Del 12 al 13 de
marzo de 2026 se celebraron en el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM)
en Madrid las XVIII Jornadas de Estudios de Seguridad que en la edición de este
año se dedicaron de forma monográfica a las víctimas de los conflictos armados,
con especial referencia a las mujeres, la infancia, los prisioneros y otros
colectivos vulnerables. La presentación corrió a cargo del director del IUGM,
Dr. Gustavo Palomares Lerma, y la lección inaugural correspondió a su subdirector,
general Dr. Fernando García Blázquez, que propuso el marco general para el desarrollo
de las jornadas, centrado en la noción de resiliencia de las víctimas y su
capacidad para superar las consecuencias del conflicto. El programa se
estructuró en tres paneles. El primero dedicado a resiliencia
local y cooperación internacional frente a la violencia, que contó con tres
comunicaciones sobre los conflictos en Siria, Ucrania y Afganistán. El segundo
panel se ocupó de las otras caras del conflicto con cuatro comunicaciones
que examinaron yihadismo, Cisjordania, área del Indopacífico y aplicaciones
para la búsqueda y seguimiento de conflictos locales. La segunda jornada contó
con otra lección magistral a cargo del coronel Óscar Tarrero Alonso. A
continuación, el tercer panel se ocupó de avances y retos del marco jurídico
internacional, donde se presentaron cinco comunicaciones sobre el Tribunal
Penal Internacional, violencia sexual en los conflictos, Darfur, Sahel y finalmente
la guerra en Ucrania. Así, me tocó cerrar el último panel con una ponencia
titulada “Análisis de las bajas en la guerra en Ucrania desde la perspectiva
del Derecho Internacional Humanitario, la comunicación estratégica y la
propaganda de guerra” en las que planteé algunas cuestiones fundamentales. La
guerra en Ucrania es el mayor conflicto convencional que se producido en Europa
desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que acabó con más de cincuenta
millones de muertos, entre civiles y militares. En 2026 entró en su quinto año
de hostilidades a gran escala, donde se hace un uso masivo de fuegos de
artillería, misiles y vehículos aéreos no tripulados de todos los tipos. Estas
municiones se emplean de forma intensiva a lo largo de toda la línea del frente
y la retaguardia próxima, creando extensas áreas a ambos lados denominadas
zonas de muerte. Además, ambos contendientes aplican su poder en el nivel
estratégico con la finalidad de destruir la moral y la capacidad de vencer del
contrario. Este escenario bélico implica un número elevadísimo de bajas como
no se recuerda desde la guerra de Vietnam, que se desarrolló entre los años
sesenta y setenta del siglo pasado. Pero en Ucrania, frente a otros conflictos
anteriores, la inmensa mayoría de las bajas es personal combatiente, y
en mucha menor medida civiles, al contrario de lo que sucede por ejemplo en
Oriente Medio o en África. En un escenario de guerra prolongada ambos
bandos se cuidan de facilitar datos precisos sobre pérdidas propias y a la par sobredimensionan
las ajenas como parte de su comunicación estratégica y propaganda de guerra.
Por consiguiente, se propone un análisis del conflicto ruso-ucraniano a partir
de las informaciones públicas disponibles para tratar de extraer
conclusiones adecuadas, pero necesariamente abiertas por la debilidad de
los datos disponibles. Corresponde a los historiadores una vez finalice el
conflicto y comiencen a aparecer informaciones oficiales desenmarañar el
velo de secretismo, propaganda y desinformaciones tejido durante tantos años de
guerra.
El programa completo de las jornadas está disponible aquí. También se puede seguir seguir en el canal UNED en Youtube.
Las comunicaciones se publicarán más adelante tanto en formato digital (actas de las jornadas) como en papel (libro con una selección de las mismas tras un proceso de evaluación).

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