CRIMEA, UCRANIA ORIENTAL, EL PUENTE DE KERCH O EL INEVITABLE DESLIZAMIENTO HACIA LA GUERRA

El domingo 25 de noviembre de 2018 tres pequeños barcos de la Armada ucraniana -las lanchas artilladas Berdiansk y Nikopol y el remolcador Yany Kapu- se aproximaron al estrecho de Kerch, que separa la Rusia continental de la península de Crimea, con la intención de cruzarlo. De inmediato, fueron interceptados por varios buques de los guardacostas del FSB que les conminaron a volver sobre sus pasos; ante la persistencia de las maniobras de los barcos ucranianos desobedeciendo las instrucciones que se les emitían, los guardacostas rusos los bloquearon, abrieron fuego contra una de las lanchas artilladas y, posteriormente, los apresaron llevándolos al puerto ruso de Kerch donde quedaron detenidos veinticuatro marineros, entre ellos varios agentes del SBU, los servicios de inteligencia ucranianos -lo que fue confirmado por las mismas autoridades ucranianas el 27 de noviembre-. El gobierno de Kiev acusó a Rusia de cometer un acto de agresión, afirmando que habían informado a las autoridades rusas de la derrota de los barcos militares cuyo destino era el puerto de Mariupol, en el mar de Azov. De inmediato Kiev pidió a los aliados occidentales “endurecer la presión internacional sobre Rusia para que liberen de forma inmediata a los marineros y barcos ucranianos”, y el presidente Poroshenko y el secretario general de la Alianza acordaron convocar una reunión urgente de la comisión OTAN-Ucrania a nivel de embajadores para discutir la situación. El secretario general Stoltenberg expresó el 26 de noviembre de 2018 “su apoyo a la integridad territorial y la soberanía de Ucrania e instó a Rusia a que respete el Derecho internacional”, afirmó que “no hay justificación para el uso de la fuerza militar contra los barcos y el personal ucranianos” y advirtió de que “evaluamos de forma constante qué más podemos hacer porque Rusia tiene que entender que sus acciones tienen consecuencias [las cursivas a lo largo del texto son mías]”. Stoltenberg afirmó sin ambages “que hay una guerra en Ucrania”. Como nunca faltan dos sin tres, el mismo día el ministro de Defensa polaco, Mariusz Blaszczak, anunció -por supuesto en su cuenta de Twitter- que había convocado a los altos mandos de las Fuerzas Armadas y jefes de las unidades militares “debido al agravamiento de la situación en el mar de Azov”. Mientras tanto, la parte rusa solicitó una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, la propuesta rusa no fue aceptada por siete votos en contra, con lo que el asunto no llegó a acceder al orden del día y mucho menos cualquier propuesta de resolución del Consejo sobre este tema. La posición del gobierno ruso fue resumida en un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores en el que afirma que “advirtió en repetidas ocasiones al régimen de Kiev y sus protectores occidentales sobre el peligro de desorbitar la histeria en torno al mar de Azov y el estrecho de Kerch.” El representante permanente adjunto ante Naciones Unidas, Dmitri Polianski, reiteró la posición de su país: la acción de los barcos ucranianos supuso la violación de la soberanía rusa, pero no por un acto meramente circunstancial o accidental, sino que responde a “una provocación planificada con anterioridad” y “con una total connivencia de los países occidentales que prácticamente dieron carta blanca a sus tutelados ucranianos hace mucho para cualquier acción”. Estas acciones están conectadas con las denuncias de la militarización del estrecho de Kerch tras la entrada en servicio en mayo del puente que une Rusia con la península crimea. No parecen desmesuradas las declaraciones del representante ruso si tenemos en cuenta las declaraciones del presidente Poroshenko pidiendo la llegada de barcos de la Alianza Atlántica al mar de Azov, la proclamación de la ley marcial en diez regiones fronterizas del país -lo que no había ocurrido desde el inicio del enfrentamiento con Rusia en marzo de 2014- o las disparatadas declaraciones del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas ucranianas, general Víctor Muzhenko, sobre un supuesto ataque con misiles antibuque de la Aviación Naval rusa contra los tres barcos apresados. Sorprende la cortedad de miras de los ucranianos, que saben que no van a ingresar en la Alianza Atlántica ni en la Unión Europea. Pero esta política forma parte del esfuerzo de Kiev de extender e internacionalizar el conflicto frente a una Rusia cada vez más sancionada por las potencias occidentales y, en consecuencia, cada vez más resuelta a buscar una solución a un conflicto que tiene ante sus mismas fronteras. Después de la rápida e incruenta ocupación de Crimea en marzo de 2014 la política de Moscú ha sido de implicación indirecta, cautelosa en las acciones que lleva a cabo, tratando de no tensar más las relaciones con el Bloque occidental, que son prioritarias para Moscú desde cualquier punto de vista. Pero también hay que tener en cuenta que la reincorporación de Crimea forma parte del interés nacional de Rusia y que, como ha dicho el presidente Putin en reiteradas ocasiones, es un acto irreversible. Por tanto, cualquier acción que vaya en contra de la integridad de Crimea o de sus espacios territoriales, incluidas las aguas marítimas adyacentes y el espacio aéreo será respondido con firmeza, como no puede ser tampoco de otra manera, de ahí el ostensible despliegue esta misma semana de más unidades de misiles antibuque con base en tierra Bal en Kerch y de defensa aérea S-400 en Dzhankoi (Crimea). Si seguimos las tesis de Moscú, al otro lado se encuentra un país sumido en el caos bajo la dirección de una banda de delincuentes de carreteras, en palabras de la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, María Zakharova, es decir, nada bueno puede venir de Kiev mientras se mantengan en el poder los actuales gobernantes. Por eso, Moscú sostiene que las acciones y reacciones del domingo pasado responden a un plan del presidente Poroshenko para tratar de mejorar su deteriorada imagen de cara a las elecciones presidenciales de marzo de 2019 -que deberá disputar a la ínclita Yulia Timoshenko-, como denunció el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en un comunicado del 26 de noviembre de 2018: “Todo esto, al parecer, fue destinado a distraer la atención de los problemas políticos internos en la propia Ucrania.” El presidente Putin reiteró a la canciller Merkel en una conversación telefónica ese mismo día: “las autoridades ucranianas son las únicas responsables de crear la nueva situación de conflicto y los riesgos conexos.” Por eso, el embajador Polianski hizo el 26 de noviembre una advertencia que debe tomarse en serio: “Nuestro país jamás ha dado el primer golpe, pero sabe protegerse. Los residentes de Crimea, al igual que de otras regiones de Rusia, están bajo una protección segura”. ¿A qué regiones se puede estar refiriendo el diplomático ruso en el contexto del conflicto con Ucrania? Porque hay regiones rusas que permanecen todavía fuera de Rusia, que se mantienen independientes de facto y que gozan de la protección diplomática y militar de Moscú, solo falta dar el paso de incorporarla a la Federación, como ocurrió con Crimea. Por eso fue un error la decisión de la Administración Trump anunciada el 29 de noviembre de 2018 de cancelar la esperada reunión con el presidente Putin en la cumbre del G-20 en Buenos Aires hasta tanto no se devuelvan los barcos y las tripulaciones a Ucrania -sobre todo tras la tibia reacción americana el día 25 de noviembre-, porque hay asuntos estratégicos de máxima importancia que esperan una resolución conjunta, especialmente en desarme (tratados INF y Nuevo START) y régimen de no proliferación, que son uno de los fundamentos del sistema de seguridad global. Sin embargo, el presidente Trump escribió en Twitter que “espera tener una cumbre significativa [con Putin] tan pronto se resuelva esta situación” y los contactos no se interrumpieron entre ambas partes según confirmaron fuentes de Washington y de Moscú. Previamente los gobiernos del G-7 junto con la representante de la UE adoptaron una declaración conjunta en la que explicitaron: “No hay justificación para el uso de la fuerza por parte de Rusia contra los buques y el personal naval ucranianos. Instamos a la moderación, el debido respeto por el Derecho internacional y la prevención de cualquier escalada adicional. Hacemos un llamamiento a Rusia para que libere a la tripulación y los buques detenidos y se abstenga de impedir el paso legal a través del estrecho de Kerch.”, y enfatizaban: “Nosotros, el G-7, reiteramos una vez más que no reconocemos, y nunca lo haremos, la anexión ilegal de Rusia de la península de Crimea, y reafirmamos nuestro apoyo inquebrantable a la soberanía e integridad territorial de Ucrania.” De este modo el conflicto ucraniano no tiene muchas salidas, -que ya examinamos en una publicación en agosto de 2017- o más bien solo una: la guerra de Georgia del verano de 2008 y la ocupación de Crimea en 2014 muestran el camino que puede seguir Rusia si la situación llega a ser políticamente insostenible.

GLOBAL THUNDER, EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR A LA AMERICANA

El Mando Estratégico de los Estados Unidos (STRATCOM por sus siglas en inglés) activó el lunes 29 de octubre de 2018 el ejercicio anual de las fuerzas nucleares estratégicas denominado Global Thunder que tiene "un enfoque específico en la preparación nuclear" y que viene a ser una respuesta al ejercicio de guerra nuclear global llevado a cabo por las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia el día 11 de octubre, del que nos ocupamos en la entrada EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR GLOBAL 2018. El STRATCOM a través de sus fuerzas componentes tiene responsabilidades globales asignadas en el Plan de Mando Unificado que incluyen la disuasión estratégica, el ataque nuclear, las operaciones espaciales, las operaciones conjuntas en el espacio electromagnético, el ataque global y la detección y defensa antimisiles. En consecuencia, el ejercicio está destinado a evaluar las capacidades de la Fuerza de Ataque Nuclear para "disuadir, detectar y, si es necesario, derrotar ataques estratégicos" contra los Estados Unidos o sus aliados. Como indica el jefe del Mando Estratégico, general John Hyten: "la triada nuclear es la columna vertebral de la disuasión estratégica. Ejercicios como estos integran nuestras capacidades únicas en toda la fuerza conjunta para disuadir y defender a la Nación. Nuestras fuerzas deben estar listas y preparadas para ejecutar órdenes globalmente, donde sea y cuando sea necesario". Y esta disuasión debe incluir a los Estados Unidos y a sus aliados; como dice el general Hyten: "la disuasión en el siglo XXI tiene que ser un enfoque global, y debe involucrar a nuestros socios y aliados. Es por eso que Global Thunder es un ejercicio multinacional que opera a escala global", visión que se recoge en el documento 21st Century Nuclear Deterrence and Missile Defense disponible aquí. Como continuación del desarrollo de estas capacidades, el 6 de noviembre de 2018 el Mando de Ataque Global de la Fuerza Aérea efectuó el lanzamiento de un misil intercontinental Minuteman III equipado con una ojiva desarmada desde la base de Vandenberg en California y que alcanzó con éxito el objetivo programado en un área no especificada del océano Pacífico. La Fuerza Aérea informó que la finalidad de la prueba era comprobar la fiabilidad y precisión del sistema del que el Mando de Ataque Global tiene cuatrocientos cincuenta misiles en servicio, pero no aportó más información sobre el alcance de la misma. Se trata del cuarto lanzamiento de este tipo realizado por la Fuerza Aérea en lo que va de año, con dos pruebas exitosas llevadas a cabo el 26 de abril y el 14 de mayo y una fracasada el 31 de julio, cuando un misil lanzado desde un silo de la base de Vandenberg tuvo que ser destruido en vuelo debido a una anomalía de vuelo no especificada. Como ya escribimos en la entrada EMPEZAR A GANAR GUERRAS de febrero de 2017 la Administración Trump ha continuado adelante con los programas de modernización de la Fuerza de Disuasión Estratégica iniciados en el período de la presidencia Obama, entre ellos el nuevo misil conjunto de la Fuerza Aérea y la Marina, que sustituirá a los Minuteman III y a los Trident D5 actualmente en servicio. El objetivo es continuar manteniendo la brecha tecnológica militar que les separa del resto de las potencias iguales del sistema internacional. 
"Thunder", Imagine Dragons (mayo de 2017): 

TQM

LA CONFERENCIA DE LAS CUATRO POTENCIAS SOBRE SIRIA

En el sistema internacional globalizado posterior a la etapa de la hegemonía imperfecta se suceden nuevas coaliciones de Estados que dejarían atónito al más afamado de los internacionalistas clásicos. Desde las coaliciones ad hoc lideradas por las potencias occidentales en las guerras de Afganistán, Irak o Libia, a las extrañas y llamativas combinaciones de potencias regionales en las guerras civiles de Siria o Yemen, hasta las más pacíficas conferencias de los BRICS, de la ASEAN o de los países ribereños del Caspio, todas ellas se suceden a un ritmo casi frenético, al que imponen los acontecimientos internacionales a golpe de titular de noticiero, de sitio web de noticias o, más aceleradamente aún, de los que crean trending topics en tal o cual red social. De este modo, los gobiernos se ven compelidos a reaccionar ante cualquier evento, a tomar una “posición decisiva” ante cada acontecimiento y, por supuesto, a reunirse en cumbres o conferencias internacionales que son de dudosa o nula eficacia, incluso cuando participan alguna o algunas de las grandes potencias. Porque, no nos engañemos, ¿cuáles son las conferencias que funcionan? Aquellas en las que participan y acuerdan las grandes potencias del sistema internacional, singularmente cuando se conciertan en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ya que, por mandato del artículo 25 de la Carta, el resto de los Estados están obligados a cumplir las resoluciones del Consejo en lo que atañe a la paz y a la seguridad internacionales, esto es, el Directorio mundial, a veces tan útil y otras parece que tan superfluo. Porque como las decisiones exigen la unanimidad de los miembros permanentes -o al menos el voto no negativo de cualquier de ellos, porque el resto, los miembros no permanentes, no cuentan- solo cabe el acuerdo en los asuntos de procedimiento, en los que no se juegan sus intereses nacionales, y, paradójicamente, en los de extrema gravedad, aquellos en los que las partes del sistema consideran que se puede poner el peligro el mantenimiento del régimen internacional. En los demás casos no aprueban nada cuando a alguno de los miembros permanentes no le interesa, y se dejará a conferencias y organizaciones internacionales la resolución de los mismos por mecanismos que van desde los buenos oficios y la diplomacia preventiva hasta el uso de la fuerza en violación de la Carta de las Naciones Unidas, como ocurrió con la guerra de Yugoslavia en 1999, la invasión de Irak en 2003 o la reintegración de Crimea en 2014. Un ejemplo reciente de conferencia internacional para tratar de resolver un conflicto es la que reunió a Rusia, Turquía, Alemania y Francia en Estambul el 29 de octubre de 2018. Visto que las Naciones Unidas no pueden decidir un asunto por el derecho de veto de quienes realmente mandan, se reúnen los implicados más otros países añadidos para hacer bulto y procuran llegar a conclusiones asumibles por el Consejo que, si es preciso, lo someterán a votación y posiblemente salga adelante. Lo normal es que algún miembro permanente se abstenga, como Gran Bretaña y los Estados Unidos en este caso, y eso no impide una votación afirmativa. Por eso, los dirigentes de aquellas potencias se reunieron para acordar los mecanismos de transición política en Siria después de la guerra -esto es, cuando las organizaciones terroristas y rebeldes hayan sido derrotadas o hayan abandonado el país por los buenos oficios de una o varias potencias extranjeras-, tarea que encomiendan a un comité constitucional en Ginebra que debe preparar el modelo de transición política en Siria, por supuesto sin excluir a nadie, es decir, al presidente Assad, como dejó muy claro de antemano Rusia y han terminado aceptando los líderes occidentales. El principio fundamental aceptado es el de mantener la unidad del país árabe, ya que singularmente Turquía no está dispuesta a admitir la existencia de ningún pseudoprotectorado kurdo tutelado por Occidente en Siria o en Irak y, de hecho, esta oposición absoluta fue el desencadenante de la intervención militar turca en el noroeste de Siria en enero de 2018 como reacción a la creación de la YPD por los Estados Unidos. La presencia turca se mantiene hasta ahora con los acuerdos con Rusia de 17 de septiembre de 2018, que incluyen un área desmilitarizada en Idlib que realmente a nadie interesa, pero que concede el tiempo necesario para que se puedan sacar del territorio sirio a los aliados de cada uno de los bandos que han participado en la guerra. Por eso el presidente Putin decía: “a pesar de que el nivel de violencia en Siria se ha reducido significativamente, la eliminación de todos los elementos radicales acumulados sigue siendo una tarea importante. No debemos permitir que los bandidos que han recibido experiencia en combate continúen las actividades criminales, creen células dormidas en nuestros países, recluten partidarios y prediquen la ideología extremista y el terror.” Por supuesto Rusia “se reserva el derecho de brindar apoyo efectivo a las acciones decisivas del gobierno sirio para eliminar este foco de amenaza terrorista.” Por su parte, Macron y Merkel consiguieron que se organice una segunda conferencia para resolver el problema de los refugiados sirios, que es lo que realmente les interesa. Más allá, como dijo el presidente Putin, es “el propio pueblo sirio [el que] debe determinar el destino de su propio país”, sabiendo perfectamente que el destino lo va a determinar Rusia. Así es la política internacional: el uso de palabras sabidas y recomendadas a las que estamos acostumbrados y que nunca quieren decir lo que dicen. Quizás por ello, el 29 de octubre de 2018 el gobierno ruso nombró como nuevo embajador en Siria a Alexander Efimov, actual embajador ante los Emiratos Árabes. Será un gran triunfo de Rusia en una posición clave en Oriente Medio y una reafirmación de autoridad. 

"ALGUNOS HOMBRES BUENOS"

Es el título de la película que se proyectó el 24 de octubre de 2018 en el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna (ULL), dentro del ciclo dedicado al actor Jack Nicholson. La película fue presentada por Manuel García de Mesa, abogado, coordinador y cofundador del Aula de Cine Jurídico del Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife y miembro del Aula de Cine de la ULL. En el debate posterior a la proyección participaron la abogada Gladys García Acosta, el abogado Dr. Santiago Yanes Pérez, también coordinador y cofundador del Aula de Cine del Colegio de Abogados, el periodista Dr. Antonio Herrero y el Dr. Luis V. Pérez Gil. “Algunos hombres buenos” (1992) es una película de Rob Reiner (productor y director) basada en la novela homónima de Aaron Sorkin, que en su época ya fue un éxito comercial debido a la participación de los dos jóvenes actores Tom Cruise y Demi Moore, pero también de un extraordinario Jack Nicholson y al sólido guion obra del propio Aaron Sorkin -con un presupuesto de aproximadamente 40 millones de dólares recaudó 243 millones-. En la película destacan dos temas de interés desde el Derecho Internacional y las Relaciones Internacionales. El primero está relacionado con el estatuto legal de la base naval de Guantánamo (Cuba), donde transcurren los acontecimientos que dan lugar al juicio penal militar posterior que se desarrolla en Washington DF. Esta base aeronaval americana se estableció inmediatamente después de la guerra hispano-americana de 1898 y tiene su base legal en el Tratado de 23 de febrero de 1903 de arrendamiento perpetuo del territorio que ocupan las actuales instalaciones (117,6 km2) y según establece el tratado, la soberanía es cubana y “los Estados Unidos ejercen la jurisdicción y los señoríos completos”. El pago de la renta se estableció por un tratado posterior de 1934 que se mantiene hasta la actualidad a pesar del rechazo reiterado del gobierno cubano desde la revolución en 1961. Sin embargo, Guantánamo es hoy conocida mundialmente por establecerse en ella en 2002 un Centro de Detención para terroristas yihadistas capturados por los Estados Unidos en cualquier parte del mundo durante la Guerra Global contra el Terrorismo. A pesar de múltiples declaraciones políticas sobre su cierre, incluidas de los presidentes Bush y Obama, de reiteradas resoluciones judiciales de tribunales americanos condenatorias sobre su existencia y las prácticas que en dicho Centro de Detención se han desarrollado, la realidad es que sigue existiendo y funcionando al margen de las normas más básicas del Derecho Internacional sobre derechos humanos, el Derecho de los conflictos bélicos y el Derecho internacional Humanitario. La segunda cuestión que interesa es las dos visiones sobre las Fuerzas Armadas y la condición y el ejercicio de la profesión militar en las sociedades democráticas que se contraponen durante el desarrollo del proceso penal militar -es decir, durante toda la película-, debate teórico para el que nos remitimos a la clásica obra de Samuel Huntington El soldado y el Estado (1964). Porque el crimen que se juzga es el resultado de un denominado “código rojo”, que no es más que la aplicación de medidas disciplinarias militares más allá de toda regulación legal, concepto que se repite reiteradamente a lo largo de la película; pero la milicia no escapa, no puede hacerlo, al control democrático en las sociedades avanzadas, porque está al servicio mismo del Poder político y de los ciudadanos. 

40º ANIVERSARIO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PROFESORES DE DERECHO INTERNACIONAL Y RELACIONES INTERNACIONALES

El 19 de octubre de 2018 se celebró en la Escuela Diplomática en Madrid un encuentro de profesores de Derecho Internacional Público y Privado y Relaciones Internacionales organizado para conmemorar los cuarenta años de la Asociación Española de Profesores de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (AEPDIRI) en la que nos agrupamos y a la que damos nombre la mayor parte de los que nos dedicamos a la docencia y la investigación en estas materias, y que nació, precisamente, en el año en el que se aprobó y entró en vigor la Constitución que rige nuestro país desde entonces. Periódicamente se organizan jornadas ordinarias de la Asociación, y también jornadas extraordinarias sobre temas que interesan a la dogmática y a la ciencia, pero en esta ocasión se trataba de hablar de la Asociación misma y también de los profesores, de los que antecedieron a los fundadores, desde principios del siglo XX sirviendo en las más altas instituciones internacionales, de los más afamados iusinternacionalistas españoles, unos presentes y otros ya ausentes y de los más jóvenes académicos e investigadores y, como no, del futuro de la Asociación. Como cabía esperar la jornada contó con la intervención de los maestros -no estaban todos, pero los que estaban sí eran los mejores- repartidos en varias mesas que se fueron sucediendo a un ritmo trepidante, lo que sirvió para poner de manifiesto la vitalidad y la pujanza de la AEPDIRI y la relevancia que tienen estas disciplinas en el desarrollo de la política exterior española, en el ámbito de las conferencias y las organizaciones internacionales y particularmente en la Unión Europea y las Naciones Unidas. La jornada fue presentada por la presidenta de la Asociación, la catedrática Dra. Caterina García Segura, y el Director de la Escuela Diplomática, embajador Fernando Fernández-Arias Minuesa, e inmediatamente se inició con una primera mesa dedicada a “Los cuarenta años de la AEPDIRI: crónica de una vida anunciada”, en la que la profesora Dra. Eulalia Petit de Gabriel (Secretaria) y el profesor Dr. Enrique Martínez Pérez (Tesorero) realizaron una semblanza de las reuniones preliminares, la fundación y la vida organizativa de la Asociación hasta la actualidad, y que incluyó la proyección de un documental homenaje a los iusinternacionalistas del pasado y del presente, cuya enumeración excede ampliamente el espacio que nos hemos propuesto al escribir esta entrada. La mesa II contó con la participación de los catedráticos Dres. Manuel Pérez González, Oriol Casanovas y la Rosa, Jorge Cardona Llorens y Luis Hinojosa Martínez que debatieron sobre “La naturaleza académica de la AEPDIRI”.
En la Mesa III, moderada por la catedrática Dra. Paz Andrés Sáenz de Santa María, concurrieron las catedráticas Dras. Concepción Escobar Hernández, Alegría Borrás Rodríguez y Araceli Mangas Martín y los catedráticos Dres. Pedro de Miguel Asensio y Mariano Aznar Gómez que hablaron de “La AEPDIRI: una prolija actividad científica en la difusión y formación del Derecho Internacional y las Relaciones Internacionales”.
La mesa IV, moderada por la catedrática Dra. Ana Salinas de Frías, estuvo dedicada a “La contribución de la AEPDIRI a la construcción del Derecho Internacional y de la UE” con la intervención de los catedráticos Dres. José Antonio Pastor Ridruejo, Carlos Jiménez Piernas, actualmente jefe de la Asesoría Jurídica Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores, Antonio Remiro Brotóns Y Gregorio Garzón Clariana y la catedrática Dra. Elisa Pérez Vera.

Por la tarde se desarrolló la mesa V dedicada a debatir sobre el “Pasado, presente y futuro de la AEPDIRI” con la participación de los catedráticos Dres. Javier Liñán Nogueras, José Manuel Sobrino Heredia y Carlos Esplugues Mota, y la presidenta de la Asociación, catedrática Dra. Caterina García Segura, a quien correspondió a continuación la clausura de la jornada, que se cerró con el compromiso de seguir adelante con los retos que presentan la docencia y la investigación de nuestras disciplinas en el marco actual de la docencia europea.
El programa completo de la Jornada se puede consultar en el siguiente enlace


 

PROMOVIENDO LA CULTURA DE DEFENSA

En esta entrada colgamos la presentación audiovisual preparada para el curso NOOC "La Defensa, un bien público", organizado por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF) del Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España. Esta actividad formativa está destinada a adquirir y manejar los conceptos básicos relacionados con la seguridad y la defensa en la sociedad actual, los denominados intereses de seguridad y la manera de protegerlos, así como las amenazas y desafíos que pueden afectar a la seguridad nacional e internacional en un mundo globalizado. De forma adicional, se dan orientaciones para el uso de herramientas y recursos destinados a abordar la formación en los aspectos claves de la Defensa como bien y servicio público, todo ello destinado a potenciar la cultura de Defensa. 


EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR GLOBAL 2018

El 11 de octubre de 2018 el presidente Putin ordenó al Estado Mayor General la activación de las Fuerzas Nucleares Estratégicas para llevar a cabo el ejercicio práctico anual de guerra nuclear global que, como viene siendo habitual, tiene lugar durante el mes octubre -véase la entrada del blog EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR GLOBAL de octubre de 2017-. La entidad de los ejercicios a gran escala Vostok-2018, que se desarrollaron entre el 11 y el 17 de septiembre y en los que participaron 296.000 militares, más de mil aviones, helicópteros y vehículos aéreos no tripulados, treinta y seis mil vehículos de todo tipo, incluidas unidades de las Fuerzas Aerotransportadas (VDV), la Aviación de Transporte y la Aviación de Largo Alcance con sus bombarderos estratégicos, hizo pensar que finalizarían con el disparo de varios cohetes estratégicos desde diferentes plataformas de lanzamiento para implicar a las Fuerzas Estratégicas, pero al no realizarse durante dicho evento, era casi seguro que se produciría en un ejercicio independiente pero implicando a las tres ramas o componentes de la Fuerza de Disuasión Nuclear de Rusia: las Fuerzas de Cohetes Estratégicos (RVSN), las Fuerzas Submarinas Estratégicas de la Armada y los bombarderos estratégicos de la Aviación de Largo Alcance de las Fuerzas Aeroespaciales (VKS). Sin embargo, en esta ocasión no se han disparado ICBM, posiblemente porque se canceló o hubo algún incidente que impidió el lanzamiento tal como estaba previsto, puesto que se habían decretado restricciones al tráfico aéreo en zonas potenciales de lanzamiento del norte de la Rusia europea como ha destacado Pavel Podvig en su blog.  Por ello, las Fuerzas Submarinas Estratégicas y la Aviación de Largo Alcance fueron las encargadas de llevar a cabo la parte práctica del ejercicio. Dos submarinos nucleares portamisiles (SSBN) llevaron a cabo el lanzamiento simultáneo de sendos SLBM desde los dos extremos de país: un R-29RMU2 Sineva -o 2.1 Liner-, disparado por el SSBN K-114 Tula de la Flota del Norte desde el mar de Barents y otro SLBM sin identificar, pero probablemente un R-29R desde el SSBN K-44 Ryazan de la Flota del Pacífico, desde el mar de Okhostk; ambos cohetes balísticos se cruzaron en sus trayectorias balísticas sobre el Ártico y alcanzaron los objetivos programados en los polígonos de Kura (península de Kamchatka) y Chizha (península de Kanin) respectivamente, aunque no hay información oficial al respecto. Lo que sí recogió el comunicado oficial del Ministerio de Defensa fue que los lanzamientos de los SLBM fueron detectados y seguidos por el sistema de alerta espacial EKS y por los radares de alerta temprana terrestre. Por su parte, los bombarderos de la Aviación de Largo Alcance Tu-160, Tu-95MS y Tu-22M3 despegaron desde las bases aéreas de Engels (Saratov), Kubinka (Amur) y Shaykovka (Kaluga), armados los dos primeros con los novedosos misiles de crucero Kh-101 con capacidad nuclear que alcanzaron objetivos establecidos en los polígonos de Pemboy (república de Komi) y Teretka (Kazakstán).  
De este modo, el Mando militar ruso pone a prueba los sistemas de guerra nuclear con que cuenta el Presidente para responder a una agresión exterior que ponga en peligro la integridad de Rusia o la existencia misma del país o de sus aliados como aclara la Doctrina Militar vigente de diciembre de 2014 -en las entradas más recientes del blog de este mismo mes de octubre de 2018 he dejado las reflexiones sobre el camino al que estamos abocados en caso de que se iniciara un intercambio nuclear, que sería per se masivo entre grandes potencias-.