Del 7 al 10 de mayo de 2025 se produjo el enésimo enfrentamiento militar entre India Y Pakistán, dos potencias nucleares no reconocidas legalmente a la luz del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de marzo de 1968, pero que por diferentes motivos, es decir, los intereses de las grandes potencias, no han sido repudiadas o apartadas de la sociedad internacional, como Corea del Norte o el caso de Irán y su incipiente programa nuclear militar. Veamos los hechos y extraigamos algunas conclusiones de interés. El 7 de mayo de 2025 la Fuerza Aérea india llevó a cabo ataques contra bases terroristas en territorio paquistaní bajo la denominación de operación Sindoor, como la publicitaron las autoridades indias, que tenía como objetivo ejecutar una acción de castigo como respuesta al atentado que mató a veintiséis ciudadanos indios el 22 de abril de 2025 en la región de Cachemira. Este territorio fronterizo se encuentra en disputa entre ambos países desde su independencia del Reino Unido en 1947, que tuvo a bien (a mal para los países independizados) dividir el antiguo imperio de la India en tres Estados distintos, hoy cuatro como consecuencia de sucesivas guerras que se han producido posteriormente. Como sabemos ahora, las Fuerzas Armadas paquistaníes esperaban una reacción militar india y estaban preparadas (operación Bunyan al-Marsoos) respondiendo con un ataque con una cincuentena de vehículos aéreos no tripulados contra territorio indio, al estilo de que lo ocurre a diario en la guerra en Ucrania. Que fuera exitoso o no es indiferente, puesto que el objetivo del gobierno paquistaní era demostrar firmeza frente a una agresión india contra su territorio. India ha tenido varias ocasiones de castigar el apoyo paquistaní a organizaciones y grupos terroristas que campan en territorio fronterizo, los enfrentamientos en la línea de contacto en Cachemira son frecuentes y ocasionan bajas, pero ninguna de las dos partes ha tomado hasta ahora la resolución para resolver de forma definitiva el conflicto por la fuerza. Pareció que este no era el caso. Después de ese intercambio inicial (que se saldó con el derribo de varios aviones indios), la Aviación india ejecutó dos operaciones militares sucesivas. Primero, un ataque selectivo contra instalaciones de la defensa antiaérea paquistaní, esencialmente radares de largo alcance, que arrojan un resultado mixto a la luz de las imágenes satelitales que se han podido examinar. Después, una serie de ataques selectivos contra bases aéreas paquistaníes diseminadas por todo el país, que fue más contundente, no por el daño causado, que es relativamente escaso, sino por su precisión empleando misiles de crucero SCALP de origen francés y Brahmos ruso-indios (estos más pesados y con más carga de combate). Este segundo ataque tenía como objetivo enviar un mensaje político-estratégico a las autoridades paquistaníes en el sentido de que las Fuerzas Armadas indias están preparadas para atacar y destruir cualquier base militar en cualquier lugar de Pakistán, lo que incluye sus depósitos, instalaciones y puestos de mando nuclear. Es preciso destacar, que aunque el bombardeo inicial del 7 de mayo se llevó a cabo exclusivamente en la zona fronteriza de Cachemira donde operan las bandas terroristas, los ataques selectivos del 8 a 10 de mayo tuvieron como objetivo instalaciones de defensa aérea y bases aéreas ubicadas en a lo largo de toda la parte oriental del país, así como cerca de Islamabad, capital de Pakistán, donde está la sede del Mando de las Fuerzas Estratégicas paquistaníes. En este estado de cosas el día 10 de mayo de 2025 ambas partes anunciaron que habían alcanzado un acuerdo de cese el fuego completo después de una mediación del gobierno americano. Este es un factor que descartaban a priori los especialistas en la región -léase a Jaffery o Mecklin- debido a un supuesto desentendimiento americano por intereses prioritarios en otras áreas, desconociendo su papel de potencia hegemónica global (sería una suerte de “vender la piel del oso antes de matarlo”, según el refranero español), pero ese es un tema que trataremos en otra oportunidad. Lo que corresponde valorar en este momento es: ¿la mediación estadounidense respondió a un interés legítimo de ambas partes de evitar un choque nuclear, que podría derivar no tanto de una decisión explícita, sino más probablemente de un error de cálculo o de un accidente? Es preciso tener en cuenta que después de la guerra de 1971 India y Pakistán aceleraron sus respectivos programas nucleares militares, que incluyeron la ejecución de pruebas nucleares y la producción de misiles balísticos como vectores primarios de lanzamiento de esas armas, de modo que en la actualidad cuentan con 164 y 170 ojivas nucleares aproximadamente -se pueden consultar los datos en el Nuclear Notebook del Boletín de los Científicos Atómicos, como parte del proyecto que elabora Hans Kristensen y su equipo-. Sin embargo, a pesar de la aparente paridad nuclear entre los dos países, su tamaño económico, demográfico o militar es incomparable, cayendo favorablemente del lado de la India. De hecho, si se asienta definitivamente un sistema multipolar mundial, India sería la cuarta potencia del mismo, como han puesto de manifiesto varios académicos reconocidos, el más destacado George Friedman. Su condición de potencia mundial solo necesita de reconocimiento jurídico-internacional, es decir, la obtención de un puesto permanente con derecho de veto en el directorio mundial, como el que gozan los Estados Unidos, la China comunista y Rusia. En consecuencia, esta disparidad de poder explica las diferentes estrategias y enfoques sobre su respectivo poderío nuclear: mucho más amplio en el caso de la India, incluida una incipiente fuerza de contragolpe (second strike) con sus submarinos nucleares estratégicos (SSBN); o enfocado exclusivamente a disuadir un ataque convencional masivo por parte de aquella en el caso de Pakistán. En consecuencia, debido a su enorme desbalance militar convencional la doctrina paquistaní contempla un empleo temprano en un conflicto y un uso táctico de la mayor parte de sus armas nucleares -en este punto se recomienda el reciente documento de análisis IEEE de Guillem Colom sobre el tema-. Como conclusiones fundamentales, se observa que la India preparó un conflicto de escala para dañar el poderío militar paquistaní (operación Sindoor), las fuerzas armadas paquistaníes estaban preparadas de antemano para ese ataque y respondieron con contundencia (operación Bunyan al-Marsoos), pero sin que sus medios de combate (Aviación o misiles de largo alcance) traspasaran la frontera común, lo que indica contención ante las acciones militares indias; por su parte, la Aviación india lanzó una serie de bombardeos de precisión contra el sistema de defensa antiaéreo y bases aéreas paquistaníes en la parte oriental del país como parte de una mensaje estratégico que buscaba bloquear una segunda respuesta paquistaní, pero sin escalar el conflicto más allá. Las cuestiones que se plantean son las siguientes: ¿Por qué India desaprovechó la oportunidad de aplicar el máximo poder militar a Pakistán y acabar de una vez con el problema de Cachemira, las bandas terroristas y el apoyo que reciben del gobierno paquistaní? ¿Se ha comportado como una potencia racional evitando un conflicto a gran escala que podría desembocar en el empleo de armamento nuclear? La situación internacional actual plantea oportunidades para el uso del poder militar para la resolución de conflictos de larga data sin temor a un excesivo rechazo internacional (por ejemplo, la liquidación del problema de Nagorno-Karabaj por Azerbaiyán en septiembre de 2022; la guerra israelí contra Gaza desde octubre de 2023, el cambio violento de gobierno en Siria en diciembre de 2024 o los recientes choques en Libia) porque las grandes potencias están concentradas en tratar de mantener su propio poder en disputas directas entre ellas. Podemos extraer dos reglas fundamentales: la primera es que las armas nucleares mantienen toda su vigencia porque disuaden a sus poseedores de hacer la guerra entre ellos. La segunda es que asistimos a una nueva vigencia del uso de la fuerza para la resolución de las controversias internacionales, porque así lo quieren y lo aceptan las grandes potencias. Toda una lección para navegantes, como también reza un conocido dicho español.
«NEGOCIACIONES RUSO-ESTADOUNIDENSES EN LA GUERRA EN UCRANIA»
LECCIONES POLÍTICAS PARA EUROPA. FICO Y VUCIC EN MOSCÚ EL 9 DE MAYO DE 2025
COMUNICACIÓN SOBRE DESARROLLOS RECIENTES DE ARMAS ESTRATÉGICAS AVANZADAS RUSAS Y SU APLICACIÓN EN LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES. JORNADAS DE ESTUDIOS DE SEGURIDAD DEL IUGM
«PODERÍO NUCLEAR DE RUSIA: NUEVOS PLANTEAMIENTOS SOBRE CAPACIDADES Y DOCTRINA DE EMPLEO»
Este es el título de mi capítulo en el cuaderno de estrategia 229 Panorama nuclear global que acaba de publicar el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), como adelantamos en la entrada del mismo título de abril de 2025. Como aseveramos las armas nucleares son una garantía para la seguridad exterior de los países que las poseen porque, desde el mismo momento en que cuentan con ellas, gozan de inmunidad. También son un aliciente para la paz mundial porque evitan el estallido de guerras entre grandes potencias al actuar como inhibidores del enfrentamiento entre ellas. El fundamento de su efectividad es el miedo a sufrir daños de proporciones catastróficas. Durante la Guerra Fría mostraron su naturaleza esencialmente disuasoria con el resultado de que los Estados Unidos y la Unión Soviética jamás llegaron a un choque directo. Pero, también sucede en la posguerra fría, donde las nuevas formas de guerra (asimétrica, irrestricta, multidominio) y las armas avanzadas en lo que respecta a la tecnología no han conseguido desplazar su avasalladora supremacía. Su condición fundamental es que inhabilitan la agresión entre las grandes potencias y ni siquiera requieren que los líderes de las potencias que las poseen sean inteligentes (de hecho algunos son peligrosamente estúpidos), porque imponen la racionalidad por el miedo. En el caso de Rusia los cambios introducidos en su doctrina nuclear de junio de 2020 pusieron de manifiesto el peso que se concede a las armas nucleares en su estrategia de seguridad nacional, tanto en su función de disuasión frente a otras grandes potencias como en caso de un conflicto convencional a gran escala. En febrero de 2022 esta hipótesis se convirtió en una realidad cuando las Fuerzas Armadas rusas fracasaron en su intento de hacerse por sorpresa con el control de Ucrania y la operación militar inicial se convirtió en una guerra en toda regla en la que la amenaza nuclear ha sido esgrimida de forma regular con la finalidad de bloquear la participación directa de los países de la OTAN en el conflicto. Pero, en el caso de que se diera ese escenario, nada excluye que se pueda llegar en un enfrentamiento nuclear, como planteó la ampliación de los supuestos de empleo en la actualización de la doctrina adoptada el 19 de noviembre de 2024. Estos temas se analizan de forma sistemática siguiendo con la siguiente estructura: una introducción de carácter eminentemente teórico donde se ponen en consideración los conceptos básicos y el marco metodológico (pp. 73-78); el primer epígrafe está dedicado a examinar los medios y capacidades de la doble triada nuclear rusa (estratégica y táctica) incluidos el sistema de la mano muerta (Perimetr) y los desarrollos de armas estratégicas avanzadas; el segundo atañe a la evolución de la doctrina rusa de empleo de armas nucleares y cómo se ha adaptado a las capacidades materiales y ambiciones estratégicas del país (pp. 78-84); tercero, la crisis de la disuasión nuclear rusa en el contexto de la guerra de Ucrania, donde se analizan las declaraciones políticas de los dirigentes rusos en medio del conflicto así como las teorías más recientes sobre disuasión por intimidación (doctrina Karaganov) (pp. 84-91); el cuarto plantea perspectivas de futuro en un mundo complejo e inestable que parece que tiene a la multipolaridad, donde son probables las carreras de armamentos, nuevos desarrollos de misiles hipersónicos y también la aparición de nuevas potencias nucleares (pp. 91-104); para finalizar con unas conclusiones acordes a la relevancia de las cuestiones planteadas (pp. 104-106). Por consiguiente, en el texto hablamos de armas nucleares, de doctrinas de empleo, de la guerra en Ucrania y de escenarios de guerra nuclear, todos ellos mortales y con posibilidades de gran devastación. En este punto, no nos cansamos de repetir que solo el realismo kissingeriano basado en las tesis del equilibrio de poder y la negociación permanente aporta las herramientas necesarias para no llegar al punto del empleo nuclear porque, según la doctrina rusa, en caso de ocurrir será siempre masivo conforme a la estrategia de la destrucción mutua asegurada.
Referencia bibliográfica completa: Pérez Gil, L.: «Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades y doctrina de empleo», Panorama nuclear global. Cuadernos de Estrategia núm. 229. Ministerio de Defensa. Madrid, 2025, pp. 71-106, en https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2557568/CE_229_Cap02.pdf/
«PANORAMA NUCLEAR GLOBAL»
Este es el título del cuaderno de estrategia 229 recién publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) que he tenido el honor de coordinar en un grupo de trabajo compuesto por académicos, militares y diplomáticos con la finalidad de analizar, reflexionar y actualizar la cuestión fundamental de las armas nucleares, su peso e influencia en un sistema internacional complejo e inestable. La guerra en Ucrania está permitiendo extraer lecciones importantes y una de ellas es la renovada preeminencia del arma nuclear en las relaciones entre grandes potencias, su capacidad para inmunizar frente a la agresión (solo entre ellas) y su potencial para disuadir en conflictos de alta intensidad, donde una intervención directa o un error de cálculo pueden llevar aparejado consecuencias funestas tanto para el que las emplee como para aquellos que sufran sus daños. Pero, además ponen de manifiesto la vigencia de la política de poder, los fundamentos del paradigma realista y el poder que tienen las grandes potencias para ordenar el sistema mundial conforme a sus propios intereses. En este cuaderno monográfico no solo se habla de armas nucleares, de disuasión, de estrategias nucleares, de doctrina de empleo o de sistemas de lanzamiento, sino que también se plantea de forma subyacente toda una teoría sobre el dominio mundial que ejercen las grandes potencias a través de esas armas. Su posesión en sí misma otorga un gran poder, pero la capacidad de amenazar y de destruir es inconmensurable y en lo más alto de la escalada puede conllevar la destrucción total de la humanidad. Son nociones que fueron fundamentales en los tiempos de la Guerra Fría, pero que quedaron olvidadas. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha sido un gran recordatorio sobre la existencia de esa potencia omnímoda para aplicar el poder. Desafortunadamente no será el último caso, surgirán nuevas crisis y conflictos que darán oportunidad para verificar la idoneidad de estas tesis. Algunas de ellas parecen casi inminentes. Por tanto, el éxito de este cuaderno no es solo hablar de teorías, doctrinas y estrategias, sino también de su esfuerzo en establecer reglas para analizar los conflictos, entender la toma de decisiones en el proceso de escalada y adoptar medidas mediante la negociación permanente para evitar su empleo. Porque su uso, en el punto final lleva aparejada la destrucción total y en consecuencia solo quedará un mundo muerto. Por tanto, cada uno de los capítulos merece una lectura detenida, porque en ellos no solo se vuelcan datos sino las opiniones fundamentadas y razonadas de los expertos que los han redactado, aportando su conocimiento para explicar el mundo, pero también, y esto es más meritorio, generar propuestas válidas para los procesos de toma de decisiones en pos de un mundo mejor, en todos los ámbitos y espacios. Ese debe ser el compromiso de los científicos y es el objeto de este trabajo.
- Vicente Garrido Rebolledo: “Introducción”.
- Carlos Frías Sánchez: “El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias nucleares”.
- Luis V. Pérez Gil: “Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades y doctrinas de empleo”.
- Manuel Herrera Almela: “Panorama nuclear en el Indopacífico: una región en constante ebullición”.
- María Emilia Peña Ruiz: “El antagonismo entre Irán e Israel en un contexto nuclear”.
- Carlos Aragón Gil de la Serna y Raquel Sanz Pascasio: “Perspectivas de futuro del régimen de no proliferación.”
Mi agradecimiento a la dirección del CESEDEN y del IEEE por la confianza puesta en el desarrollo de este trabajo y el impulso para su consecución.
También a todos los que han colaborado en ese fin. Referencia bibliográfica completa: Panorama nuclear global. Cuaderno de estrategia 229. Ministerio de Defensa. Madrid, 2025, en https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/cuaderno-de-estrategia-229
La versión en papel se puede adquirir bajo demanda aquí. Iron Maiden: “Caught somewhere in time”
«ATOMFLOT, LA FLOTA DE ROMPEHIELOS ATÓMICOS DE RUSIA»
Este es el título del artículo más reciente que he publicado en la Revista General de Marina (RGM), publicación oficial del Ministerio de Defensa español, dedicado a analizar la composición, estructura y capacidades de la única empresa que opera rompehielos nucleares en el mundo, sus cometidos tanto en tiempo de paz como en casos de crisis o conflicto como parte del esfuerzo de guerra ruso en el Ártico, así como sus perspectivas de futuro a medio y largo plazo como un instrumento fundamental de la estrategia rusa para el control del Ártico. Para comprender su extraordinaria importancia hay que retener tres factores fundamentales. El primero es la aspiración que tienen los dirigentes rusos de desempeñar un papel de potencia en el Pacífico al controlar los dos principales accesos al océano Ártico: el estrecho de Bering al este y el mar de Barents al oeste. Segundo, la oportunidad de dominar una de las rutas de la energía mundial explotando las ventajas competitivas de la Ruta Marítima del Norte frente a las rutas del canal de Suez o del estrecho de Buena Esperanza. Y, tercero, el objetivo declarado de transformar el Ártico en un mar propio («Océano Ruso» en lugar de «océano Ártico»), para lo que se llevan preparando desde hace más de una década, invirtiendo ingentes recursos económicos y financieros, creando nuevas bases e instalaciones de apoyo a lo largo de los territorios árticos y, de forma paralela generando toda una normativa específica para la navegación marítima y área en el Ártico con carácter exclusivo y excluyente, lo que en términos jurídico-internacionales pone de manifiesto el intento de ejercer competencias soberanas sobre esos espacios (marítimos y aéreos), en un fenómeno similar a cómo están actuando otras potencias en sus intentos de cambiar las reglas en el espacio extraterrestre y la explotación de sus recursos. El problema en el caso del Ártico es que Rusia, por ahora, no tiene competencia en el ejercicio del control de estos territorios porque el resto de potencias están rezagadas (caso de los Estados Unidos) o simplemente carecen de recursos para afirmar cualquier tipo de influencia en esos territorios (las potencias europeas) más allá de una presencia militar más o menos testimonial y sin carácter permanente. Precisamente por ese motivo, las autoridades rusas denuncian que el enfoque occidental sobre el Ártico es militarista y conflictivo, que buscan crear un nuevo espacio de conflicto en la lucha por el poder global y que esta forma de proceder pone en peligro la paz y la seguridad mundial. Pero, además, en el contexto de la guerra en Ucrania y de las sanciones antirrusas el Kremlin se ha visto compelido a dar entrada a potencias externas como son la China comunista o la India para poder seguir avanzando en su objetivo de desarrollo nacional a largo plazo: la explotación de los recursos árticos. De este modo, el artículo se estructura en una introducción, donde se expone brevemente el entorno de seguridad del Ártico; cuatro epígrafes con los antecedentes soviéticos de la creación de una flota de rompehielos nucleares y su traspaso ya en la Rusia independiente a la corporación rusa de energía nuclear Rosatom(marzo de 2008), su estructura y organización donde se realiza un análisis detallado de instalaciones y medios, centrado por supuesto pero no exclusivamente en los buques rompehielos de propulsión nuclear en servicio, sus misiones básicas, su papel en el desarrollo de la Ruta Marítima del Norte y las perspectivas de futuro, con nuevos, más grandes y más poderosos rompehielos nucleares, en una especie de parodia del gigantismos de los tiempos de la época soviética, que solo parcialmente el coste de la guerra de Ucrania ha retrasado, pero no bloqueado. El ensayo termina con unas conclusiones de interés donde se pone de manifiesto la extraordinaria ventaja competitiva que tienen los dirigentes rusos en sus esfuerzos para controlar, explotar y dominar el Ártico en un tiempo donde el poder tiende, una vez más, a imponerse por la presencia y, en caso necesario, por el uso de la fuerza. Asistimos a vigencia renovada del principio fundamental de efectividad que tan magistralmente expuso el catedrático de la Universidad de Valencia, profesor Adolfo Miaja de la Muela, en un magnífico librito de 1958 con ese mismo título.
Referencia bibliográfica completa: Pérez Gil, L.: «Atomflot, la flota de rompehielos atómicos de Rusia», Revista General de Marina t. 288, abril de 2025, pp. 535-557, en https://armada.defensa.gob.es/archivo/rgm/2025/04/RGMAbrilParte4.pdf







