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CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE DERECHO Y POLÍTICAS PÚBLICAS DEL ESPACIO EN BRAGA

El 6 de junio de 2024 la Escuela de Derecho de la Universidade do Minho organizó en Braga (Portugal) una jornada sobre Derecho y políticas del espacio con el título “E-TEC4SPACE Law and Policy Challenges for a competitive domain” (Desafíos legales y políticos para el dominio espacial) dirigida por el profesor Dr. Bruno Reynaud de Sousa, en el marco de los Minho Space Days. Este evento académico forma parte del enfoque general adoptado por esa universidad con el objetivo de profundizar en la investigación y desarrollo de los estudios espaciales con una visión multidisciplinar, que van desde la ingeniería, la informática y la medicina hasta la comunicación y el Derecho. Durante la jornada se trataron los temas más importantes en materia de estrategia espacial: políticas públicas sobre la exploración y explotación del espacio, estrategias nacionales de aplicación de esas políticas, cooperación internacional en el espacio, acuerdos internacionales y aplicación del Derecho que es propio a ese dominio. La primera intervención corrió a cargo del consejero senior de seguridad y coordinador de seguridad de la Agencia Espacial Europea (ESA), general (ret.) Pascal Legai, que realizó una presentación sobre las misiones y actividades de esa agencia. La ESA cuenta actualmente con cinco mil quinientos empleados y gestiona el 60 % del presupuesto que destinan los Estados europeos a programas espaciales con los siguientes objetivos: garantizar la independencia en el acceso al espacio, la soberanía tecnológica, el desarrollo de sistemas de doble uso con aplicaciones civiles y militares, la actualización permanente de los datos del planeta y el clima y la participación en programas STEM (atraer y retener talento). Asimismo, expuso tanto los principales programas espaciales actuales (Galileo, Copernicus, Webb, Artes y Rosetta) como los planes hasta 2030, período en el que está previsto aumentar el número de satélites espaciales hasta mil setecientos por año (frente a los escasos cien que se ponían en órbita al año en la década 2010-2020). Además, planteó una cuestión crucial: ¿dónde está Europa en relación con los principales competidores espaciales: los Estados Unidos, Rusia, la China comunista, pero también India? Para tratar de responder a esos retos citó las principales líneas de acción de la “Agenda de la ESA 2025+”: refuerzo de las relaciones ESA-UE, comercialización de lanzadores (es evidente que se tienen que producir cambios acelerados para poder competir en el mercado comercial), seguridad y protección, nuevos programas avanzados y transformación de la propia Agencia. Sin embargo, el análisis comparativo de los presupuestos que dedican las grandes potencias al espacio pone de manifiesto que Europa continuará cada vez más rezagada (lo que es un reflejo del decreciente peso económico y político de Europa en el sistema internacional globalizado) y plantea dudas sobre la seriedad de los objetivos plasmados en el “Enfoque de la ESA para 2040”, un documento más voluntarista que realista sobre las capacidades europeas para liderar en el mundo en un escenario a largo plazo. A continuación se desarrolló una mesa dedicada a analizar la relevancia del espacio en las prioridades de las políticas públicas, donde se examinaron el enfoque del Derecho en la regulación del espacio, la problemática de la competencia entre ordenamientos jurídicos (internacional versus nacionales y también regional, por ejemplo en el espacio europeo), debate que responde a la existencia de intereses divergentes entre las grandes potencias, y el espacio como un dominio más para la competición y el conflicto. Madga Cocco departió sobre la regulación nacional del espacio en el caso de Portugal, los aspectos relacionados con las comunicaciones y la digitalización y la necesidad de introducir cambios legales para aprovechar las sinergias que genera el sector espacial. Hugo Costa (representante de la Agencia Espacial Portuguesa) expuso la política espacial de Portugal desde un enfoque europeo y el coronel Pedro Costa (de la Fuerza Aérea Portuguesa) habló de la importancia del espacio para las Fuerzas Armadas, la actual fase de militarización del espacio (definido como dominio operacional) y la necesidad de aplicar cambios en las Fuerzas Armadas portuguesas para multiplicar sus capacidades. La segunda mesa estuvo dedicada a examinar el programa de potenciación de los estudios multidisciplinares en materia espacial en la Universidad do Minho, donde académicos de las facultades de Medicina, Ingeniería y Derecho analizaron las dinámicas existentes para crear sinergias en el sector espacial. Finalmente, el embajador checo en Portugal, Martín Pohl, expuso un estudio de caso de éxito sobre actividades en materia espacial de su país. Al día siguiente, en la Escuela de Medicina se desarrolló otra jornada dedicada a los estudios de fisiología, psicología y sociología de las actividades en el espacio, donde se presentaron los últimos avances en esas materias y también concurrieron empresas privadas que presentaron sus propios programas de desarrollo e innovaciones. En definitiva, un espacio interesante e idóneo para debatir sobre los temas que, sin duda, estarán en el centro de la lucha por el poder y la influencia entre las grandes potencias en las próximas décadas.

El programa de la jornada y los participantes están disponible aquí.  

Hans Zimmer: “Interstellar”.

LA APUESTA FRANCESA POR LA SUPREMACÍA ESTRATÉGICA: SUBMARINOS NUCLEARES CON MISILES GUIADOS Y SATÉLITES ESPACIALES

En la entrada FRANCIA Y LA MILITARIZACION DEL ESPACIO del mes de febrero de 2019 comentamos en informe aprobado por la Asamblea Nacional francesa el 15 de enero de 2019 sobre las necesidades del sector espacial de defensa en el que se destacaba la casi absoluta dependencia de la estructura socioeconómica nacional de los sistemas de espaciales hasta el extremo de indicar que ya “no podemos prescindir de ellos”. La preocupación de los diputados franceses surgió por las informaciones cada vez más preocupantes de que otras potencias se están dotando con aparatos espaciales que son capaces ­­–o lo serán en un espacio de tiempo muy breve– de interferir, controlar, manipular y destruir otros satélites en el espacio al extremo de afirmar que “la guerra en el espacio ha comenzado y Francia debe saber realizar acciones ofensivas”. Por tanto, Francia se enfrenta a un escenario de vulnerabilidad de sus sistemas espaciales que debe ser atajado o, al menos, contrarrestado. En el documento parlamentario se establecen los pasos, las infraestructuras, los medios y los recursos necesarios para construir una respuesta nacional creíble, es decir, tener la capacidad de “neutralizar una amenaza en el espacio”, y entre ellos se proponía la creación de un organismo militar independiente dedicado a la defensa de los satélites espaciales. Sobre la base de estas propuestas el presidente Macron anunció durante el discurso conmemorativo de la Fiesta Nacional del 14 de julio de 2019 la creación de un nuevo Mando Espacial dentro de las Fuerzas Armadas. La misión de este nuevo mando militar, que se pondrá en marcha el próximo mes de septiembre, es la protección de los satélites que Francia tiene en el espacio, lo que, en palabras del presidente, es una “auténtica cuestión de seguridad nacional”. Y, parece que siguiendo la estela de otros visionarios dirigentes mundiales, ha anunciado que se convertirá en el germen de las futuras Fuerzas Aeroespaciales nacionales, que tendrán el cometido de garantizar la defensa de los intereses nacionales en los espectros aéreo y espacial del conflicto. Debemos recordar que el presidente Macron estuvo dos días antes en Cherburgo donde asistió a la botadura oficial –la no oficial se producirá a finales de este mismo mes– del primer submarino nuclear de ataque de la nueva clase Barracuda, bautizado Suffren, y que dotará por primera vez a las Fuerzas Submarinas de la Marine Nationale de la capacidad de lanzamiento de misiles de crucero de largo alcance. Por sus declaraciones parece que el presidente Macron ha entendido rápidamente una regla básica de la guerra posmoderna: la efectividad de las armas guiadas de precisión depende de la existencia de un sistema de comunicaciones espaciales autónomo que no pueda ser apagado por terceros –y que ya existe gracias al programa europeo Galileo– y de la capacidad de mantener la integridad de ese sistema en caso de conflicto. Por eso planteamos en una entrada anterior en qué punto de degradación de dichos sistemas comenzarían las grandes potencias a activar las defensas estratégicas. En realidad, en un mundo crecientemente multipolar se complicada cada vez más la ecuación de la estabilidad estratégica.

ESTADOS UNIDOS, RUSIA Y LA UNIÓN EUROPEA AVANZAN EN EL CONTROL DEL ESPACIO

El 21 de febrero de 2019 el presidente Trump firmó la orden ejecutiva dirigida al Congreso para la aprobación de la ley que permitirá la creación del nuevo Mando Espacial separado dentro de la Fuerza Aérea, destinado a “proteger a los satélites, abordar las vulnerabilidades en el espacio y afirmar el dominio americano en órbita”. Aunque el objetivo final es la creación de la Fuerza Espacial como componente independiente de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, asunto del que hemos ido dando cuenta en el blog -véase la entrada más reciente LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO HA LLEGADO de diciembre de 2018 y los enlaces que recoge-. Como dijo el presidente Trump en la firma de la orden ejecutiva, su Administración “ha hecho de la creación de una Fuerza Espacial un asunto de seguridad nacional”. El mismo día el portavoz del Departamento de Defensa, Charlie Summers, dijo que “el presidente Trump está situando a los Estados Unidos para competir, disuadir y ganar en un complejo entorno de múltiples dominios caracterizado por una gran competencia de poder”. Un día antes, el presidente Putin anunció en el discurso anual a las dos Cámaras del parlamento federal de Rusia que el gobierno había decidido la creación de un Centro Nacional del Espacio en Moscú: “He encargado a Roscosmos junto a las autoridades de Moscú -mis colegas vinieron y me informaron, es un buen proyecto- formar un Centro Nacional del Espacio” con la finalidad de coordinar los trabajos de los diferentes organismos especializados del sector espacial, los centro de investigación y la formación de especialistas, técnicos y cosmonautas -el contenido completo del discurso esta disponible aquí-. Cinco días antes, la Agencia Espacial Europea anunció que los cuatro últimos satélites del sistema de posicionamiento global Galileo, puestos en órbita por un lanzador Ariane 5 el 25 de julio de 2018, ya estaban completamente operativos después de un extenso período de pruebas que se llevó a cabo desde los diferentes centros de control en Alemania, Francia e Italia, y que están preparados para realizar sus funciones dentro de la constelación de navegación satelital europea. Actualmente el número de satélites en órbita del sistema Galileo es de veintiséis y el próximo lanzamiento está previsto para 2020 cuando alcanzará la capacidad operativa completa. Se han tardado veinte años y se han gastado más de 10.000 millones de euros para que la independencia espacial europea sea una realidad, porque hay que recordar que el programa Galileo es propiedad y está financiado por la Unión Europea -que hemos seguido en el blog a lo largo del tiempo, véase la entrada más reciente TODAS LAS VERDADES SON SENCILLAS DE ENTENDER UNA VEZ QUE SE DESCUBREN; EL PUNTO ES DESCUBRIRLAS de diciembre de 2018 y los enlaces anteriores que recoge-. La Comisión Europea tiene la responsabilidad general, la gestión y supervisión de todas las actividades del programa y la Agencia Espacial Europea el despliegue de los satélites y también el diseño y desarrollo de una nueva generación de satélites de la constelación, así como el desarrollo técnico de las infraestructuras de apoyo. Estas iniciativas cubren brechas importantes en la seguridad nacional de las respectivas grandes potencias, incluidas China y la India, pero también los tres grandes -los Estados Unidos con el GPS, Rusia con el Glonass y la Unión Europea con el Galileo- compiten por un mercado de servicios de posicionamiento global estimado en más de 135.000 millones de dólares en 2025 -en este sentido, véanse los datos que se recogen en Infoespacial.com en julio de 2017-. Tal es así que China intenta sumarse también a ese mercado y en 2019 lanzará diez satélites del sistema de posicionamiento satelital Beidou -información adicional en infoespacial.com el 2 de febrero de 2019-. 

A mi se suena el run run…

LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO HA LLEGADO

George Friedman ya adelantó en 2010 que este siglo sería el siglo de la militarización del espacio y que la próxima guerra global se iniciaría, precisamente, en el espacio y siguiendo la lógica de sus tesis podemos formular la siguiente regla: quien domine el espacio ganará la guerra global. Pues bien, la Administración Trump ha estado dando los pasos necesarios para avanzar en el control del espectro espacial. Como ya indicamos en el blog en agosto de este año, el presidente Trump anunció el 18 de junio de 2018 la intención de crear unas Fuerzas Espaciales con el mismo rango que las otras ramas de las Fuerzas Armadas y, por consiguiente, con el mismo estatuto que la Fuerza Aérea, que es la que mantiene hasta ahora el control de las actividades espaciales militares de los Estados Unidos. De este modo, el presidente firmó el 18 de diciembre de 2018 una orden ejecutiva en la que instruye al Departamento de Defensa para que organice una fuerza militar dedicada a las operaciones en el espacio denominado Mando Espacial de los Estados Unidos como mando de combate unificado. Aunque cuenta con la oposición de importantes sectores de las Fuerzas Armadas tradicionales, representados por grupos organizados de senadores y representantes en el Congreso, el objetivo definido por el presidente es lograr la creación de unas auténticas Fuerzas Espaciales independientes en 2020, por lo que la orden ejecutiva aprobada ahora es una medida transitoria hacia ese objetivo definitivo que ya adelantó en marzo de 2018. Estados Unidos quiere reunir en una sola Fuerza el conjunto de las capacidades de lanzamiento, control y empleo de los satélites espaciales militares de todo tipo, desde los de comunicaciones, de posicionamiento global, de reconocimiento e inteligencia hasta los de seguimiento de objetos espaciales y misiles balísticos. Solo de este modo considera la Administración Trump que pueden seguir manteniendo la primacía en el espacio y estar preparados para afrontar las amenazas futuras que se presentarán en ese espectro del campo de batalla y, llegado en caso, ganar la guerra espacial. Como dijo el presidente del Estado Mayor Conjunto, general Joseph Dunford, el pasado mes de abril los sistemas espaciales propios carecen de la resistencia necesaria en caso de ataque y son vulnerables a las nuevas capacidades con las que cuentan otros países, y enfatizó: “se dice que no hay guerras en el espacio, pero existen guerras que implican a nuestros sistemas”, de ahí la necesidad de protegerlos y hacerlos invulnerables. Estas iniciativas han sido contestadas por Rusia que afirma que una confrontación en el espacio podría ser tan peligrosa como la carrera armamentista desencadenada por los Estados Unidos a mediados del siglo pasado y les acusa de bloquear sistemáticamente todas las propuestas encaminadas a mantener el espacio exterior libre de armamentos, pero el anuncio del despliegue operativo en 2019 de sistemas de guerra electrónica como el Tirada-2S con capacidad para interferir los sistemas satelitales en el espacio, desarrollado desde 2001 por el 46º Instituto Central de Investigación, no hace más que aumentar la sensación de inseguridad de Washington a una eventual pérdida de sistemas espaciales vitales. Esto significa que ya se ha producido la militarización del espacio y previsiblemente en los próximos años asistiremos a una auténtica carrera por el espacio, pero esta vez no de carácter civil y solo parcialmente militar como ocurrió entre soviéticos y americanos durante la Guerra Fría en el siglo XX, sino una auténtica carrera militar espacial en la que intervendrán múltiples actores que buscarán la manera de asegurar sus propios sistemas espaciales y, al mismo tiempo, inutilizar o destruir los satélites adversarios, porque sin estos no hay reconocimiento, ni inteligencia ni capacidad de batir objetivos en tierra o en el mar con armas guiadas de precisión, pues como hemos explicado muy recientemente ese es el objetivo de sistemas como el Programa Galileo europeo o el Beidou chino. Por tanto, como dice el maestro de ceremonias en la pista del circo: “señores, siéntense y vean”.

“TODAS LAS VERDADES SON SENCILLAS DE ENTENDER UNA VEZ QUE SE DESCUBREN; EL PUNTO ES DESCUBRIRLAS”

Esta es una frase que se atribuye al sabio Galileo Galilei y que nos sirve de introducción para tratar sobre dos temas que hemos seguido extensamente en el blog: por un lado, la creación de una constelación europea de satélites de posicionamiento global con el Programa Galileo en la búsqueda de la independencia estratégica de los europeos y, por otro, el proceso político de retirada del Reino Unido de la Unión Europea, proceso que se ha denominado de forma generalizada Brexit. Desde el 24 de junio de 2016 todos los acontecimientos relacionados con el anuncio de la retirada británica han sido un cúmulo de despropósitos de los peores políticos que han tenido el poder en Londres desde el terrible Chamberlain. Cameron demostró que era un político con pocas luces cuando convocó un referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea que casi nadie le pedía más allá de un grupúsculo nacionalista dentro del partido Conservador y los desaforados del UKIP, y cuando se tuvo que enfrentar al desastre que él mismo había provocado no tuvo la valentía de permanecer en el cargo, sino que se fue por la parte de atrás. Si alguien pensaba que le iba a suceder un estadista de la talla de un Churchill se equivocaba, porque la sucesora, la primera ministra Theresa May, lo hace casi tan mal como su antecesor. Con sus declaraciones en el interior del país, sus ausencias forzadas de las cumbres y foros europeos aun cuando el Reino Unido sigue siendo miembro de pleno derecho de la Unión Europea, con sus idas y venidas a ninguna parte en el interior y en el exterior, está demostrando que no sabe defender ni tiene ni idea de cuáles son los intereses nacionales de su país. Esta situación pone de manifiesto la existencia de una profunda crisis política y May, como Primera Ministra, es solo su consecuencia, actuando como una crisis manager entre bloqueos, amenazas, divisiones y dimisiones sin ninguna dirección política; precisamente el país que creó una diplomacia capaz de forjar un imperio se ve sumido ahora en el caos de una negociación errática y disparatada con Bruselas, teniendo en cuenta además que Juncker, Tusk o Barnier tampoco le facilitan las cosas. Por eso, después de no concretar nada en el Proyecto de Tratado para el Brexit, lo que hace que no sea nada más que un acuerdo para un período transitorio -entre el 29 de marzo de 2019 y finales de 2020-, pero importante y difícil de lograr debido a la imposibilidad de domesticar a su propio gobierno, se ha visto forzada a retirar en el último momento la votación del texto en su propio parlamento y anunciar una nueva gira europea para conseguir cualquier nuevo trato de circunstancias con los negociadores europeos antes del Consejo Europeo de 13 de diciembre de 2018. Y es en este contexto en el que May ha anunciado que el Reino Unido abandona el Programa Galileo: “Dada la decisión de la Comisión Europea de impedir que el Reino Unido participe en el desarrollo de todos los aspectos de Galileo, es justo que encontremos alternativas (…) No puede dejar que nuestros servicios armados dependan de un sistema del que no podemos estar seguros. Eso no redundaría en nuestro interés nacional. Y como actor global con ingenieros de primera clase y aliados firmes alrededor del mundo, no nos faltan opciones.” Es más, May anunció que su país pondrá en marcha un programa para crear un sistema propio de posicionamiento global por satélite. Por su parte, el secretario de Defensa Williamson destacó que “el desarrollo de un nuevo sistema sería una oportunidad para aprovechar las habilidades y experiencia británicas en tecnología satelital. Es crucial seguir adelante con los planes para nuestro propio sistema de clase mundial e independiente.” Sin embargo, Londres ha pagado unos 1.200 millones de libras por su participación en el programa europeo. Entonces se plantean una serie de cuestiones: si May ha tenido que aceptar finalmente el pago de 60.000 millones de euros a la Unión Europa para salir de la Organización ¿de dónde va a sacar el dinero necesario para pagar el coste de levantar un “GPS” made in England? Pero, teniendo claro por qué quieren su propio sistema, ¿con quién van a crear un sistema satelital de posicionamiento global? O es que ¿simplemente se van a adherir al GPS americano mediante un acuerdo de cooperación política basada en la Special Relationship entre los dos aliados transatlánticos que se funda en los inicios de la Segunda Guerra Mundial? Quizás por eso, May dijo que bastan 92 millones de libras para desarrollar un programa propio, es decir, alquilar los servicios del sistema americano ya existente. Mientras tanto, el programa europeo sigue su curso y estará plenamente operativo en 2020 lo que dará a los europeos, en particular a Francia y a su fuerza de ataque nuclear, la capacidad de batir cualquier objetivo militar en el mundo con armas guiadas y hacerlo de forma independiente, sin depender del sistema americano y de la capacidad siempre presente de cegarlo en cualquier momento cuando sus intereses vitales no se encuentran en juego, pero si lo estén los de los aliados europeos. La reflexión final es que ni unos ni otros, franceses y británicos, deberían olvidar la lección más importante de la campaña militar del Canal de Suez en 1956: la necesidad de mantener la capacidad de intervenir unilateralmente para triunfar. 

"Hasta el infinito y más allá"

LA CARRERA DE LOS SISTEMAS DE POSICIONAMIENTO GLOBAL

Hace tiempo que en el blog estamos dedicando especial atención a los eventos espaciales que generan las grandes potencias en la renovada carrera espacial que mantienen en la nueva etapa de las relaciones internacionales en la que se ha pasado de una hegemonía imperfecta a una suerte de paz armada con un equilibrio sistémico global inestable. Los dirigentes de todas ellas, desde los Estados Unidos y Rusia, a China e India, pero también Israel o Irán, e incluso los de la misma Unión Europea, son conscientes de que las guerras, o los enfrentamientos bélicos en general, se inician y se resuelven en el espacio. Por eso, ante el anuncio del presidente Trump  el 18 de junio de 2018 de crear la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, como rama independiente dentro de las Fuerzas Armadas bajo la consideración de que "para defender a los Estados Unidos, no basta con tener presencia en el espacio, debemos tener el dominio del espacio", el Ministerio de Defensa de Rusia ha advertido a finales de agosto de 2018 que "una confrontación militar en el espacio podría ser tan peligrosa como la carrera armamentista desencadenada por Washington a mediados del siglo pasado". Esto es así porque los sistemas de inteligencia estratégica dependen en gran medida de la producción de los satélites de reconocimiento en sus diferentes versiones -no digamos nada, en el caso de potencias medias, donde su dependencia de los satélites de reconocimiento para la obtención de inteligencia estratégica es absoluta-, los sistemas de comunicaciones, de mando y control y el despliegue de tropas alrededor del mundo dependen de los satélites de comunicaciones y el lanzamiento de las armas guiadas de largo alcance -como misiles de crucero o misiles y bombas de corto alcance guiadas por satélite- alcanzan los objetivos gracias a las señales de extremada precisión que son capaces de generar los respectivos sistemas de posicionamiento -véase las consideraciones que hemos hecho al respecto en la entrada DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO: COHETES ESTRÁTEGICOS, SATÉLITES Y ARMAS ESPACIALES de septiembre de 2017- . Y es en estos sistemas de navegación de doble aplicación donde las grandes potencias realizan sus mayores inversiones y obtienen las mayores ventajas: basados en la idea de un beneficio comercial objetivo en un mundo completamente globalizado se han hecho con la capacidad de batir cualquier objetivo de cualquier adversario en cualquier momento, y hacerlo de forma prácticamente impune. Lo vemos en los ataques combinados que lanzan actualmente los Estados Unidos, Francia e Inglaterra contra objetivos gubernamentales en Siria o Rusia contra todo tipo de objetivos yihadistas en Siria y también Israel con sus persistentes ataques aéreos contra instalaciones militares iraníes en territorio sirio y contra las organizaciones terroristas Hizbolá en Líbano y Hamás en Gaza. De hecho, el empleo de estas tecnologías espaciales combinadas con el uso de los misiles de crucero ha permitido acuñar el término “disuasión estratégica no nuclear”. De este modo, es hasta normal el cúmulo de información y datos que sobre los avances en los sistemas satelitales de posicionamiento global se han producido entre julio y agosto. En primer lugar, el 25 de julio de 2018 un cohete europeo Ariane-5, que despegó de la base espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, puso en órbita de forma simultánea cuatro satélites Galileo, sistema que ya cuenta con una constelación de veintiséis satélites, y que transportan a bordo los relojes atómicos más precisos que se han empleado en el espacio hasta ahora; como hemos comentado en entradas anteriores, el sistema completo tendrá treinta satélites en órbita, incluidas seis unidades de reserva, para dar cobertura global a cualquier operador con capacidad de ser interoperable con el GPS americano y el Glonass ruso. Seis días después, el 31 de julio de 2018 China anunció que había puesto en órbita dos satélites gemelos del sistema de posicionamiento nacional Beidou, que habían sido lanzados en un Cohete Larga Marcha-3B que despegó del cosmódromo de Xichang. Los nuevos satélites se suman a ocho aparatos Beidou-3 que ya se encuentran operativos. Las funciones de estos aparatos es ofrecer posicionamiento y guía para la navegación para cualquier medio de transporte terrestre, marítimo y aéreo, y también para la guía de misiles balísticos y de crucero, drones y cualquier equipo militar que lo demande. El sistema Beidou comenzó a prestar servicios de navegación a China en 2000 y a la región de Asia-Pacífico desde 2012, y la aspiración del gobierno chino es alcanzar la capacidad de posicionamiento global para 2020 como hemos indicado en otra entrada. Esto enlaza directamente con la capacidad de desplegar barcos de guerra, unidades militares y bases de apoyo más allá de su espacio regional y conseguir, definitivamente, la capacidad de desplegar los submarinos nucleares portamisiles de la Marina del Ejército Popular en mares abiertos, de modo que constituyan una auténtica fuerza contragolpe en caso de ataque nuclear, lo que no han conseguido hasta ahora -véase al respecto nuestro trabajo sobre los SSBN de la Marina china publicado en diciembre de 2014-. Por su parte, el 8 de agosto de 2018 los Estados Unidos pusieron en órbita el cuarto satélite de comunicaciones de alta frecuencia AEHF desarrollado por Lockheed Martin, que forma parte de una constelación de seis aparatos que están destinado específicamente a proporcionar comunicaciones altamente seguras entre el Consejo de Seguridad Nacional, los mandos militares nacionales y las unidades desplegadas alrededor del mundo, incluida la transmisión de códigos de mando y control nucleares. Las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña, Canadá y Holanda tendrán acceso a este sistema. Según fuentes del fabricante: “un solo satélite AEHF proporciona una capacidad total mayor que la constelación Milstar de cinco satélites” -los esfuerzos que están realizando los Estados Unidos en este ámbito los hemos tratado  específicamente en la entrada ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO de junio de 2016-. Finalmente, el 22 de agosto se hizo público también que Rusia lanzará a partir de 2022 una nueva generación de satélites Glonass-K2 con un peso y unas capacidades que doblan las de los aparatos actualmente en servicio. Según informó el director general de Sistemas de Satélites de Información Reshetnev, Nikolai Testoyedov: “el nuevo satélite proporcionará una precisión superior y no tendrá componentes fabricados en el extranjero.”; y quizás este sea el aspecto más importante del nuevo Glonass-K2, en un escenario internacional de mutuas sanciones internacionales por parte de los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, sin olvidar los efectos de la guerra comercial en la que se hallan inmersos, pero bien es cierto que con carácter selectivo, porque cuando se trata de equipos estratégicos, casi siempre logran el entendimiento, como por ejemplo en el uso de los motores rusos RD-180 como propulsores de los cohetes americanos, que ya hemos tratado en entradas anteriores, y que ha equipado precisamente al cohete Atlas V que llevó al espacio el satélite de comunicaciones militares AEHF el 8 de agosto de 2018. El sistema Glonass está integrado por veinticuatro operativos y varias unidades más en reserva en el espacio y preparadas en tierra para ser lanzadas en caso de fallo o pérdida definitiva de uno o varios aparatos. 

"Eres tú..."

LA CONSTELACIÓN SATELITAL EUROPEA SE AMPLIA

Desde que se iniciaron las misiones de lanzamiento de los satélites, en el blog hemos hecho un seguimiento del programa Galileo –véase la entrada anterior DOS NUEVOS SATÉLITES DEL SISTEMA GALILEO EN ÓRBITA- puesto que se trata de una de las decisiones de mayor alcance estratégico adoptadas en el seno del sistema de cooperación europea que denominados Unión Europea y organizaciones asociadas como la Agencia Espacial Europea (ESA). La finalidad es disponer de un sistema de posicionamiento por satélite global europeo que permita a los gobiernos, a las Fuerzas Armadas, a las empresas multinacionales y a los operadores privados europeos disponer de la capacidad de tomar decisiones autónomas en ámbitos estratégicos sin tener que recurrir a los sistemas americanos o rusos, aunque se ha construido para que sea compatible tanto con el GPS como con el sistema Glonass. De este modo, el “cegamiento” parcial o el cierre total de un sistema de guía espacial no impedirán que las comunicaciones, el transporte terrestre, marítimo o aéreo, o, en última instancia, los ataques militares con armas guiadas a objetivos definidos por los dirigentes europeos puedan ser impedidos por otras grandes potencias. Así, el 17 de noviembre de 2016 se produjo un avance sustancial en el programa satelital europeo cuando un cohete Ariane 5, que despegó del puerto espacial de Kouru en la Guayana francesa, se encargó por primera vez de transportar y poner en órbita cuatro satélites del sistema de posicionamiento global europeo Galileo de una sola vez. Hasta ahora los satélites del programa Galileo se lanzaban por pares empleando cohetes rusos Soyuz desde la Guayana francesa. Como ya dimos cuenta en una entrada anterior del mes de julio del 2016 titulada EL GIGANTE EUROPEO CRECE, la ESA, la corporación europea Airbus Safran Launchers y el CNES están desarrollando conjuntamente un nuevo lanzador europeo, denominado Ariane 6, y un nuevo complejo de lanzamiento, que ha sido dotado a primeros de noviembre con un presupuesto de 3.000 millones de euros. Con esta octava misión ya se encuentran en órbita dieciocho satélites del sistema Galileo que pronto alcanzará su capacidad operativa plena: veinticuatro satélites operativos y hasta seis en reserva, apoyados en una gran infraestructura terrestre necesaria para su explotación. De este modo se consolida el programa que encargó la Comisión Europea a la ESA destinado a crear y explotar un sistema de posicionamiento global satelital europeo independiente. Con la finalidad de fomentar un sector espacial europeo más competitivo a escala global, el 26 de octubre de 2016 la Comisión Europea y la ESA firmaron una declaración conjunta sobre la "Visión y objetivos compartidos para el futuro de Europa en el espacio" -documento disponible aquí-; los objetivos son garantizar la autonomía europea para acceder y utilizar el espacio en un entorno seguro, consolidar y proteger las infraestructuras espaciales, incluso contra ciberataques. Para ello, la ESA va a solicitar a los Estados miembros un compromiso plurianual de 11.000 millones de euros.
Como parte de su contribución a la política espacial europea, el gobierno español anunció a primeros de diciembre que incrementará la aportación económica al presupuesto de la ESA en cincuenta millones de euros anuales hasta los doscientos millones anuales, un total de 1.512,3 millones de euros en el período 2017-2024. Esto supone un incremento de 600 millones de euros, de los que 141,3 millones se destinarán a contribuciones obligatorias y 459 a financiar programas opcionales como son los de observación de la tierra, cohetes espaciales, telecomunicaciones, exploración espacial, misiones tripuladas y microgravedad, navegación espacial, tecnología y seguridad. El anuncio fue realizado por el Ministro de Guindos en la reunión del Consejo ministerial de la ESA en Lucerna cuya presidencia ejerce España por turno. De Guindos también confirmó que no se plantea crear una agencia espacial española: "lo que se necesita no es tanto hacer una Agencia Espacial española como coordinar todos los actores del sector".   


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EL GIGANTE EUROPEO CRECE

A pesar de que los medios de comunicación generalistas hablan abiertamente del fracaso o, al menos, del momento crucial en el que se encuentra el proyecto de construcción europea –preferimos hablar ya de Unión Política- como consecuencia del desastroso referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, los asuntos importantes siguen avanzando. Y uno de estos asuntos, uno de los temas prioritarios de la agenda europea, donde los dirigentes europeos tratan de avanzar en la autonomía estratégica de la UE es precisamente en sector aeroespacial: Airbus es desde hace años el primer fabricante aeronáutico civil mundial, y como Airbus Helicopters también lo es en helicópteros, la Agencia Espacial Europea es una organización que ha potenciado la creación de una auténtica política espacial europea y el Programa Galileo es la culminación de la aspiración europea de disponer de un sistema de navegación global por satélite independiente, equiparable e incluso mejor en prestaciones a los sistemas homónimos americano y ruso –GPS y Glonass respectivamente-. Pues bien, después de dos años de negociaciones, el 30 de junio de 2016 las dos corporaciones europeas Airbus y Safran decidieron crear una empresa conjunta destinada a la explotación de sistemas de lanzamientos espaciales, lo que significa independencia para acceder al espacio y disponibilidad para ofrecer tecnologías y servicios en un mercado internacional en constante expansión. El producto estrella de la nueva compañía Airbus Safran Launchers es el cohete Ariane 6 –cuyo primer lanzamiento está previsto para el año 2020-, que se ofrece como alternativa a los cohetes rusos de contrastadas prestaciones y a los desarrollos recientes de la compañía americana Space X. El paso siguiente será integrar Arianespace en la nueva compañía, de la que ya posee el treinta y nuevo por ciento. Como indicaba Philippe Petitcolin, director general de Safran, durante la firma del acuerdo con Airbus: “llevar a cabo esta transformación es una tarea exigente y compleja. Este acontecimiento marca el comienzo de una apasionante aventura hacia un sector industrial europeo más integrado y simplificado y, por tanto, más competitivo y sensible”.

ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO

En la entrada del mes de diciembre de 2015 titulada PARA SER EUROPEOS NO LO HACEMOS TAN MAL, sobre el despliegue de la constelación de satélites europea Galileo, introducíamos una reflexión sobre la relevancia del espacio en las guerras del siglo XXI recordando la máxima de Friedman de que las guerras del futuro se librarán en el espacio porque los adversarios buscarán destruir los sistemas espaciales que les permiten seleccionar objetivos y los satélites de navegación y comunicaciones deberán ser destruidos para inutilizar su capacidad bélica. En la entrada anterior del blog que lleva por título POLITICA ESPACIAL DE RUSIA Y MANTENIMIENTO DEL RÉGIMEN DE ESTABILIDAD GLOBAL planteamos cómo se llevará a cabo dicha destrucción. Sin duda, estamos ante una segunda carrera espacial, a la que se han sumado las potencias emergentes que están realizando fuertes inversiones en programas espaciales propios, y ante una inevitable militarización del espacio, porque hemos deducido el principio general de que si alguna potencia consigue poner armas en el espacio, también habrá armas de respuesta. Esto es así porque la disuasión y el control de armamentos están estrechamente vinculados a la cambiante tecnología armamentista. Ante el fracaso del régimen de estabilidad estratégica en materia espacial nos planteamos: ¿qué hacen los Estados Unidos al respecto? Porque sencillamente es el país que más satélites tiene en el espacio, su economía es la más dependiente de las tecnologías de la sociedad de la información y, por tanto, tienen más que perder. El Presidente Obama ha enviado en estos días al Congreso “un informe y un anexo clasificado sobre la política integrada para contener (la cursiva es nuestra) a los adversarios de los Estados Unidos en el espacio” de acuerdo con la cláusula 1613 de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional que especifica que “el presidente debe iniciar un proceso interinstitucional para desarrollar la política de contención de los adversarios en el espacio”. Esto supone que seguimos con las políticas propias de la Guerra Fría. Estos adversarios son inequívocamente Rusia y China. De hecho, la Administración Obama se ha referido en diversas ocasiones a la “amenaza rusa en el espacio” y este ha sido uno de los temas prioritarios que se han sacado a la luz en los debates del presupuesto del Departamento de Defensa para 2017 con la finalidad de incrementar las partidas presupuestarias relacionadas con los programas espaciales desde el los cohetes SLS -probado con éxito el 28 de junio de 2016- hasta los aviones exoatmosféricos. Sin embargo, paradójicamente, los Estados Unidos siguen manteniendo la dependencia de los motores rusos RD-180 de Energomash, perteneciente a la agencia espacial Roscosmos, para propulsar los cohetes espaciales Atlas 5 que se emplean para situar en órbita los satélites militares de las Fuerzas Armadas y de la NRO, así como también del avión espacial no tripulado X-37. Y todo esto, dentro del desquiciante régimen de sanciones actualmente vigente contra Rusia por la implicación en el conflicto de Ucrania -véanse las recientes declaraciones del senador John McCain en esta materia-.

DOS NUEVOS SATÉLITES DEL SISTEMA GALILEO EN ÓRBITA

Nuevamente, el 24 de mayo un cohete ruso Soyuz despegó desde el centro espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, para poner en órbita dos satélites del sistema de navegación satelital europeo Galileo. En concreto se trata de los aparatos trece y catorce, que serán llevados a su órbita definitiva para realizar a continuación las pruebas exhaustivas destinadas a garantizar su entrada en servicio a finales de año. Con este lanzamiento, el séptimo del programa Galileo, se pone fin al empleo de los cohetes rusos Soyuz, ya que en el que tendrá lugar en septiembre se empleará un cohete europeo Ariane 5 modificado, que será, además, capaz de cargar hasta cuatro satélites, lo que permitirá acelerar la puesta en servicio del sistema de posicionamiento global europeo. Los responsables del programa, Jan Woerner y Paul Verhoef, Director de la Agencia Espacial Europea y Director del Programa Galileo y de las Actividades Espaciales de la Agencia respectivamente, destacaron los hitos que representa este lanzamiento y la próxima entrada en servicio del sistema Galileo, incluyendo la distintas estaciones terrestres, que comenzarán a prestar servicio a los usuarios gubernamentales y empresas privadas. Hay que destacar que a partir del próximo año la Autoridad Europea de Supervisión será la encargada de garantizar la operatividad y la seguridad del sistema Galileo. El anterior lanzamiento tuvo lugar el 17 de diciembre de 2015, del que dimos cuenta en la entrada del blog PARA SEREUROPEOS NO LO HACEMOS TAN MAL.

EL SISTEMA SATELITAL BEIDOU AVANZA HACIA LA COBERTURA GLOBAL

De forma creciente en el blog hemos ido dando cada vez más importancia a los programas espaciales de las grandes potencias y, más concretamente, a los avances más recientes en los sistemas de posicionamiento global por satélite como un componente fundamental de la política de disuasión estratégica. Con ellos se mantienen de forma permanente las comunicaciones con los bombarderos estratégicos en vuelo en misiones de ataque nuclear y con los submarinos nucleares portamisiles en patrullas de combate bajo el mar asegurando la capacidad de contragolpe en caso de ataque nuclear. Todas las demás aplicaciones militares convencionales, de comunicaciones gubernamentales, de carácter civil, de transporte aéreo, marítimo o por carretera, de seguridad pública y de apoyo a las actividades de recuperación en caso de catástrofes naturales o accidentes, son de enorme importancia en un mundo globalizado pero que siempre estuvieron subordinadas a consideraciones eminentemente estratégicas. Así fue en el origen de los sistemas GPS americano y Glonass ruso en los años noventa y, más reciente, en el desarrollo del programa de posicionamiento global por satélite Galileo de la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea del que ya nos hemos ocupado en varias entradas. Pero como hemos dicho en otras ocasiones, cualquier potencia que tenga aspiraciones regionales –y no digamos globales- se suma a esta carrera, que ya ha sido denominada como “segunda carrera espacial”. Así, además de los europeos, se han apuntado a esta nueva carrera espacial por alcanzar la independencia estratégica China, la India y también Irán. Aunque solo la primera junto con los Estados Unidos y Rusia –ambos acaban de poner en el espacio dos nuevos satélites de sus respectivos sistemas espaciales el 5 y 7de febrero de 2016- y la Unión Europea, dispondrá de una cobertura global, es decir, planetaria, al final de la década. Para lograrlo las autoridades chinas avanzan rápidamente en el lanzamiento de los satélites del sistema Beidou de segunda generación, cuyo primer lanzamiento se produjo en marzo del año pasado y del que el día 3 de febrero de 2016 se puso en órbita el quinto satélite con un cohete LM-3C lanzado desde el Centro de Lanzamiento de Satélite de Xichang y que permitirá iniciar las pruebas de enlace entre el sistema regional inicial compuesto por dieciséis satélites ya operativo y el nuevo sistema de señalamiento de navegación de cobertura global. Según han destacado los responsables del Proyecto Beidou, Xiang Libin, jefe del proyecto, y Lin Baojun, jefe de diseño de satélites: “el  nuevo sistema de enlace satelital que está caracterizado por una fuerte resistencia a las interrupciones y con un alto nivel de privacidad, está dotado de tecnologías clave para competir con las redes de navegación de otros países”; de esta manera, “el nuevo satélite verificará plenamente nuestra tecnología”. Y esta entrada hay que enlazarla con la entrada del mes de enero de 2016 dedicada al programa de submarinos portamisiles de China y la doctrina de no primer uso de armas nucleares.

LA INDIA PARTICIPA EN LA CARRERA ESPACIAL

En artículos recientes hemos enfatizado la absoluta prioridad que otorgan las grandes potencias a sus sistemas satelitales de comunicaciones, vigilancia y reconocimiento, siguiendo la máxima de Friedman de que la próxima guerra se librará en el espacio. En este sentido, además de expandir el número y funciones de los satélites espaciales en servicio, refuerzan sus sistemas de posicionamiento global autónomos –GPS, Glonass, Galileo o Beidou-, incrementan las capacidades de sus armas antisatélite y prueban nuevos sistemas robóticos espaciales destinados a capturar, anular o destruir los satélites de los potenciales adversarios. Con ello lo que se busca es paralizar las infraestructuras básicas y cortar los flujos de información dejando al adversario inerme, sin posibilidad de defensa porque no puede “ver” lo que está sucediendo en el “campo de batalla”. La destrucción física de las infraestructuras llegará de la mano de las armas guiadas de precisión que requieren de la preservación de los satélites propios. Es la culminación de las guerras tecnológicas, de las guerras de tercera generación, siguiendo a Federico Aznar Fernández-Montesinos en su ensayo sobre “Las generaciones de las guerras” (Documento de Análisis del IEEE 59/2015). Como respuesta las potencias secundarias, también las emergentes, realizan inversiones ingentes en sus propios programas espaciales, lo que ha dado lugar a que  nos hallemos actualmente ante una segunda carrera espacial. Estos programas espaciales dan un salto cualitativo cuando no solo desarrollan los programas por necesidades propias, sino que prestan servicios para otros operadores, sean gobiernos, agencias gubernamentales o clientes privados. A esta carrera se ha sumado la India de forma exitosa, con un programa espacial en continua expansión –treinta y seis satélites propios ya lanzados al espacio-, que parece la respuesta al incremento de las capacidades espaciales chinas, pero que también presta servicios a clientes extranjeros –cincuenta y siete satélites de todos los tipos ya puestos en órbita por la agencia espacial india-. Pues, bien según informó la Agencia india de Investigación Espacial, el pasado 25 de diciembre un cohete lanzador PSLV-C29 llevó al espacio seis satélites de Singapur: un satélite principal de reconocimiento científico de 400 kilos de peso, dos microsatélites de 123 y 78 kilos, y tres nanosatélites que efectuaran experimentos científicos, estudios del clima y análisis de la superficie terrestre. El lanzamiento se produjo desde el centro espacial de Satish Dhawan situado en Shriharikota, en la costa suroriental de la India. Del desarrollo de los programas espaciales de las grandes potencias y de las emergentes puede deducirse el principio general de que si alguna potencia consigue poner armas en el espacio, también habrá armas de respuesta. Esto es así porque la disuasión y el control de armamentos están estrechamente vinculados a la cambiante tecnología armamentista.

PARA SER EUROPEOS NO LO HACEMOS TAN MAL

El 17 de diciembre tuvo lugar desde el puerto espacial de Kourou el lanzamiento de un cohete Soyuz que transportaba los satélites 11 y 12 del sistema de posicionamiento global europeo Galileo. De este modo, en un año se ha duplicado el número de aparatos desplegados en el espacio, lo que permitirá iniciar los servicios comerciales el próximo año. Precisamente en 2016 se colocarán en órbita cuatro satélites más –con lanzamientos previstos para los meses de marzo y septiembre-, lo que permitirá acercarse al objetivo de despliegue de veinticuatro satélites operativos en 2020 –sobre las características del sistema véase la entrada LA INDEPENDENCIA ESTRATÉGICA EUROPEA-. El sistema Galileo ofrecerá servicios de posicionamiento y navegación a los gobiernos, agencias gubernamentales y empresas privadas en todo el mundo y será interoperable con los sistemas satelitales americano GPS y ruso Glonass. En este sentido, el portavoz de la Agencia Espacial Europea en España, Javier Ventura-Traveset, explicó que el sistema de posicionamiento global europeo tendrá “prestaciones superiores al GPS, esto es resultado de tener unos relojes a bordo de nuestros satélites más precisos, emitir unas señales de modulación más robustas y disponer de un número superior de estaciones sensoras en tierra, lo que nos permite obtener correcciones orbitales y de tiempo de nuestros satélites más precisas”. Más allá del evidente rendimiento comercial en todos los campos de las comunicaciones y el transporte, el sistema Galileo tiene unas aplicaciones militares amplísimas ya que permitirá las comunicaciones seguras entre los mandos militares y las fuerzas desplegadas en cualquier parte del mundo, el vuelo de aeronaves tripuladas y no tripuladas en escenarios de conflicto altamente saturados, la transmisión de órdenes a los submarinos portamisiles en patrulla permanente, el lanzamiento de armas de precisión desde aviones de combate, buques de superficie o submarinos en cualquier escenario bélico –como ha mostrado de forma patente Rusia durante la intervención militar en Siria con el empleo masivo de armas de precisión guiadas por satélite Glonass-; en definitiva, la intercomunicación en tiempo real entre los cinco escenarios del conflicto: tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. Y esto se podrá hacer de forma autónoma, sin depender de los sistemas de otras grandes potencias como ocurre hasta ahora, lo que significará la definitiva independencia estratégica europea. Ahora bien, como ya advirtió Friedman, las guerras del siglo XXI se librarán en el espacio porque los adversarios buscarán destruir los sistemas espaciales que les permitan seleccionar objetivos y los satélites de navegación y de comunicaciones deberán ser destruidos para inutilizar su capacidad bélica. Por ello, estamos ante una segunda carrera espacial donde también las potencias emergentes están realizando fuertes inversiones en programas espaciales propios y una inevitable militarización del espacio –por ejemplo, China está trabajando también en un vehículo hipersónico no tripulado con ojiva nuclear-. De esto deducimos el principio general de que si alguna potencia consigue poner armas en el espacio, también habrá armas de respuesta. Esto es así porque la disuasión y el control de armamentos están estrechamente vinculados a la cambiante tecnología armamentista.
Un balance sintético de los principales programas en la Agencia Europea del Espacio en 2015 esta disponible en "La ESA cierra  un año exitoso con cuatro lanzamientos", Infoespacial.com, 22 de diciembre de 2015 .