PROMOVIENDO LA CULTURA DE DEFENSA

En esta entrada colgamos la presentación audiovisual preparada para el curso NOOC "La Defensa, un bien público", organizado por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF) del Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España. Esta actividad formativa está destinada a adquirir y manejar los conceptos básicos relacionados con la seguridad y la defensa en la sociedad actual, los denominados intereses de seguridad y la manera de protegerlos, así como las amenazas y desafíos que pueden afectar a la seguridad nacional e internacional en un mundo globalizado. De forma adicional, se dan orientaciones para el uso de herramientas y recursos destinados a abordar la formación en los aspectos claves de la Defensa como bien y servicio público, todo ello destinado a potenciar la cultura de Defensa. 


EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR GLOBAL 2018

El 11 de octubre de 2018 el presidente Putin ordenó al Estado Mayor General la activación de las Fuerzas Nucleares Estratégicas para llevar a cabo el ejercicio práctico anual de guerra nuclear global que, como viene siendo habitual, tiene lugar durante el mes octubre -véase la entrada del blog EJERCICIO DE GUERRA NUCLEAR GLOBAL de octubre de 2017-. La entidad de los ejercicios a gran escala Vostok-2018, que se desarrollaron entre el 11 y el 17 de septiembre y en los que participaron 296.000 militares, más de mil aviones, helicópteros y vehículos aéreos no tripulados, treinta y seis mil vehículos de todo tipo, incluidas unidades de las Fuerzas Aerotransportadas (VDV), la Aviación de Transporte y la Aviación de Largo Alcance con sus bombarderos estratégicos, hizo pensar que finalizarían con el disparo de varios cohetes estratégicos desde diferentes plataformas de lanzamiento para implicar a las Fuerzas Estratégicas, pero al no realizarse durante dicho evento, era casi seguro que se produciría en un ejercicio independiente pero implicando a las tres ramas o componentes de la Fuerza de Disuasión Nuclear de Rusia: las Fuerzas de Cohetes Estratégicos (RVSN), las Fuerzas Submarinas Estratégicas de la Armada y los bombarderos estratégicos de la Aviación de Largo Alcance de las Fuerzas Aeroespaciales (VKS). Sin embargo, en esta ocasión no se han disparado ICBM, posiblemente porque se canceló o hubo algún incidente que impidió el lanzamiento tal como estaba previsto, puesto que se habían decretado restricciones al tráfico aéreo en zonas potenciales de lanzamiento del norte de la Rusia europea como ha destacado Pavel Podvig en su blog.  Por ello, las Fuerzas Submarinas Estratégicas y la Aviación de Largo Alcance fueron las encargadas de llevar a cabo la parte práctica del ejercicio. Dos submarinos nucleares portamisiles (SSBN) llevaron a cabo el lanzamiento simultáneo de sendos SLBM desde los dos extremos de país: un R-29RMU2 Sineva -o 2.1 Liner-, disparado por el SSBN K-114 Tula de la Flota del Norte desde el mar de Barents y otro SLBM sin identificar, pero probablemente un R-29R desde el SSBN K-44 Ryazan de la Flota del Pacífico, desde el mar de Okhostk; ambos cohetes balísticos se cruzaron en sus trayectorias balísticas sobre el Ártico y alcanzaron los objetivos programados en los polígonos de Kura (península de Kamchatka) y Chizha (península de Kanin) respectivamente, aunque no hay información oficial al respecto. Lo que sí recogió el comunicado oficial del Ministerio de Defensa fue que los lanzamientos de los SLBM fueron detectados y seguidos por el sistema de alerta espacial EKS y por los radares de alerta temprana terrestre. Por su parte, los bombarderos de la Aviación de Largo Alcance Tu-160, Tu-95MS y Tu-22M3 despegaron desde las bases aéreas de Engels (Saratov), Kubinka (Amur) y Shaykovka (Kaluga), armados los dos primeros con los novedosos misiles de crucero Kh-101 con capacidad nuclear que alcanzaron objetivos establecidos en los polígonos de Pemboy (república de Komi) y Teretka (Kazakstán).  
De este modo, el Mando militar ruso pone a prueba los sistemas de guerra nuclear con que cuenta el Presidente para responder a una agresión exterior que ponga en peligro la integridad de Rusia o la existencia misma del país o de sus aliados como aclara la Doctrina Militar vigente de diciembre de 2014 -en las entradas más recientes del blog de este mismo mes de octubre de 2018 he dejado las reflexiones sobre el camino al que estamos abocados en caso de que se iniciara un intercambio nuclear, que sería per se masivo entre grandes potencias-.

ESTADO DE LOS ARSENALES NUCLEARES DE LAS GRANDES POTENCIAS A 1 DE SEPTIEMBRE 2018

El Departamento de Estado americano ha publicado los datos de los arsenales nucleares estratégicos de las dos grandes potencias a 1 de septiembre de 2018 conforme a las cláusulas de información contenidas en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START) firmado en Praga el 10 de abril de 2010. Conforme a los datos más recientes los Estados Unidos disponen de 1.398 ojivas nucleares, 800 vectores de lanzamiento entre misiles basados en tierra (ICBM), misiles lanzables desde submarinos (SLBM) y bombarderos estratégicos y 659 sistemas desplegados. Las cifras en el período anterior -5 de febrero de 2018- eran de 1.350 ojivas nucleares, 800 y 652 lanzadores totales y disponibles respectivamente. En términos porcentuales, supone que han incrementado el número de ojivas estratégicas un 3,5% y los sistemas de lanzamiento desplegados un 1,07%, y mantienen el máximo que autoriza el Tratado para todos los sistemas, desplegados y no desplegados, lo que no es casual y ha sido discutido por Rusia que considera que de esta manera se enmascaran sistemas operativos bajo la condición de sistemas "de entrenamiento", clasificación no prevista en el Tratado. Por su parte, Rusia dispone de 1.420 ojivas nucleares estratégicas, 775 sistemas de lanzamiento, de los cuales 517 se hallan desplegados en la actualidad. En el período anterior eran 1.444, 779 y 527 respectivamente. Esto significa que Rusia continúa con las reducciones en los tres ítems regulados por el Tratado: 1,6% menos de ojivas nucleares, 1,90% menos de sistemas de lanzamiento desplegados y 0,51% menos en los sistemas totales, pero hay que tener en cuenta que está reducción es puntual ya que está previsto que a finales de 2018 o en 2019 entre en servicio el cuarto SSBN Borei, equipado con 16 SLBM R-30 Bulavá (SS-N-32 en nomenclatura OTAN). Como indicamos en la entrada anterior sobre este tema, las dos superpotencias nucleares cumplieron con los límites que establece el propio Tratado START a la fecha de entrada en vigor de los mismos, el 5 de febrero de 2018, y que son 1.550 ojivas nucleares, 800 sistemas de lanzamiento y 700 sistemas desplegados, lo que pone de manifiesto la voluntad de ambas superpotencias nucleares de cumplir con uno de los instrumentos jurídicos más importantes para el funcionamiento del sistema de estabilidad estratégica. Esto es así porque cualquier alteración o incumplimiento del Tratado START en vigor sería percibido de inmediato por la otra parte como el inicio de un período de escalada, que hasta ahora ninguno de los dos se ha permitido iniciar, a pesar del conflicto de Ucrania, la disputa por la reintegración de Crimea o la intervención de ambas partes en la guerra civil en Siria. Seguir dentro del paradigma realista, pese a la enorme crisis sistémica, demuestra que dos de las tres grandes potencias conocen el alcance de la contención impuesta por el “tratado de los tratados”, límite al que llegaron hace casi ocho años los Estados Unidos y Rusia, con resultados más que satisfactorios. Esto revela la importancia de la contención impuesta por los tratados internacionales en vigor que, de momento, mantienen el régimen estratégico entre las dos superpotencias nucleares evitando la escalada, una nueva carrera de armas de destrucción en masa y, en definitiva, el riesgo de un intercambio nuclear de consecuencias catastróficas, como hemos anotado en la entrada anterior. 

DE VUELTAS CON LA IDEA DE GUERRAS Y ATAQUES PREVENTIVOS

El 2 de octubre de 2018 corrió la noticia de que la embajadora de los Estados Unidos en la OTAN, Kay Bailey Hutchison, había declarado que Rusia debía detener el desarrollo encubierto de misiles de crucero prohibidos o los Estados Unidos intentarían destruirlos antes de que comenzaran a operar. El titular de prensa era elocuente: “Los Estados Unidos destruirán las ojivas rusas prohibidas si fuera necesario”, aunque se afirmaba a continuación que Washington seguía comprometido con la búsqueda de una solución diplomática (véase en Reuters, 2 de octubre de 2018). Poco después la embajadora Hutchison escribió un tuit -Twitter es el oráculo de la “Nueva Era”- en el que afirmaba que cuando dijo esas palabras no pensaba en un ataque preventivo contra Rusia, a pesar de que amenazó con destruir los sistemas de misiles de crucero rusos -como si esto fuera posible-, cuyo desarrollo han denunciado reiteradamente los funcionarios americanos por constituir una violación del Tratado de Misiles de Alcance Medio (INF) de 8 de diciembre de 1987 -texto disponible aquí-. En concreto, en la prohibición que establece el tratado de que las partes puedan desarrollar, disponer y desplegar misiles balísticos terrestres con un alcance entre 500 y 5.500 kilómetros. Es más, la señora Hutchison afirmó que lo que deseaba decir era que “Rusia tiene que volver a cumplir con el INF o tendremos que igualar sus capacidades para proteger los intereses de los Estados Unidos y la OTAN”. Precisamente de lo que acusan a su vez los altos funcionarios de Moscú. Pero realmente lo que dijo la señora Hutchison es que “en ese momento, estaríamos contemplando la capacidad de acabar con un misil que podría golpear a cualquiera de nuestros países”. Como decimos en español castizo, ahí queda eso. Pero, como las desgracias no vienen solas, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se sumó para aclarar que “continuamos preocupados con el insuficiente cumplimiento por parte de Rusia de sus compromisos internacionales, incluyendo el Tratado INF”, y que “tras varios años de negativas, Rusia reconoció la existencia de un nuevo sistema de misiles llamado 9M729; Rusia no ha dado respuestas convincentes sobre este nuevo misil” (declaraciones que recoge Sputnik, 2 de octubre de 2018) -sobre la manera de expresar sus ideas el secretario de la Alianza, véase la entrada EL LENGUAJE DE GUERRA FRÍA DE STOLTENBERG, de octubre de 2015-. Hay que aclarar que el misil 9M729 (SSC-8) -que es un desarrollo terrestre del misil embarcado 3M14 Kalibr (SS-N-30A) probado reiteradamente en la guerra de Siria- es el último misil incorporado al sistema de misiles de corto alcance con capacidad nuclear Iskander-M, del que Rusia tiene desplegadas doce brigadas por todo el territorio nacional, incluida una en la región de Kaliningrado, y que fue probado en un lanzamiento real durante los ejercicios Zapad-2017 en septiembre de 2017, precisamente en el Distrito Militar Occidental de Rusia. Ya el presidente de la Comisión de Defensa de la Duma rusa, Vladimir Shamanov, declaró en octubre de 2016 que el despliegue del sistema Iskander-M en Kaliningrado era una respuesta a la amenaza potencial que suponen para Rusia la instalación de sistemas de defensa antimisiles americanos en Europa, en concreto en Polonia y Rumanía, antiguos aliados del Bloque soviético y hoy leales miembros de la Alianza Atlántica (declaraciones en Lenta.ru, 15 de octubre de 2016). Como no podía ser de otra manera, desde el otro lado han negado reiteradamente estas acusaciones diciendo que no hay nada de desarrollos de misiles que violen el INF (por ejemplo, las recientes declaraciones del viceministro de Defensa, general Alexander Fomín, en Sputnik, 14 de agosto de 2018) a pesar de que en Siria los Kalibr vuelan desde todas partes para destruir objetivos terroristas: desde el Mediterráneo, lanzados por buques de superficie o submarinos, y desde el mar Caspio, lo que sirvió para confirmar en octubre de 2015 que su alcance era muy superior al estimado por los analistas occidentales y que hoy se considera próximo a los 2.500 kilómetros. Así, que la respuesta rusa a las declaraciones de Hutchison y de Stoltenberg vino de la mano de la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zakhárova que, como siempre, no se mordió la lengua: “parece que las personas que realizan este tipo de declaraciones no se dan cuenta del nivel de su responsabilidad y del peligro de la retórica agresiva”(declaraciones que se recogen en RT, 2 de octubre de 2018). Y, en efecto, resulta llamativo cómo altos responsables de la política exterior y de seguridad de algunos países -o más bien, de los países más importantes- juegan con conceptos que son realmente peligrosos: en este caso, el de la guerra preventiva, como si se pudiera ganar una guerra de este tipo contra una superpotencia nuclear. Como hemos dicho en otro lugar, a principios de los años sesenta los planificadores occidentales plantearon la posibilidad teórica de una guerra nuclear limitada entre grandes potencias, desarrollos que se plasmaron más adelante en la Estrategia de Respuesta Flexible adoptada por la Alianza Atlántica en 1968. Los dirigentes políticos y militares occidentales consideraron que si un agresor tiene motivos para pensar que un ataque puede provocar una respuesta nuclear que contenga un peligro de escalada incontrolable se vuelve imposible estimar de antemano el coste de la devastación que podría suceder, lo que se define como la probabilidad de sufrir un daño inaceptable. Sin embargo, en 1980 la Administración Carter adoptó la estrategia de contrapeso que estableció planes para librar y ganar una guerra nuclear de forma políticamente aceptable. En este contexto se planteó la posibilidad de la guerra nuclear limitada que, en un enfrentamiento entre grandes potencias, exige la autorrestricción del poder político de no escalar en el conflicto militar. Desde un punto de vista técnico, una guerra de este tipo solo sería posible con cargas de baja potencia -las denominadas mini-nukes-, lo que, en consecuencia, excluye el uso de ojivas termonucleares. Sin embargo, la mayoría de los teóricos han considerado que el mundo está más seguro si los líderes políticos mantienen el convencimiento de que un intercambio nuclear nunca puede ser limitado y este convencimiento refuerza la disuasión. Por ello, sabiamente los analistas soviéticos nunca contemplaron la opción de una guerra nuclear limitada o controlada, esto es, iniciado el intercambio nuclear se aplicaría el masivo poder de combate hasta lograr la victoria. Sin embargo, como vemos, en el nuevo período de paz armada en el que nos encontramos los Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia siguen coqueteando con la idea de atacar objetivos no estratégicos con armas nucleares de baja potencia y ahora también la posibilidad de atacar objetivos estratégicos con misiles balísticos y de crucero equipados con cargas no nucleares de gran potencia -véase la entrada reciente EL PODER DOMINADOR DE LAS ARMAS NUCLEARES Y LA AMENAZA DE LA GUERRA-, lo que complica extraordinariamente el funcionamiento de la disuasión y, por tanto, pone en grave peligro la seguridad mundial dejándonos al albur de una apreciación errónea de una acción del adversario que active los mecanismos para la destrucción total. ¿Realmente hemos de pensar en una nueva guerra? Naturalmente que sí. No solo porque existen tres grandes potencias nucleares con sus intereses estratégicos propios, sino porque la guerra, que es la esencia de la existencia de comunidades humanas organizadas en función de unas estrategias y unos fines propios, forma parte del "ser" de esas comunidades. La violencia como causa de muerte, siempre ha sido un elemento propio del ser humano y la escalada en sus grados la hemos observado a través del perfeccionamiento tecnológico hasta llegar al punto de no retorno: la guerra nuclear total. Siempre hemos pensado que la existencia del átomo y de la guerra nuclear son el límite racional de la violencia. Pensamos que nadie puede condenar racionalmente a cientos de miles o millones de personas a una destrucción absoluta y, muy especialmente, a una degradación irreversible del medio en el que vive el ser humano. Ese es el límite racional, un límite absoluto a las guerras de toda clase: el que tuviese armas nucleares estaría a salvo, luego la paz era necesaria y posible. Pero ¿tal cosa es cierta o es una invención de una categoría de pensamiento, la que afirma "eso no puede ser"? Ahora surge la duda de que, pese a todo, incluida la destrucción del planeta, es posible arriesgarse a un combate a muerte -tan propio de la naturaleza humana por otra parte- siempre que una comunidad humana, sola o aliada con otras, combata en la hora final y puedan, algunos de su estirpe, sobrevivir de alguna manera en un mundo muerto

TA...

RUSIA INICIA SEVERAS MEDIDAS DE RETORSIÓN CONTRA ISRAEL

El 17 de septiembre de 2018 un avión de inteligencia electrónica ruso fue derribado sobre el mar a unos veintiséis kilómetros cerca de la costa siria a la altura de Baniya en un desafortunado incidente que implicó a varios actores presentes en el escenario bélico sirio. Por un lado, el Grupo Aéreo ruso desplegado en Siria que tenía en vuelo un avión militar Il-20M en tareas de inteligencia de señales y guerra electrónica, cuya base de operaciones es la base aérea de Hmeymim, cercana a la ciudad norteña de Latakia. Por otro, la Fuerza Aérea de Israel que lleva a cabo ataques sistemáticos contra todo tipo de instalaciones y almacenes de equipos militares en territorio sirio que sean -o puedan considerar- susceptibles de ser transferidos a las milicias libanesas de Hezbolá y, por tanto, representan un peligro directo para las fuerzas de seguridad israelíes. En tercer lugar, las defensas aéreas del Ejército sirio, que se están mostrando cada vez más capaces de enfrentar las agresiones aéreas que continuamente llevan a cabo las diferentes potencias que intervienen en su territorio, incluida la Fuerza Aérea israelí. Esta combinación se demostró letal la noche del 17 de septiembre de 2018 cuando cuatro cazabombarderos F-16I israelíes atacaron con misiles guiados un almacén de equipo militar situado en la ciudad de Latakia. La acción de las defensas aéreas sirias contra ese ataque terminó en el derribo del avión Il-20M ruso con quince tripulantes a bordo, sin duda personal especializado y muy entrenado, con lo que, además de una tragedia en términos de pérdida de vidas, supone también la pérdida de personal muy cualificado en tareas de guerra electrónica -para una información detallada del derribo véase The Avionist, 19 de septiembre de 2018)-. Inicialmente sorprendió la cautelosa posición del gobierno ruso que trató de obtener la máxima información de por qué se había producido dicho derribo y en qué condiciones. Porque, por un lado, las fuerzas rusas están ayudando al gobierno sirio a recuperar el control completo de su territorio: ambas partes han manifestado reiteradamente su disposición a colaborar para lograr una “normalización duradera de Siria, recuperar su soberanía, unidad e integridad territorial”; esa es la razón de su presencia ahí, por lo que no era esperable un ataque desde ese lado, aunque nunca se puede descartar el denominado “fuego amigo”. Y por otro, con Israel se mantienen abiertos canales de comunicación directa entre el mando militar ruso en Siria y los responsables del Ministerio de Defensa de Tel-Aviv, que hasta ahora han dado sus frutos puesto que han evitado derribos mutuos desde el inicio de la participación rusa en la guerra civil siria en septiembre de 2015. De hecho, la existencia de estos canales de comunicación puede considerarse una extensión del acuerdo de 2013 por el que Rusia se comprometió a no suministrar los sistemas antiaéreos S-300 producidos por Almaz-Antey a Siria, contrato que se había firmado en 2010, y que ha permitido a Israel continuar actuando casi impunemente sobre territorio sirio como se ha demostrado hasta ahora. El gobierno ruso convocó inmediatamente al embajador israelí en Moscú. En una reacción inédita el Ministerio de Defensa de Israel reconoció que su Aviación había atacado la noche anterior "una instalación del Ejército sirio con sistemas para fabricar armas letales y de precisión que iban a ser enviados en nombre de Irán a Hezbolá en el Líbano" y lamentaba "la muerte de los miembros del avión ruso derribado por fuego antiaéreo sirio" (declaraciones citadas en El Mundo, 18 de septiembre de 2018). El comunicado decía que el avión ruso no estaba en el área atacada de operaciones en el momento del ataque aéreo y que "cuando el ejército sirio disparó misiles que alcanzaron el avión ruso, los aviones de combate israelíes ya estaban en el espacio aéreo israelí" (declaraciones que se recogen en ibidem). Sin embargo, las primeras investigaciones llevadas a cabo por el Ministerio de Defensa ruso pusieron de manifiesto que la acción de los aviones de combate israelíes había sido decisiva para que los sistemas de defensa aérea sirios abatieran el Il-20M con un misil lanzado desde una plataforma S-200. Fue entonces cuando la posición rusa se hizo manifiesta y se formuló la famosa declaración del Ministro de Defensa, Sergey Shoigú, de 18 de septiembre de 2018, ratificada inmediatamente por el presidente Putin: “la culpa por el derribo del avión ruso y la muerte la tripulación recae por entero sobre Israel. [El Ministerio de Defensa ruso] ha solicitado a Israel en numerosas ocasiones que se abstenga de lanzar ataques contra el territorio sirio, por el peligro que entrañan para la seguridad de los militares rusos. […] las acciones del Ministerio de Defensa de Israel no se corresponden con el espíritu de la cooperación ruso-israelí y nos reservamos el derecho a adoptar medidas recíprocas.” Por tanto, en esta declaración se consideraba que el derribo era consecuencia directa de las acciones de los aviones israelíes, que usaron deliberadamente el reflejo radárico del Il-20M para enmascarar su posición y poder evadirse hacia el Mediterráneo y, posteriormente, alcanzar el espacio aéreo propio. Estos actos fueron calificados como “acciones intencionadas” y “hostiles” contra las Fuerzas Armadas rusas y Moscú exigió explicaciones al gobierno israelí (declaraciones citadas en RT, 18 de septiembre de 2018). En una conversación telefónica entre el presidente Putin y el Primer Ministro Netanyahu se acordó que una delegación militar israelí de máximo nivel militar viajara a Moscú para informar de la actuación de los aviones israelíes (citada en RT, 18 de septiembre de 2018). En primer lugar, llama la atención que Israel llevara a cabo un ataque tan arriesgado, porque la ciudad de Latakia se encuentra al norte del país, más al norte de la base naval rusa de Tartús y muy próxima a la base aérea rusa de Hmeymim, y que están protegidas con los sistemas de defensa aérea S-300V4 y S-400 y antiaérea Buk-M2 y Pantsir-S1. Y, como se supo después, que se produjera un incumplimiento flagrante del acuerdo de septiembre de 2015 sobre el establecimiento de canales de comunicación directos destinado a evitar incidentes aéreos peligrosos mutuos. Entonces, se plantea la siguiente cuestión: ¿era tan importante el objetivo programado por los israelíes en Latakia como para poner en peligro el acuerdo con Rusia? Según datos de varios medios especializados, la operación militar se planeó cuidadosamente para que los aviones de combate israelíes evitaran los sistemas de defensa aérea rusos; por eso los aviones israelíes se aproximaron desde el norte del Mediterráneo. Estos informes también indican que unos días antes del ataque los sistemas de inteligencia israelíes realizaron captación de señales para localizar la ubicación correcta de los sistemas de defensa aérea. Por tanto, la respuesta a esta pregunta apunta directamente al alto mando de las Fuerzas Armadas de Israel. Por otro lado, ¿por qué no se avisó al mando militar ruso en Siria para que pudiera sacar del espacio aéreo próximo al Il-20 que estaba desempeñando labores de seguimiento y guerra electrónica en la zona? Según se desprende de la parte rusa representantes de la Fuerza Aérea israelí contactaron con los militares rusos tan solo un minuto antes de comenzar su operación y, en ningún caso, comunicaron las coordenadas o situación de los aviones israelíes que participaban en el ataque. Según el Ministerio de Defensa ruso: “esto no permitió sacar al Il-20 a una zona segura y se encontró con la zona de fuego de los sistemas sirios de defensa antiaérea”. En tercer lugar, y la menos importante de todas, es la que puede cuestionar la responsabilidad de los pilotos de los aviones de combate israelíes implicados en el ataque, pues como indicó el Ministro de Defensa Shoigú: “se encubrieron con el avión ruso, lo cual llevó a su derribo y a la muerte de quince militares rusos” (declaraciones en RT citadas); pero esta responsabilidad se debe imputar pura y exclusivamente al gobierno de Israel ya que los pilotos desempeñan el papel de meros agentes del Estado. Por tanto, como ha dicho el senador ruso Frants Klintsévich: “no me parece que fuera razonable arriesgar las relaciones con Rusia para destruir un almacén de armas en Latakia” (citado en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Es evidente que las explicaciones de la delegación israelí encabezada por el general Amikam Norkin fueron ridículas e inaceptables para Rusia, como anunció el portavoz del Ministerio de Defensa, general Igor Konashékov en la comparecencia del día 24 de septiembre de 2018: “Me gustaría enfatizar una vez más que las acciones provocadoras de los aviones de la Fuerza Aérea israelí la noche del 17 de septiembre se llevaron a cabo en el área de acceso al aeródromo de Hmeymim no solo para los aviones militares sino también para los civiles. Por lo tanto, las tímidas declaraciones de los representantes del departamento militar israelí sobre la presunta no participación de Israel en la tragedia en la que murieron quince militares rusos son falsas.” (declaraciones recogidas en RT, 24 de septiembre de 2018). De modo que el 24 de septiembre el Ministro de Defensa Shoigú anunció las medidas de retorsión -que es la forma más moderada de autotutela, en la que un Estado contesta a un acto ilícito con una acción que, aun siendo poco amistosa, se mantiene dentro de los límites del Derecho Internacional- adoptadas por su gobierno “dirigidas a aumentar la seguridad de los militares rusos que están cumpliendo las tareas de lucha contra el terrorismo internacional en Siria”. En primer lugar, se anunció, ahora sí, la entrega a las Fuerzas Armadas sirias de los sistemas de defensa aérea s-300, que había sido suspendida desde 2013, en el plazo de dos semanas, pero sin confirmar de qué versión se trata ni el número de equipos que se van a entregar. Como dice el analista militar Igor Korotchenko: “la decisión de entregar los S-300 a Siria es una respuesta totalmente adecuada y oportuna a las acciones de Israel, culpable del siniestro del avión ruso Il-20. Lo más importante ahora es no permitir que Tel-Aviv ataque los aviones o los barcos que transportarán estos sistemas a Siria, porque existe esa posibilidad. […] Cualquier intento del lado israelí de destruir los S-300 será reprimido de la manera más dura y decisiva.” (declaraciones en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Segundo, el despliegue de sistemas de Almaz-Antey que permitan el control automatizado de todo tipo de aeronaves que sobrevuelen el espacio aéreo sirio y el Mediterráneo oriental; en palabras de Shoigú: “esto garantizará el control de todas las fuerzas y sistemas de defensa antiaérea en Siria, el monitoreo de la situación aérea y la designación operativa de los objetivos”, lo que supone extender a todo el territorio sirio el control que ejercen las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia (VKS) sobre el espacio aéreo circundante de las bases de Tartús y Hmeymim hasta el alcance de cuatrocientos kilómetros que permiten los sistemas rusos S-400 desplegados en ambas instalaciones. Y tercero, la supresión sistemática de la señal de los sistemas de posicionamiento global por satélite, de los radares de a bordo y de los sistemas de comunicación de la aviación militar en las áreas de operaciones de las VKS y sus aliados sirios, para ello se emplearán sistemas de guerra electrónica Krasukha-2 que están desplegados en Siria desde 2015. Shoigú dijo que “estamos convencidos de que la implementación de tales medidas enfriará las cabezas calientes y les detendrá de cometer acciones irreflexivas que amenacen a nuestros militares” (citada en RT,24 de septiembre de 2018), declaración que fue matizada por el portavoz presidencial Dmitry Peskov: “estas acciones no van dirigidas contra terceros países, sino para la defensa de nuestros militares” (citado en ibídem). Por su parte, el presidente Putin informó a Bashard al Assad de la posición que adoptaría Rusia después del derribo de su avión (citado en RT, 24 de septiembre de 2018). Posteriormente, la Presidencia de Rusia emitió un comunicado indicando que el Presidente “resaltó que las decisiones tomadas por Rusia para fortalecer las capacidades de combate de los sistemas sirios de defensa antiaérea son adecuadas para las circunstancias actuales y tienen como objetivo prioritario prevenir cualquier potencial amenaza a la vida de los militares rusos, que están cumpliendo tareas de la lucha contra el terrorismo internacional” (declaraciones recogidas en Sputnik,24 de septiembre de 2018). Por su parte, el Primer Ministro Netanyahu advirtió “que la entrega de armamento moderno a manos de irresponsables aumentaría los riesgos de la región”, reiterando que Siria, Irán y Hizbulá son los “culpables” del derribo del avión ruso que con “su agresión socavan la estabilidad” en la región (declaraciones citadas en Sputnik,24 de septiembre de 2018). Estas medidas suponen en la práctica bloquear el espacio aéreo sirio a las acciones indiscriminadas de Israel y pueden considerarse como una sanción de Derecho Internacional. ¿Cómo se ha llegado a este extremo, si hasta ahora, como hemos dicho en otras ocasiones, Israel y Rusia han sido los dos únicos actores racionales en la guerra civil siria? -véanse nuestras reflexiones al respecto en la entrada ¿CUÁLES SON LOS OBJETIVOS POLÍTICOS DEL BLOQUE OCCIDENTAL EN SIRIA?-. De hecho, sorprende incluso la tibia reacción de los Estados Unidos; así el 24 de septiembre de 2018 el Secretario de Estado Michael Pompeo expresó, en relación al encuentro que tendrá lugar con ocasión del período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, que “hay muchos temas de los que hablaremos con los rusos. Tengo mucha confianza en que su última decisión para trasladar los S-300 esté entre ellos” (declaraciones en Sputnik, 24 de septiembre de 2018). Ambos han actuado continuamente con cautela, persiguiendo sus objetivos propios, pero respetando los de la otra parte, hasta el extremo de que Rusia no había reaccionado a ninguno de los ataques aéreos llevados a cabo por la Fuerza Aérea israelí contra cualquier instalación militar siria, iraní o de Hezbolá en territorio sirio -más de doscientos ataques aéreos solo en lo que va de 2018-. Pero los objetivos de ambos Estados son los mismos: Rusia quiere que el gobierno de Assad tome el control definitivo del país destruyendo toda oposición rebelde, sean terroristas yihadistas o no, y ya ha obtenido una larguísima permanencia en Siria con los acuerdos sobre las bases de Tartús y Hmeymim firmados en 2017. Por su parte, Israel quiere mantener segura su frontera norte, tanto en los Altos del Golán como en Líbano, y para ello quiere la retirada completa de las fuerzas iraníes de Siria y la desactivación de Hezbolá como amenaza permanente. Se ve claramente que los objetivos de ambos siguen siendo compatibles, hasta podría decirse que complementarios. De modo que es casi seguro que a pesar de las duras medidas adoptadas por Rusia ambos Estados sigan colaborando porque sus intereses estratégicos son complementarios y no habrá escalada de conflicto entre ambos, siempre que terceras partes no intervengan con la finalidad de desestabilizar la entente que ha existido entre ambos.

Llegada a la base aérea de Hmeymim de los S-300 para Siria. 
Vídeo del Ministerio de Defensa de Rusia, 2 de octubre de 2018.
Otro vídeo se encuentra disponible en el canal oficial de la televisión militar rusa Zvezdá en Twitter. Según informó la agencia TASS Rusia entregó a Siria tres batallones completos de S-300PM dotados con ocho lanzaderas cada uno, lo que supone 96 misiles antiaéreos dispuestos para el lanzamiento inmediato, así como 300 misiles adicionales. Estos sistemas proceden de los arsenales de las VKS rusas de unidades, que han sido reequipadas con el sistema de defensa aérea S-400, y fueron revisados por empresas rusas antes de su entrega para asegurar que se encuentran completamente operativos y capaces de realizar misiones de combate (TASS, 8 de octubre de 2018).  

LA CARRERA DE LOS SISTEMAS DE POSICIONAMIENTO GLOBAL

Hace tiempo que en el blog estamos dedicando especial atención a los eventos espaciales que generan las grandes potencias en la renovada carrera espacial que mantienen en la nueva etapa de las relaciones internacionales en la que se ha pasado de una hegemonía imperfecta a una suerte de paz armada con un equilibrio sistémico global inestable. Los dirigentes de todas ellas, desde los Estados Unidos y Rusia, a China e India, pero también Israel o Irán, e incluso los de la misma Unión Europea, son conscientes de que las guerras, o los enfrentamientos bélicos en general, se inician y se resuelven en el espacio. Por eso, ante el anuncio del presidente Trump  el 18 de junio de 2018 de crear la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, como rama independiente dentro de las Fuerzas Armadas bajo la consideración de que "para defender a los Estados Unidos, no basta con tener presencia en el espacio, debemos tener el dominio del espacio", el Ministerio de Defensa de Rusia ha advertido a finales de agosto de 2018 que "una confrontación militar en el espacio podría ser tan peligrosa como la carrera armamentista desencadenada por Washington a mediados del siglo pasado". Esto es así porque los sistemas de inteligencia estratégica dependen en gran medida de la producción de los satélites de reconocimiento en sus diferentes versiones -no digamos nada, en el caso de potencias medias, donde su dependencia de los satélites de reconocimiento para la obtención de inteligencia estratégica es absoluta-, los sistemas de comunicaciones, de mando y control y el despliegue de tropas alrededor del mundo dependen de los satélites de comunicaciones y el lanzamiento de las armas guiadas de largo alcance -como misiles de crucero o misiles y bombas de corto alcance guiadas por satélite- alcanzan los objetivos gracias a las señales de extremada precisión que son capaces de generar los respectivos sistemas de posicionamiento -véase las consideraciones que hemos hecho al respecto en la entrada DEMASIADOS PÁJAROS EN EL CIELO: COHETES ESTRÁTEGICOS, SATÉLITES Y ARMAS ESPACIALES de septiembre de 2017- . Y es en estos sistemas de navegación de doble aplicación donde las grandes potencias realizan sus mayores inversiones y obtienen las mayores ventajas: basados en la idea de un beneficio comercial objetivo en un mundo completamente globalizado se han hecho con la capacidad de batir cualquier objetivo de cualquier adversario en cualquier momento, y hacerlo de forma prácticamente impune. Lo vemos en los ataques combinados que lanzan actualmente los Estados Unidos, Francia e Inglaterra contra objetivos gubernamentales en Siria o Rusia contra todo tipo de objetivos yihadistas en Siria y también Israel con sus persistentes ataques aéreos contra instalaciones militares iraníes en territorio sirio y contra las organizaciones terroristas Hizbolá en Líbano y Hamás en Gaza. De hecho, el empleo de estas tecnologías espaciales combinadas con el uso de los misiles de crucero ha permitido acuñar el término “disuasión estratégica no nuclear”. De este modo, es hasta normal el cúmulo de información y datos que sobre los avances en los sistemas satelitales de posicionamiento global se han producido entre julio y agosto. En primer lugar, el 25 de julio de 2018 un cohete europeo Ariane-5, que despegó de la base espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, puso en órbita de forma simultánea cuatro satélites Galileo, sistema que ya cuenta con una constelación de veintiséis satélites, y que transportan a bordo los relojes atómicos más precisos que se han empleado en el espacio hasta ahora; como hemos comentado en entradas anteriores, el sistema completo tendrá treinta satélites en órbita, incluidas seis unidades de reserva, para dar cobertura global a cualquier operador con capacidad de ser interoperable con el GPS americano y el Glonass ruso. Seis días después, el 31 de julio de 2018 China anunció que había puesto en órbita dos satélites gemelos del sistema de posicionamiento nacional Beidou, que habían sido lanzados en un Cohete Larga Marcha-3B que despegó del cosmódromo de Xichang. Los nuevos satélites se suman a ocho aparatos Beidou-3 que ya se encuentran operativos. Las funciones de estos aparatos es ofrecer posicionamiento y guía para la navegación para cualquier medio de transporte terrestre, marítimo y aéreo, y también para la guía de misiles balísticos y de crucero, drones y cualquier equipo militar que lo demande. El sistema Beidou comenzó a prestar servicios de navegación a China en 2000 y a la región de Asia-Pacífico desde 2012, y la aspiración del gobierno chino es alcanzar la capacidad de posicionamiento global para 2020 como hemos indicado en otra entrada. Esto enlaza directamente con la capacidad de desplegar barcos de guerra, unidades militares y bases de apoyo más allá de su espacio regional y conseguir, definitivamente, la capacidad de desplegar los submarinos nucleares portamisiles de la Marina del Ejército Popular en mares abiertos, de modo que constituyan una auténtica fuerza contragolpe en caso de ataque nuclear, lo que no han conseguido hasta ahora -véase al respecto nuestro trabajo sobre los SSBN de la Marina china publicado en diciembre de 2014-. Por su parte, el 8 de agosto de 2018 los Estados Unidos pusieron en órbita el cuarto satélite de comunicaciones de alta frecuencia AEHF desarrollado por Lockheed Martin, que forma parte de una constelación de seis aparatos que están destinado específicamente a proporcionar comunicaciones altamente seguras entre el Consejo de Seguridad Nacional, los mandos militares nacionales y las unidades desplegadas alrededor del mundo, incluida la transmisión de códigos de mando y control nucleares. Las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña, Canadá y Holanda tendrán acceso a este sistema. Según fuentes del fabricante: “un solo satélite AEHF proporciona una capacidad total mayor que la constelación Milstar de cinco satélites” -los esfuerzos que están realizando los Estados Unidos en este ámbito los hemos tratado  específicamente en la entrada ESTADOS UNIDOS AVANZA EN LA MILITARIZACIÓN DEL ESPACIO de junio de 2016-. Finalmente, el 22 de agosto se hizo público también que Rusia lanzará a partir de 2022 una nueva generación de satélites Glonass-K2 con un peso y unas capacidades que doblan las de los aparatos actualmente en servicio. Según informó el director general de Sistemas de Satélites de Información Reshetnev, Nikolai Testoyedov: “el nuevo satélite proporcionará una precisión superior y no tendrá componentes fabricados en el extranjero.”; y quizás este sea el aspecto más importante del nuevo Glonass-K2, en un escenario internacional de mutuas sanciones internacionales por parte de los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, sin olvidar los efectos de la guerra comercial en la que se hallan inmersos, pero bien es cierto que con carácter selectivo, porque cuando se trata de equipos estratégicos, casi siempre logran el entendimiento, como por ejemplo en el uso de los motores rusos RD-180 como propulsores de los cohetes americanos, que ya hemos tratado en entradas anteriores, y que ha equipado precisamente al cohete Atlas V que llevó al espacio el satélite de comunicaciones militares AEHF el 8 de agosto de 2018. El sistema Glonass está integrado por veinticuatro operativos y varias unidades más en reserva en el espacio y preparadas en tierra para ser lanzadas en caso de fallo o pérdida definitiva de uno o varios aparatos. 

"Eres tú..."

PRIORIDADES ESTRATÉGICAS DE LA NUEVA LEY DE PROGRAMACION MILITAR FRANCESA

El presidente Emmanuel Macron aprobó el 13 de julio de 2018 la nueva Ley de Programación Militar 2019-2025 en la que se establecen las prioridades de equipamiento y armamento de las Fuerzas Armadas francesas y que recoge el objetivo de destinar el 2% del PIB a la defensa al final del período. Francia aporta actualmente el 4,8% del gasto militar global de los países miembros de la Alianza Atlántica, solo por debajo de los Estados Unidos y Gran Bretaña. En el presupuesto anual de defensa se dedica aproximadamente un 25% a equipamiento -el 48% se destina a personal, el 2,9% a infraestructuras y el 24% a otros conceptos- en el que se incluyen las Fuerzas Nucleares Estratégicas. Hay que tener en cuenta que después de una década de presupuestos de defensa en continuo descenso, en agosto de 2017 el gobierno anunció un aumento extraordinario de 1.800 millones de euros hasta alcanzar los 34.200 millones de euros, lo que representó un incremento del 5% respecto al año anterior. En esta nueva línea, el Ministerio de Defensa francés espera lograr la cifra de 50.000 millones de euros en 2025, con lo que se alcanzaría ese objetivo del 2% del PIB establecido por la Alianza Atlántica. Después de unos inicios complicados, que llevaron incluso al cese del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, por fin la Asamblea Nacional aprobó la nueva Ley de Programación Militar en marzo de 2018, el Senado lo hizo a finales de mayo y pasó a la firma del Presidente de la República después de la aprobación del texto definitivo final por una comisión conjuntas de ambas Cámaras parlamentarias. La Ley de Programación Militar aprobada en julio de 2018 busca consolidar el desarrollo de las Fuerzas Armadas francesas, incrementando ciertas capacidades estratégicas como son la modernización de las fuerzas nucleares, la aviación de repostaje en vuelo y la inversión en innovación, inteligencia y cooperación estratégica. Para ello se contará con un presupuesto plurianual de 295.000 millones de euros hasta 2025. La Fuerza de Disuasión Nuclear francesa, la Force de Frappe, se basa en los cuatro submarinos nucleares lanzamisiles (SSBN) de la clase Le Triomphant equipados con SLBM de la Force Oceánique Stratégique y los dos escuadrones de aviones de combate Rafale F3 de las Forces Aériennes Strátegiques del Armée de l´Air y los Rafale-M de la Aviation Navale todos ellos con capacidad para lanzar el misil de crucero ASMP-A con carga nuclear. Estas capacidades permiten oponerse de forma autónoma a cualquier amenaza a los intereses nacionales y para ello desde noviembre de 1972 un SSBN se encuentra permanentemente de patrulla en el mar preparado para descargar un ataque nuclear bajo las órdenes del Poder político. Para asegurar esta disponibilidad la Ley de Programación Militar prevé la modernización de sendas fuerzas de ataque nuclear, la aérea y la embarcada. Según las previsiones establecidas se terminará la modernización de los SSBN en servicio equipados con los nuevos SLBM M51.1/2 y se iniciarán los trabajos para un nuevo SSBN denominado SNLE 3G y el desarrollo de una versión avanzada del SLBM M-51.3. En cuanto al componente aéreo, en 2018 el avión de combate con capacidad nuclear Mirage-2000N será sustituido completamente por el Rafale “nuclear”, el misil ASMP-A será sometido a una actualización para mantener las capacidades operativas, al mismo tiempo que avanzarán los trabajos de diseño para un nuevo misil de crucero nuclear denominado ASN 4G; además, entre 2019 y 2025 se incorporarán los primeros doce aviones de repostaje en vuelo A-330MRTT de los dieciocho comprados a Airbus Defence, que tienen la misión fundamental de extender el alcance de las fuerzas aéreas de ataque nuclear. De este modo, Francia se asegura mantener intacta su capacidad para asestar de forma independiente un ataque de proporciones catastróficas contra cualquier adversario que amenace su seguridad o atente contra la integridad territorial nacional, como establece la Revisión Estratégica de la Defensa y la Seguridad Nacional aprobada por el presidente Macron el 13 de octubre de 2017. Pero hay que tener en cuenta que aquí también se incluye la seguridad de sus aliados europeos, como estableció la doctrina enunciada por el presidente Chirac en agosto de 1995 -y cuyos efectos políticos y jurídicos analizamos en el ensayo “Hacia un sistema europeo de disuasión nuclear” de diciembre de 2005-, que fue refrendada por el presidente Sarkozy en Cherburgo de marzo de 2008 y que no ha sido contradicha por los presidentes Hollande y Macron. El Ministro de Defensa de Estonia, Jüri Luik, dijo en enero de 2018 con ocasión del despliegue de Policía Aérea en el Báltico que “es extremadamente importante en términos políticos que Francia es un gran país europeo, una potencia nuclear”. Pero la cuestión no radica en quien tiene “el dedo en el botón nuclear”, prerrogativa que corresponde solo al Presidente de la República, sino en la existencia o no de una estrategia europea concertada en el ámbito nuclear basada en la existencia de una obligación de defensa colectiva entre los socios europeos. Como enunció el presidente Chirac el 8 de junio de 2001: “Evocaba hace un rato el desarrollo por ciertos Estados de capacidades balísticas que podrían darles los medios, algún día, para amenazar el territorio europeo con armas nucleares, biológicas o químicas. Si estuvieran animados por intenciones hostiles hacia nosotros, los dirigentes de estos Estados deben saber que se expondrían a daños absolutamente inaceptables para ellos. (…) En todo caso, corresponde al Presidente de la República apreciar, en una situación dada, el ataque efectuado contra nuestros intereses vitales. Esta apreciación tendría en cuenta naturalmente la solidaridad creciente entre los países de la Unión Europea”. El mismo día, el primer ministro Allain Juppé añadió al discurso presidencia lo siguiente: “la cooperación no puede ignorar ya la dimensión nuclear de nuestra seguridad”. Para ello Francia estaría dispuesta a implicar a Alemania -y también a Gran Bretaña en aquel momento- en futuras conversaciones dirigidas a crear un sistema europeo de “disuasión concertada” que incorporara la Force de Frappe, que había sido mantenida hasta la fecha al margen de cualquier estructura de cooperación internacional. Posteriormente, la Ministra de Defensa, Michelle Alliot-Marie, aseguró el 2 de noviembre de 2003 que “nuestra fuerza de disuasión nos protege y protege a una gran parte de Europa”. Estas declaraciones sucesivas de los máximos responsables de la política de defensa francesa pusieron de manifiesto la intención de extender el sistema de disuasión nuclear francés a los socios europeos, estableciendo como primer paso un mecanismo de consultas para el empleo de las armas nucleares. La incorporación de la cláusula de defensa colectiva del Tratado de Bruselas de 1948 en el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea el 1 de diciembre de 2009 supuso el enganche de la política de disuasión nuclear -que ya existía en el ámbito de la Alianza Atlántica- a una defensa europea autónoma. Y para entender este cambio sustancial es preciso tener en cuenta que, según el Tratado de la Unión Europea, uno de los objetivos de la política exterior y de seguridad de la Unión es asegurar la integridad e independencia de la Unión -con la redacción actual “defender sus valores, intereses fundamentales, seguridad independencia e integridad” (artículo 21.2)-. Los Estados a los que alcanza dicha garantía son los que aceptaron la vigencia del artículo 42.7, todos excepto Irlanda, con lo que podemos afirmar que se creó una cooperación estructurada de facto en el seno de la Unión Europea, en concreto en materia de seguridad y defensa colectiva, como hemos tratado in extenso en otro lugar. En consecuencia, los Estados miembros se obligan a que en caso de una presunta agresión -no hay órgano que determine que esta existe- todos los Estados miembros se declaran agredidos y han de reaccionar automáticamente prestando todo su apoyo y ayuda a aquel o aquellos que sufran una agresión armada en su territorio. Estos Estados constituyen y forman parte de una alianza militar y lo más llamativo es que el sostenedor de este importantísimo acuerdo es precisamente la potencia que cada vez tiene menos peso en la Unión Europea, como es Francia, pero que como recordaba el Ministro de Exteriores estonio antes citado, es “una potencia nuclear”. Pero para que las fuerzas estratégicas francesas pasen a ser un medio primario que garantice la integridad y la seguridad de la Unión de y de los Estados miembros resulta necesario alcanzar un consenso absoluto sobre los intereses básicos comunes, crear un mecanismo permanente de consultas entre los gobiernos europeos en materia de disuasión, establecer un mando estratégico unificado capaz de tomar decisiones sobre el alcance y los objetivos del sistema y un período de adaptación de las estructuras institucionales a la nueva realidad estratégica y, lo que es más importante, se tiene que producir un acuerdo permanente en cuanto a la necesidad y conveniencia de un sistema europeo de disuasión nuclear

“TQM…”