La posesión y uso operacional
de submarinos nucleares es una potestad de las grandes potencias, en concreto de
los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Es una demostración
efectiva de su poder y de la capacidad que tienen para imponer limitaciones
fundamentales al resto, que de una u otra manera quedan subordinados a las
normas que ellos deciden. Esto es así desde 1945 cuando al final de la Segunda
Guerra Mundial decidieron establecer un nuevo orden mundial con la ONU como estandarte
y el Consejo de Seguridad como su superestructura jurídico-política, conformando
el verdadero directorio mundial. Y se mantiene hasta ahora sin modificaciones sustanciales,
salvo cambios en las partes que lo componen. En el tema que nos toca ahora, desde
los años cincuenta los Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaron a
operar sus primeros submarinos nucleares, primero en su versión de ataque (SSN,
según nomenclatura occidental) armados con torpedos clásicos y también minas; después
en los años sesenta los portadores de misiles estratégicos (SSBN) que consolidaron
el funcionamiento de la fuerza de contragolpe (second strike) en las
doctrinas de la disuasión asociadas a la destrucción mutua asegurada (MAD); desde
finales de los años setenta los lanzadores de misiles de crucero (SSGN) con su poderosísima
capacidad antibuque hasta los actuales SSN estadounidenses y rusos armados con
misiles de crucero de largo alcance de ataque a tierra, que les permiten
ejercen cometidos subestratégicos con sus misiles Tomahawk y Kalibr
respectivamente. En todo ese período Gran Bretaña, Francia y también la China
comunista se fueron dotando de SSN y SSBN, incluso con capacidades similares
a las de estadounidenses y rusos como en el caso de los dos primeros. Esta regla
se mantuvo hasta la década de 2010 cuando la India, hoy la cuarta
potencia mundial, consiguió con asistencia rusa diseñar, construir y operar el
primer SSBN de la clase Arihant -véase la entrada “LAS
ASPIRACIONES DE LA INDIA COMO POTENCIA NUCLEAR NAVAL Y SU FUERZA DE SSBN”,
de agosto de 2019 -. Esto ocurrió porque el resto de las grandes potencias
aceptaron a la India como un igual en este ámbito: contó con el apoyo de
Rusia y el resto no mostraron oposición. Su programa de submarinos
nucleares ha seguido avanzando con la entrega de más SSBN -véase la entrada titulada
ENTRADA
EN SERVICIO DEL SEGUNDO SSBN INDIO, de agosto de 2024- y tienen en marcha
un programa para obtener un SSN de producción nacional. Mientras tanto, desde
los años ochenta la Marina india ha podido operar SSN arrendados por Rusia, que
le han permitido aprender, adiestrarse y desarrollar su propia doctrina naval
de empleo de submarinos nucleares. La posesión de SSBN asegura la capacidad
de contragolpe contra China armados también con propios misiles balísticos de
largo alcance (SLBM). Es interesante tener en cuenta este aspecto, porque India
invirtió los términos del ciclo de desarrollo de submarinos nucleares del resto
de las grandes potencias y es el único caso hasta ahora. La otra potencia
que ha estado trabajando desde hace décadas en la obtención de un SSN es Brasil
a través del programa PROSUB, proyecto que ha avanzado muy lentamente y que
desde hace una década cuenta con el apoyo de Francia que diseña la plataforma,
que se construirá en Brasil y contará con un reactor nuclear de producción propia
-véase la entrada “BRASIL,
EL PRESTIGIO Y EL DILEMA DEL PODER NUCLEAR”, de enero de 2014-. Las razones
que lo justifican son el control de su inmensa fachada marítima en el océano
Atlántico y la presencia de hidrocarburos, que son y continuarán siendo uno
de los pilares fundamentales de su desarrollo en las próximas décadas. El
primer corte de acero destinado a la construcción del submarino nuclear Álvaro
Alberto se efectuó el 4 de octubre de 2023 en los astilleros Itaguai
Construçoes Navais de Río de Janeiro, pero los plazos de entrega y puesta en
servicio se sitúan en la próxima década -véase la entrada INICIO
DE CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER SUBMARINO NUCLEAR DE BRASIL, de octubre de 2023-.
Un caso similar es Australia, que opera submarinos convencionales, pero
dada la vastedad del mar que controla y de su zona económica exclusiva optó por
desechar el costosísimo programa de submarinos convencionales clase Barracuda contratados
a Francia y sumarse a un acuerdo estratégico con los Estados Unidos y Gran
Bretaña formalizado el 15 de septiembre de 2021 bajo el nombre de AUKUS -véase
la entrada EL
FORTALECIMIENTO DE LA ALIANZA ANGLOSAJONA DEL PACÍFICO, de septiembre de
2021-, que le permitirá contar con submarinos nucleares ¿estadounidenses o
británicos? -véase la entrada AUSTRALIA
SE DOTARÁ DE SUBMARINOS NUCLEARES DE ATAQUE DE LA CLASE VIRGINIA, de marzo
de 2023-. Hay todavía muchas incógnitas sobre este programa, que tiene como
objetico sumar capacidades occidentales para disuadir a China. De nuevo,
como en los casos anteriores, el programa de los SSN australianos se
desarrollará bajo los auspicios de dos grandes potencias miembros permanentes del
Consejo de Seguridad, aunque en este caso con la oposición de China, que no ha
tomado medidas explícitas para bloquearlo al menos por ahora. El caso más reciente,
y muy probablemente no será el último, es el de Corea del Sur. El 26 de
mayo de 2026 el presidente Lee Jae-myung y el ministro de Defensa Ahn Kyu-baek
presentaron durante la primera reunión del Comité de Estrategia de Defensa
Avanzada celebrada en Jinhae-gu (Changwon) el denominado “Plan Básico para
el Desarrollo de Submarinos Nucleares de la República de Corea”. Según las
autoridades surcoreanas el programa se desarrollará sobre cinco pilares
fundamentales. El primero es el empleo de uranio poco enriquecido (por debajo
del 20%) como combustible nuclear para los reactores del buque, que estarán
diseñados para garantizar un ciclo de funcionamiento prolongado minimizando la
necesidad de reemplazar dicho combustible. El segundo establece que la construcción
se llevará a cabo íntegramente en Corea del Sur con la finalidad de garantizar
la autonomía y el desarrollo efectivo de todo el ciclo del programa desde
la adquisición, el apoyo y el mantenimiento (al contrario de lo que ocurre con
el programa australiano, al menos hasta donde se conoce hasta ahora). El
tercero es que la plataforma y el reactor se desarrollarán utilizando las
tecnologías más avanzadas desarrolladas en los ámbitos civil, nuclear y naval
surcoreanos, que crearán más de 40.000 empleaos altamente cualificados. El
cuarto establece que se desarrollará teniendo en cuenta el ciclo de vida de los
futuros buques desde su diseño y construcción, operación, mantenimiento,
gestión de los residuos nucleares y desmantelamiento definitivo. Y el quinto
considera que su construcción debe comenzar a principios de la década de 2030 y
estar en servicio a partir de 2040. A la par formularon una declaración oficial
por la que se comprometen a no desarrollar y no poseer armas nucleares:
«La República de Corea se adhiere firmemente a la posición de que no posee
armas nucleares en ninguna forma y no desarrollará armas nucleares.» -sobre la
efectividad de los actos unilaterales en Derecho Internacional véase -. Para
reforzar ese compromiso anunciaron la creación de un mecanismo con el Organismo
Internacional de la Energía Atómica (OIEA) destinado a garantizar la ausencia
de proliferación de material nuclear. Como se puede colegir este programa se ha
puesto en marcha bajo la égida de la Administración Trump, que suma un
aliado más en su estrategia de contención contra China. Pero, puede también
que el empuje del programa surcoreano tenga que ver con los desarrollos encubiertos
de su vecina Corea del Norte, donde día sí y día también su líder Kim Jong-un
no presenta y prueba nuevos desarrollos armamentistas cada vez más capaces y
avanzados y que gracias a su solidaridad con Rusia en la guerra en Ucrania ha obtenido
una legitimidad y acceso internacional impensables antes de febrero de 2022. Pero
no será ni mucho menos el último concursante. En un sistema internacional
cada vez más complejo e inestable las grandes potencias se preparan, suman
aliados capaces de cara al próximo enfrentamiento, que cada vez más parece
que se acerca al Pacífico y que implicará el empleo de armas nucleares.
EL PROGRAMA DE SUBMARINOS NUCLEARES DE COREA DEL SUR NO SERÁ EL ÚLTIMO
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