RUSIA Y LA ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DE SEGURIDAD COLECTIVA

La Doctrina Militar de Rusia aprobada por el Presidente Medvédev el 5 de febrero de 2010 refuerza la idea permanente de las elites rusas sobre la necesidad de un espacio de seguridad más allá de sus propias fronteras. Por ello, en el Documento se considera fundamental la cooperación militar con las repúblicas ex-soviéticas de Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán, cooperación que se implementa a través de dos vías: mediante tratados bilaterales con cada una en los sectores más diversos (economía, finanzas, industria, cooperación y seguridad) o con acuerdos entre grupos de países, proceso que Rusia focaliza en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). El fundamento de esta cooperación es que Rusia no tolera la injerencia de potencias ajenas en el espacio territorial de la antigua Unión Soviética, incluida el Asia central.
El Tratado de Seguridad Colectiva se firmó el 15 de mayo de 1992 con el objetivo de combatir las amenazas comunes con un período de vigencia de cinco años prorrogables. El art. 4 del Tratado establece que “en caso de un acto de agresión contra cualquier Estado participante en el Tratado, los demás Estados le brindarán la ayuda necesaria, incluida ayuda militar, y le prestarán apoyo a partir de los medios disponibles y conforme al derecho a la defensa colectiva refrendado en el artículo 51 de la Carta de la ONU”. Al mismo tiempo se establece un mecanismo de consultas en caso de amenazas a la seguridad, la integridad territorial o la soberanía (art. 2 del Tratado). Entre los Estados firmantes se encontraban Azerbaiyán y Georgia que se retiraron posteriormente. Durante la celebración la celebración de la 10ª Sesión del Consejo de Seguridad Colectiva en Moscú el 14 de mayo de 2001 los Estados miembros acordaron la creación de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y el 7 de octubre de 2002 se firmaron en Chisinau el Estatuto y el Acuerdo sobre las Reglas Jurídicas de la OSTC. Durante largo tiempo, la OSTC ha sido considerada como una organización vacía de contenido más allá de las declaraciones de buenos deseos de Moscú, en palabras de Lukiánov, un “club de amigos de Rusia” sin adquirir obligaciones concretas (declaraciones disponibles aquí
).
Sin embargo, el escenario estratégico que se abrió en el Asia Central tras la irrupción militar de los Estados Unidos en 2001 potenció un renovado papel para esta estructura político-militar como instrumento de control y contrapoder de Rusia en la región y hoy en día ha sido reconocido como actor de interés por la ONU y la Alianza Atlántica
. Las relaciones con la Alianza Atlántica son complejas debido al entrecruzamiento de intereses globales y regionales entre sus respectivos Estados miembros, dominadas por las respectivas potencias rectoras. Las relaciones con la ONU son más fluidas porque, sencillamente, son menos exigentes en términos estratégicos: ¿quién podría excluir la cooperación en materia antiterrorista o en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, o un genérico apoyo a la paz y a la seguridad internacionales?
Para potenciar los mecanismos de seguridad colectiva frente a una agresión el 4 de enero de 2009 los Estados miembros acordaron la creación de una Fuerza Colectiva de Reacción Rápida. En el documento firmado en Moscú se enfatiza que esta fuerza militar se utilizará para rechazar cualquier agresión dirigida contra los Estados miembros, operaciones contra el terrorismo, el extremismo, el crimen organizado transnacional y el narcotráfico, así como en situaciones de desastre natural y catástrofes industriales.
Más allá de esta región Rusia mira al Asia-Pacífico como un espacio geoestratégico clave, lo que es inevitable como consecuencia de su pertenencia a la región y la necesidad de desarrollo económico de Siberia y del Extremo Oriente ruso. Para contener las aspiraciones chinas, Rusia ha tratado de impulsar el foro regional de la Asociación de Países de Asia Suroriental sobre la seguridad (ASEAN) y la Organización de Cooperación de Shanghai, creada a iniciativa de Rusia y que integra además a China, Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán. Las fluidas relaciones políticas con China y la India han mejorado sustancialmente los intercambios comerciales en particular en materia tecnológica e industrial. Mención especial requieren los acuerdos institucionales y de cooperación con China, tras la entrada en vigor del Acuerdo Adicional sobre la Frontera Estatal Común de 2005, por el que se superaron los contenciosos territoriales pendientes, acuerdos que se extienden a la cooperación militar, los ejercicios conjuntos los intercambios económicos que ya superan los 30.000 millones de dólares, y la construcción de redes de transporte de energía. En el ámbito político, destaca la Declaración Conjunta sobre el Orden Mundial del Siglo XXI formulada en 2004 que pone de manifiesto la existencia de intereses comunes en los problemas claves de la sociedad internacional y para la formación de un "orden internacional justo y responsable". En lo que atañe a la cooperación industrial-militar, el Director del Centro de Análisis de Comercio Mundial de Armas, Igor Korotchenko, informó recientemente que Rusia suministrará a China en los próximos tres años armamento y equipo militar por un valor de 1.300 millones de dólares. Hay que recordar que las exportaciones de armamento ruso a China alcanzaron en el período 2002-2009 los 14.055 millones de dólares (información disponible en Ria-Novosti
).
Véase el sitio web de la OTSC.

... Y ESTALLÓ LA GUERRA

El 18 de marzo aviones de combate y de alerta temprana (AWACS) franceses comenzaron a operar sobre el espacio aéreo de Libia efectuando ataques aéreos contra medios terrestres de las fuerzas militares del régimen de Gadafi. El día 19 de marzo barcos de guerra americanos y británicos lanzaron un ataque masivo con 110 misiles de crucero para destruir sistemas antiaéreos e instalaciones militares y, de esta manera, degradar, los sistemas de defensa aérea libios, la única amenaza plausible para los aviones de la coalición ad hoc. La pregunta que formulamos al inicio de las acciones aéreas internacionales -¿atacarán también a las fuerzas rebeldes cuando con sus acciones pongan en peligro a la población civil?- ya tiene respuesta. La forma de llevar los ataques pone de manifiesto que no nos encontramos ante acciones militares individualizadas, sino ante una operación militar internacional a gran escala para derribar al régimen de Gadafi, lo que está fuera del mandato de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad.
La determinación de las potencias occidentales de acabar con el régimen libio ha causado estupor en Moscú. Así, el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Duma, Konstantin Kosachov, ha declarado que la decisión de Occidente demuestra "con qué fin preciso Francia y Gran Bretaña, y los que están con ellos, manifestaron tanta preocupación con los acontecimientos en Libia (...) Si de lo que se trata es de proteger a la gente, entonces ahora deberían hacer una pausa, pararse y observar cuán seria es esta declaración de alto el fuego y si a esta declaración le siguen hechos concretos". Para Kosachov, "si esto no ocurre, querrá decir que la intención no es ayudar a la gente sino derribar el régimen". En consecuencia, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia ha pedido que cesen los ataques "indiscriminados" contra Libia y recuerda que Moscú "se pronuncia tajantemente en contra de utilizar el mandato de la ONU (Resolución 1973 del Consejo de Seguridad), cuya aprobación constituyó un hecho bastante ambiguo, para conseguir objetivos al margen de sus cláusulas, que se limitan a la protección de la población civil".(http://sp.rian.ru/neighbor_relations/20110320/148554190.html). Por su parte, el Ministerio de Asuntos exteriores chino ha realizado un llamamiento al cese de los ataques y al respecto de la soberanía e integridad territorial libia (http://sp.rian.ru/international/20110322/148566709.html).En términos similares se ha expresado el Secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, que estima que "lo que está ocurriendo en Libia difiere del objetivo de imposición de una zona de exclusión aérea, lo que queremos es la protección de la población civil no el bombardeo de más civiles." (http://www.lemonde.fr/).
Quizás por ello, el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de los Estados Unidos, almirante Michael Mullen ha declarado que el derrocamiento del régimen político vigente no es objetivo de la intervención en Libia (http://www.defense.gov/news/newsarticle.aspx?id=63230).
El Derecho Internacional no autoriza a las Naciones Unidas ni a una coalición de Estados miembros a intervenir en los asuntos internos de ningún Estado; el art.2.7 de la Carta lo prohíbe expresamente, salvo que el Consejo de Seguridad estime que el asunto interno es un quebrantamiento de la paz internacional en cuyo caso puede actuar. En la crisis de Libia el Consejo de Seguridad ha recurrido al argumento de la ayuda humanitaria para intervenir en la guerra civil libia. En realidad, lo que está ocurriendo es que el Directorio está actuando ultra vires y esto es lo verdaderamente grave, porque nos encontramos ante una intervención absolutamente ilegal ejecutada en nombre del Derecho Internacional Humanitario, como si tuviese algo que ver.

Para seguir el despliegue militar: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/graficos/mar/s1/fuerzas_armadas_libia.html

PRESIDENT AT WAR...

El Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 1973, de 17 de febrero de 2011, en aplicación del Capítulo VII de la Carta por la que autoriza a los Estados miembros a adoptar las medidas necesarias para "proteger a los civiles y las áreas pobladas por civiles que están bajo ataque en Libia " e impone una zona de exclusión aérea en Libia que se extiende a vuelos militares y civiles (disponible en http://www.un.org/spanish/docs/sc/). La Resolución fue aprobada por diez votos a favor y cinco abstenciones, entre éstas los votos de Rusia, China, India, Brasil y Alemania...
Con la aprobación de la Resolución del Consejo de Seguridad y aprovechando la presencia en Madrid del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado el 18 de marzo de 2011 que España participará en la aplicación las medidas coercitivas contra Libia. El Presidente ha enfatizado que "en definitiva, la determinación de la comunidad internacional es inequívoca. Por eso hoy hago un llamamiento al régimen de Gadafi para que cese radicalmente el uso de la violencia contra su pueblo y de paso, tras abandonar el poder (sic), a un cambio democrático en Libia" (http://www.la-moncloa.es/Presidente/Intervenciones/ConferenciasdePrensa/2011/prrp20110318.htm). Para ello ha solicitado al Parlamento la autorización para que las Fuerzas Armadas españolas puedan participar en una intervención militar en el espacio aéreo y marítimo de Libia y ha ofrecido a la coalición ad hoc que se forme una contribución importante por parte de España. En concreto, el Presidente informó que se otorgará permiso a los Estados Unidos para la utilización de las bases conjuntas de Rota y Morón conforme a los Acuerdos de Defensa bilaterales y ofrecerá a la Alianza Atlántica medios navales y aéreos para las operaciones militares. Bien entendido que el gobierno descarta que la intervención militar implique, en ningún caso, el despliegue de tropas en el territorio de Libia -lo que debe entenderse como territorio terrestre porque una intervención naval y aérea supone per se la entrada en el espacio marítimo o aéreo libio-, asunto que, por otra parte, no permite la propia Resolución del Consejo de Seguridad.
Resulta cuando menos llamativo que el Presidente que forzó la salida de las tropas españolas de Irak en 2004, por convicción y por cumplimiento de los compromisos electorales contraídos con la ciudadanía española, ahora se postule entre los primeros en imponer el uso de la fuerza contra el régimen libio, eso si para salvaguardar los derechos humanos del pueblo libio y, de paso, forzar un cambio de régimen político. Así no estaba descaminado el Ministro de Asuntos Exteriores libio Musa Kusa cuando afirmaba el 18 de marzo que la Resolución del Consejo de Seguridad supone "una violación de la soberanía de Libia" porque, ¿qué es lo que importa: los derechos humanos o forzar un cambio a un gobierno más proclive a los intereses occidentales?

Precisamente, el 18 de marzo el portavoz de la Alianza Atlántica, Oana Lungescu, declaró que la Alianza está preparada para una operación militar internacional contra Libia (http://www.nato.int/cps/en/natolive/index.htm). Por su parte, el Viceministro de Defensa de Rusia, Vladímir Popovkin, ha anunciado que las Fuerzas Armadas rusas no participarán en las operaciones militares contra Libia (http://sp.rian.ru/international/20110318/148546665.html).

Para tirios y troyanos recomiendo encarecidamente el artículo de la profesora Araceli MANGAS MARTÍN: "Intervenir militarmente o no en Libia" (El Mundo, 17 de marzo de 2011), disponible en http://www.usal.es/webusal/node/8062
Una crítica directa a la incoherente posición de la Liga Árabe y sus Estados miembros (piden una intervención militar en Libia pero que actúen las potencias occidentales, en Florentino PORTERO: "El Consejo de Seguridad y la cuestión libia", Libertad Digital, 18 de marzo de 2011, en https://correoweb.ccti.ull.es/index.php?url=https%3A%2F%2Fcorreoweb.ccti.ull.es%2F

Video de la comparecencia del Presidente Rodríguez Zapatero con el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon: http://www.la-moncloa.es/Presidente/Actividades/ActividadesNacionales/2011/180311DeclaracionPresidenteONULIbia.htm
La comparecencia pública de la Ministra de Defensa Carmen Chacón en la Base Aérea de Cuatro Vientos (Madrid) en http://www.la-moncloa.es/ServiciosdePrensa/NotasPrensa/MDE/2011/180311DefensaAviacion

EXPANSIÓN ACELERADA DE LA MARINA DE GUERRA RUSA

El Primer Ministro Vladimir Putin anunció a primeros de febrero que el Programa Estatal de Armamentos 2011-2020 estará dotado con 475.000 millones de dólares, un cuarto destinado a la mejora e incremento de las capacidades de combate de la Flota del Pacífico. En el marco de este programa el Viceministro de Defensa Vladimir Popovkin informó el 25 de febrero de 2011 que la Marina de guerra contempla la incorporación de 20 submarinos nucleares y convencionales, entre ellos 8 SSBN, 35 corbetas y 15 fragatas, además de otras 30 unidades navales no especificadas y entre las que se incluyen 4 portahelicópteros comprados a Francia.
Las prioridades en la incorporación se centran en la Flota del Mar Negro con 18 unidades de superficie y submarinas en los próximos diez años (fragatas Pr.11356 y 22350, buques de desembarco Pr.11711 y submarinos SSK Pr.636) y en la Flota del Pacífico que debe incorporar nuevos SSBN Pr.955 Borei, portahelicópteros importados y grandes barcos de combate de superficie (reactivación de cruceros nucleares Pr.1144 e incorporación de Pr.1164 de la Flota del Mar Negro). Como desarrollo de este programa el pasado mes de enero se procedió a la botadura en los astilleros Sevmash del K-550 Alexander Nevsky, segunda unidad de la clase Borei, cuya entrega a la Marina de guerra está prevista a finales de 2011. Al mismo tiempo, se encuentran en diferentes estados de construcción dos unidades: el Vladimir Monomakh y el Svyatitel Nikolai. Estos SSBN se destinarán a las Fuerzas Estratégicas de la Flota del Pacífico con base Petropavlosk-Kamchatky para reemplazar a los 667BDR que se encuentran al final de su vida operativa. Unidades adicionales del Pr.955 se entregarán a la Flota del Norte hacia el final de la década.
El desarrollo acelerado de las capacidades de combate de la Flota del Pacífico pone de manifiesto que Rusia quiere desarrollar un papel de gran potencia en lo que se ha denominado "el gran juego de poder en el Océano Pacífico" (http://www.newsweek.com/2011/02/06/moscow-s-armada.html). China, pero también Japón, deben saber que Rusia está dispuesta a ejercer el control de sus espacios territoriales en Extremo Oriente y que para ello actuará por sí misma cuando sea necesario incluido el uso de la fuerza. Pero, más allá, Rusia también se concertará con los Estados Unidos para el mantenimiento del equilibrio en la región con lo que podemos estar asistiendo a la creación de un sistema bipolar regional en el área del Pacífico. Para los Estados Unidos este acuerdo forma parte de la gran política de contención a China que se inició hacia el final de la Administración Bush.

K-550 Alexander Nevky, Sevmash, Severodvink, enero de 2011.

SOBRE EL DISCURSO DEL ESTADO DE LA UNIÓN DEL PRESIDENTE OBAMA

En su reciente discurso anual sobre el estado de la Unión (25 de enero de 2011), el Presidente Obama, como sus predecesores, realizó una renovada defensa de la hegemonía americana. En particular, su intervención se centró en la permanencia del poderío económico americano frente a las potencias emergentes como China, India o Brasil. El Presidente Obama enfatizó que, aún en el centro de una crisis económica y financiera global, "los Estados Unidos tienen todavía la economía más prospera del mundo". Según el Presidente "no hay trabajadores más productivos que los nuestros, ni países con compañías más prósperas. (...) Tenemos las mejores universidades y acogemos un mayor número de estudiantes que cualquier otro lugar de la Tierra". Los Estados Unidos no pueden dejarse arrebatar su supremacía global construida por medio de su capacidad de innovación, ingenio, creatividad y espíritu empresarial. Para ello "tenemos que ser líderes en innovación y tecnología. (...) Necesitamos sobrepasar en innovación, educación y construcción al resto del mundo. Tenemos que lograr que los Estados Unidos sean el mejor lugar de la Tierra para hacer negocios".
En política exterior, el liderazgo americano se encuentra unido a los grandes asuntos de su Administración: la firma del nuevo tratado de armas estratégicas con Rusia, los esfuerzos para que Irán cumpla con sus obligaciones como Estado parte del Tratado de No Proliferación y el abandono del programa nuclear por parte de Corea del Norte. Pero en estos asuntos -y en otros que dejó apartados, como la permanencia en Irak, la presencia en Afganistán o el proceso de paz en Oriente Medio- los Estados Unidos necesitan a sus socios más cercanos o sus aliados estratégicos. A estas alturas, en impensable una respuesta unilateral de los Estados Unidos en cualquiera de estos temas, sencillamente porque carecen de la capacidad para actuar por si solos: en Irán requieren del concurso insustituible de Rusia, como así ha manifestado la Administración Obama en diferentes ocasiones; para alcanzar una salida a una Corea del Norte nuclear cuentan con las presiones conjuntas de Rusia, Japón y Corea del Sur; en Oriente Medio precisan de los aliados europeos como también en Afganistán, tanto en la misión de la Alianza Atlántica como en el marco de Naciones Unidas; y no digamos cuando se trata de la gran estrategia para contener las aspiraciones estratégicas chinas en el Pacífico, aquí los Estados se apoyan en Japón, Corea del Sur, Taiwán, Thailandia y Australia y en la abstensión nada gratuita de Rusia.
Para mantener estas cooperaciones permanentes o ad hoc en materia de seguridad, la Administración Obama pide constantemente nuevos esfuerzos presupuestarios a sus aliados. Sin embargo, el Presidente propuso un recorte de 60.000 millones de euros en el presupuesto de defensa, así como prolongar la suspensión de partidas presupuestarias vitales para el mantenimiento de programas considerados hasta hace poco prioritarios por el Departamento de Defensa -reducción a la mitad del programa del caza F-35A y F-35C, renuncia al F-35B, cancelación del vehículo acorazado IFV, suspensión del convertiplano MV-22 y del programa Future Combat System-. La Administración Obama considera que estas medidas permitirían un ahorro de 300.000 millones de euros en cinco años.
Por ello, quizás, Bardají enfatiza que "toda vez que la credibilidad económica de Norteamérica se desvanece, poco le queda a ésta de superpotencia" (en http://libros.libertaddigital.com/la-nueva-guerra-fria-1276238643.html).

El texto completo del discurso se encuentra disponible en la web oficial del Presidente de los Estados Unidos: http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2011/01/25/remarks-president-state-union-address

LA RECONSTITUCIÓN DEL RÉGIMEN IMPLÍCITO EEUU-RUSIA

El 25 de enero de 2011 la Duma de la Federación Rusa aprobó el texto del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) firmado por el Presidente Medvédev en Praga el 8 de abril de 2010. Al día siguiente el Consejo de la Federación autorizó la ratificación para la entrada en vigor del Tratado. El nuevo Tratado se compone de dos documentos: el Tratado propiamente dicho y un Protocolo donde se desarrollan las cláusulas empleadas en los documentos y se establecen los procedimientos de verificación y control. El nuevo Tratado establece una reducción de los arsenales nucleares durante un período de siete años, aunque la vigencia de Tratado es de diez años. En siete años arsenales estratégicos de ambas potencias deberán alcanzar un techo de 1.550 cabezas nucleares y 800 vectores de lanzamiento, aunque solo 700 podrán estar desplegados (sistemas de misiles terrestres fijos y móviles, submarinos y aéreos).
La Duma realizó una declaración por la que Rusia se reserva el derecho de abandonar el Tratado en caso de que el sistema antimisiles americano amenace la seguridad nacional (
http://sp.rian.ru/neighbor_relations/20110125/148244489.html). El Senado americano, después de un aparentemente complejo debate político interno (véase Kagan, R.: "The hard work alter START", The Washington Post, 23 de diciembre de 2010, en http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/12/22/AR2010122205570_pf.html), aprobó la ratificación del Tratado el pasado 22 de diciembre de 2010 formulando una declaración que estipula que el Tratado no restringe los planes de desarrollo del sistema de defensa antimisiles. En ambos casos, se trata de reservas primarias a un tratado internacional, previstas en el artículo 19 de la Convención de Viena del Derecho de los Tratados, de tal magnitud que pueden implicar llegado el caso la finalización del propio Tratado.
Desde sus respectivas posiciones negociadoras iniciales tanto los Estados Unidos como Rusia han obtenido concesiones de alcance de la otra parte: a diferencia del Tratado START de 1991, los misiles estratégicos móviles Topol, Topol-M y Yars no estarán sujetos a restricciones en cuanto a sus áreas de emplazamiento o despliegue; no se establecen limitaciones al despliegue de ojivas múltiples de reentrada contra objetivos independientes, por lo que Rusia mantendrá activos los misiles RS-20 y RS-18; no se prevén restricciones al despliegue de sistemas de defensa antimisiles ni a los misiles de crucero con base en el mar; los bombarderos estratégicos se contabilizan como una carga con independencia de la capacidad de lanzamiento de que dispongan. Finalmente, el Tratado prohíbe emplazar armas estratégicas fuera del territorio nacional de ambas partes.

El nuevo Tratado START entró en vigor el 5 de febrero de 2011, una vez que Sergei Lavrov y Hillary Clinton intercambiaron los instrumentos de ratificación en un acto que tuvo lugar en el marco de la Conferencia de Seguridad de Munich. El Ministro de Asuntos Exteriores Lavrov exprexó que el Tratado sirve a los intereses nacionales de los dos Estados: "Rusia y los Estados Unidos demostraron su responsabilidad por la seguridad en el mundo y mostraron su disposición a seguir avanzando por este camino" (http://sp.rian.ru/international/20110205/148315805.html).
A pesar de las valoraciones acerca de la importancia del nuevo START o, incluso, declararlo "esencialmente irrelevante" (así lo ha hecho Bardají: "El penoso estado de la unión", GEES, 27 de enero de 2011, en
http://www.gees.org/articulos/el_penoso_estado_de_la_union_8417), la reconstitución del régimen implícito propio de la Guerra Fría está delante de nuestras narices, pero los actores parecen no darse cuenta de que están en él en medio de la terrible crisis económica. A Rusia no se la puede ignorar ni pretender aislar, ni se deja ni lo permite, ya no se habla de Ucrania o Georgia como candidatos a la Alianza Atlántica, ya que se reconsidera lo que George Kennan aconsejó en su momento: ha llegado la hora de que nos atengamos a la realidad de las cosas, no a lo que pretendemos que sea esa realidad.

NUEVAS MANIOBRAS NAVALES EN EL PACÍFICO

Por tercera vez en dos meses fuerzas navales americanas y japonesas realizan ejercicios en el Mar del Japón hasta el 3 de febrero. En esta ocasión, se desarrollan en el sur del país, en las Islas Nansei que constituyen una prolongación hacia el sur del archipiélago japonés y se extienden como una cadena desde Kyushu hasta Taiwán. Los ejercicios navales implican a 4.500 militares japoneses y a 1.500 americanos y tienen como supuesto una posible agresión a estos territorios y una reacción conjunta con fuerzas navales, anfibias y aéreas. Aunque las fuentes japonesas se niegan a hablar de ello en "voz alta" es evidente que el único agresor potencial es China. Hay que destacar que aparte del contencioso histórico de la "isla rebelde" de Taiwán, China mantiene contenciosos territoriales con Japón a cuenta de las islas Senkaku y con Vietnam y Filipinas respecto a las islas Spratly. Por contra, China y otros países observan con preocupación las crecientes capacidades militares de Japón y también de Corea del Sur, lo que obliga a plantear la existencia de una carrera de armamentos navales en la región. China aspira a disponer de una Flota de guerra con capacidades para superar la denominada "primera cadena de islas" y poder alcanzar zonas alejadas del Pacífico, Océano Índico y Golfo Pérsico. Estas aspiraciones chinas son contrarrestadas por las iniciativas en materia naval, de defensa aérea y de defensa antimisiles de Japón y Corea del Sur, y que son apoyadas firmemente por los Estados Unidos. Pero no solo estos Estados realizan avances en sus capacidades navales, también aliados estratégicos de los Estados Unidos en la región están realizando importantes esfuerzos presupuestarios en favor de sus fuerzas armadas como son Australia, India o Malasia -y ello es más llamativo, precisamente en un contexto de crisis económica y financiera global-. Precisamente en su enésima gira por la región el Secretario de Defensa Robert Gates declaró en Tokio el pasado 14 de enero que la presencia militar americana es esencial para contener la consolidación de China en la región. Gates afirmó en su intervención pública que los avances chinos en guerra cibernética y sistemas antisatélite son una fuente de preocupación para sus vecinos y ponen a prueba la capacidad de las fuerzas americanas en el Pacífico. Precisamente, esta presencia es la garantía de que China "no buscará una posición de mayor firmeza hacia sus vecinos" (declaraciones en http://www.europapress.es/internacional/noticia-gates-presencia-militar-eeuu-pacifico-imprescindible-contener-china-20110114174817.html).


Para el análisis del contexto estratégico véase GARCÍA CANTALAPIEDRA, D.: "El despliegue estratégico de Estados Unidos, la república Popular China y la seguridad de Asia 2001-2010", UNISCI Discussion Papers núm. 24, 2010, pp. 83-99; GARCIA SEGURA, C.: "Cuestiones geopolíticas y neoeconómicas en el conflicto del mar del sur de la China: alcances y límites del modelo cooperativo regional", Mares y océanos en un mundo en cambio: tendencias jurídicas, actores y factores (Sobrino Heredia coord.), AEPDIRI/Universidad de La Coruña/Tirant lo Blanch. Valencia, 2007, pp. 773-808.

Sobre la carrera de armamentos en la región, véase GÓMEZ DE AGREDA, A.: "Proyección geoestratégica de la Marina china", Revista General de Marina t. 259, diciembre de 2010, pp. 849-854; Matthews, O.: «Moscow´s Armada», Newsweek, 6 de febrero de 2011.

Y la gran cuestión, MARTIN, G.: "Estados Unidos y China: ¿El próximo gran enfrentamiento", Política Exterior núm. 137, 2010, pp. 69-84.