ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A MARZO DE 2021

El Departamento de Estado americano publicó el 5 de marzo de 2021 los datos correspondientes al volumen de las armas nucleares estratégicas que mantienen en servicio los Estados Unidos y Rusia, conforme a las cláusulas de intercambio de información previstas en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START) firmado en Praga el 8 de abril de 2010 -los datos están disponibles en el sitio web del Departamento de Estado-. Después de un poco complicado “tira y afloja” diplomático teñido de resabios de campaña electoral presidencial, los presidentes Putin y Biden acordaron in extremis el pasado 26 de enero de 2021 la prórroga del Nuevo START, ya que el tratado vencía definitivamente el 5 de febrero de 2021. El plazo acordado fue el máximo previsto en el propio tratado: cinco años -véase la entrada «AHORA ME VES»: LOS ESTADOS UNIDOS Y RUSIA ACUERDAN PRORROGAR EL TRATADO NUEVO START, de enero de 2021-. Las bondades del Nuevo START son intrínsecas a su misma existencia, no solo porque estableció unos límites más reducidos para los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias -1.550 ojivas nucleares desplegables en 800 vectores de lanzamiento (misiles balísticos de largo alcance basados en tierra (ICBM) en silos y en plataformas móviles, misiles embarcados en submarinos nucleares estratégicos (SLBM) y bombarderos estratégicos, de los que solo 700 pueden estar operativos al mismo tiempo), sino porque establece canales de transparencia e intercambio de información absolutamente decisivos para generar confianza y previsibilidad en las estrategias de disuasión nuclear de ambas potencias. De este modo, hasta diciembre de 2020 se habían realizado 328 inspecciones in situ e intercambiado 21.293 notificaciones sobre sus respectivos arsenales estratégicos. Veamos, pues, los datos más recientes disponibles. A 1 de septiembre de 2020 ambas potencias nucleares cumplían escrupulosamente los límites establecidos en el Nuevo START: los Estados Unidos tenían en servicio 1.457 ojivas nucleares para un total de 800 vectores de lanzamiento, de los que solo 675 estaban en operativos al mismo tiempo, mientras que Rusia tenía 1.447 ojivas nucleares (10 menos que los Estados Unidos), 764 vectores de lanzamiento (36 menos), de los que solo 510 permanecían en estado operativo (165 menos) -los números anteriores correspondientes a marzo de 2020, están disponibles en la entrada ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A MARZO DE 2020, de abril de 2020-. Estos datos apuntan a que Rusia ha realizado una reducción más acusada que los Estados Unidos, tanto desde los números iniciales intercambiados en el momento de la entrada en vigor del tratado (5 de febrero de 2011) como desde también desde la fecha de entrada en vigor de los límites establecidos (5 de febrero de 2018) -véase la entrada DIEZ AÑOS DEL TRATADO DE ARMAS ESTRATÉGICAS: LA VISIÓN RUSA, de abril de 2020, y los datos más recientes que aportan Hans Kristensen y Matt Korda en “Russian Nuclear Weapons, 2021”, Bulletin of the Atomic Scientists núm. 2, 2021, pp. 90-108-.Pero esta conclusión puede resultar a priori engañosa, si no se tiene en cuenta, además del volumen de ojivas estratégicas no operativas y almacenadas, el volumen de las armas nucleares tácticas que mantiene activas (1.912) frente a la exigua cantidad de las que disponen los Estados Unidos: aproximadamente 350, de ellas una cantidad entre 130-150 desplegadas en Europa y Turquía -para el poderío nuclear americano véase LA FUERZA DE ATAQUE NUCLEAR DE LOS ESTADOS UNIDOS EN 2020, de mayo de 2020-. La posesión de este arsenal nuclear táctico o de teatro se basa en uno de los principios fundamentales de la estrategia nuclear rusa: la paridad con los Estados Unidos. En consecuencia, la parte rusa compensa sobradamente su aparente inferioridad en armas nucleares estratégicas con la posesión de un ingente arsenal nuclear táctico a disposición de los tres componentes de sus Fuerzas Armadas: Fuerzas Terrestres, Marina y Fuerzas Aeroespaciales -sobre la capacidad de ataque nuclear ruso LAS FUERZAS NUCLEARES DE RUSIA EN 2020, de mayo de 2020-. Es preciso recordar, además, que a pesar de que nueve Estados poseen armas nucleares, los Estados Unidos y Rusia continúan sumando el 92% de todas las armas nucleares existentes en el mundo -sobre la capacidad y disponibilidad del, controvertido para algunos, arsenal nuclear de la China comunista véase DE VUELTAS CON EL ARSENAL NUCLEAR DE CHINA: CUANDO LAS INVENCIONES RAYAN EL DISPARATE, de febrero de 2020-. Por ello, sigue resultando “tan sencillo” que Moscú y Washington se pongan de acuerdo en las reglas fundamentales de su posesión y uso, mediante la existencia de un régimen explícito. De este modo, como hemos dicho en repetidas ocasiones -véase más reciente PRUEBAS DE MISILES ESTRATÉGICOS, EJERCICIOS DE GUERRA NUCLEAR Y PRÓRROGA DEL TRATADO NUEVO START, de octubre de 2020-, el tratado Nuevo START es un acuerdo fundamental entre los Estados Unidos y Rusia, que crea normas obligatorias para ambas, forma parte del núcleo del régimen de estabilidad estratégica y cuya vigencia responde al interés nacional de las dos grandes potencias. Por eso, su mantenimiento, junto con el funcionamiento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, garantiza la paz y la seguridad internacionales, y su deterioro o, peor, su inexistencia, abriría la puerta a una nueva carrera de armamentos, facilitaría la escalada en las crisis, permitiría la creación de coalición de conveniencia inesperadas, no favorables para los intereses de cada una de ellas y, en última instancia, podría desembocar en un conflicto de proporciones incalculables

“The hanging tree”.

RUSSIAN ARCTIC DREAM

Cuando la mayoría de los países del mundo sufren una crisis sanitaria sin precedentes en el sistema internacional globalizado, que ya supera ampliamente el millón de muertos, la mayoría de las economías más avanzadas continúan en shock, el turismo está bloqueado a escala global y los regímenes democráticos occidentales se ven sometidos a una creciente crisis de legitimidad, interna y externa, las grandes potencias continúan su lucha por el poder, la influencia y la supremacía. Los Estados Unidos avanzan en su política de contención a la China comunista con sus principales aliados regionales: Japón, Australia e India, y a esta estrategia aplicarán los mayores esfuerzos políticos y diplomáticos y gigantescos recursos económicos en los próximos años. Su fortaleza ideológica y poderío económico auguran, en palabras de Friedman, un futuro “americano”, pero que no estará exento de conflictos y guerras. Por su parte, China tratará de mantenerse indemne en esta pugna, mientras continúa promoviendo su crecimiento económico interior, fortalece sus Fuerzas Armadas “para disputar y ganar guerras” y comienza a disputar espacios de influencia política que pueden atraer a más países del sistema global, como hemos visto en la reciente Cumbre de Anchorage (Alaska). El que China pueda convertirse en un modelo socioeconómico alternativo podía parecer, a priori, sorprendente, pero no solo no se puede descartar, sino que, además, es un escenario cada vez más probable. ¿Y qué hace el tercero en discordia? Moscú, consciente de que sus recursos son limitados, juega donde sabe que puede ganar, y donde surgen complicaciones, o el coste supera a los beneficios esperados, simplemente se retira -en la aplicación de una de las lecciones aprendidas de la Guerra Fría: no se puede asumir una política exterior de alto coste cuando los propios ciudadanos no disfrutan de un nivel de vida adecuado, porque se acaba lastrando el desarrollo económico interior-. Por eso, la Rusia postsoviética se concentra en el desarrollo nacional, en el “extranjero cercano” y en las áreas donde estima a priori que su intervención puede ser beneficiosa, puede resolver conflictos o le permitirá ganar influencia política o económica. Y los responsables políticos rusos saben que el país tiene un futuro esplendoroso en el Ártico, el cambio climático en esta región juega a su favor, y tienen un plan definido para el desarrollo del Norte y la explotación de sus recursos, que pasa por el control de la denominada Ruta Marítima del Norte y el océano Ártico. Para ello, Rusia goza de una ventaja estratégica decisiva: es el único Estado ribereño que controla los dos accesos al océano Ártico: el occidental, a través del mar de Barents, y el oriental, por el estrecho de Bering. Es precisamente en estas zonas donde está fortaleciendo su presencia, recuperando instalaciones y bases de la época de la Guerra Fría, construyendo otras nuevas y creando infraestructuras tan sorprendentes como la puesta en funcionamiento de central nuclear flotante en Pevek o la construcción de una nueva flota de gigantescos rompehielos atómicos, que permitirán mantener abierto prácticamente todo el año el océano Ártico a la navegación comercial. Las pruebas de navegación con buques de carga y rompehielos nucleares realizadas entre mediados de 2020 y principios de 2021 han permitido constatar esta posibilidad, probar los medios disponibles y planificar un futuro con un horizonte halagüeño para los intereses rusos. Por ello, un estudio de PWC (Londres) de 2019, que establecía el orden de las economías mundiales en 2050, mantenía a Rusia como la única potencia que no se movía respecto a su posición actual (6º lugar), mientras se producirá una variación completa en las otras nueve del top10 -en estas proyecciones las principales economías europeas, como Alemania, Reino Unido y Francia, descenderán a posiciones más allá del 10º puesto-. En una afirmación de poderío y capacidades, el 26 de marzo de 2021 por primera vez tres submarinos nucleares rusos emergieron de forma simultánea a través de la capa de hielo en un punto del área marítima de la Tierra de Francisco José -vídeo disponible aquí-. El presidente Vladimir Putin recibió el informe del comandante de la Armada rusa, el almirante Nikolay Evmenov: "Como parte de la expedición al Ártico, tres submarinos de propulsión nuclear emergieron de debajo del hielo en un espacio limitado con un radio de 300 metros por primera vez en la historia de la Armada rusa". Al mismo tiempo, dos aviones interceptores MiG-31BM realizaron por primera vez una misión sobre el Polo Norte, desde el aeródromo de Nagurskoye, en la isla de la Tierra de Alejandra, y realizando dos repostajes en vuelo para una misión que tuvo cinco horas de duración. Tres días después, dos bombarderos estratégicos Tupolev Tu-160 realizaron un vuelo de ocho horas sobre los mares de Barents y de Noruega escoltados por MiG-31BM y dos aviones de patrulla marítima de largo alcance Tu-142M hicieron lo propio en una misión de once horas sobrevolando los mares de Barents, Noruega y del Norte con escolta de cazas Su-33 durante algunas fases del vuelo -véase Thomas Nilsen: "Busy day for Russian military in the skies above Arctic", The Barents Observer, 30 de marzo de 20201-. Tales operaciones forman parte del ejercicio UMKA-2021 planeado y ejecutado por la Armada rusa en el Ártico -véase in extenso Igor Delanoë: "Oumka-2021: la Russie réaffirme sa posture de souveraineté en Arctique", Le portail des forces navales de la Fédération de la Russie, 31 de marzo de 2021-. Estas acciones demuestran la decisión del Poder político ruso de ejercer el control del Ártico y de que emplearán sus capacidades en la región en beneficio propio, compartiéndolos cuando lo estimen necesario y denegándolos cuando lo consideren preciso, en una reedición de la máxima morgenthauniana de la lucha por el poder y la paz.  

“Rasputin just dance”.

FRANCIA INICIA EL PROGRAMA DE RENOVACIÓN DE SU FUERZA NUCLEAR EMBARCADA

Las grandes potencias no son solo aquellos Estados con dirigentes instalados en bellas capitales que realizan declaraciones políticas en las que prometen un futuro pleno de paz y prosperidad, sino, sobre todo, las que se preparan para enfrentar las crisis, lo hacen de forma permanente, sus élites están decididas a actuar y cuando llega el momento son capaces de tomar decisiones autónomas, proteger a sus ciudadanos y garantizar la integridad del territorio frente a la agresión. Francia es una de esas grandes potencias que, por la ceguera e incapacidad política de sus dirigentes, que no fueron capaces anticipar los escenarios de futuro que se avecinaban, sucumbió en solo seis semanas ante el poder militar de una potencia revolucionaria, como era Alemania en 1940. Pero, a diferencia de otros gobernantes, los presidentes franceses desde de Gaulle en adelante aprendieron la lección y, desde entonces, son una potencia nuclear que garantiza y protege su seguridad, con unas potentes Fuerzas Armadas convencionales, preparadas y proyectables, y, sobre todo, con una fuerza de disuasión nuclear, denominada Force de frappe, preparada en todo momento para causar un daños de proporciones catastróficas a cualquier adversario que ponga en peligro su existencia como Estado independiente. Esta fuerza de disuasión nuclear se basa en cuatro submarinos nucleares lanzamisiles (SSBN) de la clase Le Triomphant, de la Force Oceánique Stratégique armados con misiles balísticos intercontinentales (SLBM) M51, dos escuadrones de aviones de combate Dassault Rafale F3 de las Forces Aériennes Strátegiques del Armée de l´Air y los Rafale-M de la Aviation Navale con capacidad para lanzar el misil de crucero ASMP-A con carga nuclear. Desde noviembre de 1972 un SSBN se encuentra permanentemente en patrulla en el mar, preparado para descargar un ataque nuclear bajo las órdenes del Presidente de la República. La existencia del arsenal nuclear y la voluntad de usarlo es lo que garantiza la inmunidad y, de rebote, le otorga un papel importante entre las potencias que deciden en los grandes asuntos internacionales, puesto que la condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad con derecho de veto es una reminiscencia de su poder anterior a la Segunda Guerra Mundial que el hábil dirigente político general de Gaulle fue capaz de arrancar a los Aliados en un momento de extrema debilidad nacional. El presidente Macron ya manifestó la continuidad de la disuasión nuclear francesa en su discurso en la École Militare de París el 7 de febrero de 2020 -véase la entrada UN DISCURSO PARA UNA NUEVA EUROPA QUE CHOCA FRONTALMENTE CON LA REALIDAD de abril de 2020- y las Fuerzas Armadas se preparan cotnniuamente para ello -véanse las recientes entradas “¡OH, HE VISTO UN LINDO GATITO!”, de junio de 2020, y OPERACIONES PÓKER Y MINOTAUR: PODERÍO DE ATAQUE NUCLEAR FRANCÉS DE LARGO ALCANCE de diciembre de 2020-. Para continuar dsiponiendo de estas capacidades, el 19 de febrero de 2021 la ministra de Defensa francesa, Florence Parly, presentó en el Centro de Pruebas Hidrodinámicas de la Dirección General de Armamentos (DGA), en Val-de-Rueil, en Normandía, el programa del futuro SSBN, que en el caso de Francia será de tercera generación y se denomina Sous-Marine Nucléaire Lanceur d´Engins 3e Génération (SNLE 3G). Se trata de un submarino nuclear de más de 150 metros de eslora y de 15.000 toneladas de desplazamiento en inmersión, equipado con un nuevo reactor nuclear y armado con 16 SLBM M51 mejorados, en el que se integrarán los sistemas más avanzados desarrollados por la industria militar francesa -en el programa participan más de 200 empresas lideradas por el consorcio formado por Naval Group y TechnicAtom-. Parly confirmó que “el SSBN de tercera generación será ligeramente más largo y pesado en comparación con el SSBN de la clase Le Triomphant, escuchará mejor y se defenderá mejor, será más silencioso: no será más ruidoso que un banco de camarones, lo que es absolutamente excepcional. Podrá mezclarse perfectamente con los sonidos ambientales del mar, lo que es una garantía de superioridad operativa”. La viabilidad del programa está garantizada por la Ley de Programa Militar (LPM) 2019-2025, que ha dotado la financiación necesaria para las fases iniciales de estudios de desarrollo, construcción de los primeros elementos del rector nuclear K22, adaptación de las infraestructuras de Naval Group, incluidos los astilleros de Cherburgo, y fabricación de algunas partes del casco hasta 2025 -sobre la LPM, véase la entrada PRIORIDADES ESTRATÉGICAS DE LA NUEVA LEY DE PROGRAMACIÓN MILITAR FRANCESA de agosto de 2018-. El programa SNLE 3G prevé la construcción de cuatro SSBN que entrarán en servicio a partir de 2035 y permitirán a la Marine nationale continuar manteniendo uno permanentemente en patrulla oceánica de combate asegurando con ello la vigencia de la disuasión nuclear francesa. Como escribió el entonces comandante de Gaulle: “Être grand, c´est soutenir une grande querelle” (Le fil de l´épée, 1932). 

“Déshabillez-moi”.

«AHORA ME VES»: LOS ESTADOS UNIDOS Y RUSIA ACUERDAN PRORROGAR EL TRATADO NUEVO START

Una de las primeras iniciativas en política exterior de la Administración Biden en cuanto tomó posesión el 20 de enero de 2021 fue retomar las negociaciones para la prórroga del Tratado de Limitación de Armas Estratégicas (Nuevo START), cuya vigencia concluye el próximo 5 de febrero de 2021, si antes no se alcanza un acuerdo para su extensión temporal. El 21 de enero una declaración oficial de la nueva Administración americana señaló que buscaría una prórroga por el período máximo de cinco años establecido en el propio tratado, debido a que el Nuevo START está “manifiestamente en el interés de la seguridad nacional de los Estados Unidos y tiene aún más sentido cuando la relación con Rusia es contradictoria”. Estas motivaciones fueron expuestas previamente por el nuevo Secretario de Estado, Anthony Blinken, durante la audiencia de su nominación. El 25 de enero de 2021 el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso confirmó que ya se habían iniciado los contactos para prorrogar el tratado. Un día después, el 26 de enero, los presidentes de los dos países acordaron durante su primera conversación directa la extensión del tratado hasta el 5 de febrero de 2026. De forma casi inmediata, la decisión se formalizó mediante el intercambio de notas diplomáticas entre ambos gobiernos, como establece el propio tratado. El Nuevo START, firmado por los presidentes Obama y Medvedev en Praga el 8 de abril de 2010, formaba parte de un conjunto de tratados internacionales, conocidos como “acuerdos de desarme” que pusieron fin a la Guerra Fría, y que conforman lo que los teóricos denominan el régimen de estabilidad estratégica. Estos acuerdos forman parte del núcleo del régimen de seguridad internacional que, junto con el monopolio del uso de la fuerza en manos del Consejo de Seguridad de la ONU, el gran Directorio mundial, garantizan la paz y la seguridad global. Para los Estados Unidos estos acuerdos fueron la máxima representación de su poder global durante la etapa de la hegemonía imperfecta (1992-2001) porque sirvieron para contener cualquier peligro o amenaza de conflicto a gran escala entre grandes potencias sin necesidad de tener que recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, incluso en sus formas más veladas de coacción. Por su parte, para Rusia fue, y sigue siendo, el reconocimiento de su condición de gran potencia, apoyada en su inmenso arsenal nuclear -los Estados Unidos y Rusia siguen poseyendo el 92% de las armas nucleares que existen- y, por tanto, le permite continuar participando en la creación de las normas internacionales. ¿Si no, qué significa ser una gran potencia? Por tanto, la destrucción de los acuerdos de desarme implica una quiebra grave en los mecanismos de seguridad existentes -régimen implícito-, promueve una carrera de armamentos que no interesa a ninguna de las dos partes y permite a terceras potencias aspirar a desempeñar un papel global, lo que va contra el mantenimiento del statu quo, y en consecuencia degrada la posición de hegemonía de las dos grandes potencias. Después de extinguirse el Tratado Misiles Antimisiles Balísticos (Tratado ABM) en 2002, el Tratado de Misiles de Alcance Intermedio (Tratado INF) en 2019 y el Tratado de Cielos Abiertos en 2020, el Nuevo START es el último tratado internacional que mantiene el régimen de estabilidad estratégica y su pérdida sería, reitero, una catástrofe en términos estratégicos, porque su mantenimiento sirve tanto al interés global como a los intereses nacionales de ambas grandes potencias. Esto en Moscú lo tienen claro. Sin embargo, durante en un determinado período (2018-2019) los responsables de la política de seguridad de la Administración Trump no lo tuvieron tan claro, ya que dejaron pasar el tiempo y juguetearon con ensoñaciones como un tratado trilateral que incluyera a la China comunista, lo que no tiene sentido simplemente con comparar los arsenales de cada uno de ellos, porque Rusia no quiere un nuevo actor que le dispute su influencia y porque China rechaza de plano cualquier acuerdo que limite el crecimiento de sus Fuerzas Armadas, ya claramente enfocadas a misiones más allá de sus fronteras. Está claro que esta situación fue provocada por el presidente Putin con su discurso ante la Asamblea federal en marzo de 2018 cuando sacó a la luz del público general las nuevas armas estratégicas rusas. ¿Tienen cabida en el Nuevo START? Estas discusiones nublaron el juicio, o al menos la capacidad de decisión, en Washington y cuando se dieron cuenta (mayo de 2020), ya era tarde, porque Moscú no iba a aceptar las condiciones que, en cada nueva reunión, creaban los negociadores americanos faltos más de rumbo que de mando. De este modo, las autoridades rusas optaron por abstenerse, esperando a la formación de una nueva Administración que no estuviera sin resuello como llegó la Administración Trump a diciembre de 2020. De este modo, Moscú simplemente suspendió la negociación. De este modo, Rusia no ha ganado solo una prórroga de un año, como propuso el presidente Putin el 16 de octubre 2020, sino una de cinco años; no incluye a China en ningún acuerdo, que no les interesa porque degrada su propia posición; y no se han tocado las armas nucleares tácticas, porque la parte rusa las necesita para equilibrar la balanza militar frente a China, las dos potencias nucleares europeas -Francia y Reino Unido- y el despliegue de los sistemas ABM americanos en Europa -recordemos las discusiones durante el abandono del Tratado INF en 2018-2019-. Moscú ha sabido controlar la ansiedad durante el proceso negociador, teniendo en cuenta que su máximo interés era, y es, prorrogar el tratado, y ha mejorado sensiblemente su posición de negociación que parecía muy debilitada a finales de 2019. Con el Nuevo START ampliado el sistema internacional global gana con el mantenimiento del régimen de estabilidad estratégica. Rusia puede seguir implementando su programa de modernización de la triada nuclear dentro de los límites definidos por su Programa Estatal de Armamentos 2020-2027, sin necesidad de dedicar más recursos, que necesitan imperiosamente para su desarrollo económico, a una costosa carrera de armamentos, reedición de la que tuvo lugar en los años noventa con el despliegue de los Euromisiles, etapa conocida como la segunda Guerra Fría. Y los Estados Unidos pueden concentrarse en su política de contención en Asia-Pacífico, con la retaguardia -la Zona Euroatlántica- pacificada. Un ejemplo de libro sobre el funcionamiento del balance de poder para los que siguen los postulados kissingerianos o un ejemplo extraordinario de funcionamiento del régimen para los seguidores de las teorías del régimen. 

“Now yo see me”.

ENTRADA EN VIGOR DEL TRATADO DE PROHIBICIÓN DE ARMAS NUCLEARES

El 22 de enero de 2021 entró vigor el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares una vez que se alcanzó el número suficiente de ratificaciones, cincuenta, para llevarlo a efecto. Este tratado internacional se firmó en el marco de las Naciones Unidas el 7 de julio de 2017, es el primer tratado de carácter multilateral que prohíbe completamente las armas nucleares, pero del que, paradójicamente, no forman parte ningún miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni ninguna potencia poseedora de armas nucleares, ni grande ni pequeña. Es más, el tratado se aprobó con el rechazo frontal de las grandes potencias y de los Estados miembros de la Alianza Atlántica –excepto Holanda que, una vez más, hizo gala de una incoherencia política difícilmente comprensible–. Las grandes potencias nucleares estaban cómodas con el régimen creado por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1 de julio de 1968, del que forman parte 190 países, y los acuerdos de desarme que pusieron fin a la Guerra Fría. Estos acuerdos redujeron el peligro de guerra nuclear entre ellas a umbrales manejables y, al mismo tiempo, les permitieron mantener la hegemonía militar global: cualquier adversario sabe que un ataque militar frontal contra una de ellas lleva aparejada, en el peor de los casos, una respuesta de proporciones devastadoras. En el otro lado, ha habido siempre un grupo de Estados vinculados al movimiento de los Países No Alineados que aspiraba a lograr la prohibición de las armas nucleares bien entendido que durante la Guerra Fría este movimiento fue espoleado por la Unión Soviética para servir a sus propios intereses de primacía mundial. Pero, cuando los Estados Unidos comenzaron a abandonar los acuerdos de desarme en la pasada década –véase la entrada LA RUPTURA DEL RÉGIMEN DE ESTABILIDAD ESTRATÉGICA Y LOS POSIBLES ESCENARIOS PARA EL FUTURO, de septiembre de 2019– este grupo espoleó, de nuevo, las ansias desnuclearizadoras del movimiento mundial de desarme ahora denominado “Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares”, lo que quedó reflejado de manera patente en la Conferencia del Revisión del TNP de 2015 que concluyó con un rotundo fracaso -la de 2020 ni siquiera se celebró debido a la pandemia de la COVID-19 y quizás es mejor que fuera así-. De este modo, los Estados débiles del sistema internacional global impulsaron una conferencia internacional en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas destinado a aprobar un órdago contra las grandes potencias: el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares. Es conveniente reflexionar sobre los impulsores de este tratado y sus motivos. De este modo, nos encontramos con un tratado multilateral, jurídicamente vinculante, pero que pertenece al género de los buenos deseos, puesto que su vigencia efectiva será la que quieran las grandes potencias: escasa o ninguna. De nuevo, corresponde al Directorio mundial establecer los mecanismos de concertación, bien mediante regímenes explícitos esperemos que sea así o de carácter implícito, que mantengan el monopolio de la creación de las normas del sistema internacional, el uso de la fuerza y la distribución del poder, porque es la forma más eficaz de garantizar la paz y la seguridad internacionales. 

“Jolene”

RUSIA TAMBIÉN ANUNCIA SU RETIRADA DEL TRATADO DE CIELOS ABIERTOS

El gobierno ruso ha tomado una decisión inevitable: la retirada del Tratado de Cielos Abiertos, también denominado simplemente Open Skies, firmado en Helsinki el 24 de marzo de 1992, y que hasta ahora permite a los treinta y tres países que forman parte del tratado realizar vuelos de inspección sobre el territorio de cualquiera de ellos bajo unas determinadas condiciones formales. Las autoridades rusas comunicarán oficialmente a las otras partes la fecha de retirada, a partir de cual contará el plazo de seis meses para hacerse efectiva -véase el comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en su sitio web-. Esta decisión es consecuencia de dos eventos: primero, la retirada efectiva de los Estados Unidos, anunciada el 21 de mayo de 2020 y formalizada el 22 de noviembre -véase nuestra entrada LA RETIRADA DE LOS ESTADOS UNIDOS DEL TRATADO DE CIELOS ABIERTOS, de junio de 2020-, y , segundo, que los Estados miembros de la OTAN que permanecen en el Tratado no hayan contestado a la solicitud de garantías requerida por Moscú de que la información obtenida con estos vuelos no sería compartida con Washington, debido a que como Estado que no forma parte del tratado no debería beneficiarse del mismo, mientras bloquea el acceso a las otras partes a su propio territorio. Pero debemos tener claro que la solicitud de Moscú era un deseo ilusorio, si vemos como se han comportado y actuado los dirigentes europeos ante la retirada de los Estados Unidos del Pacto Nuclear con Irán (JCPOA) en 2018, el Tratado de Misiles de Corto y Medio Alcance (Tratado INF) en 2019 -recordemos la declaración de moratoria unilateral de Moscú no contestada por la parte occidental- y el Tratado de Cielos Abiertos en 2020 -veáse la entrada PRUEBAS DE MISILES ESTRATÉGICOS, EJERCICIOS DE GUERRA NUCLEAR Y PRORROGA DEL NUEVO START, de octubre de 2020-. Es decir, mientras Washington desmonta el régimen de control de armas y no proliferación nuclear los dirigentes europeos se muestran como meros testigos silenciosos ante decisiones que han ido erosionando el régimen de estabilidad estratégica y, por tanto, poniendo en peligro la paz y la seguridad internacionales. Las decisiones de Washington sirven a sus intereses nacionales, pero, las de los europeos, ¿a quién sirve? En este sentido, en la macroconferecia anual del presidente Putin en Moscú el 20 de diciembre de 2020 respondió ante una pregunta de un periodista occidental: “los Estados Unidos se han retirado del Tratado de Cielos Abiertos. ¿Qué debemos hacer? ¿Que siga como hasta ahora? Entonces, ¿un país de la OTAN volará sobre nuestro territorio y transferirá todos los datos a nuestro socio americano, pero nosotros estaremos privados de esa oportunidad en relación con el territorio americano? Ustedes son personas inteligentes, ¿por qué creen que somos idiotas? ¿Por qué cree que no podemos analizar y mirar cosas tan elementales?”. De modo que la decisión rusa ya estaba tomada después de que el presidente hubiera realizado una ronda de consultas con el Consejo de Seguridad Nacional, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Estado Mayor General a finales de 2020, período en el que las autoridades rusas también decidieron aplazar las negociaciones sobre la prórroga del Tratado de Limitación de Armas Estratégicas (Nuevo START) hasta que tomará posesión el próximo presidente de los Estados Unidos. De este modo, el 13 de enero de 2021 el embajador ruso en Washington, Anatoly Antonov, declaró durante la celebración de un seminario telemático que el gobierno ruso estaba preparado para iniciar negociaciones con la nueva Administración americana en cuanto tome posesión el próximo 20 de enero. Y es que, en realidad, no queda otra opción, porque el Nuevo START es el último tratado de limitación de armas nucleares entre las grandes potencias y su vencimiento es inminente ya que se producirá el 5 de febrero de 2021, si no se toman decisiones inmediatas. Si pierde su vigencia, entramos en un período de ausencia de régimen de control de armas, sin reglas que moderen el conflicto, el deterioro del sistema internacional será rápido y la amenaza de la guerra se hará cada vez más patente, todo quedará fiado a la buena voluntad de las partes, que viendo como está el escenario internacional es bastante bajo, aunque mantenga su vigencia la regla de que los líderes de potencias nucleares tienen siempre comportamiento racionales cuando se trata de decidir sobre las opciones de una guerra.

“Go West”

EXPERIENCIA, TEMAS Y METODOLOGÍAS: LOS ESTUDIOS DE RELACIONES INTERNACIONALES DURANTE LA PRÓXIMA DÉCADA

Disertación presentada en el seminario de investigación del Doctorado de Estudios de Seguridad del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago de Chile el 13 de enero de 2021.

Los estudios de Relaciones Internacionales. Los objetivos de investigador y la finalidad de la investigación. ¿Existe un compromiso con la búsqueda de la verdad o solo el cumplimiento de la teoría a toda costa? El debate sobre las Relaciones Internacionales como ciencia. Los estudios de futuro y la prospectiva.

El debate de las escuelas. ¿Ha superado el ámbito teórico y se ha convertido en un campo de enfrentamiento ideológico? ¿Es probable el surgimiento de un nuevo paradigma en la disciplina relacionado con las tesis de un Nuevo Orden Mundial?

Los temas (topics) de la teoría de las Relaciones Internacionales: el poder, la influencia, el Estado, la cooperación y las Relaciones Internacionales. El poder nacional no es una cuestión de percepción: se basa en la geografía, la económica y el desarrollo tecnológico y el poder militar. El paradigma realista es el más potente entre las teorías de Relaciones Internacionales y sigue desarrollándose (aplicación de este paradigma en las diplomacias nacionales y de grandes potencias).

Las grandes potencias y el orden internacional. Equilibrio y estabilidad estratégica. ¿Desaparición del régimen de estabilidad estratégica? ¿Un nuevo enfrentamiento decisivo? La guerra en sus diferentes formas: guerra global, guerra híbrida, guerra irrestricta, guerras asimétricas, guerras comerciales, sanciones y bloqueos.

Los principales “problemas” durante la próxima década: ¿se mantendrá vigente el paradigma realista? ¿Estamos a las puertas de un nuevo paradigma revolucionario para comprender la nueva realidad internacional? ¿Un nuevo paradigma impone nuevos temas?

Nuevas tecnologías disruptivas modificarán la estructura internacional: la robótica, la inteligencia artificial , la nueva carrera espacial, las tecnologías blockchain aplicadas a la sociedad de la información, un sistema financiero global basado en medios de pago digitales, las criptomonedas y la desaparición del dinero físico, la energía de fusión, la desaparición del trabajo físico humano como base del desarrollo socioeconómico.

El impacto de estas tecnologías y cómo las sociedades acepten y apliquen los nuevos desarrollos determinará el nacimiento de nuevos modelos socioeconómicos. Esto plantea cuestiones fundamentales: ¿el modelo democrático está en crisis por inadaptación a las demandas que imponen las nuevas tecnologías? ¿Las empresas globales investidas con atributos de soberanía? ¿Dónde quedan las Organizaciones Internacionales? ¿Dónde estará la Unión Europea como ejemplo mundialmente único de la cooperación internacional?

La caída internacional de Europa con sus repercusiones políticas y económicas globales. La pugna entre la definición de grandes objetivos y altas expectativas europeas y las realidades nacionales e internacional no terminan de encajar. Creciente tensión entre las competencias europeas y nacionales. El impacto de la "generación de Erasmus" que llegará al poder tendrá consecuencias para la actuación de la Unión Europea (UE) en el ámbito de la seguridad internacional, donde se estará jugando según reglas absolutamente diferentes. La UE dejará de ser, a escala global, un modelo de integración supranacional.

América Latina aparece como uno de los grandes damnificados por la crisis del COVID-19, que ha agravado los problemas políticos, sociales y económicos preexistentes. Si estamos ante un nuevo orden mundial, un nuevo paradigma, pueden establecerse nuevos regímenes políticos, económicos, que no serán definidos por el mundo occidental. ¿El multilateralismo regional buscará nuevos referentes externos? ¿Es probable una subordinación imperial laxa a la China comunista? ¿Qué papel tiene América Latina en la nueva carrera espacial o en desarrollo de la robótica, en la inteligencia artificial o en los sistemas de intercambio de datos globales?

“Freedom”.