«LOS FUNDAMENTOS DEL DERECHO DE VETO EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU Y SU VIGENCIA ACTUAL»

Es el título del documento de análisis más reciente que he publicado en el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) y que forma parte de la línea de investigación principal sobre teoría del conflicto y la guerra nuclear que desarrollo en dicho centro. En los últimos documentos nos hemos centrado en analizar el marco jurídico que mantiene la vigencia del régimen de seguridad mundial, cada vez de forma más precaria y que está llegando a su fin. En este ensayo planteamos cómo en 1945 las tres grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, es decir, los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, acordaron la creación de una nueva organización internacional destinada a salvaguardar la paz y la seguridad mundiales, que se concretó en las Naciones Unidas (ONU), el gran sueño del presidente estadounidense Franklin Roosevelt hasta su fallecimiento en las postrimerías del conflicto mundial. Para ello, los Tres Grandes (el propio Rooesevelt, Winston Churchill y José Stalin) establecieron las bases de un nuevo orden internacional regido por un Consejo de Seguridad en el que ellos y solo ellos tendrían derecho de veto en los principales asuntos y que por su decisión ostentaría el monopolio del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Ellos mismos reconocieron ese derecho también a China y Francia, que en aquel momento eran dos potencias débiles sometidas a gobiernos militares y con representación internacional discutida. Hay que tener en cuenta que la ONU y las armas atómicas nacieron de la mano, prácticamente al mismo tiempo, de modo que se juntaron los monopolios del uso de la fuerza y de la posesión de armas nucleares. Este es el fundamento del régimen de no proliferación nuclear aprobado en 1968 en el que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (denominados usualmente P-5) se convirtieron en los únicos poseedores legales de armas nucleares, mientras que el resto de países quedaban obligados a permanecer desnuclearizados. Esa es la superestructura del régimen de seguridad mundial que ha funcionado durante ochenta y un años cumpliendo su cometido, porque ha evitado una guerra de proporciones catastróficas, es decir, entre grandes potencias. En consecuencia, cuando se pide la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU o incluso se apela a su supresión, no solo se desconoce la realidad de la distribución del poder mundial, que descansa siempre sobre aquellas, sino que su pérdida señalará el inicio del próximo choque global. Por tanto, cuando se plantean medidas coercitivas contra China o Rusia, ¿realmente se es consciente de las consecuencias de lo que se está proponiendo?, ¿se piensa acaso que tanto chinos como rusos estarán dispuestos a hincar la rodilla simplemente porque su actuación contradice determinados enfoques político-estratégicos en Occidente? El realismo enseña y las relaciones internacionales demuestran hasta la saciedad que los Estados conducen su política exterior conforme a su propio interés (Morgenthau dixit), lo que se ve exacerbado en el caso de las grandes potencias, y entonces se habla de intereses de seguridad. Esto es lo que se plasmó en los acuerdos de las conferencias de Yalta y Potsdam en 1945, que establecieron las bases del régimen actual, pero que también determinará la creación de un nuevo régimen al término de la etapa de transición actual -véase la entrada -«LA TRANSICIÓN DE UNA HEGEMONÍA IMPERFECTA A UN SISTEMA MULTIPOLAR INESTABLE», marzo de 2024-. Cuando se produzca, las grandes potencias que resulten vencedoras (desconocemos quiénes se alzarán definitivamente con el poder mundial) impondrán un nuevo orden jurídico internacional que responderá a sus propios intereses, pero que, en su estructura y aplicación, beneficiará a todos, porque su objeto es mantener la paz y la seguridad durante un largo período de tiempo. Por exponer estas tesis, el ensayo se estructura en una introducción, donde se explica y justifica el tema y se enuncia la teoría que sostiene las tesis que se apuntan, porque ese debe ser el compromiso fundamental del investigador. A continuación el tema se desarrolla en tres epígrafes donde se analizan el origen del derecho de veto en el marco de los Acuerdos de Yalta, el funcionamiento del Consejo de Seguridad de la ONU, que reúne el directorio mundial y por tanto es inamovible, intocable y soberano, así como la situación actual dominada por potencias depredadoras (Stephen Walt) en la etapa de la violencia absoluta -véase «LA DEROGACIÓN DEFINITIVA DE LA PROHIBICIÓN DEL USO DE LA FUERZA EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES», marzo de 2026-. Como se expresa en las conclusiones este es el último paso antes del cambio de régimen, que tampoco sabemos de antemano cómo se producirá, bien después de nueva gran guerra (aquel enfrentamiento decisivo) o bien como resultado de un acuerdo general (es la excepción a la regla anterior), en el que se decidirá la reconfiguración de la estructura mundial, adaptándose a una nueva distribución del poder establecida.  

Referencia bibliográfica completa: Pérez Gil, L.: «Los fundamentos del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y su vigencia actual», Documento de Análisis IEEE núm. 51/2026. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/4098013/ieee-2026-veto-consejo-seguridad-onu-articulo-analisis-51.pdf/ 

Versión en inglés: Pérez Gil. L. “The basis of the veto power in the UN Security Council and its current validity”, Analysis Paper IEEE 51/2026. In: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/4098013/ieee-2026-veto-security-council-un-article-analysis-51.pdf/   

Francesco Tristano: “Toccata”.

CURSO SUPERIOR SOBRE RELACIONES INTERNACIONALES Y ORDEN GLOBAL

En 2025 la dirección del Instituto Beatriz Galindo “La Latina” me encargó la elaboración de un curso sobre teoría y práctica de las Relaciones Internacionales para un mundo en cambio que debía formar parte de su programa formativo en geopolítica y estudios estratégicos. Para cumplir el encargo preparé un programa con cuatro partes principales: fundamentos teóricos de los estudios internacionales, el sistema internacional en transición, las grandes potencias como principales actores y cuatro escenarios estratégicos actuales de cooperación y conflicto, que permiten aplicar el marco teórico no solo a los escenarios dados, sino también a cualquier otro ámbito de la realidad internacional que sea objeto de interés. A continuación, redacté un texto extenso sobre estos temas como propuesta fundamental de estudio, al que se suma una bibliografía final con textos que considero básicos junto con artículos y documentos muy recientes en los que autores cualificados tratan sectores concretos de esa realidad. Una vez concluida la redacción del curso y aprobado por el comité académico del Instituto Beatriz Galiendo, procedimos a la grabación de los materiales didácticos con una serie de clases virtuales donde se tratan uno por uno los epígrafes que desarrollan cada uno de los cuatro temas propuestos, así como varias clases magistrales a cargo de colegas de reconocido prestigio, cada uno en su ámbito (doctores Federico Aznar Férnández Montesinos, Andrés de Castro García y Carlos Hugo Fernández-Roca), a los que agradezco su extraordinaria disponibilidad para compartir conocimiento. Desde su origen el curso se concibió para un público general caracterizado por su interés en los asuntos internacionales en un mundo en cambio. En primer lugar, está dirigido a estudiantes de Relaciones Internacionales, Ciencia Política o Derecho Internacional Público que desean continuar con sus estudios de posgrado. En segundo lugar, a graduados de disciplinas afines como la Economía, la Geografía o la Historia, desde la premisa de que las Relaciones Internacionales son una ciencia multidisciplinar que se construye con el concurso de la Historia, el Derecho internacional, la Economía o la Estadística y, por tanto, este curso permite también a esos especialistas completar su formación adentrándose en los temas fundamentales que explican el funcionamiento del sistema internacional. En tercer lugar, y este es un objetivo básico del Instituto Beatriz Galindo, su acceso, comprensión y estudio a personas con cualquier grado de formación intelectual, no estrictamente académica, que tienen aptitud para tratar de comprender el mundo en el que viven, los cambios que se están produciendo en la sociedad internacional globalizada y que, en definitiva, están interesadas en lograr un futuro mejor para todos. Ese era el reto propuesto en el que he trabajado estrechamente con el profesor Dr. Manuel Silva Adarnuy, de la Universidad de Sevilla. El curso se presentó oficialmente el 26 de marzo de 2026 durante un encuentro virtual de los especialistas implicados en el canal de Youtube del Dr. Santiago Armesilla, rector del Instituto Beatriz Galindo, que se puede seguir aquí. En ese momento se activó la matrícula del curso para todos los alumnos interesados que pueden acceder a los materiales descritos y muchos otros, realizar el recorrido formativo propuesto en este curso, y obtener una certificación académica oficial expedida por el Instituto Nebrija (4 ECTS, 100 horas). Pero además, pueden completarlo con otros cursos superiores de la oferta académica que ofrece el propio Instituto Beatriz Galindo. Para mí ha sido un auténtico placer poder llevar este curso a sus aulas virtuales y desde aquí impulso su seguimiento no solo porque considero que los temas y materiales volcados en el mismo son valiosos, sino que además permitirán comprender mejor el mundo en el que vivimos y en el que en este tiempo de competición estratégica, tensiones, crisis y conflictos imparables, está en juego el futuro de nuestro propio país. Como hemos dichos en otras ocasiones, el final de este período de transición será la reconfiguración del orden mundial, nosotros lo veremos, estaremos en condiciones de comprenderlo y, en la medida de lo posible, trataremos de anticiparnos en la toma de decisiones a los cambios inevitables que se avecinan. Son los motivos que explican este curso y la recomendación de su realización. 

Materias:

  • Bloque 1: La vigencia del paradigma realista en las relaciones internacionales
  • Bloque 2: Los procesos de transición y cambio en el sistema internacional
  • Bloque 3: Las grandes potencias en un sistema internacional complejo e inestable
  • Bloque 4: Escenarios actuales de cooperación y conflicto
  • Bloque 5: Clases magistrales
  • Bloque 6: Evaluación y titulación

 

Plínio Fernandes: “Beatriz”.

PLANES DE DESARROLLO DEL ÁRTICO, CENTRALES NUCLEARES FLOTANTES Y SANCIONES OCCIDENTALES

Durante la última década innumerables declaraciones de dirigentes y funcionarios rusos proclaman que el futuro de Rusia está en el desarrollo de Extremo Oriente y el Ártico. Esto es así, porque a pesar de la desmembración del Estado soviético en quince repúblicas independientes, la Federación Rusa conservó el núcleo territorial de aquel Estado, más de 17,2 millones de kilómetros cuadrados, que significa no solo que es el país más grande del mundo por extensión, sino que además atesora la mayoría de los recursos naturales en cantidades gigantescas. Un ejemplo son los enormes yacimientos petrolíferos en tierra (Siberia central) y en la plataforma continental (Shtokman y Prirazlomnoye), los campos de gas de la península de Yamal y en Sajalín o la cuenca minera de Norilsk, por poner solo los ejemplos más conocidos. Es una realidad con consecuencias estratégicas inapelables. La posesión de estos recursos es una fuente inagotable de ingresos para el Estado ruso y de rebote también sirve para el enriquecimiento sin límite de los oligarcas rusos que aceptan y se someten al poder central -véase la entrada “EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA GENERACIÓN DE OLIGARCAS RUSOS AL CALOR DE LA GUERRA EN UCRANIA”, de abril de 2024-. Toda esta riqueza permite financiar en tiempo de paz no solo los gastos generales del Estado sino acometer gigantescos proyectos de infraestructuras como el puente de Crimea, el cosmódromo de Vostochny o los programas espaciales de Roscosmos. En tiempo de guerra, como ahora, les permite mantener su agresión contra Ucrania y son capaces de superar con pocas dificultades las sanciones occidentales -véase el documento de trabajo conjunto con Daniel Saurín: “TECNOLOGÍA Y ECONOMÍA DE GUERRA EN EL CONFLICTO DE UCRANIA”, de enero de 2025-, que a la postre no funcionan, salvo quizás para lavar conciencias en Bruselas y en algunas capitales europeas, pero que no significan nada en términos de poder en la actual competición estratégica. A pesar de las tensiones políticas, financieras y presupuestarias provocadas por la prolongación de la guerra en Ucrania los dirigentes rusos perseveran en la aplicación de sus planes de desarrollo del Ártico impulsado el desarrollo de la Ruta Marítima del Norte como alternativa a otras conexiones de transporte globales que se muestran más vulnerables debido al deterioro del orden internacional -véase la entrada REFLEXIONES SOBRE UNA GUERRA IRRELEVANTE: LA IMPLICACIÓN DE ESTADOS UNIDOS EN EL CONFLICTO CONTRA IRÁN, de mayo de 2026-. Para ello, tienen una estrategia y un plan federal de desarrollo hasta 2035 que incluye medidas económicas, fiscales, normativas, de construcción naval, creación de flotas, comunicaciones y satélites espaciales, así como militares, con el despliegue de todo un paraguas defensivo bajo el esquema de zonas de antiacceso y denegación de área (A2/AD) frente a potenciales adversarios. Su objetivo es convertir el Ártico en un espacio de dominación, ejerciendo competencias exclusivas y excluyentes sobre la mayor parte del territorio marítimo-terrestre para terminar concediendo autorización para transitar por sus aguas y su espacio aéreo (eso es en lo que consiste la soberanía). Y actúan así porque se consideran fuertes y que están dispuestos a aplicar dicho programa bajo la concepción de que están en un océano ruso -véase en el capítulo colectivo con Abel Romero Junquera y Federico Aznar Fernández-Montesinos: “EL ÁRTICO COMO ESPACIO DE CONFLICTO”, de diciembre de 2025-. Como parte de esos planes de desarrollo integral aparece el proyecto de centrales nucleares flotantes que operarán en Chukotka para posibilitar la explotación del gigantesco yacimiento minero Baimskaya, descubierto en la época soviética pero inexplotado hasta ahora debido a la dificultad de establecer los equipos necesarios en esa zona extrema. En septiembre de 2019 se instaló en el puerto de Pevek la primera central nuclear flotante, la Académico Lomonosov, que comenzó a entregar energía eléctrica a la red civil el 24 de mayo de 2020. Desde entonces ha operado de forma ininterrumpida, ha producido 1.300 millones de kWh de electricidad y en los cinco primeros meses de 2026 estableció un récord de 141,77 millones de kWh. La característica básica de esta infraestructura energética es que los dos reactores nucleares RITM-200 (del mismo tipo que equipan a los modernísimos rompehielos atómicos de la clase Arktika) se montan en una enorme embarcación, que permanece amarrada en el puerto en los períodos de operaciones, incluida la recarga del combustible nuclear. Pero el programa contempla la instalación de al menos cinco centrales nucleares de este tipo. Así, debido a la falta de capacidad de los astilleros del Báltico, las autoridades rusas se vieron obligadas a subcontratar la construcción de dos embarcaciones (probablemente sean cuatro) en astilleros chinos. En febrero de 2021 se formalizó el contrato y el 20 de agosto de 2022 se celebró la ceremonia de inicio de construcción en los astilleros Wison de Nantong. Es preciso señalar que las cuentas financieras donde se realizan los pagos de las importaciones de petróleo ruso en la China comunista acumulan decenas de miles de millones de dólares, por lo que su financiación no está entre los principales problemas. Además, existe una extensísima colaboración ruso-china en materia de energía nuclear, puesto que Rosatom construye los reactores de las dos centrales nucleares más grandes de China: Xudapu y Tianwan (esta última con ocho reactores instalados será la más grande del mundo), así como la más grande de India: Kudankulam. De este modo, a pesar de ese régimen de sanciones occidentales pretendidamente masivo, en marzo de 2026 llegó a San Petersburgo la primera embarcación construida en China, con la que se completará la segunda central nuclear flotante, primera del grupo denominadas PEB-106 o Proyecto 20781, según la nomenclatura rusa. La propia embarcación tiene unas medidas importantes: 21.500 toneladas de desplazamiento, 143 metros de eslora, 30 metros de manga y 5,5 metros de calado y son trasladadas a otro a remolque, careciendo de capacidad de maniobra autónoma. A la par de este evento, el 27 de mayo de 2026 la Fábrica ZiO-Podolsk de Moscú completó la producción del primer reactor RITM-200S de 55 MW, que se instalará en la embarcación junto con sus equipos asociados para la producción de energía. Sobre las capacidades de su industria nuclear hay que señalar que Rusia cuenta en la actualidad con 11 centrales nucleares que suman 33 reactores en servicio con una capacidad conjunta de 26,5 GW. En 2025 generaron un total de 218.349 millones de kWh, que representa el 19% del mix energético ruso, superando el objetivo planeado de 215.339 millones de kWh, y su objetivo para 2026 es de 214.000 millones (datos de Rosenergoatom publicados el 12 de enero de 2026). Por consiguiente, cuenta con capacidad, presencia y voluntad para seguir adelante con su programa de centrales nucleares flotantes, como declaró el 27 de mayo el director de Rosatom, Alexéi Lijáchev: “Rosatom continúa ampliando la gama de unidades de potencia flotantes y la finalización de la fabricación del primer reactor para la primera PEB-106 es un hito importante en este camino. Hoy en día, solo Rusia dispone de una central nuclear flotante en funcionamiento y tenemos la intención de mantener nuestro liderazgo en el desarrollo de tecnologías de bajo consumo, ofreciendo a nuestros socios en nuestro país y en el extranjero soluciones energéticas innovadoras y bajas en carbono.” Y ese producto lo han abierto a terceros países, especialmente del Sur Global, porque también les sirve para ejercer influencia a muy largo plazo. Mientras tanto, en lo que va de año Rusia ha firmado acuerdos para construir las primeras centrales nucleares de Uzbekistán, Vietnam y Kazajistán.  

Bebe Rexha y David Guetta: “I´m Good”.

EL PROGRAMA DE SUBMARINOS NUCLEARES DE COREA DEL SUR NO SERÁ EL ÚLTIMO

La posesión y uso operacional de submarinos nucleares es una potestad de las grandes potencias, en concreto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Es una demostración efectiva de su poder y de la capacidad que tienen para imponer limitaciones fundamentales al resto, que de una u otra manera quedan subordinados a las normas que ellos deciden. Esto es así desde 1945 cuando al final de la Segunda Guerra Mundial decidieron establecer un nuevo orden mundial con la ONU como estandarte y el Consejo de Seguridad como su superestructura jurídico-política, conformando el verdadero directorio mundial. Y se mantiene hasta ahora sin modificaciones sustanciales, salvo cambios en las partes que lo componen. En el tema que nos toca ahora, desde los años cincuenta los Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaron a operar sus primeros submarinos nucleares, primero en su versión de ataque (SSN, según nomenclatura occidental) armados con torpedos clásicos y también minas; después en los años sesenta los portadores de misiles estratégicos (SSBN) que consolidaron el funcionamiento de la fuerza de contragolpe (second strike) en las doctrinas de la disuasión asociadas a la destrucción mutua asegurada (MAD); desde finales de los años setenta los lanzadores de misiles de crucero (SSGN) con su poderosísima capacidad antibuque hasta los actuales SSN estadounidenses y rusos armados con misiles de crucero de largo alcance de ataque a tierra, que les permiten ejercen cometidos subestratégicos con sus misiles Tomahawk y Kalibr respectivamente. En todo ese período Gran Bretaña, Francia y también la China comunista se fueron dotando de SSN y SSBN, incluso con capacidades similares a las de estadounidenses y rusos como en el caso de los dos primeros. Esta regla se mantuvo hasta la década de 2010 cuando la India, hoy la cuarta potencia mundial, consiguió con asistencia rusa diseñar, construir y operar el primer SSBN de la clase Arihant -véase la entrada “LAS ASPIRACIONES DE LA INDIA COMO POTENCIA NUCLEAR NAVAL Y SU FUERZA DE SSBN”, de agosto de 2019 -. Esto ocurrió porque el resto de las grandes potencias aceptaron a la India como un igual en este ámbito: contó con el apoyo de Rusia y el resto no mostraron oposición. Su programa de submarinos nucleares ha seguido avanzando con la entrega de más SSBN -véase la entrada titulada ENTRADA EN SERVICIO DEL SEGUNDO SSBN INDIO, de agosto de 2024- y tienen en marcha un programa para obtener un SSN de producción nacional. Mientras tanto, desde los años ochenta la Marina india ha podido operar SSN arrendados por Rusia, que le han permitido aprender, adiestrarse y desarrollar su propia doctrina naval de empleo de submarinos nucleares. La posesión de SSBN asegura la capacidad de contragolpe contra China armados también con propios misiles balísticos de largo alcance (SLBM). Es interesante tener en cuenta este aspecto, porque India invirtió los términos del ciclo de desarrollo de submarinos nucleares del resto de las grandes potencias y es el único caso hasta ahora. La otra potencia que ha estado trabajando desde hace décadas en la obtención de un SSN es Brasil a través del programa PROSUB, proyecto que ha avanzado muy lentamente y que desde hace una década cuenta con el apoyo de Francia que diseña la plataforma, que se construirá en Brasil y contará con un reactor nuclear de producción propia -véase la entrada “BRASIL, EL PRESTIGIO Y EL DILEMA DEL PODER NUCLEAR”, de enero de 2014-. Las razones que lo justifican son el control de su inmensa fachada marítima en el océano Atlántico y la presencia de hidrocarburos, que son y continuarán siendo uno de los pilares fundamentales de su desarrollo en las próximas décadas. El primer corte de acero destinado a la construcción del submarino nuclear Álvaro Alberto se efectuó el 4 de octubre de 2023 en los astilleros Itaguai Construçoes Navais de Río de Janeiro, pero los plazos de entrega y puesta en servicio se sitúan en la próxima década -véase la entrada INICIO DE CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER SUBMARINO NUCLEAR DE BRASIL, de octubre de 2023-. Un caso similar es Australia, que opera submarinos convencionales, pero dada la vastedad del mar que controla y de su zona económica exclusiva optó por desechar el costosísimo programa de submarinos convencionales clase Barracuda contratados a Francia y sumarse a un acuerdo estratégico con los Estados Unidos y Gran Bretaña formalizado el 15 de septiembre de 2021 bajo el nombre de AUKUS -véase la entrada EL FORTALECIMIENTO DE LA ALIANZA ANGLOSAJONA DEL PACÍFICO, de septiembre de 2021-, que le permitirá contar con submarinos nucleares ¿estadounidenses o británicos? -véase la entrada AUSTRALIA SE DOTARÁ DE SUBMARINOS NUCLEARES DE ATAQUE DE LA CLASE VIRGINIA, de marzo de 2023-. Hay todavía muchas incógnitas sobre este programa, que tiene como objetivo sumar capacidades occidentales para disuadir a China. De nuevo, como en los casos anteriores, el programa de los SSN australianos se desarrollará bajo los auspicios de dos grandes potencias miembros permanentes del Consejo de Seguridad, aunque en este caso con la oposición de China, que no ha tomado medidas explícitas para bloquearlo al menos por ahora. El caso más reciente, y muy probablemente no será el último, es el de Corea del Sur. El 26 de mayo de 2026 el presidente Lee Jae-myung y el ministro de Defensa Ahn Kyu-baek presentaron durante la primera reunión del Comité de Estrategia de Defensa Avanzada celebrada en Jinhae-gu (Changwon) el denominado “Plan Básico para el Desarrollo de Submarinos Nucleares de la República de Corea”. Según las autoridades surcoreanas el programa se desarrollará sobre cinco pilares fundamentales. El primero es el empleo de uranio poco enriquecido (por debajo del 20%) como combustible nuclear para los reactores del buque, que estarán diseñados para garantizar un ciclo de funcionamiento prolongado minimizando la necesidad de reemplazar dicho combustible. El segundo establece que la construcción se llevará a cabo íntegramente en Corea del Sur con la finalidad de garantizar la autonomía y el desarrollo efectivo de todo el ciclo del programa desde la adquisición, el apoyo y el mantenimiento (al contrario de lo que ocurre con el programa australiano, al menos hasta donde se conoce hasta ahora). El tercero es que la plataforma y el reactor se desarrollarán utilizando las tecnologías más avanzadas desarrolladas en los ámbitos civil, nuclear y naval surcoreanos, que crearán más de 40.000 empleados altamente cualificados. El cuarto establece que se desarrollará teniendo en cuenta el ciclo de vida de los futuros buques desde su diseño y construcción, operación, mantenimiento, gestión de los residuos nucleares y desmantelamiento definitivo. Y el quinto considera que su construcción debe comenzar a principios de la década de 2030 y estar en servicio a partir de 2040. A la par formularon una declaración oficial por la que se comprometen a no desarrollar y no poseer armas nucleares: «La República de Corea se adhiere firmemente a la posición de que no posee armas nucleares en ninguna forma y no desarrollará armas nucleares.» -sobre la efectividad de los actos unilaterales en Derecho Internacional en el ámbito nuclear, véase nuestro artículo seminal con el profesor Dr. Eladio Arroyo Lara en "Hacia un sistema europeo de disuasión nuclear", en Política y Estrategia en 2005-. Para reforzar ese compromiso anunciaron la creación de un mecanismo con el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) destinado a garantizar la ausencia de proliferación de material nuclear. Como se puede colegir este programa se ha puesto en marcha bajo la égida de la Administración Trump, que suma un aliado más en su estrategia de contención contra China. Pero, puede también que el empuje del programa surcoreano tenga que ver con los desarrollos encubiertos de su vecina Corea del Norte, donde día sí y día también su líder Kim Jong-un nos presenta y prueba nuevos desarrollos armamentistas cada vez más capaces y avanzados y que gracias a su solidaridad con Rusia en la guerra en Ucrania ha obtenido una legitimidad y acceso internacional impensables antes de febrero de 2022. Pero no será ni mucho menos el último concursante. En un sistema internacional cada vez más complejo e inestable las grandes potencias se preparan, suman aliados capaces de cara al próximo enfrentamiento, que cada vez más parece que se acerca al Pacífico y que implicará el empleo de armas nucleares. 

Stray Kids: “Muddy water”.