CONFERENCIA SOBRE COERCIÓN Y PROHIBICIÓN DEL USO DE LA FUERZA EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES

El 3 de noviembre de 2026 pronuncié una conferencia con ese título a los alumnos de 5º curso del doble grado de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas en Madrid, invitado por el profesor Dr. Ariel James, responsable de la asignatura “Seminario de actualidad internacional II”. La agenda de la sesión estaba dedicada a estudiar la creación y mantenimiento del sistema internacional, el establecimiento de un nuevo orden en 1945 y la consagración del principio de prohibición del uso de la fuerza, así como las circunstancias cambiantes que estamos viviendo con el objetivo de reflexionar en grupo y extraer conclusiones útiles para comprender y explicar el orden internacional actual. La conciencia de los desastres provocados por la Segunda Guerra Mundial estableció las bases para el nacimiento de un nuevo orden internacional. En las conferencias de Yalta y Potsdam en 1945 los dirigentes de las grandes potencias (los denominados Tres Grandes) acordaron el establecimiento de un nuevo orden mundial con que se concretó en la creación de la ONU y el monopolio del uso de la fuerza en manos del Consejo de Seguridad, en el que se reservaron el derecho de veto en todas las cuestiones atinentes a la paz y la seguridad internacionales. El artículo 2.4, el 25, el capítulo VII y el artículo 51 de la Carta fueron las bases de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales que habían consensuado en los acuerdos políticos citados. Esa regla se mantuvo durante un largo período de tiempo en el que el orden internacional fue cambiando desde un régimen bipolar a uno hegemónico y más recientemente a la multipolaridad reflejando las modificaciones sucesivas que se fueron produciendo en la distribución del poder mundial. La razón de su vigencia fue que evitaba la guerra entre las grandes potencias, que habría sido absolutamente devastadora en caso de recurrir al uso masivo de las armas nucleares (recuérdese la estrategia de la destrucción mutua asegurada o MAD), que precisamente nacieron al mismo tiempo que la ONU, en los estertores de la guerra mundial. Esta era la superestructura del orden mundial, dictada por las grandes potencias y no discutida por nadie. A su vez, en la base del sistema permitía un desarrollo pacífico entre potencias medias y Estados débiles, que siempre están sometidos a los avatares del ejercicio del poder internacional. ¡Las enseñanzas de Morgenthau mantienen toda su vigencia! Como decimos, aquellas reglas funcionaron durante todo el período de la Guerra Fría (1947-1989). Sin embargo, ¿qué ocurrió en la Posguerra Fría? Después de una breve etapa de hegemonía imperfecta estadounidense (1992-2001) en la que los Estados Unidos no lograron imponer su poder con la pretensión de hacerlo por un largo período de tiempo (compárese con el período de la Pax Britannica del siglo XIX) sumieron al mundo en una etapa de guerras permanentes (2001-2021) desde Afganistán a Irak, Somalia, Sudán, Libia y Siria que terminó con la desastrosa retirada de Kabul, poniendo de manifiesto el fracaso de la ilusión geoestratégica occidental de la Posguerra Fría como ha titulado muy acertadamente José Pardo de Santayana (Colex, 2026). Aunque era el primer responsable de mantener las reglas del sistema, los Estados Unidos se dedicaron a socavar las normas fundamentales del orden internacional bajo la ilusa convicción de que no tenían oponentes y de que los que surgían podían ser fácilmente derrotados porque nadie tenía un poder comparable. A pesar de ello, no asumieron o no quisieron entender las lecciones de la retirada de Afganistán. Dirigentes soberbios, pero que desconocen la historia, están condenados a repetirla (Churchill dixit). La percepción de la debilidad estadounidense posibilitó que Rusia se lanzara a someter a Ucrania con el objetivo de restablecer la situación de seguridad en su frontera occidental. Guste o no esa era la percepción de los dirigentes del Kremlin y solo a ellos compete valorar cuál es su interés nacional. El fracaso de la disuasión occidental marcó el fin de la prohibición del uso de la fuerza inaugurando una etapa de violencia absoluta que no podemos saber de antemano cuánto va a durar, pero muy probablemente al menos una década. Por tanto, podemos extraer algunas conclusiones. La primera es que la actual etapa de competición estratégica implica la ruptura de aquellos consensos fundamentales y se impone una nueva fase de lucha con hegemonía que Stephen Walt ha calificado de depredadora (Foreign Affairs, 2026). La segunda es que las tres grandes potencias que forman el directorio mundial ya no respetan las reglas vigentes y no observan más límite a su actuación que evitar un enfrentamiento entre ellas, que tendría consecuencias devastadoras. La tercera dice que el resto de los actores se ven abocados a una situación de inseguridad permanente como consecuencia de la derogación de la norma de prohibición del uso de la fuerza. La cuarta afirma que las normas las crean los que tienen el poder y nadie por debajo de ellos les va a compeler a decir o hacer lo contrario. Son lecciones que dimanan de la observación de la realidad internacional y no de los deseos particulares sobre un mundo mejor que pertenece al ámbito de las emociones, pero no de la ciencia, que es lo que nos toca enunciar cuando estamos en el aula. Esa es nuestra responsabilidad como docentes y nuestra obligación moral con las generaciones que tendrán que asumir el nuevo orden que está por llegar. 

Referencias de interés: 

Guns N' Roses: “November Rain”.

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