El 15 de enero de 2026 el rector de la Universidad de La Laguna (ULL) convocó una mesa redonda con el título de “Venezuela tras el 4 de enero: desafíos geopolíticos y el vínculo canario” dedicada a analizar desde una perspectiva multidisciplinar la situación de seguridad creada en Venezuela tras la intervención militar estadounidense, que se saldó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro. La mesa redonda estaba compuesta por el embajador de España en Naciones Unidas, Héctor Gómez, el viceconsejero de Acción Exterior del gobierno de Canarias, José Luis Perestelo, el presidente de la Asociación Unión Canario Venezolana, Agustín Rodríguez y los profesores de la ULL Dra. Carmen Ascanio Sánchez (Sociología y Antropología), Dr. Ángel Dámaso Luis Alonso (Historia) y Dr. Luis V. Pérez Gil (Derecho Constitucional y analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, IEEE), que examinaron la situación desde diferentes perspectivas políticas y académicas, pero con un enfoque común como es la identidad compartida canario-venezolana, forjada durante varios siglos de idas y venidas a ambos lados del océano Atlántico y el deseo compartido de un futuro mejor para todos los venezolanos allá donde se encuentren, porque ser venezolano es como ser canario y no se concibe la Canarias de hoy sin el acervo de la emigración a Venezuela -un resumen de las intervenciones está disponible en el sitio web de la ULL-. Son realidades primordiales que no se pueden desconocer cuando se analizan desde la perspectiva española los asuntos que acontecen en Venezuela, antes de la intervención estadounidense y después, sea cual sea el resultado político que quede en el país. En mi intervención hablé del poder como concepto fundamental de la teoría de las Relaciones Internacionales, de quién tiene el poder y para qué usa ese poder. También de cuáles son los fundamentos que justifican la intervención militar estadounidense en Venezuela y para ello recurrí a la Estrategia de Seguridad Nacional recientemente publicada -véase la entrada ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONALES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE 2025 Y RÉGIMEN DE ESTABILIDAD ESTRATÉGICA, de diciembre de 2025- que consagra un apartado específico a su dominio sobre el hemisferio occidental, a la doctrina Monroe y a su actualización al siglo XXI mediante el denominado «corolario Trump», cuyo objetivo es mantener fuera del continente americano a cualquier gran potencia que trate de disputarle el poder o la influencia regional. Hablamos de China y de Rusia, que en las últimas décadas se convirtieron progresivamente en los principales socios y sostenedores de un régimen socialista-populista cada vez más decadente, aislado y empobrecedor, hasta límites casi desconocidos para un país que es abundante en recursos naturales y que atesora una de las mayores reservas petroleras del mundo. Son los rumbos de la política latinoamericana que diría mi estimado y reconocido colega chileno, el profesor Dr. Iván Witker -véase por ejemplo «La soledad estratégica que se le avecina a América Latina», de marzo de 2024, o «Cuando una democracia muere en silencio», de enero de 2026-. Entonces, esa intervención militar que se produjo el 3 de enero de 2026 tiene que ver con la nueva etapa de competición estratégica entre grandes potencias, más que con la situación política interna en Venezuela (ausencia de democracia), el bienestar de los venezolanos (poco les importa a los decisores de Washington) o el petróleo venezolano (Estados Unidos es un exportador neto de hidrocarburos y tiene capacidad para controlar directa o indirectamente el 40% de la producción mundial). Una vez capturado su presidente en una operación magistralmente ejecutada y llevado a Estados Unidos (esta vez no fue a Guantánamo), quedó un gobierno sumiso al poder militar estadounidense, que ejecutará las órdenes que le dicten en aras de su propia supervivencia, porque la alternativa no es nada halagüeña, como demuestran los casos más o menos cercanos en el tiempo del Irak de Sadam Hussein en 2003 o la Libia de Muamar Gadafi, quien llegó a pactar con los Estados Unidos la entrega de su incipiente programa nuclear para luego acabar perdiendo literalmente todo a manos de una intervención militar occidental en 2012. Estos antecedentes históricos y la perspectiva de algún reciente indulto estadounidense a políticos latinoamericanos condenados por tráfico de drogas son incentivos nada desdeñables para los dirigentes venezolanos que permanecen en su país convertido en un protectorado de los Estados Unidos; esto es, un Estado dotado de personalidad jurídica internacional, pero con la capacidad de obrar disminuida porque las decisiones fundamentales no se toman dentro del país, sino fuera de él y por dirigentes de un tercer Estado, una gran potencia. Esta es la realidad de las relaciones internacionales y no otra. Después de tres décadas de multilateralismo, idealismo universalista, constructivismo y globalismo, se constata que las grandes potencias han vuelto a una lucha por el poder y la influencia mundial, vuelve a regir el uso de la fuerza sin más límite que sus propios intereses y las potencias medias y el resto de los Estados quedan incólumes ante su poder avasallador. Pero, el resultado de esta pugna no está predeterminado, tampoco si habrá una nueva guerra mundial (¡la gran pregunta!) o sucederá un acuerdo fundamental entre ellas, pero lo que sí acontecerá es que el que resulte ganador, sea de forma pacífica o por la fuerza, impondrá un nuevo orden jurídico con la pretensión de que dure en el tiempo. ¿Cuánto? Por lo menos diez décadas o algo menos como hemos argumentando teóricamente en un trabajo anterior -véase «LA TRANSICIÓN DE UNA HEGEMONÍA IMPERFECTA A UN SISTEMA MULTIPOLAR INESTABLE», marzo de 2024-. Las claves fundamentales del poder estadounidense en lo que queda de siglo han sido descritas magistralmente por George Friedman en Los próximos cien años (2010), no nos cansaremos de citarlo. Lo que pueda ocurrir con la China comunista es una gran incógnita, pero su líder, Xi Jinping, se pronuncia regularmente al respecto y sus medios de propaganda se encargan de publicarlo y difundirlo por todo el mundo (The governance of China, 2015-2025). Rusia, India u otras potencias que puedan surgir terciarán para sostener a uno o a otro en función de sus propios intereses. Por tanto, nos hallamos en un período de transición desde una hegemonía imperfecta que trata de mantenerse a toda costa a un sistema internacional que podría desembocar en la bipolaridad o en un sistema con más partes y, por tanto, multipolar. El resultado no está escrito de antemano.
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Muy interesante artículo. Actual y bien expuesto.
ResponderEliminarBuenísimo.
ResponderEliminarMuy valioso como siempre. Gracias poe compartir. Un abrazo
ResponderEliminarDiscurso del primer ministro de Canadá en el foro de Davos: https://youtu.be/apNFXfgahkg?si=aaMTWLYwXf7AYzeV
ResponderEliminarGracias por compartir estas reflexiones.
ResponderEliminarMuchisimas gracias por compartirlo. Es muy útil.
ResponderEliminar¿Para cuando las elecciones en Venezuela? Porque si siguen los que están de nada ha servido la operación sacar a Maduro.
ResponderEliminarEatamos en tiempos revueltos.
ResponderEliminarMuy interesante. Gracias por compartir.
ResponderEliminarMe ha encantado. Me gusta como reconduces el tema para llevarlo a lo realmente importante.
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