RUSIA INICIA SEVERAS MEDIDAS DE RETORSIÓN CONTRA ISRAEL

El 17 de septiembre de 2018 un avión de inteligencia electrónica ruso fue derribado sobre el mar a unos veintiséis kilómetros cerca de la costa siria a la altura de Baniya en un desafortunado incidente que implicó a varios actores presentes en el escenario bélico sirio. Por un lado, el Grupo Aéreo ruso desplegado en Siria que tenía en vuelo un avión militar Il-20M en tareas de inteligencia de señales y guerra electrónica, cuya base de operaciones es la base aérea de Hmeymim, cercana a la ciudad norteña de Latakia. Por otro, la Fuerza Aérea de Israel que lleva a cabo ataques sistemáticos contra todo tipo de instalaciones y almacenes de equipos militares en territorio sirio que sean -o puedan considerar- susceptibles de ser transferidos a las milicias libanesas de Hezbolá y, por tanto, representan un peligro directo para las fuerzas de seguridad israelíes. En tercer lugar, las defensas aéreas del Ejército sirio, que se están mostrando cada vez más capaces de enfrentar las agresiones aéreas que continuamente llevan a cabo las diferentes potencias que intervienen en su territorio, incluida la Fuerza Aérea israelí. Esta combinación se demostró letal la noche del 17 de septiembre de 2018 cuando cuatro cazabombarderos F-16I israelíes atacaron con misiles guiados un almacén de equipo militar situado en la ciudad de Latakia. La acción de las defensas aéreas sirias contra ese ataque terminó en el derribo del avión Il-20M ruso con quince tripulantes a bordo, sin duda personal especializado y muy entrenado, con lo que, además de una tragedia en términos de pérdida de vidas, supone también la pérdida de personal muy cualificado en tareas de guerra electrónica -para una información detallada del derribo véase The Avionist, 19 de septiembre de 2018)-. Inicialmente sorprendió la cautelosa posición del gobierno ruso que trató de obtener la máxima información de por qué se había producido dicho derribo y en qué condiciones. Porque, por un lado, las fuerzas rusas están ayudando al gobierno sirio a recuperar el control completo de su territorio: ambas partes han manifestado reiteradamente su disposición a colaborar para lograr una “normalización duradera de Siria, recuperar su soberanía, unidad e integridad territorial”; esa es la razón de su presencia ahí, por lo que no era esperable un ataque desde ese lado, aunque nunca se puede descartar el denominado “fuego amigo”. Y por otro, con Israel se mantienen abiertos canales de comunicación directa entre el mando militar ruso en Siria y los responsables del Ministerio de Defensa de Tel-Aviv, que hasta ahora han dado sus frutos puesto que han evitado derribos mutuos desde el inicio de la participación rusa en la guerra civil siria en septiembre de 2015. De hecho, la existencia de estos canales de comunicación puede considerarse una extensión del acuerdo de 2013 por el que Rusia se comprometió a no suministrar los sistemas antiaéreos S-300 producidos por Almaz-Antey a Siria, contrato que se había firmado en 2010, y que ha permitido a Israel continuar actuando casi impunemente sobre territorio sirio como se ha demostrado hasta ahora. El gobierno ruso convocó inmediatamente al embajador israelí en Moscú. En una reacción inédita el Ministerio de Defensa de Israel reconoció que su Aviación había atacado la noche anterior "una instalación del Ejército sirio con sistemas para fabricar armas letales y de precisión que iban a ser enviados en nombre de Irán a Hezbolá en el Líbano" y lamentaba "la muerte de los miembros del avión ruso derribado por fuego antiaéreo sirio" (declaraciones citadas en El Mundo, 18 de septiembre de 2018). El comunicado decía que el avión ruso no estaba en el área atacada de operaciones en el momento del ataque aéreo y que "cuando el ejército sirio disparó misiles que alcanzaron el avión ruso, los aviones de combate israelíes ya estaban en el espacio aéreo israelí" (declaraciones que se recogen en ibidem). Sin embargo, las primeras investigaciones llevadas a cabo por el Ministerio de Defensa ruso pusieron de manifiesto que la acción de los aviones de combate israelíes había sido decisiva para que los sistemas de defensa aérea sirios abatieran el Il-20M con un misil lanzado desde una plataforma S-200. Fue entonces cuando la posición rusa se hizo manifiesta y se formuló la famosa declaración del Ministro de Defensa, Sergey Shoigú, de 18 de septiembre de 2018, ratificada inmediatamente por el presidente Putin: “la culpa por el derribo del avión ruso y la muerte la tripulación recae por entero sobre Israel. [El Ministerio de Defensa ruso] ha solicitado a Israel en numerosas ocasiones que se abstenga de lanzar ataques contra el territorio sirio, por el peligro que entrañan para la seguridad de los militares rusos. […] las acciones del Ministerio de Defensa de Israel no se corresponden con el espíritu de la cooperación ruso-israelí y nos reservamos el derecho a adoptar medidas recíprocas.” Por tanto, en esta declaración se consideraba que el derribo era consecuencia directa de las acciones de los aviones israelíes, que usaron deliberadamente el reflejo radárico del Il-20M para enmascarar su posición y poder evadirse hacia el Mediterráneo y, posteriormente, alcanzar el espacio aéreo propio. Estos actos fueron calificados como “acciones intencionadas” y “hostiles” contra las Fuerzas Armadas rusas y Moscú exigió explicaciones al gobierno israelí (declaraciones citadas en RT, 18 de septiembre de 2018). En una conversación telefónica entre el presidente Putin y el Primer Ministro Netanyahu se acordó que una delegación militar israelí de máximo nivel militar viajara a Moscú para informar de la actuación de los aviones israelíes (citada en RT, 18 de septiembre de 2018). En primer lugar, llama la atención que Israel llevara a cabo un ataque tan arriesgado, porque la ciudad de Latakia se encuentra al norte del país, más al norte de la base naval rusa de Tartús y muy próxima a la base aérea rusa de Hmeymim, y que están protegidas con los sistemas de defensa aérea S-300V4 y S-400 y antiaérea Buk-M2 y Pantsir-S1. Y, como se supo después, que se produjera un incumplimiento flagrante del acuerdo de septiembre de 2015 sobre el establecimiento de canales de comunicación directos destinado a evitar incidentes aéreos peligrosos mutuos. Entonces, se plantea la siguiente cuestión: ¿era tan importante el objetivo programado por los israelíes en Latakia como para poner en peligro el acuerdo con Rusia? Según datos de varios medios especializados, la operación militar se planeó cuidadosamente para que los aviones de combate israelíes evitaran los sistemas de defensa aérea rusos; por eso los aviones israelíes se aproximaron desde el norte del Mediterráneo. Estos informes también indican que unos días antes del ataque los sistemas de inteligencia israelíes realizaron captación de señales para localizar la ubicación correcta de los sistemas de defensa aérea. Por tanto, la respuesta a esta pregunta apunta directamente al alto mando de las Fuerzas Armadas de Israel. Por otro lado, ¿por qué no se avisó al mando militar ruso en Siria para que pudiera sacar del espacio aéreo próximo al Il-20 que estaba desempeñando labores de seguimiento y guerra electrónica en la zona? Según se desprende de la parte rusa representantes de la Fuerza Aérea israelí contactaron con los militares rusos tan solo un minuto antes de comenzar su operación y, en ningún caso, comunicaron las coordenadas o situación de los aviones israelíes que participaban en el ataque. Según el Ministerio de Defensa ruso: “esto no permitió sacar al Il-20 a una zona segura y se encontró con la zona de fuego de los sistemas sirios de defensa antiaérea”. En tercer lugar, y la menos importante de todas, es la que puede cuestionar la responsabilidad de los pilotos de los aviones de combate israelíes implicados en el ataque, pues como indicó el Ministro de Defensa Shoigú: “se encubrieron con el avión ruso, lo cual llevó a su derribo y a la muerte de quince militares rusos” (declaraciones en RT citadas); pero esta responsabilidad se debe imputar pura y exclusivamente al gobierno de Israel ya que los pilotos desempeñan el papel de meros agentes del Estado. Por tanto, como ha dicho el senador ruso Frants Klintsévich: “no me parece que fuera razonable arriesgar las relaciones con Rusia para destruir un almacén de armas en Latakia” (citado en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Es evidente que las explicaciones de la delegación israelí encabezada por el general Amikam Norkin fueron ridículas e inaceptables para Rusia, como anunció el portavoz del Ministerio de Defensa, general Igor Konashékov en la comparecencia del día 24 de septiembre de 2018: “Me gustaría enfatizar una vez más que las acciones provocadoras de los aviones de la Fuerza Aérea israelí la noche del 17 de septiembre se llevaron a cabo en el área de acceso al aeródromo de Hmeymim no solo para los aviones militares sino también para los civiles. Por lo tanto, las tímidas declaraciones de los representantes del departamento militar israelí sobre la presunta no participación de Israel en la tragedia en la que murieron quince militares rusos son falsas.” (declaraciones recogidas en RT, 24 de septiembre de 2018). De modo que el 24 de septiembre el Ministro de Defensa Shoigú anunció las medidas de retorsión -que es la forma más moderada de autotutela, en la que un Estado contesta a un acto ilícito con una acción que, aun siendo poco amistosa, se mantiene dentro de los límites del Derecho Internacional- adoptadas por su gobierno “dirigidas a aumentar la seguridad de los militares rusos que están cumpliendo las tareas de lucha contra el terrorismo internacional en Siria”. En primer lugar, se anunció, ahora sí, la entrega a las Fuerzas Armadas sirias de los sistemas de defensa aérea s-300, que había sido suspendida desde 2013, en el plazo de dos semanas, pero sin confirmar de qué versión se trata ni el número de equipos que se van a entregar. Como dice el analista militar Igor Korotchenko: “la decisión de entregar los S-300 a Siria es una respuesta totalmente adecuada y oportuna a las acciones de Israel, culpable del siniestro del avión ruso Il-20. Lo más importante ahora es no permitir que Tel-Aviv ataque los aviones o los barcos que transportarán estos sistemas a Siria, porque existe esa posibilidad. […] Cualquier intento del lado israelí de destruir los S-300 será reprimido de la manera más dura y decisiva.” (declaraciones en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Segundo, el despliegue de sistemas de Almaz-Antey que permitan el control automatizado de todo tipo de aeronaves que sobrevuelen el espacio aéreo sirio y el Mediterráneo oriental; en palabras de Shoigú: “esto garantizará el control de todas las fuerzas y sistemas de defensa antiaérea en Siria, el monitoreo de la situación aérea y la designación operativa de los objetivos”, lo que supone extender a todo el territorio sirio el control que ejercen las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia (VKS) sobre el espacio aéreo circundante de las bases de Tartús y Hmeymim hasta el alcance de cuatrocientos kilómetros que permiten los sistemas rusos S-400 desplegados en ambas instalaciones. Y tercero, la supresión sistemática de la señal de los sistemas de posicionamiento global por satélite, de los radares de a bordo y de los sistemas de comunicación de la aviación militar en las áreas de operaciones de las VKS y sus aliados sirios, para ello se emplearán sistemas de guerra electrónica Krasukha-2 que están desplegados en Siria desde 2015. Shoigú dijo que “estamos convencidos de que la implementación de tales medidas enfriará las cabezas calientes y les detendrá de cometer acciones irreflexivas que amenacen a nuestros militares” (citada en RT,24 de septiembre de 2018), declaración que fue matizada por el portavoz presidencial Dmitry Peskov: “estas acciones no van dirigidas contra terceros países, sino para la defensa de nuestros militares” (citado en ibídem). Por su parte, el presidente Putin informó a Bashard al Assad de la posición que adoptaría Rusia después del derribo de su avión (citado en RT, 24 de septiembre de 2018). Posteriormente, la Presidencia de Rusia emitió un comunicado indicando que el Presidente “resaltó que las decisiones tomadas por Rusia para fortalecer las capacidades de combate de los sistemas sirios de defensa antiaérea son adecuadas para las circunstancias actuales y tienen como objetivo prioritario prevenir cualquier potencial amenaza a la vida de los militares rusos, que están cumpliendo tareas de la lucha contra el terrorismo internacional” (declaraciones recogidas en Sputnik,24 de septiembre de 2018). Por su parte, el Primer Ministro Netanyahu advirtió “que la entrega de armamento moderno a manos de irresponsables aumentaría los riesgos de la región”, reiterando que Siria, Irán y Hizbulá son los “culpables” del derribo del avión ruso que con “su agresión socavan la estabilidad” en la región (declaraciones citadas en Sputnik,24 de septiembre de 2018). Estas medidas suponen en la práctica bloquear el espacio aéreo sirio a las acciones indiscriminadas de Israel y pueden considerarse como una sanción de Derecho Internacional. ¿Cómo se ha llegado a este extremo, si hasta ahora, como hemos dicho en otras ocasiones, Israel y Rusia han sido los dos únicos actores racionales en la guerra civil siria? -véanse nuestras reflexiones al respecto en la entrada ¿CUÁLES SON LOS OBJETIVOS POLÍTICOS DEL BLOQUE OCCIDENTAL EN SIRIA?-. De hecho, sorprende incluso la tibia reacción de los Estados Unidos; así el 24 de septiembre de 2018 el Secretario de Estado Michael Pompeo expresó, en relación al encuentro que tendrá lugar con ocasión del período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, que “hay muchos temas de los que hablaremos con los rusos. Tengo mucha confianza en que su última decisión para trasladar los S-300 esté entre ellos” (declaraciones en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Ambos han actuado continuamente con cautela, persiguiendo sus objetivos propios, pero respetando los de la otra parte, hasta el extremo de que Rusia no había reaccionado a ninguno de los ataques aéreos llevados a cabo por la Fuerza Aérea israelí contra cualquier instalación militar siria, iraní o de Hezbolá en territorio sirio -más de doscientos ataques aéreos solo en lo que va de 2018-. Pero los objetivos de ambos Estados son los mismos: Rusia quiere que el gobierno de Assad tome el control definitivo del país destruyendo toda oposición rebelde, sean terroristas yihadistas o no, y ya ha obtenido una larguísima permanencia en Siria con los acuerdos sobre las bases de Tartús y Hmeymim firmados en 2017. Por su parte, Israel quiere mantener segura su frontera norte, tanto en los Altos del Golán como en Líbano, y para ello quiere la retirada completa de las fuerzas iraníes de Siria y la desactivación de Hezbolá como amenaza permanente. Se ve claramente que los objetivos de ambos siguen siendo compatibles, hasta podría decirse que complementarios. De modo que es casi seguro que a pesar de las duras medidas adoptadas por Rusia ambos Estados sigan colaborando porque sus intereses estratégicos son complementarios y no habrá escalada de conflicto entre ambos, siempre que terceras partes no intervengan con la finalidad de desestabilizar la entente que ha existido entre ambos.

Llegada a la base aérea de Hmeymim de los S-300 para Siria. 
Vídeo del Ministerio de Defensa de Rusia, 2 de octubre de 2018.
Otro vídeo se encuentra disponible en el canal oficial de la televisión militar rusa Zvezdá en Twitter. Según informó la agencia TASS Rusia entregó a Siria tres batallones completos de S-300PM dotados con ocho lanzaderas cada uno, lo que supone 96 misiles antiaéreos dispuestos para el lanzamiento inmediato, así como 300 misiles adicionales. Estos sistemas proceden de los arsenales de las VKS rusas de unidades, que han sido reequipadas con el sistema de defensa aérea S-400, y fueron revisados por empresas rusas antes de su entrega para asegurar que se encuentran completamente operativos y capaces de realizar misiones de combate (TASS, 8 de octubre de 2018).  

LA CARRERA DE LOS SISTEMAS DE POSICIONAMIENTO GLOBAL

Hace tiempo que en el blog estamos dedicando especial atención a los eventos espaciales que generan las grandes potencias en la renovada carrera espacial que mantienen en la nueva etapa de las relaciones internacionales en la que se ha pasado de una hegemonía imperfecta a una suerte de paz armada con un equilibrio sistémico global inestable. Los dirigentes de todas ellas, desde los Estados Unidos y Rusia, a China e India, pero también Israel o Irán, e incluso los de la misma Unión Europea, son conscientes de que las guerras, o los enfrentamientos bélicos en general, se inician y se resuelven en el espacio. Por eso, ante el anuncio del presidente Trump  el 18 de junio de 2018 de crear la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, como rama independiente dentro de las Fuerzas Armadas bajo la consideración de que "para defender a los Estados Unidos, no basta con tener presencia en el espacio, debemos tener el dominio del espacio", el Ministerio de Defensa de Rusia ha advertido a finales de agosto de 2018 que "una confrontación militar en el espacio podría ser tan peligrosa como la carrera armamentista desencadenada por Washington a mediados del siglo pasado". Esto es así porque los sistemas de inteligencia estratégica dependen en gran medida de la producción de los satélites de reconocimiento en sus diferentes versiones -no digamos nada, en el caso de potencias medias, donde su dependencia de los satélites de reconocimiento para la obtención de inteligencia estratégica es absoluta-, los sistemas de comunicaciones, de mando y control y el despliegue de tropas alrededor del mundo dependen de los satélites de comunicaciones y el lanzamiento de las armas guiadas de largo alcance -como misiles de crucero o misiles y bombas de corto alcance guiadas por satélite- alcanzan los objetivos gracias a las señales de extremada precisión que son capaces de generar los respectivos sistemas de posicionamiento -véase las consideraciones que hemos hecho al respecto en la entrada DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO: COHETES ESTRÁTEGICOS, SATÉLITES Y ARMAS ESPACIALES de septiembre de 2017- . Y es en estos sistemas de navegación de doble aplicación donde las grandes potencias realizan sus mayores inversiones y obtienen las mayores ventajas: basados en la idea de un beneficio comercial objetivo en un mundo completamente globalizado se han hecho con la capacidad de batir cualquier objetivo de cualquier adversario en cualquier momento, y hacerlo de forma prácticamente impune. Lo vemos en los ataques combinados que lanzan actualmente los Estados Unidos, Francia e Inglaterra contra objetivos gubernamentales en Siria o Rusia contra todo tipo de objetivos yihadistas en Siria y también Israel con sus persistentes ataques aéreos contra instalaciones militares iraníes en territorio sirio y contra las organizaciones terroristas Hizbolá en Líbano y Hamás en Gaza. De hecho, el empleo de estas tecnologías espaciales combinadas con el uso de los misiles de crucero ha permitido acuñar el término “disuasión estratégica no nuclear”. De este modo, es hasta normal el cúmulo de información y datos que sobre los avances en los sistemas satelitales de posicionamiento global se han producido entre julio y agosto. En primer lugar, el 25 de julio de 2018 un cohete europeo Ariane-5, que despegó de la base espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, puso en órbita de forma simultánea cuatro satélites Galileo, sistema que ya cuenta con una constelación de veintiséis satélites, y que transportan a bordo los relojes atómicos más precisos que se han empleado en el espacio hasta ahora; como hemos comentado en entradas anteriores, el sistema completo tendrá treinta satélites en órbita, incluidas seis unidades de reserva, para dar cobertura global a cualquier operador con capacidad de ser interoperable con el GPS americano y el Glonass ruso. Seis días después, el 31 de julio de 2018 China anunció que había puesto en órbita dos satélites gemelos del sistema de posicionamiento nacional Beidou, que habían sido lanzados en un Cohete Larga Marcha-3B que despegó del cosmódromo de Xichang. Los nuevos satélites se suman a ocho aparatos Beidou-3 que ya se encuentran operativos. Las funciones de estos aparatos es ofrecer posicionamiento y guía para la navegación para cualquier medio de transporte terrestre, marítimo y aéreo, y también para la guía de misiles balísticos y de crucero, drones y cualquier equipo militar que lo demande. El sistema Beidou comenzó a prestar servicios de navegación a China en 2000 y a la región de Asia-Pacífico desde 2012, y la aspiración del gobierno chino es alcanzar la capacidad de posicionamiento global para 2020 como hemos indicado en otra entrada. Esto enlaza directamente con la capacidad de desplegar barcos de guerra, unidades militares y bases de apoyo más allá de su espacio regional y conseguir, definitivamente, la capacidad de desplegar los submarinos nucleares portamisiles de la Marina del Ejército Popular en mares abiertos, de modo que constituyan una auténtica fuerza contragolpe en caso de ataque nuclear, lo que no han conseguido hasta ahora -véase al respecto nuestro trabajo sobre los SSBN de la Marina china publicado en diciembre de 2014-. Por su parte, el 8 de agosto de 2018 los Estados Unidos pusieron en órbita el cuarto satélite de comunicaciones de alta frecuencia AEHF desarrollado por Lockheed Martin, que forma parte de una constelación de seis aparatos que están destinado específicamente a proporcionar comunicaciones altamente seguras entre el Consejo de Seguridad Nacional, los mandos militares nacionales y las unidades desplegadas alrededor del mundo, incluida la transmisión de códigos de mando y control nucleares. Las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña, Canadá y Holanda tendrán acceso a este sistema. Según fuentes del fabricante: “un solo satélite AEHF proporciona una capacidad total mayor que la constelación Milstar de cinco satélites” -los esfuerzos que están realizando los Estados Unidos en este ámbito los hemos tratado  específicamente en la entrada ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO de junio de 2016-. Finalmente, el 22 de agosto se hizo público también que Rusia lanzará a partir de 2022 una nueva generación de satélites Glonass-K2 con un peso y unas capacidades que doblan las de los aparatos actualmente en servicio. Según informó el director general de Sistemas de Satélites de Información Reshetnev, Nikolai Testoyedov: “el nuevo satélite proporcionará una precisión superior y no tendrá componentes fabricados en el extranjero.”; y quizás este sea el aspecto más importante del nuevo Glonass-K2, en un escenario internacional de mutuas sanciones internacionales por parte de los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, sin olvidar los efectos de la guerra comercial en la que se hallan inmersos, pero bien es cierto que con carácter selectivo, porque cuando se trata de equipos estratégicos, casi siempre logran el entendimiento, como por ejemplo en el uso de los motores rusos RD-180 como propulsores de los cohetes americanos, que ya hemos tratado en entradas anteriores, y que ha equipado precisamente al cohete Atlas V que llevó al espacio el satélite de comunicaciones militares AEHF el 8 de agosto de 2018. El sistema Glonass está integrado por veinticuatro operativos y varias unidades más en reserva en el espacio y preparadas en tierra para ser lanzadas en caso de fallo o pérdida definitiva de uno o varios aparatos. 

"Eres tú..."

PRIORIDADES ESTRATÉGICAS DE LA NUEVA LEY DE PROGRAMACION MILITAR FRANCESA

El presidente Emmanuel Macron aprobó el 13 de julio de 2018 la nueva Ley de Programación Militar 2019-2025 en la que se establecen las prioridades de equipamiento y armamento de las Fuerzas Armadas francesas y que recoge el objetivo de destinar el 2% del PIB a la defensa al final del período. Francia aporta actualmente el 4,8% del gasto militar global de los países miembros de la Alianza Atlántica, solo por debajo de los Estados Unidos y Gran Bretaña. En el presupuesto anual de defensa se dedica aproximadamente un 25% a equipamiento -el 48% se destina a personal, el 2,9% a infraestructuras y el 24% a otros conceptos- en el que se incluyen las Fuerzas Nucleares Estratégicas. Hay que tener en cuenta que después de una década de presupuestos de defensa en continuo descenso, en agosto de 2017 el gobierno anunció un aumento extraordinario de 1.800 millones de euros hasta alcanzar los 34.200 millones de euros, lo que representó un incremento del 5% respecto al año anterior. En esta nueva línea, el Ministerio de Defensa francés espera lograr la cifra de 50.000 millones de euros en 2025, con lo que se alcanzaría ese objetivo del 2% del PIB establecido por la Alianza Atlántica. Después de unos inicios complicados, que llevaron incluso al cese del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, por fin la Asamblea Nacional aprobó la nueva Ley de Programación Militar en marzo de 2018, el Senado lo hizo a finales de mayo y pasó a la firma del Presidente de la República después de la aprobación del texto definitivo final por una comisión conjuntas de ambas Cámaras parlamentarias. La Ley de Programación Militar aprobada en julio de 2018 busca consolidar el desarrollo de las Fuerzas Armadas francesas, incrementando ciertas capacidades estratégicas como son la modernización de las fuerzas nucleares, la aviación de repostaje en vuelo y la inversión en innovación, inteligencia y cooperación estratégica. Para ello se contará con un presupuesto plurianual de 295.000 millones de euros hasta 2025. La Fuerza de Disuasión Nuclear francesa, la Force de Frappe, se basa en los cuatro submarinos nucleares lanzamisiles (SSBN) de la clase Le Triomphant equipados con SLBM de la Force Oceánique Stratégique y los dos escuadrones de aviones de combate Rafale F3 de las Forces Aériennes Strátegiques del Armée de l´Air y los Rafale-M de la Aviation Navale todos ellos con capacidad para lanzar el misil de crucero ASMP-A con carga nuclear. Estas capacidades permiten oponerse de forma autónoma a cualquier amenaza a los intereses nacionales y para ello desde noviembre de 1972 un SSBN se encuentra permanentemente de patrulla en el mar preparado para descargar un ataque nuclear bajo las órdenes del Poder político. Para asegurar esta disponibilidad la Ley de Programación Militar prevé la modernización de sendas fuerzas de ataque nuclear, la aérea y la embarcada. Según las previsiones establecidas se terminará la modernización de los SSBN en servicio equipados con los nuevos SLBM M51.1/2 y se iniciarán los trabajos para un nuevo SSBN denominado SNLE 3G y el desarrollo de una versión avanzada del SLBM M-51.3. En cuanto al componente aéreo, en 2018 el avión de combate con capacidad nuclear Mirage-2000N será sustituido completamente por el Rafale “nuclear”, el misil ASMP-A será sometido a una actualización para mantener las capacidades operativas, al mismo tiempo que avanzarán los trabajos de diseño para un nuevo misil de crucero nuclear denominado ASN 4G; además, entre 2019 y 2025 se incorporarán los primeros doce aviones de repostaje en vuelo A-330MRTT de los quince comprados a Airbus Defence -a la espera de que se eleve su número a dieciocho como solicitó el general Lanata en su comparecencia en la Asamblea Nacional en octubre de 2017-, que tienen la misión fundamental de extender el alcance de las fuerzas aéreas de ataque nuclear. De este modo, Francia se asegura mantener intacta su capacidad para asestar de forma independiente un ataque de proporciones catastróficas contra cualquier adversario que amenace su seguridad o atente contra la integridad territorial nacional, como establece la Revisión Estratégica de la Defensa y la Seguridad Nacional aprobada por el presidente Macron el 13 de octubre de 2017. Pero hay que tener en cuenta que aquí también se incluye la seguridad de sus aliados europeos, como estableció la doctrina enunciada por el presidente Chirac en agosto de 1995 -y cuyos efectos políticos y jurídicos analizamos en el ensayo “Hacia un sistema europeo de disuasión nuclear” de diciembre de 2005-, que fue refrendada por el presidente Sarkozy en Cherburgo de marzo de 2008 y que no ha sido contradicha por los presidentes Hollande y Macron. El Ministro de Defensa de Estonia, Jüri Luik, dijo en enero de 2018 con ocasión del despliegue de Policía Aérea en el Báltico que “es extremadamente importante en términos políticos que Francia es un gran país europeo, una potencia nuclear”. Pero la cuestión no radica en quien tiene “el dedo en el botón nuclear”, prerrogativa que corresponde solo al Presidente de la República, sino en la existencia o no de una estrategia europea concertada en el ámbito nuclear basada en la existencia de una obligación de defensa colectiva entre los socios europeos. Como enunció el presidente Chirac el 8 de junio de 2001: “Evocaba hace un rato el desarrollo por ciertos Estados de capacidades balísticas que podrían darles los medios, algún día, para amenazar el territorio europeo con armas nucleares, biológicas o químicas. Si estuvieran animados por intenciones hostiles hacia nosotros, los dirigentes de estos Estados deben saber que se expondrían a daños absolutamente inaceptables para ellos. (…) En todo caso, corresponde al Presidente de la República apreciar, en una situación dada, el ataque efectuado contra nuestros intereses vitales. Esta apreciación tendría en cuenta naturalmente la solidaridad creciente entre los países de la Unión Europea”. El mismo día, el primer ministro Allain Juppé añadió al discurso presidencia lo siguiente: “la cooperación no puede ignorar ya la dimensión nuclear de nuestra seguridad”. Para ello Francia estaría dispuesta a implicar a Alemania -y también a Gran Bretaña en aquel momento- en futuras conversaciones dirigidas a crear un sistema europeo de “disuasión concertada” que incorporara la Force de Frappe, que había sido mantenida hasta la fecha al margen de cualquier estructura de cooperación internacional. Posteriormente, la Ministra de Defensa, Michelle Alliot-Marie, aseguró el 2 de noviembre de 2003 que “nuestra fuerza de disuasión nos protege y protege a una gran parte de Europa”. Estas declaraciones sucesivas de los máximos responsables de la política de defensa francesa pusieron de manifiesto la intención de extender el sistema de disuasión nuclear francés a los socios europeos, estableciendo como primer paso un mecanismo de consultas para el empleo de las armas nucleares. La incorporación de la cláusula de defensa colectiva del Tratado de Bruselas de 1948 en el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea el 1 de diciembre de 2009 supuso el enganche de la política de disuasión nuclear -que ya existía en el ámbito de la Alianza Atlántica- a una defensa europea autónoma. Y para entender este cambio sustancial es preciso tener en cuenta que, según el Tratado de la Unión Europea, uno de los objetivos de la política exterior y de seguridad de la Unión es asegurar la integridad e independencia de la Unión -con la redacción actual “defender sus valores, intereses fundamentales, seguridad independencia e integridad” (artículo 21.2)-. Los Estados a los que alcanza dicha garantía son los que aceptaron la vigencia del artículo 42.7, todos excepto Irlanda, con lo que podemos afirmar que se creó una cooperación estructurada de facto en el seno de la Unión Europea, en concreto en materia de seguridad y defensa colectiva, como hemos tratado in extenso en otro lugar. En consecuencia, los Estados miembros se obligan a que en caso de una presunta agresión -no hay órgano que determine que esta existe- todos los Estados miembros se declaran agredidos y han de reaccionar automáticamente prestando todo su apoyo y ayuda a aquel o aquellos que sufran una agresión armada en su territorio. Estos Estados constituyen y forman parte de una alianza militar y lo más llamativo es que el sostenedor de este importantísimo acuerdo es precisamente la potencia que cada vez tiene menos peso en la Unión Europea, como es Francia, pero que como recordaba el Ministro de Exteriores estonio antes citado, es “una potencia nuclear”. Pero para que las fuerzas estratégicas francesas pasen a ser un medio primario que garantice la integridad y la seguridad de la Unión de y de los Estados miembros resulta necesario alcanzar un consenso absoluto sobre los intereses básicos comunes, crear un mecanismo permanente de consultas entre los gobiernos europeos en materia de disuasión, establecer un mando estratégico unificado capaz de tomar decisiones sobre el alcance y los objetivos del sistema y un período de adaptación de las estructuras institucionales a la nueva realidad estratégica y, lo que es más importante, se tiene que producir un acuerdo permanente en cuanto a la necesidad y conveniencia de un sistema europeo de disuasión nuclear. 

“TQM…”

SALDO BÉLICO DE LA INTERVENCIÓN MILITAR RUSA EN LA GUERRA DE SIRIA


El Ministerio de Defensa de Rusia publicó  el 22 de agosto de 2018 en redes sociales datos sobre la participación de las fuerzas militares rusas en la guerra de Siria desde finales de septiembre de 2015. Según las informaciones publicadas han participado en el conflicto 63.012 militares rusos, de ellos 25.738 oficiales (434 generales); han pasado por Siria el 91% de los miembros de la Aviación del Ejército, el 97% de los componentes de la Aviación de Transporte y el 60% de los de la Aviación de Largo Alcance (los bombarderos estratégicos); se han probado en combate 213 nuevos equipos y sistemas de armas; los aviones y helicópteros de las Fuerzas Aeroespaciales y de la Aviación Naval han realizado más de 39.000 salidas de combate; los buques y submarinos de la Armada rusa han lanzado más de 100 misiles de crucero Kalibr; las fuerzas navales han llevado a cabo 189 campañas con 86 buques y 14 submarinos; la Aviación de Largo Alcance ha lanzado 66 misiles de crucero Kh-555 y Kh-101; como resultado de las operaciones de combate llevadas a cabo en territorio sirio han eliminado a 86.000 terroristas yihadistas y rebeldes y 830 dirigentes de estas organizaciones; y en el curso de las operaciones se han batido alrededor de 121.466 blancos de todo tipo.
El presidente Putin anunció el 11 de diciembre de 2017 durante una visita a la base aérea rusa de Hmeymim en Siria la retirada de la parte sustancial del despliegue ruso a partir de esa fecha. Sin embargo, el esfuerzo definitivo de las fuerzas militares gubernamentales sirias para conquistar todos los territorios del sur fronterizos con Jordania e Israel y el recrudecimiento de los ataques contra las instalaciones rusas en las bases de Tartús y Hmeymim provenientes de fuerzas rebeldes lanzados desde la provincia de Idlib han hecho que la presencia rusa siga siendo muy numerosa y que cuente, además, con el apoyo de la poderosa Escuadra permanente del Mediterráneo que ha llevado a cabo continuos ataques contra objetivos terroristas con misiles de largo alcance Kalibr.

"LAS FUERZAS SUBMARINAS ESTRATÉGICAS DE RUSIA EN 2018"


Este es el título del artículo que recientemente he publicado en la Revista General de Marina, en el número del mes de julio de 2018, dedicado al componente naval de las fuerzas de disuasión nuclear de Rusia conjuntamente con las Fuerzas de Cohetes Estratégicos y la Aviación de Largo Alcance y que, aunque permanecen bajo mando nominal del Alto Mando Naval, están bajo el control operativo del Estado Mayor General, que recibiría las órdenes de empleo directamente del Presidente de la Federación Rusa. Se trata de una actualización del ensayo que con el idéntico título se publicó en la Revista General de Marina en el número de enero/febrero de 2013, cuyo enlace se encuentra disponible aquí. Esta nueva versión recoge los cambios acaecidos en la doctrina de empleo de armas nucleares en la Doctrina Militar de diciembre de 2014 y que ha sido completada con sucesivas declaraciones públicas del presidente Putin en marzo de 2018, la entrada en servicio de los nuevos submarinos nucleares portamisiles (SSBN) de la clase Borei equipados con los nuevos cohetes lanzables navales (SLBM) Bulavá y las modificaciones, cambios y nuevas construcciones que se han llevado a cabo en las bases de las Flotas del Norte y del Pacífico para acoger esta nueva generación de SSBN que multiplica sustancialmente la capacidad de combate nuclear de la Armada rusa como indicamos con números precisos en el texto; finalmente, también recogemos la información más reciente sobre el proyecto del SSBN del futuro, denominado tentativamente Borei-B. De este modo el artículo se estructura en Introducción, Las Fuerzas Submarinas Estratégicas de Rusia, Estructura de la fuerza de disuasión nuclear naval de Rusia, Programas de construcción y modernización en curso y Consideraciones finales. El enlace completo del texto se encuentra disponible en la web oficial de la Armada española.
Referencia bibliográfica completa: Pérez Gil, L.: “Las Fuerzas Submarinas Estratégicas de Rusia en 2018”, Revista General de Marina, t.275, julio de 2018, pp. 97-114, en http://www.armada.mde.es/archivo/rgm/2018/07/rgm072018cap08.pdf

Y LO QUE TE RONDARÉ...

Continuando con el análisis de la política exterior del presidente Trump interesa detenernos de nuevo en el caso de las relaciones con Irán porque ponen de manifiesto la existencia de la lucha por el poder en el seno de las élites dirigentes de Washington. En un nuevo episodio del enfrentamiento con Irán, el 23 de julio de 2018 el presidente Trump envío un claro mensaje (por Twitter) al presidente Rohaní: “nunca más vuelva a amenazar a los Estados Unidos o sufrirá las consecuencias como las que pocos han sufrido antes en la historia”. Era la respuesta a las declaraciones del dirigente iraní en las que instaba a los Estados Unidos “a no jugar con fuego” ya que empezar un conflicto tendría consecuencias imprevisibles -que calificó como “la madre de todas las guerras”- y que “negociar hoy con los Estados Unidos no significa más que rendición y el fin de los logros de la nación de Irán”. Para reforzar el tono el mensaje, la respuesta del presidente Trump se escribió prácticamente toda en mayúsculas. Puede interpretarse como una bravata de Trump, una más de tantas, a la que tampoco hay que darle más importancia en ese enfrentamiento dialéctico que mantiene con las autoridades iraníes desde que llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Sin embargo, Trump estaba lanzando un mensaje muy claro al presidente Rohaní: “Ya no somos un país que aguantará sus demenciales palabras de violencia. Sea cauto”. Es decir, si abandonan el apoyo a los grupos terroristas en Líbano y Gaza, si abandonan la activísima participación que mantienen en la guerra de Siria y si abandonan el apoyo a los rebeldes hutties en Yemen, es posible encontrar caminos de entendimiento. Poco más de una semana después, Hamid Aboutalebi, un político muy próximo al presidente Rohaní, aseguró que podrían reunirse con Trump si los Estados Unidos volvían al acuerdo nuclear -entendido como cualquier acuerdo mutuamente beneficioso para los intereses de ambas partes y que regule el programa nuclear iraní, la eliminación del régimen de sanciones y el programa de misiles balísticos, lo que podría ser aceptado por las autoridades iraníes como reconocieron altos dirigentes militares del país en junio pasado-. Por eso, Aboutalebi transmitió el mensaje de que es posible “allanar el camino hacia unas conversaciones entre Irán y los Estados Unidos”. Está claro que los Estados Unidos no van a volver al Pacto Nuclear de julio de 2015, lo dijo el presidente Trump en enero de 2017 y lo demostró con la retirada efectiva del mismo anunciada el 8 de mayo de 2018, a pesar de que muchos analistas consideraron que no se atrevería a abandonarlo. Es un “mal acuerdo”, como dijo el presidente Trump en enero de 2017 y no van a volver a él. Pero eso no significa que no puedan existir cauces de concertación o entendimiento con Irán -como los hay con Corea, con Rusia o China-, como reconoció el presidente Trump el mismo 31 de julio de 2018 cuando aseguró que estaba dispuesto a reunirse con los dirigentes iraníes “sin condiciones previas”. Trump insistió en su idea de que se reunirá con cualquiera siempre que sea beneficioso para su país: “Hablando con otra gente, especialmente cuando hablamos sobre el potencial de la guerra, de muerte, hambre y pérdida de otras cosas, te reúnes. No hay nada malo en reunirse”. Como hemos dicho, el presidente Trump practica un tipo de política en la que los hechos suelen coincidir con las palabras, lo que es bastante inusual entre los dirigentes occidentales, y que precisamente por eso llama tanto la atención y se amplifica extraordinariamente. El problema al que se enfrenta el presidente Trump es cómo sacar adelante sus iniciativas en política exterior, teniendo en contra a una gran parte de la clase política de Washington, tanto demócratas como republicanos, a las burocracias del Departamento de Estado y de la misma Casa Blanca, donde ha tenido que hacer una gran purga para conseguir amalgamar un equipo de confianza, y a los mismos servicios de inteligencia que, espoleados por los medios de comunicación nacionales de tendencia adversa, han tratado de socavar las iniciativas presidenciales en política exterior, lo que ha traído nuevos relevos y cambios para poder formar, no un equipo dócil como se ha dicho, sino uno que cumpla lealmente las instrucciones que dicta el presidente. De hecho, en el reciente enfrentamiento entre el presidente y el Director de Inteligencia Nacional, Daniel Coats, nos planteamos la siguiente cuestión: ¿quién dirige la política exterior, el presidente o los servicios de inteligencia? Y esto nos lleva a recordar el discurso de despedida del presidente Eisenhower del 17 de enero de 1961 cuando advirtió a la Nación del peligro que representaba para la democracia el complejo militar-industrial. 

El 21 de septiembre de 2018 se difundió que el presidente Rohaní solicitó reunirse con Trump con ocasión de la 73ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Veremos si este anuncio se concreta, porque si fuera así se estaría avanzando en otro de los asuntos fundamentales del programa de política exterior del presidente Trump.

LA NUEVA CUMBRE DE HELSINKI

El esperado encuentro entre los presidentes Trump y Putin en Helsinki de 16 de julio de 2018, que algunos pensábamos que podía ser el germen de una nueva relación entre las dos grandes potencias, se quedó finalmente en nada, a pesar de las declaraciones grandilocuentes pero vacías de contenido de ambas partes. Sin duda, se ha debido a las fortísimas presiones a las que ha tenido que hacer frente el mandatario americano de altos funcionarios de su propia Administración y de la élite de la política exterior de Washington, que ha perdido el sentido de los intereses estratégicos del país. De este modo, la supuesta Cumbre de Helsinki, no ha pasado de un mero encuentro entre los dos presidentes del que no surgirán nuevos acuerdos, reglas o consensos destinados a mantener el régimen de estabilidad estratégica que ha garantizado la paz y la seguridad mundial desde el final de la Guerra Fría. De este modo, en los próximos meses asistiremos a un progresivo deterioro de las estructuras de seguridad globales que se sustentan sobre un conjunto de tratados internacionales entre las dos grandes potencias regidos por los principios de bilateralidad, paridad, transparencia, confianza mutua y mantenimiento del régimen. Tratados como el de Misiles de Corto y Medio Alcance (Tratado INF) de 7 de diciembre de 1987, de Limitación de Armas Estratégicas (Nuevo START) de 8 de abril de 2010 o el Tratado de Cielos Abiertos (Tratado Open Skies) de 24 mayo de 1992 se encuentran en peligro, sencillamente porque en la élite de la política exterior y de seguridad de Washington se ha instalado la idea de que la seguridad de los Estados Unidos solo se refuerza teniendo las manos libres para desarrollar y desplegar todo tipo de armas y sistema de combate avanzados y que los tratados y acuerdos internacional son innecesarios en esta nueva etapa de las relaciones internacionales. Sin embargo, se olvidan de una máxima fundamental: frente a un adversario poderoso, hay que sumar aliados a tu bando. De este modo, si la política estratégica americana se fundamenta en un próximo, y cercano, enfrentamiento con China, es mejor sumar a Rusia que dejarla a su libre albedrío. Y esto pasaba por una exitosa Cumbre de Helsinki, que garantizaría el mantenimiento del régimen de estabilidad estratégica. Desafortunadamente no se ha dado y pronto veremos sus resultados, que serán negativos, sin lugar a dudas. En política interior, el fracaso de la Cumbre de Helsinki plantea un interrogante más complejo aún: ¿quién dirige la política exterior de los Estados Unidos: el presidente o los funcionarios de Washington? Trump, que no es un político, por lo que continuará poniendo en un brete a los funcionarios de los departamentos de Estado y de Defensa, que se consideran depositarios del acervo de la seguridad nacional de los Estados Unidos. Muy probablemente este enfrentamiento se mantendrá a lo largo de toda su presidencia, porque Trump no parece un tipo (entiéndase con todo el respeto) que se deje manipular por funcionarios que deben estar bajo sus órdenes. De este modo, en el ámbito interno, el deterioro de la institucionalidad también está servido, mientras la potencia emergente china comienza a mostrar sus aspiraciones imparables de influencia global. El choque en el Pacífico parece entonces inevitable.