BOTADURA DEL S-80 PLUS PARA LA ARMADA ESPAÑOLA

Decían los que nos precedieron que los sueños, si se desean intensamente, terminan haciéndose realidad. Y esto es lo que ha sucedido el 22 de abril de 2021 con el acto de botadura del primer submarino S-80 Plus en los Astilleros de Navantia en Cartagena. El buque ostenta orgullosamente el nombre de Isaac Peral, insigne marino, ingeniero e inventor (1851-1895), que fue capaz de hacer realidad las fantasías de su coetáneo escritor futurista Julio Verne (1828-1905) que hay fantaseó en la novela Veinte mil leguas de viaje submarino (1870) con un buque sumergible de características y capacidades que tendría que esperar más de ochenta años al advenimiento de la tecnología nuclear para hacerse realidad. Por tanto, a pesar de los avatares y retrasos acumulados por el programa S-80, el día de hoy ha marcado un hito para que la Armada española se acerque a un sueño que ha tardado más de un siglo en hacerse realidad: tener un submarino diseñado, desarrollado y construido completamente en España, con las especificaciones y necesidades operativas de la Armada -no todas las deseadas y proyectadas- destinado a garantizar la seguridad del país con su silenciosa capacidad de disuasión en la mar. Después del Isaac Peral vendrán otros tres buques más, bautizados con los nombres de los precursores y creadores del Arma Submarina: Narciso Monturiol, Cosme García y Mateo García de los Reyes. Enhorabuena a la Armada española, al Arma Submarina y a todos los que han servido y sirven en submarinos garantizando con su misión la seguridad de España.

 

El 7 de mayo de 2021 se completaron las maniobras de puesta a flote en la base de submarinos de Cartagena:

LA CONTINUIDAD DE LOS PRESUPUESTOS DE DEFENSA Y DEL ESPACIO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN 2022

El presidente Trump inició, o más bien intentó, reducir los costosísimos presupuestos del Pentágono y de la Agencia Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), que suponen un auténtico lastre para la economía americana en una etapa de competencia compleja por el poder y la influencia. La emergencia de una nueva potencia revolucionaria -en tanto en cuanto está dispuesta a cambiar la distribución del poder internacional-, la China comunista, determinada a desempeñar un papel fundamental en la creación de las normas internacionales y con aspiraciones de detentar la hegemonía regional en el área Asia-Pacífico impone retos gigantescos a la potencia mundial, victoriosa de la Guerra Fría, creadora de la globalización y hegemón mundial durante una década. Durante un tiempo los Estados Unidos ejercieron un papel tutelar sobre la potencia asiática, primero con su reconocimiento internacional, incluido su condición de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, que le permitió dejar ser un Estado paria, después abriendo completamente los mercados a los productos industriales y manufactureros chinos y, después, facilitando su acceso a las instituciones económicas y financieras internacionales. Todo ello, bajo la premisa de que la apertura internacional facilitaría también la del propio régimen chino, el incipiente ejercicio de derechos civiles básicos por sus ciudadanos y después la llegada de la democracia, planteamiento ideológico que se sostiene en las tesis del fin de la historia de Fukuyama. Sin embargo, el encumbramiento de China no ha resultado como preveían los adalides de la libertad, la democracia y la economía libre de mercado de Washington, sino que bajo la férrea mano de Xi Jinping camina directamente a convertirse en una potencia militar clásica, sin abandonar su régimen comunista, bien al contrario, reafirmando la vigencia de un “socialismo chino con características propias”. Como toda gran potencia rectora del orden internacional, los Estados Unidos tratarán de mantener su primacía a toda costa, y cuanto más deseen los líderes chinos llegar al primer puesto enfatizando los elementos del poder clásico -el ya famoso por su denominación anglosajona hard power- tanto más los dirigentes de la política exterior de Washington reafirmarán su poderío político-militar. Y por ahora, y en un futuro cercano, no existe parangón en cuanto a dimensión, capacidades, preparación y presupuestos. Y este es el programa político que ha asumido, sin pestañear, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden, para muchos el nuevo “hombre de paz” de la Casa Blanca. Esto demuestra que, aunque el presidente sea demócrata o republicano, se adscriba a los “halcones” o quiera aparecer como una “paloma”, los intereses de seguridad nacional americanos no cambian en el corto plazo de una elección presidencial a otra (cuatro años). Es más, los primeros movimientos hacia la primacía del área Asia-Pacífico se iniciaron al final de la Administración de Bush hijo, posteriormente fueron declarados expresamente por la Administración Obama y fue la Administración Trump la que inició la denominada “etapa de confrontación”, que no es más que la exacerbación de esa lucha por el poder aplicando máxima presión a las relaciones comerciales, la llamada “guerra comercial”, que parece que ha quedado en suspenso como consecuencia de la crisis global de la COVID-19. Pero el presidente Biden ha tomado bríos renovados contra la emergencia china: continuará las dispuestas comerciales destinadas a bloquear el acceso a los mercados occidentales de los gigantes teconológicos chinos -veremos con qué resultados-, la presión política por la vulneración de los derechos civiles y de minorías en determinadas regiones de China, pondrá nervioso a los dirigentes de Pekín con respecto a Taiwán, apoyará las reclamaciones territoirales de los países con los que China mantiene reclamaciones –prácticamente todos–, extenderá la política de contención en el Sudeste-asiático y, finalmente, levantará una poderosa coalición de potencias democráticas, dotadas de renovada capacidad militar, para enfrentar y derrotar a China en el próximo enfrentamiento decisivo por la hegemonía y el poder internacional. Por tanto, a pesar del lastre que suponga para el país, los presupuestos de defensa (753.000 millones de dólares para 2022) y del espacio (24.700 millones de dólares para el mismo ejercicio) seguirán creciendo, los principales programas de Defensa aprobados por las Administraciones presidenciales anteriores saldrán adelante y se desarrollarán nuevas tecnologías aplicadas a la defensa para mantener la supremacía militar en un siglo que se augura (Friedman) americano.  

“Final fantasy”.   

EL VUELO ESPACIAL DE YURY GAGARIN QUE CAMBIÓ EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

El 12 de abril de 1961 el cosmonauta soviético Yury Gagarin cumplió uno de los sueños de la humanidad: alcanzar el espacio exterior, superar la barrera que impone la atracción de la Tierra y recorrer los espacios infinitos, considerados en términos humanos, del cosmos. Y esto lo consiguió una potencia emergente, que había sido sometida a una terrible guerra de desgaste tan solo dieciséis años antes, en la que había perdido más de 26 millones de vidas humanas y sufrido pérdidas incalculables en edificaciones, fábricas, infraestructuras y recursos. La capacidad de recuperación de la Unión Soviética fue increíble, pero eso solo se pudo lograr bajo la mano de hierro de los dirigentes soviéticos, que, en su competencia con los Estados Unidos por la supremacía mundial, no pusieron límites a su ambición imperial. Los costes impuestos a su propia población son incalculables. Para los regímenes comunistas la supremacía de su modelo es un objetivo en sí mismo. Los ciudadanos, las personas, carecen de valor individual, y en consecuencia los derechos humanos son ajenos a su visión de la realidad política. Lo que importa es el avance continuo e imparable del socialismo hacia el paraíso comunista. Los obstáculos son removidos, por la violencia si es necesario, los enemigos son eliminados y los héroes de la Revolución son ensalzados a lo más alto, convertidos en modelos del Estado nuevo que traerá para paz y la prosperidad indefinidas. Por ese motivo, el espacio fue uno de los objetivos fundamentales de la Unión Soviética: el desarrollo de la industria de los cohetes, asociada al arma nuclear y a la estrategia de disuasión frente al mundo occidental, tenía que tener una justificación épica. El espacio se convirtió en la punta de lanza de la nueva sociedad soviética, levantada frente a la adversidad de la guerra contra las potencias occidentales: primero contra la Alemania de Hitler durante la Gran Guerra Patriótica (1941-1945) y después contra los Estados Unidos y la Alianza Atlántica durante la Guerra Fría (1947-1990). Y los hitos fueron inmensos: el primer satélite artificial en el espacio -el Sputnik (1957)-, el primer hombre en el espacio -Yury Gagarin (1961)-, la primera mujer en el espacio -Valentina Tereshkova (1963)-, el primer hombre que realizó un paseo espacial -Alexey Leonov (1965)-, la primeras estaciones militares espaciales tripuladas camufladas de laboratorios espaciales -naves Salyut (desde 1971)- y finalmente la estación espacial Mir (“Paz”) (desde 1986), un gigantesco logro de la ingeniería soviética que sobreviviría diez años más a la propia desintegración del país. Tan gigantescos son los logros que treinta años después de la desaparición del Estado soviético, su sucesora, Rusia, continúa formando parte del caballo de cabeza de las potencias espaciales, junto con los Estados Unidos, China y la Unión Europea: sus robustos cohetes siguen poniendo en órbita satélites propios y de otros países, cohetes espaciales americanos emplean motores propulsores rusos, la constelación espacial Glonass es una alternativa a los sistemas de posicionamiento satelital global y, hasta hace poco menos de un año, solo la corporación espacial rusa Roscosmos tenía capacidad para llevar de forma continua cosmonautas hasta la Estación Espacial Internacional (EEI) y traerlos seguros de nuevo a la Tierra. En el sesenta aniversario del vuelo de Gagarin catorce cosmonautas de diferentes países han coincidido en la EEI y la misión tripulada Soyuz MS-18 -que despegó el 9 de abril de 2021 desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán- ha marcado el inicio de las celebraciones de la proeza espacial soviética. Gagarin murió muy joven (34 años), en un accidente aéreo, pero las puertas del espacio que él abrió continúan de par en par para que los seres humanos continúen buscando el camino de las estrellas, hoy con exitosos empresarios privados con nuevas y revolucionarias ideas que están superando barreras que la tecnología había impuesto por décadas, y lo hacen un régimen de libertad y libre competencia -véanse las entradas VISIONARIOS, GRANDES DESCUBRIMIENTOS Y SEGUNDA CARRERA ESPACIAL de enero de 2020 y LA MISIÓN SPACEX DEMO-2 REGRESA A LA TIERRA: REFLEXIONES SOBRE EL DESARROLLO DEL ESPACIO Y LA DEMOCRACIA, de agosto de 2020-. El espíritu de superación y la inventiva humanas siguen vivos, a pesar de que nos quieran seguir contando que el paraíso está en un mundo uniforme, de ciudadanos sumisos, que deben aceptar las reglas por un bien común superior, destino que la historia reciente demuestra que está condenado al fracaso. Gagarin triunfó pero la Unión Soviética desapareció por su propia incapacidad para dar respuesta a las demandas de su propia sociedad. Porque solo la libertad da el espacio necesario para que los seres humanos continúen avanzando y rompan los límites que se consideran establecidos en cada época.  

“Dobry den, majore Gagarine”.

ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A MARZO DE 2021

El Departamento de Estado americano publicó el 5 de marzo de 2021 los datos correspondientes al volumen de las armas nucleares estratégicas que mantienen en servicio los Estados Unidos y Rusia, conforme a las cláusulas de intercambio de información previstas en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START) firmado en Praga el 8 de abril de 2010 -los datos están disponibles en el sitio web del Departamento de Estado-. Después de un poco complicado “tira y afloja” diplomático teñido de resabios de campaña electoral presidencial, los presidentes Putin y Biden acordaron in extremis el pasado 26 de enero de 2021 la prórroga del Nuevo START, ya que el tratado vencía definitivamente el 5 de febrero de 2021. El plazo acordado fue el máximo previsto en el propio tratado: cinco años -véase la entrada «AHORA ME VES»: LOS ESTADOS UNIDOS Y RUSIA ACUERDAN PRORROGAR EL TRATADO NUEVO START, de enero de 2021-. Las bondades del Nuevo START son intrínsecas a su misma existencia, no solo porque estableció unos límites más reducidos para los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias -1.550 ojivas nucleares desplegables en 800 vectores de lanzamiento (misiles balísticos de largo alcance basados en tierra (ICBM) en silos y en plataformas móviles, misiles embarcados en submarinos nucleares estratégicos (SLBM) y bombarderos estratégicos, de los que solo 700 pueden estar operativos al mismo tiempo), sino porque establece canales de transparencia e intercambio de información absolutamente decisivos para generar confianza y previsibilidad en las estrategias de disuasión nuclear de ambas potencias. De este modo, hasta diciembre de 2020 se habían realizado 328 inspecciones in situ e intercambiado 21.293 notificaciones sobre sus respectivos arsenales estratégicos. Veamos, pues, los datos más recientes disponibles. A 1 de septiembre de 2020 ambas potencias nucleares cumplían escrupulosamente los límites establecidos en el Nuevo START: los Estados Unidos tenían en servicio 1.457 ojivas nucleares para un total de 800 vectores de lanzamiento, de los que solo 675 estaban en operativos al mismo tiempo, mientras que Rusia tenía 1.447 ojivas nucleares (10 menos que los Estados Unidos), 764 vectores de lanzamiento (36 menos), de los que solo 510 permanecían en estado operativo (165 menos) -los números anteriores correspondientes a marzo de 2020, están disponibles en la entrada ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A MARZO DE 2020, de abril de 2020-. Estos datos apuntan a que Rusia ha realizado una reducción más acusada que los Estados Unidos, tanto desde los números iniciales intercambiados en el momento de la entrada en vigor del tratado (5 de febrero de 2011) como desde también desde la fecha de entrada en vigor de los límites establecidos (5 de febrero de 2018) -véase la entrada DIEZ AÑOS DEL TRATADO DE ARMAS ESTRATÉGICAS: LA VISIÓN RUSA, de abril de 2020, y los datos más recientes que aportan Hans Kristensen y Matt Korda en “Russian Nuclear Weapons, 2021”, Bulletin of the Atomic Scientists núm. 2, 2021, pp. 90-108-.Pero esta conclusión puede resultar a priori engañosa, si no se tiene en cuenta, además del volumen de ojivas estratégicas no operativas y almacenadas, el volumen de las armas nucleares tácticas que mantiene activas (1.912) frente a la exigua cantidad de las que disponen los Estados Unidos: aproximadamente 350, de ellas una cantidad entre 130-150 desplegadas en Europa y Turquía -para el poderío nuclear americano véase LA FUERZA DE ATAQUE NUCLEAR DE LOS ESTADOS UNIDOS EN 2020, de mayo de 2020-. La posesión de este arsenal nuclear táctico o de teatro se basa en uno de los principios fundamentales de la estrategia nuclear rusa: la paridad con los Estados Unidos. En consecuencia, la parte rusa compensa sobradamente su aparente inferioridad en armas nucleares estratégicas con la posesión de un ingente arsenal nuclear táctico a disposición de los tres componentes de sus Fuerzas Armadas: Fuerzas Terrestres, Marina y Fuerzas Aeroespaciales -sobre la capacidad de ataque nuclear ruso LAS FUERZAS NUCLEARES DE RUSIA EN 2020, de mayo de 2020-. Es preciso recordar, además, que a pesar de que nueve Estados poseen armas nucleares, los Estados Unidos y Rusia continúan sumando el 92% de todas las armas nucleares existentes en el mundo -sobre la capacidad y disponibilidad del, controvertido para algunos, arsenal nuclear de la China comunista véase DE VUELTAS CON EL ARSENAL NUCLEAR DE CHINA: CUANDO LAS INVENCIONES RAYAN EL DISPARATE, de febrero de 2020-. Por ello, sigue resultando “tan sencillo” que Moscú y Washington se pongan de acuerdo en las reglas fundamentales de su posesión y uso, mediante la existencia de un régimen explícito. De este modo, como hemos dicho en repetidas ocasiones -véase más reciente PRUEBAS DE MISILES ESTRATÉGICOS, EJERCICIOS DE GUERRA NUCLEAR Y PRÓRROGA DEL TRATADO NUEVO START, de octubre de 2020-, el tratado Nuevo START es un acuerdo fundamental entre los Estados Unidos y Rusia, que crea normas obligatorias para ambas, forma parte del núcleo del régimen de estabilidad estratégica y cuya vigencia responde al interés nacional de las dos grandes potencias. Por eso, su mantenimiento, junto con el funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, garantiza la paz y la seguridad internacionales, y su deterioro o, peor, su inexistencia, abriría la puerta a una nueva carrera de armamentos, facilitaría la escalada en las crisis, permitiría la creación de coalición de conveniencia inesperadas, no favorables para los intereses de cada una de ellas y, en última instancia, podría desembocar en un conflicto de proporciones incalculables

“The hanging tree”.