OPERACIONES PÓKER Y MINOTAUR: PODERÍO DE ATAQUE NUCLEAR FRANCÉS DE LARGO ALCANCE

Son pocas las Naciones que son capaces de hacer un análisis correcto de sus intereses nacionales e implementar las decisiones necesarias para que, a pesar de los acontecimientos internacionales, incluidos los inesperados y caóticos, consigan alcanzar los objetivos fijados en su política exterior. Ello requiere uno de estos requisitos y, de forma ejemplar, los dos al mismo tiempo: un líder o un gobierno con una clara visión del Estado y del papel de su país en el mundo, con capacidad para tomar decisiones siempre y en todo momento, y unas elites políticas, intelectuales y funcionariales dotadas de altos valores éticos y morales, conscientes de la grandeza que atesoran a lo largo de los siglos y del papel que deben representar en la sociedad internacional, contribuyendo a crear y mantener las normas que regulan el sistema internacional. Estas cualidades son propias de grandes potencias, pero no solo de ellas porque hay potencias medianas y Estados que gozan de estos atributos, alcanzan sus objetivos de política exterior, mantienen su independencia y participan en las organizaciones internacionales de forma efectiva para garantizar la paz y la seguridad internacionales que, a la postre, no es más que garantizar su propia supervivencia. Hay potencias, algunas grandes y otras menores, que han aprendido estas lecciones después de acontecimientos extremadamente traumáticos, como puede ser el caso de la Unión Soviética, hoy Rusia, que superó la embestida de la Alemania de Hitler y alcanzó la victoria después de 27 millones de muertos; Francia, la potencia mejor armada de Europa en 1939, que sucumbió en seis semanas a la blitzkrieg alemana en 1940; o Israel, que consiguió la creación de su propio Estado por la fuerza de las armas después que murieran seis millones de judíos en Europa. De ninguna forma es causal que estos tres Estados tengan hoy armas nucleares, sino que fue una aspiración inmediata tenerlas y que no hubiera freno de ningún tipo para conseguirlo, porque frente a las buenas palabras y las buenas intenciones siempre se erige el poder del Estado, si es necesario en su forma más violenta, la guerra; y esta es una característica general de cualquier Estado, sea autoritario o democrático, como enseñaron terriblemente las guerras del siglo XX. Como decimos, la posesión de las armas nucleares, su mera presencia, disuade a otras potencias. De este modo, Rusia espera no tener que enfrentar otra guerra artera lanzada por Occidente, Francia no sucumbirá de nuevo a una ocupación humillante durante cinco años de una potencia extranjera e Israel no verá morir a millones de sus ciudadanos de forma inane ante el genocidio. Las armas nucleares aseguran la supervivencia por su mera existencia, cualidad terrible, pero que se ha mostrado imbatible desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y esto lo han aprendido en sus carnes los líderes de países como Irak o Libia, que murieron a manos de potencias extranjeras, de Irán con sus aspiraciones al dominio del atómo o el caso aleccionador de Corea del Norte, que con la posesión de unas pocas armas nucleares se permite tratar de tú a tú a sus poderosos vecinos -los Estados Unidos, pero también la China comunista, Rusia, Japón o Corea del Sur-. Esto significa que las armas nucleares se convirtieron en una póliza de seguro de vida para los Estados que las poseen porque, ¿quién se atreverá a lanzar un ataque militar contra otra potencia que pueda recibir con un contrataque daños devastadores, de proporciones catastróficas? La existencia de la tríada nuclear, o lo que es lo mismo diferentes vectores de lanzamiento con base en tierra, aéreos o en plataformas navales, asegura en un altísimo porcentaje que las armas nucleares llegarán a su destino. Por eso, hemos dicho en varias ocasiones que las armas nucleares cumplen una función fundamental en el sistema internacional porque ayudan a mantener la paz y la seguridad entre las grandes potencias, lo que evita conflictos de cientos de miles o millones de muertos. Pero no basta la mera posesión de dichas armas, sino que es preciso que los líderes políticos, los dirigentes del Estado, estén dispuestos a emplearlas en caso necesario, y que las Fuerzas Armadas estén preparadas para su uso en cuanto reciban las órdenes oportunas. Es en esta decisión de empleo y en la preparación para hacerlo en lo que se basa la disuasión nuclear. Este es el caso de Francia. Desde que bajo la dirección del general de Gaulle se convirtió en una potencia nuclear en 1964, los sucesivos presidentes, mejores o peores, que ha tenido el país, han comprendido y asumido rápidamente el valor que tiene la posesión de las armas nucleares para mantener su estatuto de gran potencia y asegurar la defensa del país, porque, aunque su coste inicial es muy alto, su posesión es más asumible que mantener ejércitos de cientos de miles de efectivos en armas. De hecho, en la Europa de las buenas palabras y los buenos propósitos esto es inasumible. Sin embargo, esa comprensión de la realidad y de los intereses nacionales no impide a un presidente francés, calificado como “amigable”, declarar que las armas nucleares son la garantía de la supervivencia de su país y advertir a sus socios europeos de que no pueden permanecer pasivos ante el deterioro del régimen de estabilidad estratégica, que la seguridad europea no puede dejarse en manos de terceros porque eso pone en peligro la propia supervivencia de Europa -la fórmula de la “Conferencia de Munich” revela que nada impide que las grandes potencias acuerden ceder todo o parte de un Estado a un potencial agresor en aras de evitar o aplazar un conflicto bélico-. No actuar significa quedarse fuera. En este sentido se expresó el presidente Emmanuelle Macron en el discurso que pronunció en la Escuela Militar de París el 7 de febrero de 2020, que fue objeto de la entrada UN DISCURSO PARAUNA NUEVA ERA QUE CHOCA FRONTALMENTE CON LA REALIDAD, de abril de 2020, donde hizo otras declaraciones de interés: Francia sigue apostando por el multilateralismo, pero no descuida los fundamentos de una defensa basada en la posesión de las armas nucleares y la existencia de una política de empleo de las mismas, no firmará ningún tratado destinado a reducir su arsenal nuclear y continuará aumentando el presupuesto de defensa nacional, del que un 12% se destina al mantenimiento de la disuasión nuclear. Pero, además, enfatizó “nuestra seguridad pasa también, inevitablemente, por una mayor capacidad de acción autónoma de los europeos”. Como el movimiento se demuestra andando, según reza un refrán castizo, la Fuerza de Disuasión Nuclear francesa mantiene su preparación al máximo nivel: mantiene al menos un submarino nuclear armado con misiles estratégicos en patrulla permanente, preparado para lanzar un ataque de represalia en caso de agresión, y adiestra de forma permanente a sus Fuerzas Aéreas Estratégicas (FAS) en operaciones de ataque de largo alcance. Es en este marco donde se inscriben las operaciones Póker y Minotaur, desarrolladas recientemente por el conjunto de las Fuerzas Aéreas francesas como parte del dispositivo de disuasión nuclear. La Operación Póker se activa cuatro veces al año, de forma inopinada, e implica poner en el aire una fuerza de unos cincuenta aviones de combate y apoyo para simular un ataque nuclear ordenado por el Presidente. Se trata de un ejercicio de alta intensidad con la finalidad de poner a prueba la preparación para el combate de las FAS que operan armadas con el misil de crucero ASMPA dotado de una cabeza de guerra de 300 kt -el equivalente a aproximadamente 16 bombas de Hiroshima en cada misil-. Los ataques duran varias horas y las fuerzas atacantes se enfrentan a las defensas distribuidas en diferentes zonas del país. De forma paralela, las FAS se entrenan regularmente en operaciones ofensivas de ataque a muy larga distancia. En este marco se ejecutó la Operación Minotaur el 15 de diciembre, un ejercicio realista de proyección de las FAS que simularon un ataque nuclear con cinco aviones de combate Rafale en un escenario defensivo de alta intensidad contra la base aérea francesa de Djibouti, situada a 8.000 kilómetros de distancia del punto de partida de la fuerza de ataque, bases aéreas de Saint Dizier y Mont-de-Marsan en Francia. Los cazabombarderos Rafale, tres de ataque y dos de caza, contaron con el apoyo de aviones de repostaje en vuelo A-330MRTT y KC-135FR y un avión de mando y control E-3F en una misión que alcanzó 10 horas de duración. Sin embargo, el récord lo tiene una patrulla de Rafale que voló durante 12 h 08 m desde la isla de Reunión, en el océano Pacífico, hasta la base aérea de Saint-Dizier, simulando una misión de ataque nuclear contra territorio francés. Pero las FAS no solo participan en ejercicios. Durante la Operación Hamilton, el 14 de abril de 2018, una fuerza de ataque de cazabombarderos Rafale, que despegó de Saint Dizier, lanzó nueve misiles de crucero desde el Mediterráneo oriental contra objetivos en Siria y regresó a su base, después de cinco repostajes en vuelo. Por tanto, posesión, decisión y preparación nuclear aseguran no solo la existencia del Estado sino su influencia en los grandes asuntos internacionales. Que los dirigentes nacionales lo entiendan y promuevan supone que tienen una correcta visión del poder nacional, de sus intereses nacionales y de su sociedad. Los que no lo tienen, simplemente están perdidos y sucumbirán, inevitablemente, en la marea de la Historia. 

Appelle mon numéro

“LAS ACCIONES NO (TODAS) CONTADAS DE LAS UNIDADES DE OPERACIONES ESPECIALES ESPAÑOLAS”

Este es el título del libro del general de división Jaime Íñiguez Andrade dedicado a las operaciones especiales en España, que se presentó el 15 de diciembre de 2020 en el Instituto de Historia y Cultura Militar en Madrid, con el aforo completo y una excelente introducción del general Adolfo Coloma Contreras, que fue jefe del Mando de Operaciones Especiales. El libro se compone de un preámbulo, firmado por el almirante William McRaven, de la US Navy y Navy SEAL; un prólogo firmado en común por el exministro de Defensa, Pedro Morenés, y el que fue Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el almirante Fernando García Sánchez; una introducción en la que se expone la creación y el contexto de las operaciones especiales en España; tres capítulos, en los que se examinan, por este orden, las actuaciones de interés exclusivamente nacional, las misiones internacionales y otras operaciones; un epílogo y dos anexos. A lo largo de la obra el general Íñiguez hace un extenso recorrido histórico desde las primeras Compañías de Operaciones Especiales -las afamadas COE- hasta el actual Mando Conjunto de Operaciones Especiales (MCOE), dependiente del actual Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa. Pero, al mismo tiempo, hace un recorrido intenso, cargado de emoción, de las operaciones especiales españolas porque va desgranando a lo largo de las páginas lo que se denominó hace mucho tiempo como “el espíritu guerrillero", que no es más que una actitud especial, diferente, más comprometida a través del sacrificio de lo que significa ser militar y servir a España. Valores que son comunes a todos los soldados de operaciones especiales de cualquier país de mundo y que, en el caso español, se materializan en la boina verde y el machete guerrillero, presentes física y simbólicamente en la sala.

En consecuencia, se trata de una obra extremadamente recomendable que viene a llenar un vació existente en la historiografía militar de nuestro país y que puede y debe servir de acicate para que otros autores se introduzcan en el estudio y divulgación de las operaciones especiales en España, en el valor de sus miembros y en exponer cuánto han aportado a la sociedad a la que sirven. Una última observación realizada por el autor al finalizar la presentación: para comprender mejor lo que se cuenta, se debe comenzar la lectura por el Anexo B: “Testimonios”: “1. De donde se narra por lo que pasó un guerrillero” y “2. De cómo algunos ven a los mandos de las UOE”. Por tanto, leamos el libro del general Íñiguez y aprendamos. 

Referencia bibliográfica completa: Íñiguez Andrade, J.: Las acciones no (todas) contadas de las unidades de operaciones especiales españolas. Ediciones Punto Didot. Madrid, 2020.  

“Canción de los guerrilleros”.

GROM-20: DEMOSTRACIÓN DE PODERÍO NUCLEAR RUSO EN UN MUNDO MÁS INSEGURO

Las armas nucleares son una garantía para la seguridad nacional de los países que las poseen porque, desde el mismo momento en que acceden al átomo militar, gozan de inmunidad, y son también un aliciente para la paz mundial porque evitan las guerras entre grandes potencias, ya que actúan como inhibidores del enfrentamiento. El fundamento de su efectividad es el miedo a sufrir daños de proporciones absolutamente catastróficas y, en ese sentido, las armas nucleares mostraron todas sus bondades durante la Guerra Fría -los Estados Unidos y la Unión Soviética no llegaron jamás a un enfrentamiento directo- y en la posguerra fría, donde los conflictos asimétricos y las armas avanzadas no han conseguido desplazar la avasalladora supremacía de las armas nucleares. Su don y su virtud es que inhiben en conflicto y ni siquiera requieren que los líderes de las potencias que las poseen sean inteligentes, porque imponen la racionalidad hasta entre los estúpidos. Nueve países poseen armas nucleares, pero solo dos están en condiciones de destruir completamente al otro, y al resto con él, si se superara esa barrera racional del miedo. Y para recordar que las armas nucleares están ahí y que están preparadas para cumplir su función las dos grandes potencias se ejercitan periódicamente en su empleo. En la Rusia de Putin este ejercicio se denomina, acertadamente, Grom (Trueno) y su finalidad es validar los sistemas de mando y control que están a disposición del Poder Político para poder responder a un ataque masivo contra el país. Esta respuesta se basa en la disposición permanente de las Fuerzas Nucleares Estratégicas, compuestas por la famosa tríada nuclear, preparada para descargar toda la fuerza del poder militar sobre el territorio del país cuyos líderes hubieran perdido el juicio, algo improbable, pero no imposible, y nunca descartable. Por ello, el 9 de diciembre de 2020 las Fuerzas Nucleares Estratégicas ejecutaron el ejercicio Grom-20 bajo la supervisión del presidente Putin y lo hicieron de forma pública, patente, con toda la difusión que dan los medios de la sociedad de la información, masivamente, para que el mundo real -y también el virtual- se entere de que las armas nucleares están presentes, se encuentran preparadas y se usarán en caso necesario, aunque en un enfrentamiento entre grandes potencias sería el primer y último caso. Después de una respuesta nuclear masiva -como enfatizan los dirigentes políticos y militares rusos- solo quedará el silencio, según reza el lema de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas, porque, perdida la razón, solo quedará la devastación. Por tanto, que siga el equilibrio, equilibrio estratégico en el lenguaje de las grandes potencias.

“Hey boy hey girl”.

MISIÓN TRIPULADA-1 DE SPACEX, UN NUEVO SALTO PARA LA HUMANIDAD

El final está más allá de la línea Kármán, en los lugares donde los seres humanos hemos hecho, en la noche, surcos en las estrellas con nuestros dedos. El futuro está aquí y no te lo puedes perder. Síguelo en Crew Mission-1. 14 de noviembre de 2020 y el reloj continúa el descuento… 

Finalmente, después de un aplazamiento debido a las condiciones meteorológicas en las costas de Florida, el 15 de noviembre de 2020 el lanzamiento del Falcon-9 se realizó con éxito desde la mítica plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral y la nave Crew Dragon llevó los cuatro astronautas (tres americanos y un japonés) a la Estación Espacial Internacional. Nuevos retos se plantean a muy corto plazo en el espacio, mientras, en la Tierra, el mundo cambia aceleradamente y se advierte que no será más estable sino más bien todo lo contrario. 

“Counting Stars”.

LA CARRERA ESPACIAL ES COSA DE TRES: NUEVO SATÉLITE AVANZADO CHINO EN EL ESPACIO

En el blog seguimos con interés los avances en la segunda carrera espacial protagonizados por las grandes potencias, tanto en el plano organizativo, creando nuevas agencias y organismos con competencias en el espacio, como en la puesta en servicio de avanzados aparatos y naves que consolidan su posición de supremacía exterior. Como hemos dicho en varias ocasiones, el resto de países le van a la saga porque no pueden seguir en ritmo de los avances que están produciendo los Estados Unidos, Rusia y China. La brecha entre estos y el resto es cada vez es más amplia y solo la Unión Europea en cooperación con la Agencia Espacial Europea puede disputar determinadas capacidades, como sucede en el campo del posicionamiento global, pero se trata de un esfuerzo concertado que requiere la suma de Estados, organizaciones intergubernamentales y empresas privadas y financiado con fondos europeos. Ningún Estado por sí mismo puede afrontar el coste de programas de esta magnitud. Pero, además, entre los primeros, existe una fuerte competencia. Mientras los Estados Unidos y Rusia colocan en el espacio nuevas constelaciones de satélites de comunicaciones, de posicionamiento global y de alerta temprana, China continúa probando avanzadas tecnologías comerciales, pero que tienen evidentes aplicaciones militares y su esfuerzo se ha centrado en el desarrollo del Internet de las Cosas (IoT). Como muestra de ello, el 6 de noviembre de 2020 la Agencia Espacial china lanzó un cohete propulsor Larga Marcha-6 desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan, en la provincia nororiental de Shanxi, que puso en órbita trece satélites espaciales y entre ellos el satélite  Star Era-12 o Tianyan-05 desarrollado por la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica (UESTC) de China con la finalidad de probar las tecnologías 6G -vídeo del lanzamiento disponible aquí- Además, según informaron las autoridades chinas el satélite está equipado con un sistema óptico de detección remota que permite realizar la vigilancia de cualquier evento desde el espacio. Esto significa que puede seguir tanto desastres naturales en su propio territorio como bases militares de otros países, puede captar imágenes y transmitirlas a la Tierra para su estudio o pueden ser difundidas, en función de sus propios intereses de seguridad nacional. En tiempo de paz estas actividades están permitidas y no pueden ser frenadas u obstaculizadas por ningún medio. Pero, en tiempo de guerra, los satélites espaciales -y las instalaciones terrestres asociadas- serán un objetivo prioritario en un enfrentamiento entre grandes potencias, porque su destrucción o anulación significará que no solo los jefes se quedarán sin capacidades de mando y control, sino que sus barcos y aviones no podrán navegar o volar con seguridad, que no podrán lanzar sus misiles de precisión y que sus medios terrestres quedarán inermes frente a la abrumadora capacidad de destrucción desde el aire que promete la nueva guerra posmoderna. Paradójicamente, aunque el espacio da a las grandes potencias unas capacidades nunca vista de control de la batalla, la pérdida de esas capacidades, más si se produce al principio del conflicto, significará una segura derrota. Por este motivo, es probable que, en algún momento las grandes potencias espaciales se sienten a negociar un tratado internacional que prohíba o limite la destrucción de los respectivos sistemas, una suerte de Tratado ABM de 1972 pero del espacio, en una nueva aplicación de los mecanismos de concertación entre grandes potencias destinados a garantizar el funcionamiento de la disuasión. Los Estados Unidos no querrán ni oír hablar de este tipo de acuerdos, pero una competencia desaforada, unos costes desmesurados y el peligro de la guerra podrán reconducir las voluntades hacia un nuevo régimen explícito que garantice la paz y la seguridad del sistema mundial.  

Peking Opera.

PRUEBAS DE MISILES ESTRATEGICOS, EJERCICIOS DE GUERRA NUCLEAR Y PRORROGA DEL TRATADO NUEVO START

Desde su entrada en vigor, hemos seguido con atención el Tratado sobre Limitación de Armas Nucleares Estratégicas (Nuevo START), firmado por los Estados Unidos y la Federación de Rusia en Praga el 8 de abril de 2010, hemos volcado la información sobre la evolución de los límites establecidos y verificado el cumplimiento escrupuloso del mismo por ambas partes. Pero al contrario que el Tratado de Fuerzas Nucleares de Corto y Medio Alcance (Tratado INF) de 8 de diciembre de 1987, que era de duración indefinida, en el Nuevo START se estableció con un plazo de vigencia de diez años desde su entrada en vigor, esto es, caduca el 5 de febrero de 2021. Desde antes de la denuncia del Tratado INF por los Estados Unidos el 2 de febrero de 2019, las autoridades rusas constataron la nula voluntad de la Administración Trump de entrar a conversar sobre la extensión del Nuevo START. Parecía que no había ningún interés en la parte americana en hablar del tema. Sin embargo, se trata de uno de los acuerdos que forman el núcleo del régimen de estabilidad estratégica y cuyo cumplimiento asegura la permanencia del mismo y, por tanto, la paz y la seguridad internacionales. El Tratado INF se extinguió el 2 de agosto de 2019 y, entonces, parece que las más altas autoridades rusas comenzaron a ser conscientes de que lo que estaba en peligro, realmente, era esto: la propia existencia del régimen de estabilidad estratégica, y que la alternativa era, en el mejor de los casos, un incierto régimen implícito y, en el peor, una carrera de armamentos y, en el horizonte, un enfrentamiento bélico de proporciones desconocidas -veánse las críticas del ex secretario de Estado, George Shultz, sobre el abandono del Tratado INF y de los mecanismos de verificación tan difícilmente negociados, en NYT, 31 de octubre de 2020-. Sobre esta idea no vamos a abundar más en esta ocasión, porque ya lo hemos tratado en varias entradas anteriores, pero baste decir que la ausencia de régimen significa que la puerta está abierta para un nuevo enfrentamiento violento entre grandes potencias. De este modo, a finales de 2019 el presidente Putin anunció que Rusia estaba preparada para acordar una prórroga del Tratado “sin condiciones previas”. De nuevo, esta declaración cayó en saco roto: la Administración Trump no se dio por enterada hasta marzo de 2020 y no inició contactos serios hasta el mes de mayo, pero, una vez más, sin que se produjeran avances sustanciales. Hay que entender que para Moscú el mantenimiento del Nuevo START significa su reconocimiento como gran potencia nuclear, ya que el régimen de estabilidad estratégica es un régimen bilateral, y que junto con su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -y su inherente derecho de veto- le garantizan la capacidad para seguir influyendo en la estructura internacional mediante su participación en la creación de normas, reglas y procedimientos que se imponen a los demás países, simplemente por el hecho de formar parte de la sociedad internacional. Por este motivo, Moscú luchará duramente por mantener su estatuto. Sin embargo, en Washington entienden que este régimen de seguridad internacional ya no es válido porque no incluye al que será su principal adversario en las próximas décadas, la China comunista, que ha escalado al segundo puesto de la economía mundial, que está dedicando recursos gigantescos a defensa, que se dota con decenas de barcos y submarinos, centenas de aviones y miles de misiles balísticos, que no está sujeta a ningún tratado de control de armas y que no acepta completamente las reglas del sistema liberal occidental -entendido como democracia, derechos humanos y libre mercado-. Por eso, su exigencia de que un nuevo tratado de armas nucleares que sustituya al Nuevo START debe tener a China dentro. Con ello pretende establecer controles y limitaciones a la capacidad militar china, vigilar su crecimiento como gran potencia y, en última instancia, mantener la supremacía militar que ha estado disfrutando desde el final de la Guerra Fría. Que esto sea bueno o malo es indiferente, responde a la lógica estratégica de una potencia hegemónica y los responsables políticos americanos ejecutarán todas las acciones necesarias para acabar con las aspiraciones chinas de influencia mundial por todos los medios a su alcance, incluido en última instancia el uso de la fuerza, si lo consideran necesario. Con esta lógica llegamos al mes de septiembre, cuando el día 16 el presidente Putin reiteró su ofrecimiento de prorrogar el Nuevo START por un año sin condiciones previas para, de esta manera, mantener el régimen vigente y durante ese período continuar negociando un nuevo acuerdo de armas nucleares que satisfaga las expectativas de los responsables de la política exterior y de seguridad americana. Para sorpresa de Moscú, la propuesta fue rechazada inmediatamente por el asesor de seguridad nacional del presidente Trump, Michael O´Brien, bajo el argumento de que la expresión “sin condiciones” implicaba plena libertad de las partes para continuar instalando ojivas nucleares en los nuevos vectores de lanzamiento -hemos hablado también reiteradamente de los gigantescos programas de modernización de la triada nuclear que tienen en marcha ambas grandes potencias- y era preciso acordar la congelación del número de ojivas nucleares de ambos arsenales, lo que parece que es coherente con el espíritu y la letra del Nuevo START que se propone prorrogar. Esta exigencia fue aceptada por Moscú el 20 de octubre, lo que ha abierto la puerta para que se considere muy probable la prórroga del acuerdo, que solo requiere un intercambio de notas entre ambos gobiernos, aunque O´Brien precisó el 28 de octubre que ahora se tienen que negociar los mecanismos de verificación, circunstancia que no debe de ser difícil puesto que ya existen y han funcionando correctamente, como hemos visto a lo largo de la vida del Nuevo START y su cumplimiento casi perfecto. Quizás por eso, el 30 de octubre el Departamento de Defensa autorizó que el Mando de Ataque Global efectuase el lanzamiento de un misil balístico intercontinental LGM-30G Minuteman III con capacidad nuclear, que voló más de 6.700 kilómetros en el Pacífico, dentro de las pruebas regulares que realizan las Fuerzas de Disuasión Nuclear para mantener su preparación y disposición para el combate -se puede consultar en el sitio web del Global Strike Command-. Las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia harán lo propio dentro de su programa de preparación anual para la guerra nuclear. Y no pasará nada, porque ambas potencias están de acuerdo en que tienen que mantener dicha preparación para asegurar el funcionamiento de la estrategia de disuasión, entre ellas. ¿Qué aspecto queda en el aire? El anuncio de la prórroga que, indudablemente está condicionado a la fecha de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Parece que, nunca antes, la paz del mundo dependió tanto de la elección de un presidente de los Estados Unidos y, por tanto, dicha elección no solo afecta a los intereses de los ciudadanos americanos sino al resto de potencias que conforman el sistema internacional. Estamos a las puertas de un momento decisivo: lo veremos y podremos extraer conclusiones, en uno y otro sentido.  

Black Water.