ENFRENTAMIENTO ENTRE OCCIDENTE Y RUSIA POR UCRANIA

En el número de julio/agosto de la revista Política Exterior se publica un artículo de Marck Fischer titulado “El desafío de Occidente en Ucrania y más allá”, en el que se afirma abiertamente la responsabilidad de Rusia en el deterioro del conflicto ucraniano y que el Bloque occidental –el autor no usa este término de forma expresa, pero realmente se está refiriendo a esta nueva entidad geopolítica- debe actuar por medio de su organización militar: la Alianza Atlántica. El texto de Fischer, que es Subdirector del German Marshall Fund en Europa, pone sobre la mesa una cuestión fundamental: ¿cómo una organización militar que estaba prácticamente agotada en el escenario estratégico de la sociedad internacional globalizada, adquiere una vigencia inusitada? Esta idea ha calado fuertemente en determinados dirigentes políticos europeos, los denominados “atlantistas”, que aspiran a recuperar la sensación de seguridad que la Alianza Atlántica otorgaba a los débiles Estados europeos de la posguerra mundial tutelados por los Estados Unidos, y todos ellos encabezados por Anders Rasmussen, Secretario General de la Organización, como veremos más adelante.

Es evidente que el sistema de seguridad europeo pasa por un momento complicado, porque ante la ampliación de las organizaciones europeas a sus mismas fronteras occidentales Rusia trata de recuperar como sea el cinturón de seguridad que estableció después de la Segunda Guerra Mundial. Porque una cosa es que los países de Europa Central y Oriental recuperen su soberanía plena y otra muy distinta es que las organizaciones de seguridad europeas se extiendan hasta las fronteras de Rusia. Como establece la vigente Doctrina Militar rusa de 2010 esto representa una amenaza manifiesta contra la seguridad nacional. Marck Fischer, y toda una pléyade de politólogos occidentales, acusan a Rusia de violar el statu quo de la posguerra fría al incorporar sin más dilación la península Crimea a la Federación el pasado mes de marzo. En el mundo académico se imponen las tesis que sostienen que estamos ante una “Rusia revisionista” que violenta el proyecto de una “Europa unida, libre y en paz”. Pero precisamente esa Europa plena se pudo alcanzar gracias al gran acuerdo con la Unión Soviética de Gorbachov que permitió la reunificación de Alemania y la liberación de los países de Europea Central y Oriental del imperio soviético. En ese acuerdo fundacional para una Europa Unida se encontraba el compromiso occidental de no extender las organizaciones militares europeas hasta las fronteras de Rusia, lo que se institucionalizó en el Acta Fundacional de las Relaciones OTAN-Rusia de 1997 con una declaración adicional de que este acuerdo estratégico “no puede en modo alguno menoscabar la eficacia política y militar de la Alianza, incluida su capacidad para cumplir su compromiso de seguridad con los miembros actuales y futuros”. Por eso, de forma interesada Fischer se pregunta: “¿dónde ha estado el error?”. Pues el error ha estado precisamente en no respetar ese acuerdo funcional, en extender la Alianza Atlántica hasta las mismas fronteras de Rusia, en proceder sin ningún pudor político a la desmembración de Serbia creando el Estado ficticio de Kosovo sin que respondiera a intereses nacionales de ninguno de los Estados europeos, en tratar de desestabilizar el equilibrio estratégico entre las grandes potencias nucleares con el anuncio de desplegar el sistema de defensa antimisiles a Polonia o Hungría, con la injerencia en la región del Cáucaso espoleando al gobierno georgiano para que actuara militarmente en las regiones separadas en 1991 de Abjasia y Osetia del Sur, que son protectorados militares de Rusia y, finalmente, alcanzando un acuerdo de asociación de la UE con Ucrania sin la anuencia previa de Rusia. Y esta cuestión es fundamental, porque no olvidemos que la UE de 2013 cuando se inició la crisis ucraniana que ha desembocado en la guerra civil actual, no es la de 2009, pues desde el 1 de diciembre de ese año comenzó a funcionar en el sistema comunitario la cláusula de defensa colectiva del artículo 42.7 del Tratado de la UE. En consecuencia, las elites dirigentes rusas perciben como una amenaza directa a la seguridad nacional la incorporación a la UE de países que hasta hace poco formaban parte del imperio ruso y soviético. A pesar de la propaganda aplastante a la que están sometidos los ciudadanos europeos, resulta evidente que el bloque occidental violentó el acuerdo uti possidetis europeo adoptado en el momento de la reunificación alemana. Pero es que ahora han dado un paso más, y han espoleado a los dirigentes golpistas de Kiev para que hagan una “guerra hasta el final” contra los rebeldes prorrusos apoyados a su vez por Moscú. El corolario es que la injerencia directa o indirecta de Rusia justifica la intervención de la Alianza Atlántica como supuesto garante de la paz y la seguridad en el continente.

El gobierno ruso lleva advirtiendo desde hace tiempo sobre el deterioro del sistema de seguridad europeo. Recordemos la intervención del Presidente Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007. Pero también ha demostrado que no está dispuesto a tolerar la injerencia occidental directa en su extranjero cercano como puso de manifiesto en el sometimiento de Georgia en la Guerra de los Cinco Días en agosto de 2008. Fischer habla de tibieza en la respuesta política occidental en ese momento, pero ¿y que tenía que haber hecho el Bloque occidental? El realismo político establece que la política exterior se rige por los intereses nacionales, y Europa no estaba dispuesta a un enfrentamiento directo con Rusia por Georgia. Nada más lejos de la realidad. Pero, ahora parece que los burócratas de Bruselas y los débiles dirigentes políticos europeos que gobiernan el sistema comunitario son partidarios del enfrentamiento con Rusia. El problema radica en que ignoran que Rusia continúa siendo una gran potencia económica y militar. A pesar de las sanciones occidentales impuestas a partir de julio de 2014 que han supuesto la fuga de unos 60.000 millones de dólares, la caída de un veinte por ciento de la bolsa de Moscú y la depreciación de un ocho por ciento del rublo frente al dólar, la economía rusa sigue creciendo por encima de la media europea, el déficit fiscal es escasamente de un 1,3 por ciento, la deuda pública representa un trece por ciento del PIB y las reservas de divisas ascienden a 486.000 millones de dólares. Como reconoce Fischer “las sanciones y las represalias son un juego en el que nadie sale ganando y el cálculo de su eficacia incluye factores políticos y económicos”. 

Si Rusia no puede ser considerada un socio “estratégico”, “ni de hecho un socio mínimamente fiable”, como escribe Fischer, entonces: ¿estamos abocados a una nueva guerra fría? O, como hemos dicho alguna vez, ¿es que la Guerra Fría nunca se fue? Es aquí donde hay que traer las declaraciones del Secretario general de la Alianza antes y después de la reunión del Consejo Atlántico de Newport los días 4-5 de septiembre de 2014. El día 27 de agosto el “belicista” Rasmussen manifestó: “creo que Rusia sabe que atacar a un Estado miembro sería cruzar la línea roja. Ese es el mayor valor de la Alianza. (…) Con esto no quiero decir que haya una amenaza inminente, sino que nuestro deber es actualizarnos continuamente y adaptarnos al nuevo entorno para seguir siendo creíbles y efectivos. Cuanto más fuerte sea nuestra determinación, menor será el riesgo de amenaza militar sobre cualquier aliado”. Para ello, anunciaba que la Alianza desplegará en un futuro próximo unidades militares de intervención rápida en los países limítrofes, pero esto ya lo habían hecho hace más de una década. De lo que se trataba es de seguir provocando a Rusia. Por eso enfatizaba que era el gobierno ruso “con sus actos” quien había pasado a tratar a la Alianza –aquí léase “Bloque occidental”- no como un socio sino como un adversario. Rasmussen le estaba diciendo a Kiev que, de alguna manera se integre en la Alianza Atlántica, es decir, con la protección de los Estados Unidos contra Rusia porque si solo forma parte de la UE tendrá la defensa automática de los Estados miembros, pero no la de los Estados Unidos. Bien es verdad que el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, puso algo de cordura en este debate cuando el día 4 de septiembre descartó la posibilidad de llevar a cabo “acciones militares, una guerra contra Rusia” por el conflicto ucraniano.

Sin embargo, en la Cumbre de Newport se han impuesto las tesis de los atlantistas que quieren devolver a la Alianza a su misión fundacional: garantizar la seguridad euroatlántica frente a la amenaza rusa. En concreto a Rusia se la acusa de “haber propagado el conflicto en Ucrania”. Para responder al clamor de los aliados de Europa Oriental frente a la acometividad rusa se ha aprobado un Plan de Acción para la Preparación que contempla el incremento de la presencia militar en Polonia y los países bálticos con ejercicios militares, el preposionamiento de material, el despliegue de sistemas de mando y control en bases militares de estos países y el reforzamiento de la Defensa Aérea del Báltico de la que se encargan desde 2004 de forma rotatoria las fuerzas aéreas de los Estados miembros de la Alianza. Y no contentos con ello, además, han decidido aprobar un fondo de quince millones de dólares para la reforma de las Fuerzas Armadas ucranianas, es decir, suministrar equipamiento militar a una de las partes en la guerra civil ucraniana -así lo reconocía expresamente el 8 de septiembre el Presidente Poroshenko y, aunque lo desmentían posteriormente los ministros de defensa de varios Estados miembros aludidos, el gobierno ucraniano insiste en que está recibiendo asistencia militar de la Alianza-. Precisamente de lo que se acusa a Rusia.  

Pero desde Washington las relaciones con Rusia se ven con otra perspectiva, más a escala global y a más largo plazo, por eso la solución al conflicto ucraniano pasa por un acuerdo con Moscú basado en el plan de paz de siete puntos propuesto por el Presidente Putin el 4 de septiembre que incluye negociaciones sobre el estatuto de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. Como dijo el Presidente ruso el 31 de agosto: “es urgente comenzar negociaciones sustanciales, pero no sobre temas técnicos, sino sobre cuestiones de la organización política de la sociedad y el modelo de Estado en el sureste de Ucrania”.

Llegados a este punto podemos considerar las opciones para resolver el conflicto ucraniano:

Primera, la normalización rápida de las relaciones con Rusia, lo que incluye el reconocimiento de la incorporación de Crimea a la Federación rusa, la existencia de una Ucrania sometida a la égida rusa y el reconocimiento de una zona exclusivamente rusa en el espacio postsoviético. 

Segunda, la integración plena de Ucrania en las organizaciones occidentales, lo que implica el deterioro permanente de las relaciones con Rusia y un esfuerzo económico de grandes proporciones debido a la desastrosa situación financiera en la que se encuentra sumido el gobierno de Kiev.

Tercera, la partición de Ucrania. Las provincias orientales de mayoría rusa se incorporarían a Rusia como nuevos sujetos de la Federación y la parte occidental del país quedaría formalmente independiente pero dentro de la UE y la Alianza Atlántica.

Como dice correctamente Fischer al final del texto: “en el centro del enfrentamiento entre Occidente y Rusia hay una cuestión de percepción de la voluntad política”. Y la voluntad política de una y otra parte es clara. Como titulábamos en una de las entradas del blog del mes de marzo de este año: “Crimea es rusa”.  ¿Acaso alguno de los dirigentes europeos está dispuesto a respaldar con fuerzas militares una declaración del tipo “Ucrania es europea”? Mientras tanto el Subsecretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Mijail Popov, declaró el 2 de septiembre de 2014 que se revisará la Doctrina Militar de 2010 antes de final de año debido a las nuevas amenazas que han surgido a la seguridad nacional: “no cabe duda de que la aproximación de la infraestructura militar de los países miembros de la Alianza Atlántica a las fronteras rusas, en particular mediante la ampliación del bloque (sic), se mantendrá como uno de los riesgos militares exteriores para la Federación de Rusia”. Aunque expertos militares se han adelantado a aclarar que “no incluirá aspectos sobre ataques nucleares preventivos y los probables enemigos”… Pero, ¿qué esperaban, señores de Bruselas? La cuestión no es la amenaza nuclear localizada, que es lógica sobre todo hacia los países bálticos, sino que se crean superiores a los toscos dirigentes rusos y de nuevo calculen mal dejándose arrastrar por la irracionalidad del torpe. Pero finalmente nadie irá a la guerra por Ucrania, eso lo saben todos, la UE, los Estados Unidos, Rusia y hasta la misma Ucrania.
Referencia bibliográfica completa: Fischer, M.: “El desafío de Occidente en Ucrania y más allá”, Política Exterior (Madrid) núm. 160, julio/agosto de 2014, pp. 72-84.

Para ti, porque hay cosas se escapan a las palabras...

"LA CLÁUSULA DE DEFENSA COLECTIVA DEL TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA ANTE EL CONFLICTO DE UCRANIA"


Título del ensayo de mi autoría publicado el día 29 de septiembre en el sitio web de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile en el que se analizan las obligaciones impuestas por el Tratado de la UE a los Estados miembros en caso de agresión a uno de ellos y la situación actual que se plantea con una Ucrania inestable y una Rusia que aspira a imponer sus propios intereses de seguridad en una zona que es absolutamente prioritaria para su seguridad nacional. El ensayo comienza como sigue:

“El establecimiento de sanciones financieras, de defensa y petroleras a Rusia por los Estados Unidos y, singularmente, por la Unión Europea (UE) estaba claro que no iba a quedar sin respuesta por parte de Rusia. Es más, pensar lo contrario raya en la ingenuidad más absoluta propia de algunos dirigentes de pequeños Estados europeos y de los burócratas de Bruselas. De hecho, algunos de estos enfatizaron amargamente que la aprobación de represalias comerciales por parte de Rusia el día 7 de agosto de 2014 estaba “políticamente motivada”. Lo cual es evidente, porque precisamente las gravosas sanciones aprobadas por el Consejo de la UE que se publicaron en el Diario Oficial de la UE el 31 de julio de 2014 eran exactamente eso: medidas políticas como respuesta a “las acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania”. De hecho, frente a las veleidades de los dirigentes europeos, tanto el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov como el Primer Ministro Dmitri Medvédev han anunciado que el gobierno ruso prepara nuevas medidas de represalia contra los Estados Unidos y la UE si estos recrudecen las suyas. Y es que seguimos en la misma situación de impotencia política que asume voluntariamente la UE, es decir, el Directorio europeo, y cuya manifestación perfecta es el clamoroso silencio del gobierno alemán ante la implicación de occidentales y rusos en la guerra civil ucraniana. Sin embargo, las consecuencias que puede tener la implicación europea en dicho conflicto y, más aún, un eventual enfrentamiento político con Rusia no querido por nadie, son gravísimas. La posición de la UE ahora no puede ser la misma que la que hace unos pocos años, porque el sistema europeo de seguridad cambió a finales de 2009 con la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea (TUE) y, más concretamente, con la introducción de la cláusula de defensa colectiva del artículo 42.7. En ese momento nos planteamos la siguiente cuestión: la UE tiene veintisiete Estados miembros, algunos bastante díscolos que comparten frontera con Rusia: ¿no se encontrarían la UE y los Estados miembros ante una situación comprometidísima si Rusia actuara en el Báltico o Europa oriental como había hecho en Georgia en el verano de 2008? También, en esos momentos, afirmamos que se había producido la comunitarización de la seguridad colectiva europea. Pues bien, la situación de guerra civil en la que se encuentra sumida Ucrania y en la que están interviniendo indirectamente potencias extranjeras ha puesto de nuevo sobre la mesa el debate sobre la seguridad europea: por un lado, los que sostienen la existencia de un sistema de defensa europeo autónomo y, por otro, los que quieren mantener las estructuras de seguridad de la Guerra Fría a toda costa, esto es, el mantenimiento de la Organización del Pacto Atlántico (OTAN) frente a una Rusia que ya no está acorralada por nadie porque puede esperar años a que Kiev o sus aliados se sometan o imponer un nuevo presidente. (…)”.

A ti, que guardas mis noches y anhelas mis días.

"EL EMPLEO DE LOS ROBOTS EN LOS CONFLICTOS ARMADOS DEL SIGLO XXI: CONSIDERACIONES GENERALES"

Este es el título del artículo recién publicado en la revista Política y Estrategia, publicación especializada de referencia de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos del Ministerio de Defensa Nacional de Chile. En él presento una categorización de estos novísimos sistemas de armas, tales como robot, droide, androide, UAS, UCAS, así como una visión de la aviación de combate del futuro con inteligencia artificial, la robótica terrestre y la interacción entre la máquina y el hombre en el campo de batalla del futuro, para terminar con una reflexión teórica sobre el uso de la robótica en combate y las leyes de la guerra en conexión con el Derecho Internacional Humanitario. En la parte final se incluyen sesenta referencias bibliográficas y documentales para aquellos especialistas interesados en la temática de las guerras del futuro:

Referencia bibliográfica completa: “El empleo de los robots en los conflictos armados del siglo XXI: consideraciones generales”, Política y Estrategia núm. 123, enero-junio 2014, pp. 55-83 (ISSN: 0716-7415).
Texto completo disponible en: http://www.anepe.cl/publicaciones/resumen-de-articulos-revista-n%c2%ba115/

LA UNIÓN EUROPEA ADOPTA MEDIDAS RESTRICTIVAS POR LA IMPLICACIÓN DE RUSIA EN LA GUERRA CIVIL EN UCRANIA


El Consejo de la Unión Europea, reunido en Bruselas, ha decidido imponer a Rusia sanciones financieras, prohibición de venta o suministro de todo tipo de armas y equipos de defensa, incluidos productos y tecnologías de doble uso, así como productos y tecnologías destinados a la industria petrolera en aguas profundas, en el Ártico o al shale-oil, que se aplicarán a partir del 1 de agosto de 2014, es decir, se aplicarán a los nuevos contratos, no a los que se encuentran actualmente en vigor, como es el caso del contrato por valor de 1.200 millones de euros por el que los astilleros estatales franceses de la DCN en Saint Nazaire, norte de Francia, están terminando de construir dos grandes buques portahelicópteros para la Armada rusa, con entregas previstas para finales de 2014 y 2015 respectivamente. Estas medidas se han materializado en dos actos jurídicos del Consejo:   

La Decisión 2014/512/PESC del Consejo, de 31 de julio de 2014, relativa a medidas restrictivas motivadas por acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=OJ:JOL_2014_229_R_0003&from=ES

El Reglamento (UE) n° 833/2014 del Consejo, de 31 de julio de 2014, relativo a medidas restrictivas motivadas por acciones de Rusia que desestabilizan la situación en Ucrania: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=OJ:JOL_2014_229_R_0001&from=ES

El Consejo afirma que toma estas decisiones “habida cuenta de la gravedad de la situación” porque “las acciones de Rusia desestabilizan la situación en Ucrania”, esto es, no se atreve a calificarlo como una guerra civil en la que están interviniendo, además, indirectamente potencias extranjeras. Pero como los miembros del Consejo consideran que la adopción de estas medidas por sí mismas no son suficientes, “la Unión animará a terceros países a que adopten medidas restrictivas similares a las que figuran en la misma” (artículo 5 de la Decisión 2014/512/PESC).

Los dirigentes europeos están cometiendo el error, gravísimo, de intentar acorralar a Rusia, lo que solo servirá para acrecentar su sentimiento de inseguridad. De hecho, la Guerra Fría surgió por ese motivo, solo que en Occidente los responsables de la política exterior americana promovieron la idea de la supuesta agresividad soviética y la inminencia de la revolución mundial de la mano de un Ejército Rojo de doce millones de soldados. Pero ¿cómo podía plantearse siquiera esta idea si la Unión Soviética acababa de perder veintiséis millones de ciudadanos en la guerra contra Alemania? Eso le costó a Europa la división política y estratégica durante cuarenta años. Ahora, los dirigentes europeos y los burócratas de Bruselas practican el peligroso juego de amenazar a un gran poder militar, pero, es evidente que Washington está detrás de estas medidas, como también lo ha estado al alentar al (des)gobierno de Ucrania a romper con Rusia, por las buenas o por las malas, aplicando el principio fundamental del equilibrio de poder: cercar al potencial oponente antes de que se convierta en una amenaza real. ¿Quién dijo que había llegado “el fin de la historia”?

LAS FUERZAS NUCLEARES ESTRATÉGICAS DE RUSIA DE NUEVO EN ALERTA


El Mando de las Fuerzas Coheteriles Estratégicas de Rusia (RVSN) puso en alerta de combate diez regimientos dotados de cohetes estratégicos Topol, Topol-M y Yars. Además de la activación en ejercicio de combate de los silos de misiles, las unidades de cohetes estratégicos móviles abandonaron sus instalaciones permanentes para ocupar posiciones de despliegue operativo en territorios que abarcan los Distritos Militares Occidental y Central (desde la Rusia europea a la Siberia oriental). Este despliegue se mantendrá durante treinta y dos días, según informó el portavoz de las RSVN, coronel Igor Yegorov. Pocos días después, el 16 de julio las fuerzas navales de la Flota del Pacífico iniciaron unas maniobras destinadas a comprobar la disposición para el combate de las armas nucleares.   
Medios de comunicación rusos establecen una relación directa entre la activación de las Fuerzas Nucleares Estratégicas y la tramitación por el Congreso americano de la Ley 2.277, denominada sobre la prevención de la agresión de Rusia en 2014, que impone al Presidente la obligación de presentar un plan para “prevenir la agresión de Rusia” en el plazo de un mes (así se detalla en http://sp.ria.ru/revista_de_prensa/20140710/160741402.html).
Sin embargo, en lo que resta de año las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia tienen programados ciento veinte ejercicios de mando, entrenamiento y tácticos. Además, se realizarán doce lanzamientos de cohetes estratégicos para validar los sistemas de combate en servicio y nuevas cargas de combate (http://sp.ria.ru/Defensa/20140602/160298595.html).
Hace dos meses, en concreto el 8 de mayo, el Presidente Putin dirigió un ejercicio de mando y control de guerra nuclear que implicó a todos los componentes de las Fuerzas Nucleares Estratégicas. Durante las maniobras, se dispararon cohetes estratégicos basados en tierra, dos cohetes estratégicos desde sendos submarinos en inmersión de las Flotas de Norte y del Pacífico y misiles desde bombarderos de la Aviación de Largo Alcance. Al mismo tiempo, las Fuerzas de Defensa Aeroespacial respondieron a un ataque nuclear contra el territorio de Rusia. En un informe al Presidente, el Ministro de Defensa, Sergei Shoigú confirmó “la alta disponibilidad operacional de las Fuerzas Nucleares Estratégicas” (http://sp.ria.ru/Defensa/20140508/160002317.html). El Presidente Putin enfatizó que “todos hemos tenido la oportunidad de corroborar la alta preparación y coordinación de las potencias ofensivas y defensivas de nuestro país. (…) Las Fuerzas Armadas son el mejor garante de la soberanía y la integridad de Rusia y juegan un importante papel a la hora de garantizar la seguridad regional y global”.

“PERMÍTANME QUE ME APOYE EN MI INTUICIÓN”

El Alto Mando militar soviético lanzó a finales de junio una ofensiva militar definitiva en el Frente del Este en coordinación con los Aliados occidentales, que desembarcaron en las costas del Norte de Francia el 6 de junio; el objetivo era la derrota militar total de Alemania. Sin embargo, Stalin esperó hasta el 22 de junio para el inicio de la ofensiva oriental, y la fecha no fue casual: justamente tres años antes los Ejércitos alemanes habían descargado un golpe demoledor a la Unión Soviética con “Operación Barbarroja”, y que solo el durísimo invierno de 1941 impidió que alcanzara el objetivo de la toma de Moscú, de hecho las tropas alemanas se quedaron a las mismas puertas de la ciudad. El 22 de junio de 1944 tres Ejércitos soviéticos formados por ochenta y nueve divisiones con más de cuatro mil carro de combate atacaron de lleno la parte más débil del despliegue alemán en el frente oriental. Cuando la noticia llegó a Hitler en el refugio de Berchtesgaden, exclamó: “Permítanme que me apoye en mi intuición”. Durante varios días el OKW esperó la ofensiva principal soviética en el sur de Ucrania. Sin embargo, en pocas semanas el Grupo de Ejércitos Centro del mariscal Busch compuesto por treinta y ocho divisiones dejó de existir como fuerza organizada de combate y lo único que pudieron hacer las tropas alemanas fue retroceder de forma ordenada continuamente. La ofensiva soviética, denominada “Operación Bagration”, no concluyó hasta la toma de Berlín el 8 de mayo de 1945. Y setenta años después, las mismas tierras se hallan sometidas al azote de la guerra por el poder y la influencia de las grandes potencias. Por eso resultan cuando menos llamativas las declaraciones políticas del Secretario general de la Alianza Atlántica Anders Rasmussen cuando esta semana advierte a Rusia de las consecuencias negativas del despliegue militar y los ejercicios que desarrollan las Fuerzas Armadas rusas en su frontera occidental. Rasmussen, pero también el resto de dirigentes occidentales, se quejan desde la impotencia , porque nadie quiere una guerra mundial y Moscú lo sabe. Por Ucrania nadie va a hacer nada pero el temor de los países bálticos es creíble y justificable.

"GOBERNABILIDAD Y SEGURIDAD EN AMÉRICA LATINA: DESAFÍOS DEL SECTOR DEFENSA"

Este es el título del libro editado por los profesores Dr. Cristián Garay Vera, C., Dr. Luis V. Pérez Gil, y Ma. Valeska Troncoso Zúñiga, publicado por el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, dedicado a los desafíos que afronta en el presente decenio el sector de la defensa en la región de América Latina. El objetivo del proyecto editorial que se inició a finales de 2010 era “proveer nuevos análisis acerca de cómo estamos transitando desde la unipolaridad a la multipolaridad, y cómo los enfoques sistémicos proveen de una visión más amplia.
En segundo lugar, esas transformaciones no pueden ignorar la historia. En esta región del mundo la Defensa entra de modo tangencial, no directo, en el ámbito de la Defensa, como efecto de debilidades institucionales y estructurales de los Estados americanos. Es un "subsidio" tradicional en la región, que se reitera cada vez que hay catástrofes, pero que adquiere mayor entidad cuando las propias autoridades civiles se refieren a sus Fuerzas Armadas como multipropósito, fuentes de apoyo logístico, de disciplina y versátiles, entre varios atributos corrientemente citados, que las hace más visibles en lo público que en los noventa.
Por otro lado, los problemas de la gobernabilidad son una materia pendiente. Surgió precisamente de la necesidad de contemplar los estudios de seguridad y defensa en contexto con las Ciencias Sociales, y no fuera de ella o simplemente autónomos. La gobernabilidad permite hacer una lectura del Estado débil y de cómo las Fuerzas Armadas son una herramienta dentro de la panoplia de recursos estatal.” (pp. 5-6).
El libro, que tiene una extensión de 387 páginas, se estructura en una Introducción, cuatro apartados temáticos que llevan por título “El escenario estratégico”, “Los nuevos conflictos”, “Los compromisos estratégicos” y “Las Fuerzas Armadas y su contribución al desarrollo”, en los que se recogen  diecisiete ponencias de otros tanto autores especialistas en temas de seguridad y defensa, y Bibliografía final. 
Los especialistas que firman estos trabajos son (por orden de entrada): Antonio Canale-Mayet Martin, Alejandro Olivares Lavados, Hernán L. Villagrán, Ricardo Pereira Cabral, Rafael Rincón, Olga Lepijina, Mariano Bartolomé, Miguel Jaramillo-Jassir, Miguel Ortiz Sarkis, Viviana García Pinzón, Arturo Fuenzalida, Carolina Sampó, Miguel M. Benito Lázaro, Cristián Faundes, Guillermo Carrasco y Sergio Molina Monasterios
 
En el mismo, se incluye mi ensayo "Cooperación y conflicto en la sociedad internacional globalizada. Una visión desde la potencia hegemónica en retroceso", pp. 75-89.
 
Referencia bibliográfica completa: Garay Vera, C., Pérez Gil, L. y Troncoso Zúñiga, V. (eds.): Gobernabilidad y seguridad en América Latina: Desafíos del sector Defensa. Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago de Chile. Santiago de Chile, 2014, en https://www.academia.edu/36590337/Gobernabilidad_y_Seguridad_en_America_Latina_Desaf%C3%ADos_del_Sector_DefensaLIBRO_Gobernabilidad_Seguridad_Defensa_VERSION_FINAL_pdf

El documento original fue publicado en: http://seguridadcondemocracia.org/administrador_de_carpetas/biblioteca_virtual/Gobernabilidad_y_Seguridad_Defensa_en_AL.pdf


¡ Esta es la entrada 200 del Blog ¡ Y seguimos adelante, siempre con nuestro lema: “Contemplando el centro de la Historia”
Para ti, escuetamente, dulcemente…