAL
El 19 de enero de 2020 la empresa SpaceX alcanzó un nuevo éxito en la carrera por el espacio que están liderando en esta nueva era las empresas, el sector privado, frente a las agencias espaciales gubernamentales. Un cohete Falcon 9 lanzado desde el centro espacial de Cabo Cañaveral, en Florida, voló durante un minuto y 24 segundos hasta que se activó la secuencia de autodestrucción con la finalidad de probar la integridad y capacidad de supervivencia de la nave espacial Crew Dragon que llevaba a bordo. La nave espacial encendió sus propulsores para separarse del cohete lo más rápidamente posible y a continuación descendió en paracaídas en un punto del océano Atlántico fijado de antemano donde esperaban los equipos de rescate. En una misión tripulada esta secuencia de eventos habría salvado la vida de los astronautas. Elon Musk, fundador y consejero delegado de SpaceX anunció que “los datos iniciales indican que la prueba ha sido perfecta. El próximo vuelo de la nave será con astronautas a bordo en el segundo trimestre de este año”. Debemos tener en cuenta que este triunfo no corresponde a ninguno de los grandes conglomerados aeroespaciales, que nacieron al calor de la Guerra Fría y de la Primera Carrera Espacial, sino a una de esas nuevas empresas creadas al calor de la sociedad de la información, la globalización y las nuevas tecnologías, que están dirigidas por una nueva clase de directivos con una capacidad de trabajo extraordinaria, exitosos, multimillonarios, pero también visionarios de una nueva etapa del desarrollo humano como son Musk (Paypal, Tesla y SpaceX), Jeff Bezos (Amazon y Blue Origin), Richard Branson (Virgin Group y Virgin Galactics) o Paul Allen (Microsoft y SpaceShipOne). Desde que en 2011 la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) dio de baja definitivamente los transbordadores espaciales, los Estados Unidos se quedaron sin naves propias con las que llevar hombres y mujeres al espacio, tanto a la Estación Espacial Internacional (EEI), situada en una órbita próxima a la Tierra, como a otros planetas o cuerpos estelares. Este privilegio quedó desde entonces, y de forma exclusiva, en manos de Rusia con sus naves Soyuz. La imposición de sanciones económicas, financieras e industriales a Moscú como consecuencia de la ocupación de Crimea y la implicación en la guerra del Donbás no cambio este escenario y los Estados Unidos (y otros países) han pagado un peaje elevado para mantener su presencia humana en el espacio. La fiabilidad de los sistemas rusos (que se mantiene a pesar de ocasionales fallos en los lanzamientos y accidentes resueltos de forma exitosa) y la confiabilidad de Moscú en que no vetaría llevar a astronautas americanos a la EEI, no impedía que desde importantes sectores de la política y la industria americanas se exigirá el esfuerzo de desarrollar nuevos sistemas de lanzamiento y nuevas naves espaciales para acometer con éxito la Segunda Carrera Espacial con la vista puesta en Marte. Para ello la NASA abrió un concurso en el que Boeing y SpaceX debían diseñar, construir y probar sus respectivas propuestas. De este modo, mientras Boeing no levanta cabeza en diferentes proyectos aeronáuticos y espaciales, la novísima SpaceX ha conseguido lo que parecía imposible hace una década: que una empresa privada lidere el sector espacial. Para ello Musk se ha enfrentado con al estamento político de Washington, a las grandes y poderosas corporaciones aeroespaciales nacionales e incluso a la misma NASA, a la que demandó ante los tribunales por impedirle primero participar en los contratos espaciales y, después, por dar trato de favor a otras compañías tradicionales. Sin embargo, el mismo día 19 de enero de 2020 el Administrador de la NASA, Jim Bridenstine, dijo que “esto representa el regreso de los astronautas americanos al espacio a bordo de cohetes americanos lanzados desde territorio americano”. De este modo, como en la era de los Grandes Descubrimientos un visionario se impone sobre los planteamientos más convencionales o tradicionales y Musk ya habla abiertamente la de colonización de Marte para mediados de este siglo. Frente a los que auguran un triunfo sin paliativos de la Inteligencia Artificial sobre el ser humano -y en última instancia un gran peligro para la supervivencia humana-, el éxito de los hombres visionarios nos reconcilia con la permanencia de la inteligencia y la capacidad del ser humano para soñar, para crear, para innovar y para superar fronteras que en cada momento se han considerado inamovibles.
Sobre el desarrollo de las nuevas empresas espaciales, véase Davenport, C.: Los señores del espacio. Editorial Planeta. Barcelona, 2019 (trad. de The Space Barons. Public Affairs. Nueva York, 2018).
Hasta el infinito y más allá…
«LAS FUERZAS DE COHETES ESTRATÉGICAS DE RUSIA SUPERAN A LAS DE ESTADOS UNIDOS»
En 2019 las RVSN disponen de 318 cohetes estratégicos (ICBM) que pueden cargar un máximo de 1.165 ojivas nucleares con una potencia máxima estimada de 573,20 Mt, o lo que es lo mismo, el equivalente a 31.844 bombas atómicas de Hiroshima. Por su parte, los Estados Unidos tienen una fuerza compacta de 400 ICBM Minuteman III basados en silos que cargan 800 ojivas con una potencia destructiva de 261 Mt, lo que serían unas 14.500 bombas atómicas de Hiroshima. Esto significa que las RVSN rusas acumulan 2,19 veces más capacidad destructiva que el arsenal estratégico terrestre americano. Pero, además, la mitad de la fuerza de Minuteman III en servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fue construida en la década de los setenta y la otra mitad en la primera década de este siglo y no existe un sucesor a corto plazo. Para remediarlo, después de un largo periodo de estudio conjunto, el Departamento de Defensa puso en marcha en agosto de 2017 el programa de desarrollo denominado Ground-Based Strategic Deterrent (GBSD) para adquirir 666 ICBM -400 operativos y el resto para pruebas, lanzamientos periódicos y recambios- que debería entrar en servicio en 2029-2030. El programa tiene un coste estimado de 100.000 millones de dólares. Pero, si esta parece una cifra abultada, tengamos en cuenta que el coste total estimado de la modernización completa del arsenal nuclear americano asciende a 494.000 millones de dólares para el período 2019-2028, según el informe realizada en 2019 por la Oficina Presupuestaria del Congreso. Por su parte, el Yars es un cohete estratégico de combustible sólido desarrollado a partir del ICBM RT-2UTTH Topol-M (SS-27 Sickle-B), puede transportar hasta cuatro ojivas nucleares de 100 kilotones a una distancia de más de 10.000 kilómetros y dispone de dos versiones: fija en silo y móvil en tractor lanzador (TEL). Actualmente está operativo en 14 regimientos de las RVSN y equipará a otros tres antes de 2021 -cada regimiento tiene 9 ICBM distribuidos en tres batallones-. El objetivo es sustituir completamente en una primera etapa al ICBM RT-2PM Topol (SS-25 Sickle) y, posteriormente, al Topol-M, según vayan llegando los cohetes en servicio al final de su vida operativa. De este modo, a mediados de siglo la capacidad de combate de las RVSN estará formada por unos 300 ICBM de solo dos tipos: el pesado RS-36 Sarmat (SS-N-30) en silos armado con hasta 10 ojivas nucleares MIRV y el Yars-M con cuatro a seis ojivas nucleares MIRV en las dos versiones en silo y en TEL.
Pero, amontonen más o menos misiles y ojivas nucleares, la élite dirigente rusa con el presidente Putin a la cabeza sigue considerando que las Fuerzas Nucleares Estratégicas continuarán siendo la garantía última de la seguridad del país, garantizan su estatuto de gran potencia mundial y mantienen el régimen de estabilidad estratégica. Sin ellas, el mundo sería más inseguro porque existirían menos restricciones al uso de la fuerza por parte de las grandes potencias, en la pugna de unas contra otras y contra las potencias inferiores. El ejemplo lo tenemos en la relación estratégica que existe entre los Estados Unidos y Rusia, los Estados Unidos y China y los Estados Unidos y Corea del Norte. Si no fuera por la posesión de armas nucleares por las contrapartes, los dirigentes de Washington habrían apelado en más de una ocasión al uso irrestricto de su gigantesco poderío militar para imponerse. Por lo tanto, las armas nucleares continúan manteniendo su cualidad de moderadores del conflicto a gran escala porque su empleo masivo implicaría la destrucción de la civilización tal como la conocemos.
A MI MAESTRO Y AMIGO, EL PROFESOR ELADIO ARROYO LARA
El Dr. Eladio Arroyo Lara era catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de La Laguna desde 1993, antes había sido profesor adjunto y profesor titular, desde que inició su carrera universitaria a mediados de los años setenta. Su tesis doctoral dedicada al análisis jurídico del estatuto de no beligerancia de España en la Segunda Guerra Mundial, publicada en 1981, es una obra absolutamente original que tuvo eco en la historiografía desde su publicación. A este ensayo le siguieron trabajos de acreditada solvencia como: “Comunidades Europeas, Unión Europea y el problema de la sucesión de organizaciones internacionales” (Revista de Instituciones Europeas, 1986), “Consideración sobre el alcance y contenido del artículo 96.1, “in fine” de la Constitución Española” (Revista Española de Derecho Internacional, 1987), “El ámbito material de la política exterior de la Unión Europea” (en la obra colectiva Acción exterior de la Unión Europea y comunidad internacional, 1998) o “Elementos definitorios delas organizaciones internacionales y consideración especial de la estructura institucional para la Cooperación Política del Acta Única Europea” (Revista de Instituciones Europeas, 1990).
Después vendrían trabajos conjuntos entre el maestro y el discípulo como: “Hacia la creación de un sistema europeo de disuasión nuclear” (Política y Estrategia, 2005), “Las nuevas agendas de la seguridad: terrorismo, hegemonía y sociedad internacional” (Revista de la Guardia Civil, 2007), “Cooperación y seguridad internacionales al comienzo del siglo XXI” (Revista Estudios Avanzados, 2009), “La aplicación constitucional preferente del Derecho internacional” (Estudios Internacionales, 2009) o “La soberanía del Estado y sus límites jurídicos: los casos de Ucrania y Venezuela” (Columna de Opinión ANEPE, 2014) y sumando también al profesor Dr. Garay Vera “El estatus del terrorismo y la violencia política transnacional en el sistema internacional de la posguerra fría” (Foro Internacional, 2008). Pero su mejor obra, su sueño académico, fue su Proyecto docente e investigador para acceso a cátedra (1993, 2 vols.) sobre filosofía de la ciencia y la teoría del régimen aplicadas a la Cooperación Política Europea, que continúa inédita. La lectura y comentario de esta obra nos reportaba largas horas de reflexión que originaron miles de correos electrónicos de ida y vuelta e incontables notas que a lo largo del tiempo se han plasmado en conferencias, artículos y ensayos sobre regímenes de seguridad, hegemonía y estabilidad estratégica, muchos de ellos no publicados todavía. Por ese motivo, el ensayo publicado recientemente en el Instituto Español de Estudios Estratégicos de Madrid titulado "La ruptura del régimen de estabilidad estratégica y los posibles escenarios para el futuro" (IEEE, 2019) fue un homenaje a su magisterio.
Espero tener la capacidad y solvencia para plasmar todas las cosas buenas que mi maestro me enseñó a lo largo del tiempo y, aunque ya no lo tendré a mi lado, sumaré el Proyecto docente e investigador para acceso a cátedra a la obra de consulta permanente que compartíamos, el Derecho Internacional Público de Alfred Verdross. Don Eladio, mi querido maestro y amigo.
GLOBAL THUNDER 2019: LOS ESTADOS UNIDOS LLEVAN A CABO SU EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR
Según explicó su comandante, el general John Hyten, “la tríada nuclear es la columna vertebral de la disuasión estratégica” y “ejercicios como estos integran nuestras capacidades únicas en toda la fuerza conjunta con el fin de disuadir amenazas estratégicas y defender a la Nación. Nuestras fuerzas deben estar listas y preparadas para ejecutar las órdenes a nivel mundial donde y cuando sea necesario”. Además, el general Hyten dijo que “la disuasión en el siglo XXI debe tener un enfoque global y debe involucrar a nuestros socios y aliados. Por eso Global Thunder es un ejercicio multinacional que opera a escala global”, destacando la participación de oficiales superiores de Australia, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca y el Reino Unido -las declaraciones están disponibles en el sitio web del STRATCOM-. Aunque esa participación sería irrelevante en caso de guerra nuclear porque, como dijo el senador Edwin Jonhson en el Senado el 28 de noviembre de 1945: “Dios en su inmensa sabiduría ha colocado la bomba atómica en nuestro regazo”. Una declaración que viene a ser el corolario de la Doctrina del Destino Manifiesto.
Así que, para amenizar la entrada, pongamos un poco de AC/DC: “Thunderstruck” (Atónito).
KURSK: UNA TRAGEDIA DE LOS SUBMARINOS NUCLEARES RUSOS
Pero Moore también se centra en las personas, aquellos mandos navales, oficiales y marineros, como el almirante Popov, el capitán de navío Lyachin o el teniente de navío Koleshnikov, hombres orgullosos de servir a su Patria en la Marina rusa y, en concreto en la Flota del Norte. Con todos estos elementos Moore desarrolla un relato pormenorizado de todos los sucesos que llevaron a la destrucción del Kursk y a la pérdida de toda la tripulación, no de forma inmediata, sino en una agonía de días en los que se trató infructuosamente de rescatarlos con vida. Como decimos en el texto publicado en la RGM, Moore presenta un buen relato, a ratos emocionante, que se centra en la versión oficial de los hechos, pero no considera otras posibles que motivaron la pérdida del Kursk.









