Durante la última
década innumerables declaraciones de dirigentes y funcionarios rusos proclaman
que el futuro de Rusia está en el desarrollo de Extremo Oriente y el Ártico.
Esto es así, porque a pesar de la desmembración del Estado soviético en
quince repúblicas independientes, la Federación Rusa conservó el núcleo
territorial de aquel Estado, más de 17,2 millones de kilómetros cuadrados,
que significa no solo que es el país más grande del mundo por extensión, sino
que además atesora la mayoría de los recursos naturales en cantidades
gigantescas. Un ejemplo son los enormes yacimientos petrolíferos en tierra
(Siberia central) y en la plataforma continental (Shtokman y Prirazlomnoye),
los campos de gas de la península de Yamal y en Sajalín o la cuenca minera de
Norilsk, por poner solo los ejemplos más conocidos. Es una realidad con consecuencias estratégicas inapelables. La posesión de estos
recursos es una fuente inagotable de ingresos para el Estado ruso y de
rebote también sirve para el enriquecimiento sin límite de los oligarcas rusos
que aceptan y se someten al poder central -véase la entrada “EL
NACIMIENTO DE UNA NUEVA GENERACIÓN DE OLIGARCAS RUSOS AL CALOR DE LA GUERRA EN
UCRANIA”, de abril de 2024-. Toda esta riqueza permite financiar en tiempo
de paz no solo los gastos generales del Estado sino acometer gigantescos
proyectos de infraestructuras como el puente de Crimea, el cosmódromo de
Vostochny o los programas espaciales de Roscosmos. En tiempo de guerra, como
ahora, les permite mantener su agresión contra Ucrania y son capaces de
superar con pocas dificultades las sanciones occidentales -véase el
documento de trabajo conjunto con Daniel Saurín: “TECNOLOGÍA
Y ECONOMÍA DE GUERRA EN EL CONFLICTO DE UCRANIA”, de enero de 2025-, que a
la postre no funcionan, salvo quizás para lavar conciencias en Bruselas y en
algunas capitales europeas, pero que no significan nada en términos de poder
en la actual competición estratégica. A pesar de las tensiones políticas, financieras
y presupuestarias provocadas por la prolongación de la guerra en Ucrania los
dirigentes rusos perseveran en la aplicación de sus planes de desarrollo del
Ártico impulsado el desarrollo de la Ruta Marítima del Norte como
alternativa a otras conexiones de transporte globales que se muestran más
vulnerables debido al deterioro del orden internacional -véase la entrada REFLEXIONES
SOBRE UNA GUERRA IRRELEVANTE: LA IMPLICACIÓN DE ESTADOS UNIDOS EN EL CONFLICTO
CONTRA IRÁN, de mayo de 2026-. Para ello, tienen una estrategia y un plan federal
de desarrollo hasta 2035 que incluye medidas económicas, fiscales, normativas,
de construcción naval, creación de flotas, comunicaciones y satélites
espaciales, así como militares, con el despliegue de todo un paraguas defensivo
bajo el esquema de zonas de antiacceso y denegación de área (A2/AD) frente a
potenciales adversarios. Su objetivo es convertir el Ártico en un espacio de
dominación, ejerciendo competencias exclusivas y excluyentes sobre la mayor
parte del territorio marítimo-terrestre para terminar concediendo autorización
para transitar por sus aguas y su espacio aéreo (eso es en lo que consiste la
soberanía). Y actúan así porque se consideran fuertes y que están dispuestos a
aplicar dicho programa bajo la concepción de que están en un océano ruso
-véase en el capítulo colectivo con Abel Romero Junquera y Federico Aznar Fernández-Montesinos: “EL
ÁRTICO COMO ESPACIO DE CONFLICTO”, de diciembre de 2025-. Como parte de esos
planes de desarrollo integral aparece el proyecto de centrales nucleares
flotantes que operarán en Chukotka para posibilitar la explotación del
gigantesco yacimiento minero Baimskaya, descubierto en la época soviética
pero inexplotado hasta ahora debido a la dificultad de establecer los equipos
necesarios en esa zona extrema. En septiembre de 2019 se instaló en el puerto
de Pevek la primera central nuclear flotante, la Académico Lomonosov,
que comenzó a entregar energía eléctrica a la red civil el 24 de mayo de 2020.
Desde entonces ha operado de forma ininterrumpida, ha producido 1.300 millones
de kWh de electricidad y en los cinco primeros meses de 2026 estableció un récord
de 141,77 millones de kWh. La característica básica de esta infraestructura
energética es que los dos reactores nucleares RITM-200 (del mismo tipo que
equipan a los modernísimos rompehielos atómicos de la clase Arktika) se montan
en una enorme embarcación, que permanece amarrada en el puerto en los períodos
de operaciones, incluida la recarga del combustible nuclear. Pero el
programa contempla la instalación de al menos cinco centrales nucleares de este
tipo. Así, debido a la falta de capacidad de los astilleros del Báltico,
las autoridades rusas se vieron obligadas a subcontratar la construcción de
dos embarcaciones (probablemente sean cuatro) en astilleros chinos.
En febrero de 2021 se formalizó el contrato y el 20 de agosto de 2022 se
celebró la ceremonia de inicio de construcción en los astilleros Wison de
Nantong. Es preciso señalar que las cuentas financieras donde se realizan
los pagos de las importaciones de petróleo ruso en la China comunista acumulan
decenas de miles de millones de dólares, por lo que su financiación no está
entre los principales problemas. Además, existe una extensísima colaboración
ruso-china en materia de energía nuclear, puesto que Rosatom construye los
reactores de las dos centrales nucleares más grandes de China: Xudapu y Tianwan
(esta última con ocho reactores instalados será la más grande del mundo), así
como la más grande de India: Kudankulam. De este modo, a pesar de ese régimen
de sanciones occidentales pretendidamente masivo, en marzo de 2026 llegó a
San Petersburgo la primera embarcación construida en China, con la que se
completará la segunda central nuclear flotante, primera del grupo denominadas PEB-106
o Proyecto 20781, según la nomenclatura rusa. La propia embarcación tiene unas
medidas importantes: 21.500 toneladas de desplazamiento, 143 metros de eslora,
30 metros de manga y 5,5 metros de calado y son trasladadas a otro a remolque,
careciendo de capacidad de maniobra autónoma. A la par de este evento, el 27 de
mayo de 2026 la Fábrica ZiO-Podolsk de Moscú completó la producción del
primer reactor RITM-200S de 55 MW, que se instalará en la embarcación junto
con sus equipos asociados para la producción de energía. Sobre las capacidades
de su industria nuclear hay que señalar que Rusia cuenta en la actualidad
con 11 centrales nucleares que suman 33 reactores en servicio con una
capacidad conjunta de 26,5 GW. En 2025 generaron un total de 218.349 millones
de kWh, que representa el 19% del mix energético ruso, superando el objetivo
planeado de 215.339 millones de kWh, y su objetivo para 2026 es de 214.000
millones (datos de Rosenergoatom publicados el 12 de enero de 2026). Por
consiguiente, cuenta con capacidad, presencia y voluntad para seguir
adelante con su programa de centrales nucleares flotantes, como declaró el 27
de mayo el director de Rosatom, Alexéi Lijáchev: “Rosatom continúa ampliando la
gama de unidades de potencia flotantes y la finalización de la fabricación del
primer reactor para la primera PEB-106 es un hito importante en este camino.
Hoy en día, solo Rusia dispone de una central nuclear flotante en
funcionamiento y tenemos la intención de mantener nuestro liderazgo en el
desarrollo de tecnologías de bajo consumo, ofreciendo a nuestros socios en
nuestro país y en el extranjero soluciones energéticas innovadoras y bajas en
carbono.” Y ese producto lo han abierto a terceros países, especialmente del
Sur Global, porque también les sirve para ejercer influencia a muy largo
plazo. Mientras tanto, en lo que va de año Rusia ha firmado acuerdos para
construir las primeras centrales nucleares de Uzbekistán, Vietnam y Kazajistán.
PLANES DE DESARROLLO DEL ÁRTICO, CENTRALES NUCLEARES FLOTANTES Y SANCIONES OCCIDENTALES
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Es un artículo demoledor.
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