DISCURSO DEL PRESIDENTE MACRON DE 13 DE JULIO DE 2022

La víspera del Día de la Fiesta Nacional de 2022, el presidente francés Emmanuel Macron pronunció el tradicional discurso a las Fuerzas Armadas en el Hôtel de Brienne, en París. Una vez más, el presidente francés hizo una referencia clara y precisa a la fuerza de disuasión nuclear como garantía de la existencia de Francia como un Estado fuerte e independiente, en un mundo crecientemente complejo, de relaciones inciertas y donde la guerra, el enfrentamiento y la competencia entre Estados se han convertido, de nuevo, en los riesgos fundamentales a la seguridad nacional –el discurso completo está disponible en el sitio web del Palacio del Eliseo­–. Después de décadas dominadas, primero, por los dividendos de la paz de la Posguerra Fría, y, después, por la Guerra Global contra el Terrorismos (GWT por sus siglas en inglés), la invasión rusa de Ucrania ha devuelto los asuntos de la seguridad a la pugna entre Estados, propia del marco descriptivo clásico de las doctrinas que se adscriben al realismo político. En un mundo más violento y peligroso los conceptos de interés nacional y equilibrio de poder vuelven al primer plano y, al menos a corto plazo, se imponen a los de globalización y cooperación internacional. En este contexto, las políticas propias de la seguridad basadas en la fuerza militar y la disuasión nuclear recuperan, si es que alguna vez lo perdieron, todo su significado. El general de Gaulle, el más grande de los franceses del siglo XX, proclamó en su segundo discurso en Bayeux en 1952: “¡Defensa! Esta es la razón de ser principal del Estado. No puede fallar sin destruirse a sí mismo.” La situación de Ucrania ante las armas rusas pone de manifiesto la vigencia de esta afirmación. Por ese motivo, Francia, que sufrió la derrota, la humillación y la ocupación a manos de las armas alemanas en junio de 1940, se dotó bajo el liderazgo degaulliano con la Force de Frappe, dotándose de la capacidad para causar daños de proporciones catastróficas a cualquier potencial agresor que ataque su territorio nacional, sus intereses vitales o ponga en peligro su continuidad como Estado independiente –sobre el arsenal nuclear francés, véase Kristensen y Korda: “French nuclear forces, 2019”–. Esto lo sabe y lo expone el presidente francés, cada vez que tiene ocasión de referirse a las Fuerzas Armadas y a la capacidad defensiva de Francia, con independencia de su filiación política o de la vigencia más o menos larga de su mandato –así el importantísimo discurso de Macron de 7 de febrero de 2020 en la prestigiosa l´École Militaire de París, comentado en la entrada UN DISCURSO PARA UNA NUEVA EUROPA QUE CHOCA FRONTALMENTE CON LA REALIDAD, de abril de 2020–. De este modo, el presidente Macron afirmó en su discurso de 13 de julio de 2022 que, “en este contexto de adaptación de nuestras capacidades a las necesidades de defensa y seguridad, nuestra disuasión nuclear y estrictamente defensiva también seguirá siendo la garantía definitiva de nuestra soberanía y autonomía estratégica”. Este es el lenguaje de las grandes potencias, que saben cuáles son sus intereses y qué papel desempeñan en el mundo. Mucho se habla de la supuesta debilidad de Francia comparada con otras potencias occidentales, pero esos análisis desconocen, o ponen en un segundo plano, su capacidad nuclear militar ­–este año se celebra el cincuenta aniversario de la primera patrulla de disuasión de su primer SNLE (SSBN en inglés)–, su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y su derecho de veto en los asuntos fundamentales que afectan a la paz y seguridad internacionales, es decir, su participación en la creación de las normas que se imponen al resto de los actores internacionales. Esa y no otra es la realidad de las Relaciones Internacionales, a pesar de las utopías que se cuentan a los ciudadanos europeos desde instituciones que no tienen que ver y que nunca nacieron para preservar la integridad de la Nación. Reflexionemos sobre estas ideas porque en estos momentos se juega el futuro de Europa y es preciso estar armados, material y moralmente, para luchar y ganar los embates a los que se enfrenta. La alternativa es la guerra y la destrucción.  

“Le marcheuse”.

ENTRADA EN SERVICIO DEL SUBMARINO NUCLEAR BELGOROD, UN LEVIATÁN DE LOS MARES

El 8 de julio de 2022 el comandante de la Marina rusa, almirante Nikolay Evmenov, presidió en la ciudad portuaria de Severodvinsk, situada en el norte de la Rusia europea, la ceremonia de entrega del nuevo submarino nuclear de tareas especiales (SSAN) proyecto 09852 BS-329 Belgorod. El almirante Evmenov declaró que el nuevo submarino "abre nuevas oportunidades para Rusia en la realización de misiones de investigaciones y ayudará a llevar a cabo diversas expediciones científicas y operaciones de rescate en los océanos mundiales.” De las palabras del almirante Evmenov se podría deducir que el Belgorod es un submarino nuclear dedicado a actividades de investigación y rescate en mares y océanos. Pero, siendo esto cierto, la realidad es mucho más compleja y abrumadora. El Belgorod es un submarino nuclear del proyecto 949A (clase Oscar II para la OTAN) que no fue terminado para su misión específica de ataque contra los portaviones americanos, armado con veinticuatro gigantescos misiles supersónicos antibuque P-700 Granit (SS-N-19 Shipwreck), y que en 2010 la Marina rusa decidió reconstruir como SSAN, convirtiéndose, además, en el primer portador del torpedo estratégico de propulsión nuclear 2M39 Poseidón, equipado con una ojiva nuclear de varios cientos de kilotones de potencia explosiva. Por tanto, por sus características técnicas el Belgorod está preparado para realizar misiones de reconocimiento e investigación submarina, transportar minisubmarinos nucleares para operaciones hasta seis mil metros de profundidad, ejecutar actividades subacuáticas a grandes profundidades con vehículos no tripulados autónomos y acometer operaciones de rescate con minisubmarinos especializados y, además de todo ello, participa en misiones de disuasión estratégica armado con seis gigantescos torpedos Poseidón preparados para atacar desde distancias muy lejanas (se habla de distancias superiores a 10.000 kilómetros) bases navales, puertos, instalaciones portuarias y ciudades costeras de un potencial adversario, provocando daños de proporciones catastróficas en caso de empleo. Parece que la idea no es nueva, sino que se debe al físico nuclear soviético Andrey Sakharov -el creador de la bomba H soviética- que propuso la idea de colocar secretamente un vehículo submarino con una carga nuclear de cien megatones de potencia en el fondo de la costa más concurrida de los Estados Unidos y detonarla en el momento adecuado; la ola resultante arrasaría las ciudades costeras. A mayor abundamiento, es el submarino de mayor eslora construido hasta ahora: ciento ochenta y cuatro metros. No obstante, mientras el Belgorod se incorpora a su base en la península de Kola, los astilleros Sevmash de Severodvinsk continúan con la construcción del primer submarino nuclear del proyecto 09851 Khabarovsk, buque que está basado en los SSBN proyecto 955 Borey que están entrando en servicio actualmente, y que ha sido diseñado y construido para transportar el Poseidón. La Marina rusa ha anunciado que tiene planes para incorporar, además del Belgorod, otros tres SSAN Khabarovsk, asignando dos submarinos a la Flota del Norte y otros tantos a la Flota del Pacífico. De este modo, tendrán a tiro las principales bases navales y megalópolis americanas, situadas tanto de la costa atlántica como en la del Pacífico. Por tanto, mientras en Ucrania se lucha con armas y municiones de la época de la Guerra Fría, Rusia se prepara para desencadenar un nuevo tipo de guerra en caso de que sus dirigentes estimen que se halla en peligro la existencia de su Estado y prefieran destruir completamente a su adversario antes que sucumbir en el conflicto. Un escenario del que casi nadie quiere hablar. Pero hay que tener en cuenta, además, que las nuevas armas avanzadas rusas también pueden emplearse contra otros adversarios. Las principales ciudades y las áreas industriales y comerciales más pujantes del planeta se encuentran en la cuenca del océano Pacífico y nada impide que los amigos de hoy se conviertan en los enemigos de mañana, según reza uno de los principios del equilibrio de poder. Bien entendido, que esto es así cuando existen políticos racionales que basan y fundamentan la política exterior de sus Estados en el interés nacional. Más allá de éstos se encuentran la incertidumbre, la ausencia de planificación y las políticas exteriores irracionales que, sencillamente conducen al caos político-estratégico y, finalmente, a la derrota. Y no estamos lejos de ver ambos escenarios.  

“Bottom of the Deep Blue Sea”.

MODERNIZACIÓN DE LA TRIADA NUCLEAR DE LOS ESTADOS UNIDOS: PRIMERA PRUEBA DE EQUIPOS DEL ICBM LGM-35 SENTINEL

El 7 de julio de 2022 la prueba de vuelo de un cohete Minotaur II+ con un nuevo vehículo de reentrada Mk-21A terminó abruptamente con una explosión a los once segundos de su lanzamiento desde la base aérea de Vandenberg, en California, por causas no difundidas. Estos sistemas forman parte del programa de desarrollo del nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) LGM-35 Sentinel, que está destinado a reemplazar al ICBM Minuteman III, que entró en servicio en los años setenta. El LGM-35 ha sido diseñado por la poderosa corporación aeroespacial Northrop Grumman bajo un contrato del Departamento de Defensa de los Estados Unidos de 13.300 millones de dólares con la finalidad de desarrollar un misil balístico basado en tierra (Ground Based Strategic Deterrent, GBSD) de características avanzadas. Actualmente, la capacidad de disuasión nuclear americana con base en tierra se basa una fuerza de unos 400 Minuteman III estacionados en silos distribuidos en tres Alas de Misiles en territorio continental estadounidense: 90ª de Warren, en Wyoming, 91ª de Minot, en Dakota del Norte, y 341ª de Malstrom, en Montana -véase la entrada LA FUERZA DE ATAQUE NUCLEAR DE LOS ESTADOS UNIDOS EN 2020, de mayo de 2020-. La USAF espera incorporar el LGM-35 en 2029, armado con la ojiva nuclear W87-0 de 300 kilotones (kt) y más adelante con la ojiva W87-1 de 475 kt, el coste total del programa ascenderá a 95.000 millones de dólares y el misil estará en servicio hasta 2075, lo que está en línea con los costosísimos programas paralelos de modernización de los componentes de la triada nuclear americana: el bombardero B-21 Raider y el submarino nuclear estratégico (SSBN) Columbia, que tienen fechas de entrada en servicio muy cercanas entre ellas -véanse las entradas EL FUTURO DE LA FUERZA DE ATAQUE GLOBAL DE LA USAF, de septiembre de 2020, y COMIENZA LA CONSTRUCCIÓN DEL SSBN-826 COLUMBIA, de junio de 2022-. Estos sistemas de disuasión nuclear se mantendrán en servicio en condiciones normales hasta la década de 2080, por lo que los esfuerzos científicos, tecnológicos y organizativos actuales permiten visualizar las capacidades estratégicas de los Estados Unidos a un plazo de tiempo muy largo. De este modo, mientras Rusia y Estados Unidos y sus adláteres disputan una guerra proxy en el territorio de Ucrania, ambas potencias continúan modernizando sus arsenales nucleares según sus capacidades industriales y financieras, con el objetivo de mantenerse en la cúspide del sistema estratégico global durante muchas décadas, y dejando al resto de las grandes potencias en una posición relegada bajo la amenaza permanente de sufrir un castigo de proporciones catastróficas en caso de conflicto entre ellas. Como sabemos, el régimen de estabilidad estratégica junto con la existencia del Consejo de seguridad de la ONU y el derecho de veto de las grandes potencias ha evitado una guerra devastadora durante décadas, garantizando la paz y la seguridad internacionales. Pero, si otras potencias quieren cambiar las normas, reglas y procesos de adopción de decisiones del sistema global deben concertarse con estas dos o ir a la guerra contra una de ellas o contra las dos, tratando de obtener una redistribución del poder internacional, que puede ser pactado o fruto de un enfrentamiento decisivo. Claramente, la voluntad de los dirigentes chinos es lograr una redistribución del poder global que les satisfaga, pero el modo de hacerlo no está en sus manos, por lo que, si persisten en sus planes de expansión estratégica más tarde o más temprano se tendrán que enfrentar a la decisión compleja de retar a la primera potencia global, los Estados Unidos, a un conflicto en el área del Pacífico. El Libro Blanco de la Defensa chino de 24 de julio de 2019 trataba de preparar a las Fuerzas Armadas y al Estado chino para este escenario en el año 2035 -véase la entrada NUEVO LIBRO BLANCO DE LA DEFENSA DE CHINA, de julio de 2019-, pero la agresividad que ponen de manifiesto los decisores políticos de Washington augura que está fecha se está aproximando peligrosamente, destruyendo la segurísima cuidada planificación china.  Se trata, sin duda, de un escenario peligroso, extremadamente complejo, donde las poderosísimas capacidades propias, los juegos de alianzas y el sentido de cruzada juegan a favor de los Estados Unidos, creando las condiciones necesarias para que el siglo XXI siga siendo un siglo americano, según las tesis de Friedman. Pero la historia de las relaciones internacionales enseña que el resultado de una guerra entre grandes potencias siempre es incierto, salvo para los historiadores una vez producido el conflicto y conocidos sus resultados.  

“AC/DC: Heatseeker.”